Archivos en el mes de May del 2010

Martes, 11 de Mayo de 2010

El código ateo

Un teólogo protestante promueve un ateísmo «humanista y humano»

(C) Anahí Seri

«La fe religiosa es una creencia en contra de la realidad. La fe atea es una creencia basada en la realidad»
Paul Schulz

Una señora de 84 años ha concertado una cita con su párroco. Quiere hacerle una pregunta muy importante a la que desea que éste responda dándole su opinión personal. «De acuerdo, lo intentaré», asiente el pastor. La señora pregunta: «¿Cree usted en la vida después de la muerte?», y se da cuenta de que el pastor vacila. «No quiero explicaciones teológicas, quiero que me dé su opinión personal». «No, no creo en la vida después de la muerte».
Ambos siguen conversando durante dos horas sin que vuelva a salir el tema. Dos días más tarde, el párroco recibe una llamada telefónica de la hija de la señora. «¿Qué le ha dicho usted a mi madre?». El párroco se estremece, se arrrepiente de haber sido tan directo. Su interlocutora le explica lo sucedido: «Ayer me llamó mi madre para que fuera a verla. Había abierto una botella de vino, ella que nunca bebe, y quería que brindáramos. Me explicó: el pastor me ha dicho que no hay vida después de la muerte, que no hay juicio final ni infierno. Ahora puedo morir en paz».
Con esta anécdota comienza el segundo capítulo de Atheistischer Glaube (La fe atea), el segundo libro de Paul Schulz, quien en 2006 ya había publicado Codex atheos. Die Kraft des Atheismus. Grundpositionen des abendländischen Denkens ohne Gott (Codex atheos. La fuerza del ateísmo. Las bases del pensamiento occidental sin Dios).
Paul Schulz, nacido en 1937 en Francfort, se licenció en teología y se doctoró con una tesis sobre los Manuscritos del Mar Muerto. En los años ’70, fue párroco en la iglesia de San Jacobo de Hamburgo. En 1975 la Iglesia luterana evangélica inició contra él un proceso por herejía, entre otras cosas, por haber afirmado, desde su púlpito, que la existencia de Dios es «una consoladora invención de la criatura humana» y que la oración sólo es «una reflexión personal». En 1979 se vio privado de su ordenación como sacerdote y trabajó entonces durante unos años en la empresa privada, pero cambió de rumbo en 1995 con la fundación de una «academia de la tercera edad» desde la cual, intentando seguir el ejemplo de Sócrates, promueve un ateísmo humanista y humano.
El libro Atheistischer Glaube (La fe atea) consta de siete capítulos, cada uno subdividido en cinco secciones, y estas 35 secciones corresponden a las 35 tesis de su Manifiesto ateo. El manifiesto parte de la idea de que el hombre debe rechazar a Dios para recuperar su autonomía como ser humano. Utiliza términos como «nacimiento racional» en relación con ese proceso de desprenderse de lo divino. Define la «fe atea» sobre tres niveles: el primer nivel consiste en aceptar la realidad como tal, sin Dios. El segundo nivel consiste en hallar la responsabilidad y el sentido de la vida de forma autónoma. El tercer nivel (meta nivel) apunta a una filosofía de la existencia más allá de la naturaleza. A lo largo del libro, se entra en más detalles relacionados con la vida, la muerte, la estética, el sentido de la vida. Cada capítulo comienza con una anécdota concreta como punto de partida para sus reflexiones. Lástima que los editores españoles no se hayan interesado por esta obra, que creo que podría atraer bastante interés entre los lectores de lengua castellana.

Un espacio para dudar. Ateos, agnósticos, escépticos. Reflexión, ensayo, debate. Arte y literatura. Humanismo secular.

La foto del Papa nunca antes publicada

Antes de empezar a medrar en la Iglesia Católica, Joseph Ratzinger era feliz cultivando su propio huerto en los campos de su Baviera natal. Probablemente era mucho más feliz entonces. La foto es un hallazgo de Raúl Bastida.


La vida

Dedicado a Laura.


El relativismo es relativo

Es el problema con ciertos valores, que alcanzan mucho más allá de donde terminan los tuyos. Es una magnífica viñeta de Andrés Diplotti para La pulga snob.


Lunes, 10 de Mayo de 2010

Una insignificancia

En la película Insignificance, de Nicolas Roeg se muestra un encuentro imposible entre Einstein y Marilyn Monroe, que coinciden en un hotel en Nueva York. El mito sexual asombra al cerebro más famoso explicándole la Teoría de la Relatividad (la especial, sin gravedad). Es una divertida y relativamente famosa escena en la historia del cine:

Lo que viene a continuación es, sin embargo, mejor. Einstein le ofrece a Marilyn en tan solo unos segundos lo que, según ella, es la mejor conversación que ha tenido nunca. ¿De que le habla Einstein?

Todo termina descubriéndose

Una viñeta sobre el cