Archivos en el mes de March del 2009

Martes, 24 de Marzo de 2009

¿Esta la familia cristiana en peligro?

La reacción de muchos líderes y organizaciones principalmente católicas ante la posibilidad de la unión civil entre personas de un mismo sexo ha sido argumentar que esto pondría en peligro a la familia cristiana. En este artículo analizaré tal posibilidad. Empecemos por ver qué es la “familia cristiana”. Según estos sectores el modelo de familia cristiana es: padre, madre e hijos, obviamente

Infalibilidad papal

Lo que en un tiempo atribuí a la ignorancia de Ratzinger sobre varios temas hoy ya no puedo mas que atribuírselo a su aparentemente infinita estupidez.Al parecer este resabio del nazismo ha desperdiciado su tiempo entre aprender latín, encubrir a clérigos pederastas y leer la puta biblia antes de abrir sus ojos para ver que tiene adelante.En su ultima encíclica ya no se dedica a criticar teorías

Manifiesto por la excomunion

Tras las negativas de varios lideres religiosos de todo el mundo de negar a los ateos su derecho a borrar sus datos de las bases de datos catolicas inclumpliendo leyes de proteccion de datos y el derecho a la libertad de culto, la Federacion Internacional de Ateos ha iniciado una campaña para que sus miembros sean formal y publicamente excomulgados transformando, como lo dice en su comunicado "la

Censura y opresión religiosa

Al parecer los fanáticos religiosos no reconocen leyes más allá de los dictámenes anacrónicos de sus pequeños libros de fantasía.Para ellos la libertad de expresión es blasfemia, la libertad de conciencia es inaceptable y cualquiera que no comparta su obtuso punto de vista es un hereje.El alcalde de Toledo no hace más que confirmar esto al no permitir la realización del Primer Concilio Ateo,

La pregunta de Epicuro

400 años antes de que se inventara el cristianismo, un filósofo, Epicuro, no tan conocido como otros que fueron adaptados y absorvidos por el cristianismo, formuló una pregunta y esta sigue aún sin ser respondida, y lo que es peor aún si ser escuchada.Epicuro pensando sobre la naturaleza de los dioses de ese entonces, pero que se sigue aplicando a los que actualmente siguen muchos formuló:Si dios

El sinsentido de la espiritualidad cuántica

El principal logro de la Ilustración fue destronar el pensamiento mágico. Al abrir las puertas al análisis racional de la realidad, la superstición empezó a perder terreno y dio paso al cuerpo de conocimientos que maneja nuestra ciencia actual. Pero erradicar la superstición no es siempre una tarea lineal, progresiva. El pensamiento mágico tiene maneras de volver, de aprovechar el conocimiento existente para volver a instalarse, y entonces, disfrazado de conocimiento serio, se hace más difícil de combatir y desenmascarar.
La sólida certeza mecanicista heredada de los métodos de Newton y Descartes atravesó una profunda revisión con el desarrollo de la mecánica cuántica y sus desconcertantes respuestas marcadas por la incertidumbre. La religión, siempre un paso atrás, tuvo que volver a saltar: cuando la ciencia empezó a desmoronar sus mitos, aquélla intentó hacerse respetable y mostrar sus propias evidencias. Pero ya las evidencias han terminado de demostrar que somos simios pelados y la Tierra es millones de veces más vieja de lo que sueñan los fanáticos. Ahora que el método científico está sólidamente establecido, la religión ha dado la vuelta para meterse por la puerta de atrás, suscribiéndose a la nueva moda de tomar la jerga de la mecánica cuántica y explotarla para hacer parecer que respalda toda clase de barbaridades.
No podemos decir que no lo vimos venir. Este descaro lleva años. Un título tan descabellado como El Tao de la Física ya debería haber sido suficiente advertencia. Más recientemente, la inmerecida popularidad de despropósitos como El Secreto obliga a preguntarse por las facultades de juicio de los miles de fieles (y compradores) que se aglutinan en pos de su espejismo de infinita prosperidad.
Dejémoslo claro por fin: ni el universo reacciona ante nuestra mente, ni los pensamientos moldean la realidad. Lo único que puede concluirse de los fenómenos cuánticos es que la observación es una forma de interferencia irreversible que contribuye a producir el efecto observado. Lo que esto signifique aún se está debatiendo, pero lo claro es que no podemos producir ningún cambio en el mundo real simplemente con pensarlo muy fuerte. Así no funciona. Pero el pensamiento mágico es un vicio demasiado agradable. Renunciar a su falso consuelo implica aprender a vivir reconociendo que el universo es indiferente a nuestros deseos. Sólo nuestros actos tienen efectos reales. Lo demás es sueño.

Profetas a centavo la docena

Estando en un bus encontré un folleto promocional sobre un encuentro evangélico que se celebraría en Barranquilla. Pastores y pastoras de todo el continente se reunirían en eventos separados (que es la única razón válida para decir los dos géneros en plural). Y para decorar la ocasión, el folleto detallaba las credenciales de los invitados: éste era predicador; aquél, salmista; esa otra de allá, profetisa. Del folleto dos cosas me quedaban claras: a) tan dotados personajes debían de pertenecer a alguna rama de la Iglesia Pentecostal, notable por su énfasis en la exhibición de los talentos espirituales, y b) en estos tiempos descreídos cualquier aparecido se hace llamar profeta.
Uno supondría que ser divinamente escogido es un excepcional privilegio, pero la facilidad con que un compositor de himnos sosos se convierte en “salmista” obliga a concluir que esos títulos de honor ya no valen mucho. ¿Qué se supone que hace un “profeta” en nuestra época? ¿De verdad se pone a hacer anuncios de fatalidades, o simplemente deleita los oídos del público con promesas inocuas de prosperidad? ¿Y si es así, en qué se diferencian sus discursos de las predicciones de Walter Mercado? ¿Se justifica llamar “salmista” al que coge una balada popular y le cambia la letra para declararle su amor a Jesús? ¿No se suponía que los salmos eran inspirados por Dios? ¿O me van a decir que también éstos?
A pesar de lo pretencioso que parece este proceder, debo admitir que en el panorama actual de las religiones esta práctica tiene sentido: en épocas menos iluminadas, el profeta era venerado como mensajero infalible de la intención divina; por supuesto, en la versión autorizada. Ahora que la intención divina tiene tantas versiones como creyentes, todo el que se crea tocado por el cielo se pone a reclutar fieles. Estamos en oferta: por dos profetas y un sanador llévese gratis su propio salmista. Llame ya.

¿Hace falta decir algo más?

Dos páginas

En nuestra abierta, pluralista y tolerante internet, ya no debería uno sorprenderse de encontrar toda clase de lugares extraños. Hace un tiempo tuvo algo (no demasiado) de popularidad el lanzamiento de la Conservapedia, la respuesta evangélica a la “depravada” Wikipedia. En ella todos los temas concebibles son retorcidos para promover con ellos una agenda de fanatismo increíble. En un artículo que debería tener un significado neutral, sobre teoría de conjuntos, la Conservapedia dice:

El Axioma de Infinitud es uno de los axiomas de la teoría de conjuntos de Zermelo-Fraenkel. Afirma (de forma no constructiva) que existe un conjunto infinito. La cardinalidad de este conjunto es (por lo general) contable.
Muchos matemáticos y filósofos discrepan de este axioma, afirmando que el mundo y el raciocinio humano son de naturaleza finita y, por tanto, nada infinito existe. Los cristianos matizan este argumento al afirmar que Dios es infinito, como son todas las cosas asociadas a Él (Su Poder, Su Perdón, etcétera), pero que nuestras mentes finitas no pueden comprenderlas. Por esta razón tampoco debemos incluir conjuntos infinitos en nuestro universo matemático.

Todavía no me cabe en la cabeza la gimnasia mental que hicieron para darle un tono de prédica a un simple concepto matemático. Los invito a seguir pasmándose con la Conservapedia hasta que no puedan dejar de reír (o llorar). Cuando quieran desintoxicarse y volver al mundo real, siempre está la FreeThoughtPedia, donde se encuentran joyas de este tamaño:

– El ateísmo nos ayuda a ver la realidad como en verdad es, sin que los filtros mentales de la superstición nos impidan experimentarla directamente.
– El ateísmo nos abre a experimentar nuestro ser sin la degradante idea de que tenemos una naturaleza pecadora.
– El ateísmo nos permite experimentar el verdadero amor interpersonal, sin ninguna intervención sobrenatural imaginaria.
– El ateísmo nos da la libertad de pensar por nosotros mismos, de construir nuestros propios significados. Cada uno puede escoger lo que considera que tiene valor.
– El ateísmo nos muestra que podemos encontrar significado en mejorar el mundo para nosotros y la posteridad.
– El ateísmo nos enseña a asumir la responsabilidad por nuestro comportamiento aquí y ahora, no por la recompensa de una vida imaginaria después de la muerte.
– El ateísmo nos permite ver que tenemos que tomar decisiones sobre nuestro futuro. Ningún papá dios nos va a proteger de las malas decisiones.
– El ateísmo nos enseña a atesorar este momento, esta vida y este mundo, porque nos damos cuenta de que son todo lo que tenemos.

A propósito de milagros

En estadística los eventos altamente improbables se rigen según la ley de los grandes números, una de cuyas consecuencias es que, si se toma una muestra suficientemente amplia de sucesos, es de esperarse que aquellos resultados con poca probabilidad terminen manifestándose eventualmente. Dicho muy crudamente: si un evento tiene una probabilidad de 0,001 de ocurrir, será difícil que lo encontremos hasta que hagamos mil ensayos. Y entonces no tendremos derecho a sorprendernos: será apenas una manifestación natural de una ley estadística.
Este sencillo hecho parece escaparse a quienes se apresuran a calificar cualquier evento sorprendente como milagro. Los sobrevivientes de un desastre natural, los rescatados de una zona de guerra, los pacientes que logran recuperarse de una enfermedad seria, prefieren considerarse a sí mismos como seres especiales, privilegiados por el destino o el dios de su antojo, y llaman milagro a la mera manifestación del azar cuando cae sobre ellos.
Es comprensible. Como humanos dotados de ego nos resulta sumamente difícil aceptar nuestra irrelevancia.

De un punto a otro

Saltando de una página de comentarios de la Revista Semana (en este genial artículo) a la página del blog de uno de los comentaristas me encontré con esta interesante reflexión. Que la gocen.

¿Agradecer?

Hace un tiempo recibí uno de esos correos reenviados con mensajes espirituales que se supone que le levantan el ánimo a uno. Como venía de alguien que aprecio, me sometí a leerlo, esperando encontrar por lo menos una idea nueva o interesante. En lugar de eso, lo que vi fue preocupante. Perturbador. Y, como suele ocurrir con esa clase de mensajes de buen ánimo, totalmente irrelevante. Me explico: era una colección de narraciones de sobrevivientes de los ataques a las torres gemelas (imposible de verificar, pero bueno, así decía). Cada uno relataba haber tenido un pequeño inconveniente en ese día que, por casualidad increíble, le evitó estar presente en el momento del atentado. Unos quedaron atascados en el tráfico, otros tuvieron que volver a su casa a cerrar una ventana, otros salieron a última hora del edificio por un incidente menor, etcétera. La idea era que a cada uno se le presentó algo que terminó salvándolo del desastre. Al final, la moraleja del correo (porque es un hecho de la vida que todos estos correos moralistas tienen que venir con moraleja) es que debemos agradecerle a Dios cuando nos pone un obstáculo (un embotellamiento, una llamada de última hora) porque nunca sabemos el propósito que él tiene para sacarnos de donde estamos.
Muy bien. Entonces estas personas tienen que agradecer haber sido salvadas por un descuido o una emergencia en otra parte. Comprensible. No les cuestionaré su derecho a sentirse aliviadas. Lo que sí me tengo que preguntar es qué debemos pensar de todas las personas que tenían compromisos en las torres gemelas, que tenían que trabajar allí dentro, que tenían que entregar un paquete, que tenían que ir a hacer una visita, que por alguna razón se encontraron con un compromiso que las puso dentro del edificio precisamente a tiempo para ser asesinadas. ¿Ellos también fueron guiados por Dios hasta el sitio de su muerte? ¿Y los que compraron el pasaje para esos aviones también fueron puestos allí con un propósito especial? Supongo que si los unos fueron sacados a tiempo por mano divina, los otros debieron de haber llegado al desastre por el mismo medio, ¿no?
Hay que dejar de ser tan ingenuos, por favor.

Al alcance de una lágrima

En estas últimas semanas he estado pensando en el problema de la obsesión católica con el sufrimiento y todavía me resulta complicado entender algunas posturas. Esta columna no pretende ser un ensayo totalmente elaborado, sino sólo un intento de ordenar mis reflexiones desconectadas:
En el centro del problema está la enfermiza idea de que el sufrimiento tiene valor. No sólo en el dogma de la redención, sino en la actitud usual de la Iglesia hacia el dolor cotidiano, existe la presuposición de que sufrir es un acto noble, virtuoso. La costumbre, por ejemplo, de ofrecer las penurias como sacrificio personal a Dios ya no se practica tanto, pero en algunas familias fuertemente tradicionalistas sigue siendo considerada como un acto “bonito”. En vez de buscar maneras de aliviar el sufrimiento, la actitud católica es que nuestros padecimientos tienen valor de cambio. El otro lado de esta misma moneda es la costumbre de someterse uno mismo a situaciones incómodas (visitar monumentos de difícil acceso, renunciar a pasatiempos agradables) en pago por favores recibidos. Algo parecido dijo Jesús en el Sermón del Monte sobre las recompensas que esperan a los que sufren, pero eso se relaciona más con la literatura de consolación típica del Antiguo Testamento: cálmate, has padecido, pero Dios te recompensará. El enfoque católico es un poco más sofisticado: ¿quieres favores de Dios? Pues sufre.
La insistencia en esos pequeños actos de privación (ayuno, abstinencia, sacrificio) me recuerda esa escena en Shrek 2 donde el hada madrina ofrece sus servicios a cambio de una lágrima. Hay que ser realmente sádico para exigir esa clase de pagos.

Libertad de expresión, libertad de religión

En su ensayo On Liberty, John Stuart Mill hizo una célebre defensa de la libertad en todas sus formas. Del segundo capítulo, que toca la libertad de expresión, transcribo aquí, en traducción de Eduardo J. Prieto, un fragmento que me parece especialmente relevante para nuestra época:

Podría objetarse lo siguiente: “Pero algunos principios aceptados, especialmente sobre los temas más elevados y vitales, no son sólo verdades a medias. La moralidad cristiana, por ejemplo, es la plena verdad sobre ese tema, y si alguien enseña una moralidad que difiera de ésta, estará totalmente equivocado”. Como éste es en la práctica el más importante de todos los casos, ninguno puede ser más adecuado que él para verificar la máxima general. Pero antes de decidir qué es o no es la moralidad cristiana, sería deseable establecer qué significa moralidad cristiana. Si significa moralidad del Nuevo Testamento, dudo que quien derive su conocimiento de esa moralidad del libro mismo pueda suponer que se la haya enunciado allí como una doctrina completa de moral, o que ése haya sido el propósito del libro. El Evangelio siempre se refiere a una moralidad preexistente y limita sus preceptos a los detalles en que debe corregirse esa moralidad o reemplazársela por otra más amplia y elevada. Además, el libro se expresa en términos muy generales, que a menudo es imposible interpretar literalmente, y que poseen el carácter impresionista de la poesía o la elocuencia, más bien que la precisión de la legislación. Nunca ha sido posible extraer del Evangelio un cuerpo de doctrina ética sin completarlo con el Antiguo Testamento, es decir, con un sistema en verdad elaborado, pero en muchos respectos bárbaro, y destinado sólo a aplicarse en un pueblo bárbaro. San Pablo, enemigo declarado de ese modo judaico de interpretación de la doctrina y con el propósito de completar el esquema de su Maestro, supone igualmente una moralidad preexistente, la de los griegos y romanos, y los consejos que imparte a los cristianos consisten, en gran medida, en un sistema de acomodación a esa moralidad, incluso hasta el punto de aprobar abiertamente la esclavitud. La moralidad que se llama cristiana, pero que debería denominarse más bien teológica, no fue obra de Cristo o de los Apóstoles, sino que es de origen muy posterior y la construyó gradualmente la Iglesia Católica de los primeros siglos, y si bien no la adoptaron implícitamente los modernos y los protestantes, la modificaron mucho menos que lo que habría sido de esperar. En su mayor parte, en verdad, se contentaron con suprimir los agregados que le había hecho la Edad Media, y cada secta hizo en esos lugares nuevos agregados, adaptados a su propio carácter y tendencia. Yo sería el último en negar que la humanidad tiene una gran deuda con esta moralidad y con sus primeros maestros, pero no tengo escrúpulos en decir que en muchos puntos importantes es incompleta y unilateral, y que si ideas y sentimientos no sancionados por ella no hubieran contribuido a la formación de la vida y el carácter europeo, los asuntos humanos se encontrarían en peor condición que la que hoy muestran. La así llamada moralidad cristiana tiene todos los caracteres de una reacción; es, en gran parte, una protesta contra el paganismo. Su ideal es más bien negativo que positivo, pasivo que activo, implica Inocencia más bien que Nobleza. Abstinencia del Mal más bien que Búsqueda enérgica del Bien: en sus preceptos, como bien se ha dicho, el “no debes” predomina indebidamente sobre el “debes”. En su horror de la sensualidad hizo un ídolo del ascetismo, que se fue acomodando gradualmente hasta transformarse en el ídolo de la legalidad. Ese ídolo exhibe la esperanza del cielo y la amenaza del infierno como motivos desiguales y apropiados para una vida virtuosa: con lo cual se ubica muy por debajo de la mejor moralidad de los antiguos, y su contenido profundo confiere a la moralidad humana un carácter esencialmente egoísta, pues los sentimientos del deber de cada hombre se desvinculan de los intereses de sus congéneres, excepto en la medida en que se lo induce a consultarlos por razones de su propio interés. Es esencialmente una doctrina de obediencia pasiva, inculca la sumisión a todas las autoridades establecidas, a las que en verdad no hay que obedecer activamente cuando ordenan lo que la religión prohíbe, pero contra las cuales no hay que resistirse, y mucho menos rebelarse, por grande que sea el daño que nos hagan. Y mientras en la moralidad de las mejores naciones paganas el deber para con el Estado ocupa incluso un lugar desproporcionado que lesiona la justa libertad del individuo, la ética puramente cristiana casi no toma en cuenta ni reconoce ese gran sector de nuestros deberes. Es en el Corán, no en el Nuevo Testamento, donde leemos la máxima según la cual “un gobernante que designa a alguien en un cargo, cuando hay en sus dominios otro hombre mejor calificado para él, peca contra Dios y contra el Estado”. El modesto reconocimiento que la idea de obligación respecto de la cosa pública logra en la moralidad moderna lo debe a fuentes griegas y romanas, no a fuentes cristianas, y agregaremos que incluso en el caso de la moralidad de la vida privada, todo lo que existe de magnanimidad, elevación del espíritu; dignidad personal, y hasta de sentido de honor, deriva de la parte puramente humana de nuestra educación, y no de la religiosa, y nunca podría haberse desarrollado a partir de pautas éticas en las que el único valor, expresamente reconocido, es el de la obediencia.
Estoy muy lejos de pretender que estos defectos sean necesariamente inherentes a la ética cristiana, de cualquier manera que se la conciba, o que los múltiples requisitos de una doctrina moral completa que esa ética no contiene, no pueden ser compatibles con ella. Mucho menos querría insinuar esto respecto de la doctrina y preceptos de Cristo mismo. Creo que las enseñanzas de Cristo son, según mi entender y la evidencia disponible, lo que se propusieron ser, que son irreconciliables con las exigencias de un sistema moral en sentido amplio, que todo lo que es excelente en ética puede incluirse en ellas sin hacer mayor violencia a su lenguaje que la que le han hecho todos los que intentaron deducir de ellas un sistema práctico cualquiera de conducta. Pero es totalmente coherente con esto creer que contienen, y estaban destinadas a contener, sólo una parte de la verdad, y que las palabras registradas del Fundador del Cristianismo no proporcionan, ni estaban destinadas a proporcionar, muchos elementos esenciales de la más elevada moralidad, y que esas palabras fueron puestas totalmente de lado en el sistema ético erigido sobre la base de ellas por la iglesia cristiana. Siendo esto así, considero un gran error seguir tratando de encontrar en la doctrina cristiana esa regla completa que nos guía, que su autor se proponía sancionar e imponer, pero proveer sólo en parte. Creo, además, que esta estrecha teoría se está transformando en un grave mal práctico, que disminuye grandemente el valor de la formación e instrucción moral que tantas personas bien intencionadas están esforzándose finalmente por promover. Mucho me temo que si se intenta formar la mente y los sentimientos según un tipo exclusivamente religioso y se descartan las pautas seculares (como las llamaremos a falta de un nombre mejor) que coexistieron hasta ahora con la ética cristiana y la suplementaron, recibiendo algo del espíritu de éstas, e infundiéndole parte del suyo, resultará, y está incluso resultando ahora, un tipo bajo, abyecto y servil de carácter, que por más que se pueda someter a lo que estima que es la Suprema Voluntad, será incapaz de elevarse a la concepción de la Suprema Bondad o de simpatizar con ella. Creo que debe existir junto a la ética cristiana alguna otra no desarrollada exclusivamente a partir de fuentes cristianas, si se desea producir la regeneración moral de la humanidad, y que el sistema cristiano no es, de ninguna manera, una excepción a la regla según la cual en un estado imperfecto de la mente humana los intereses de la verdad requieren una diversidad de opiniones. No es necesario que al cesar de ignorar las verdades morales no contenidas en el cristianismo los hombres ignoren cualquiera de las que éste contiene. Tal prejuicio, u omisión, cuando ocurre, es cabalmente un mal pero del tipo que no tenemos esperanza de evitar siempre, y que debemos considerar como el precio que pagamos por un bien de valor inestimable. Debemos protestar, y tenemos la obligación de hacerlo, contra la pretensión exclusiva de una parte de la verdad que presume ser el todo, y si por un impulso reaccionario los que protestan resultaran a su vez injustos, podemos lamentar pero debemos tolerar esta unilateralidad, como toleramos la otra. Si los cristianos quisieran enseñar a los infieles a ser justos con el cristianismo, ellos mismos tendrían que serlo también con el mundo de aquéllos. No puede beneficiar a la verdad el que se disimule el hecho, conocido para todos los que tienen la familiaridad más elemental con la historia literaria, de que una gran parte de la enseñanza moral más noble y valiosa ha sido obra no sólo de hombres que no conocían la fe cristiana, sino de otros que la conocían y rechazaban.

La perspectiva cristocéntrica

Leí hace pocos días una serie de ensayos publicados en la revista Skeptic. Si recuerdo bien los nombres, era un intercambio de argumentos entre el creyente Mark McFall y el ateo Warren Till, y comentado más tarde por el archiateo Richard Carrier. Trataba sobre los vínculos entre el mito de Cristo y la larguísima tradición religiosa de cultos solares que conmemoraban la muerte y resurrección de sus dioses en el mundo antiguo, que abarca desde el titular de los derechos de autor de este mito (Osiris) hasta el principal competidor de Jesús en su carrera por la popularidad en las provincias romanas (Mitra), pasando por los sospechosos de siempre (Attis, Tammuz, Adonis, Dionisos, Heracles). Pero el núcleo del ensayo de Till estaba dedicado al caso de Osiris, y lograba una muy buena presentación de sus paralelos con Jesús. Lo que me mueve a comentar todo esto aquí es la peculiar respuesta de McFall.
McFall dedicó casi todos sus comentarios a negar que el regreso a la vida de Osiris tuviera algún parecido con la resurrección de Jesús, pero más tarde pasó a desacreditar las bases mismas del mito de Osiris. Tomando la narración de los evangelios como estándar de comparación, McFall se quejó de que ninguna versión de los textos egipcios mencionara apariciones de Osiris post-post-mórtem, ni conversaciones con sus fieles, ni referencias a personajes históricos, ni teología de expiación, ni anuncios previos que hubieran predicho que Osiris moriría y volvería a la vida. En resumen: como el relato de Osiris no está contado con los mismos ingredientes de estilo y contexto que tiene el de Jesús, entonces no hay parentesco. Eso es casi como decir que El Profesor Chiflado no es una copia de Jekill y Hyde porque el protagonista es negro.
En su reseña Carrier corrigió ese argumento: los elementos centrales del mito están preservados y claramente identificables. Pero no mencionó un problema que a mí me parece mucho más grave: el fuerte sesgo cristocéntrico en que McFall sustentó su ensayo. Para McFall, el mito de Osiris no es falso porque carezca de coherencia o verosimilitud; es falso simplemente porque no es como Jesús.
Este problema aqueja a muchos académicos occidentales que se dedican al estudio de otras religiones. Sin darse cuenta, dan por sentado que las forma de culto propias del cristianismo que conocen son el modelo válido y correcto de religión, de modo que no analizan los cultos extranjeros o extintos con base en sus propios orígenes sociales e históricos, sino apenas en comparación con el estándar cristiano. Los posmodernos consideran esta actitud como una manifestación más de lo que ellos llaman chovinismo eurocéntrico; yo me conformo con señalar que es un serio sesgo cognitivo que en este caso deriva más de la naturaleza misma del meme monoteísta que de la conducta aprendida por el hombre blanco.
La perspectiva cristocéntrica pasa por alto varios hechos evidentes, en especial que el culto monoteísta sin antropomorfismo es una etapa muy tardía en el desarrollo de las religiones, sobre todo en su actual forma paulina y trinitaria. Los creyentes se rehúsan a considerar que su modo particular de culto no es necesariamente la forma más lógica o natural de experiencia sacra y que los devotos de otras fes no tienen por qué seguir sus métodos.
Hace unos años, cuando le explicaba los principios del budismo a un conocido, me contestó que no le gustaba porque no incluía la figura de un mediador entre Dios y la humanidad. Intenté hacerle ver que en la cosmovisión budista esa figura ni siquiera era necesaria, pero él no se movió de su postura. Estaba demasiado encerrado en las categorías que le habían enseñado como para concebir el mundo de otra manera.
¿Así cómo se puede debatir?

Un resumen sobre la homeopatía

El siguiente texto lo posteé en el foro Ateísmo desde México, como respuesta a un comentario de una chica que ahora cree en la homeopatía porque al parecer éta la curó y la “medicina convencional” no.


Querida Irulan,
queridos ateos,

[Tras haber escrito gran parte de esta respuesta me dí cuenta que varias cosas que menciono otros amigos ya las comentaron! Aún así creo que no repito mucho y creo que vale la pena leer lo que tengo que decir.]

el último año he leído mucho sobre la homeopatía porque mi novia tiene una complicación que parece que se puede volver crónica y en vez de acudir a un médico, pone toda su fe en los homeópatas. Por favor noten que haga la distinción entre homeópatas y médicos. También quiero reiterar lo que Psykocreep y Ramasknihgt mencionan, que la “medicina alópata” es en realidad una especie de pleonasmo, ya que existe la medicina y existen los tratamientos alternativos, que no dignificaré llamándolos medicina. Sobre el término “alópata” cabe decir que fue inventado por Samuel Hahnemann, el médico alemán que inventó la homeopatía a finales del siglo XVIII, para separararla de la “nueva” medicina. Pero en realidad es igual que los términos “cientificismo”, “fisicalismo” o “darwinismo”, usado por creacionistas para distinguir a la que juzgan como falsa o adversa. Actualmente en Alemania le llaman “Schulmedizin” – porque es la que se imparte en las escuelas (universidades).

Irulan, me intersaría saber por qué en primer lugar considerabas a la homeopatía algo ilógico – y por qué ahora no. Ya que sabiendo lo que ésta realmente es, me podrán dar tratamientos homeopáticos y me podré curar, pero sabré que de ninguna manera fue por los chochitos en sí. Tú eres atea. Y me imagino que ves a la religión de una manera que no importa qué te digan los teístas, tú vez las cosas desde una perspectiva superior en la que reconoces que ninguno de sus argumentos tienen validez. Quiero, es mi esperanza con este texto darte esa misma perspectiva con respecto a la homeopatía.

Pero antes me atrevo, sin presunción, a corregir ciertos comentarios de algunos de mis amigos ateos.

RBP:

La medicina moderna viene de la homeopatía [empírica] y no confiar en la medicina moderna sería como preferir el telégrafo porque Telmex proporciona un mal servicio de internet.

Aquí te equivocas gravemente. La medicina moderna tiene sus raízes en la tradición griega. Pero en realidad, hasta mediados del siglo XIX, sin física, química o biología como las conocemos ahora, sin un modelo de átomo o molécula, la medicina no se basaba en ciencia, sino en mera experiencia. Ahora bien, uno puede por experiencia determinar si algo funciona, aún si saber cómo funciona, pero la medicina de hace no más de 200 años era realmente más dañina que benéfica para el paciente. En ese tiempo la sangría (de sangre, no bebida) era la forma de tartar casi cualquier enfermedad, por lo que los médicos mataban más pacientes de los que sanaban.

Samuel Hahnemann era un buen hombre que se dio cuenta de esto e incluso dejó de practicar la medicina por no querer ser partícipe de esa pasiva masacre. Pero convencido de querer ayudar a la gente quiso desarrollar su propia medicina. Cabe destacar que en ese entonces había tantas nuevas corrientes que un estudiante de medicina salido de la universidad tenía problemas decidiéndose en que corriente creer.

Chinchona, un derivado de un árbol de Peru era utilizado para curar la malaria, pero Hahnemann pensó que tal vez pudiese ser utilizado como tónico y lo comenzó a consumir diariamente. Para su sorpresa empezó a desarrollar síntomas parecidos a los enfermos de malaria. Habiendo experimentado consigo mismo y tras observar el mismos efecto con varias drogas, pensó que lo que cura ciertos síntomas en una persona enferma, causa los mismos síntomas en una persona sana. Dedujo que entonces que si le das cierta sustacia a una persona sana y le da dolor de estómago, le das eso a algiuen con dolor de estómago y se lo quita. Si no frunces si seño en este momento, espera a leer el siguente párrafo. Así que Hahnemann formuló la primera “ley” de la homeopatía:

Similia similibus curantur: lo similar se cura con lo similar.

Al menos tenemos la fuente y las razones por la creía eso, pero no quedan documentos que indiquen por qué creía lo siguiente:

Entre más diluída esté una sustancia, más potente es.

Si no frunces es seño en este momento… no sé qué decir. Acaso no te pones más borracha cuando tomas absinthe de 70% que vino de 6% de alcohol? Si la homeopatía tiene razón, cuidado con la cerveza de 4% que te vas a intoxicar!

Por qué todo este rollo? No es necesario recontar el modelo griego del átomo para entender la física, ni repasar la alquimia para estudiar química, ya que los modelos altiguos son obsoletos, pero es imperativo recalcar la historia de la homeopatía ya que hoy en día se sigue practicando de la misma manera.

Las medicinas, perdón, las pociones homeopáticas están tan diluídas que no contienen una sola molécula de ingrediente activo. Lo peor de todo es que los homeópatas admiten que no es más que agua (o alcohol) lo que te venden, pero que es “la memoria del agua que transmite las vibraciones” del ingrediente que hace mucho estuvo en el agua, lo que te cura.

Si te curaste es por el efecto placebo. No hay que olvidar que nuestros cuerpos tiene una historia evolutiva muy larga y que han desarrollado un sitema imunológico muy poderoso. El tan sólo saber que estás siendo tratado te hace sentir mejor y alerta el sistema imunológico. No es necesario que “creas” concientemente que funcione o no, que le otorgues tu fe al chochito: el cuerpo mismo se la da.

Y como menciona Huno:

Has establecido una relación causa-efecto (toma de homeopáticos –> curación), donde lo más probable es que no haya nada más que una simple correlación.

Es decir: Correlación no implica causación [ ya sé que no existe la palabra pero rima :) Correlation does not imply causation].

En cuanto a tu diagnóstico, regresaré de nuevo a la historia para mencionar que en el tiempo de Hahnemann, cuando no existía la teoría de los gérmenes, no se conocía la causa de las enfermedades. Pero se distinguían entre dos tipos (cuyos nombres no recuerdo y ya regresé el libro a la biblioteca): aquellas que no son contagiosas y provienen “de la naturaleza” (el arquetipo era la malaria, de la cual no se sabía que eran los mosquitos en los pantanos los que la transmiten, sino que era el aire: mala aria significa en italiano mal aire) y aquellas cuyo origen es el contagio (como la sífilis). Pero Hahnemann dijo que en realidad todos los males caían dentro de la primera categoría, es decir, no por gérmenes sino “por la naturaleza”.

Por qué recuento esto? Porque cuando mi novia fue con un médico convencional le hicieron unos exámes y le detectaron E .Coli. Le prescribieron antibióticos. Se mejoró, pero cuando el problema resurgió, en lugar de volver con el médico fue con un homeópata. Cuando regresó de su consulta le pregunté cuál es la razón de sus dolores y me dijo “No son bacterias”. Cuando le pregunté “Entonces qué es?” sólo me respondió que “Es complicado”. Ella sabe mi opinión sobre lo esotérico y supongo que lo que escuchó fue sólo esotérico, así que no que quiso decir, y hasta ahora no tengo idea de las idioteces que le habrá dicho el malnacido.

Sí, existen enfermedades que surgen por estrés y ansiedad. El alcoholismo es una enfermedad que no reside en microobios, pero como supo la homeópata que no tenías un germen, si no te hizo exámenes?

[Aquí me dí cuenta de que algunos ya había contado la historia e Hahnemann.]

Tengo que disentir con desiderio.

La homeopatía tiene que ser descartada como charlatanería. Si bien tienes razón en que Hahnemann no se sacó sus ideas de la manga, sino que que hizo observaciones empíricas, son observaciones que hoy en día sabemos que tuvieron que ser equívocas. Son observaciones empíricas que que fueron el efecto de la falta de medios para determinar la efectividad de esas pociones cuantitativamente. Hoy en día con los ensayos clínicos se puede determinar con precisión (y márgenes de error, por supuesto). Sobre si el agua mantiene memoria del ingrediente activo, se han hecho hasta xperimetos con resonancia magnética nuclear para determinar si la estructura del agua cambiaba. Uno de los pasos para preparar las soluciones homeopáticas es agitar fuertemente la solución. Y esto al principio parecía funcionar, comprobado con RMN. Pero se dieron cuenta que era porque al agitar el tubo de ensayo eran moléculas de vidrio que se desprendían las que causaban una señal distita. Un paper muy famoso de un tal Benveniste al parecer comprobaba la hipótesis de la memoria del agua. Se publicó n Nature en 1988. Pero un equipo de Nature enviado a Paris a examinar el experimento descubrió que había sido porque no hacían los experimentos con el método de doble ciego.

Ya para concluir, basta mencionar el paper “Are the clinical effects of homoeopathy placebo effects? Comparative study of placebo-controlled trials of homoeopathy and allopathy” (The Lancet, Volume 366, Issue 9487, Pages 726 – 732, 27 August 2005). El meta-análisis más comprensivo que se ha hecho sobre la homeopatía y que claramente demuestra que no es más que un placebo.

La respuesta de Ninjatalos a lo del IPN enseñando homeopatía no es menos que excelente

Y eso que? en Harvard enseñan Teologia eso la hace una ciencia cierta?

Desiderio, creo que tienes mucha razón cuando dices que hay

un sesgo de información y de un prejuicio más que de realmente conocer y saber en qué se fundamenta la homeopatía

quité el “para funcionar” porque no quiero peretir que no funciona. Hay un sesgo de información porque la gente cree que se trata de “medicamentos naturales que no te hacen daño y no tienen efectos secundarios” cuando en realidad no merecen ni ser llamdas medicamentos. Y han un prejuicio, sí, contra la “Schulmedizin” porque es “fría, seca y calculadora” como todas las ciencias naturales. Y en ese momento quiero regresar tu último párrafo, Irulan, en el que te refieres a la natulareza.

Creo que la gente se olvida que ya hay gente que está más cerca de la naturaleza de lo que jamás hemos estado. Y estas personas no son chamanes ni eruditos de la sabiduría de nuestros ancestros. Estas personas se llaman biólogos, se llaman químicos, se llaman físicos. O creen que el término “ciencias naturales” se escogió porque sí? Se llaman así porque son precisamente las ciencias que tratan de la naturaleza, que se acercan a ella y que la intentan explicar. La diferencia entre la ciencia y la charlatanería es que la primera es matemática precisamente porque la naturaleza misma es matemática. La segunda se refiere a la naturaleza como algo mágico o místico, aún cuando no use las palabras magia o místicismo. Irulan, tu dijiste dela homeopatía:

porque usen cosas que sí sirven, […] fórmulas de plantas, hierbas y otras cosas que son naturales.

No hay que confundir a la naturaleza con lo biótico! El ácido clorídrico, el galio arsénico y el uranio son tan naturales como las plantas y hierbas, y sin embargo no comtemplarás tomartelos como medicamento! En una sociedad tan tecnológica y en ciudades tan contaminadas, la palabra “natural” se exclama con un aire de nostalgia y de añoranza por un regreso “into the wild”. Imágenes de bosques tropicales, ríos y cascadas corren por la mente. El deseo de comer una fruta cortada diréctamente del árbol, sin pesticidas, ni hormonas, ni nada – sino 100% natural. Ese es el significado que tiene la palabra para la mayoría de las personas.

La aspirina es tan natural como las plantas, pero es sintética. Ha sido diseñada inteligentemente (prestando las palabras de mis “amigos” los creacionistas) para curar ciertos males. Porque el conocimiento, no de milenios como JRPB dijo, sino de unos cinco increíblemente fructíferos siglos de ciencia natural, llevada acabo por gente cuya vida es la naturaleza, concluyeron en la sintetización de complejos químicos que nos salvan la vida.

Tú eres atea y por ello me atrevo a decir que compartimos muchos valores, aunque no te conozca. Por favor, utliza estos mismos valores de excepticismo la pŕoxima vez que analices la medicina. Lo antiguo no es correcto ni mejor por ser antiguo. Piensa en la biblia! Es 30 veces más vieja que “El orígen de las especies”, pero no la hace tantito más cierta! Nuestros ancestros (la frase misma confiere autoridad y respeto!) utilizaban plantas y animales porque es lo único que tenían a disposición, no porque fuese lo mejor. Hoy estamos redescubriendo la naturaleza con las ciencias naturales.

Quiero conluir citando a alguien que es un ejemplo para muchos de nosotros.

In medicine “ancient” also means “developed before we understood the causes of disease, before germ theory”. It was based on ignorance then and age makes it no truer. We misguidedly look back to a golden age that never was. Ours is the golden age of safe-tested medicine, effective beyondplacebo, in which we’ve cut infant mortality and conquered diseases, then forgotten they existed..

En la medicina “antiguo” también significa “desarrollado antes de que comprendiéramos las causas de la enfermedad, antes de la teoría de los gérmenes”. Se basaban en ignoracia en ese entonces y la edad no las hace más ciertas. Erróneamente miramos atras a una edad dorada que nunca fue. La nuestra es la la era dorada de medicina seguramente comprobada, efectiva más allá del placebo, en la que hemos cortado mortalidad infantil y conquistado enfermedades, después olvidado que existían.

– Richard Dawkins

Qué triste…

… es ver a tantas personas engañarse a sí mismas, y con imágenes tan baratas. Uno creería que si un ser perfecto se quisiera comunicar con uno, al menos sería tan perfecto para dejar una imagenn perfecta de sí, y no unas manchas en la pared.

Asesinos merecen más estar en el cielo que dios

Apuesta de Pascal

Una forma divertida de desprobar la Apuesta de Pascal

Matt Dillahunty la explica y destruye igualmente.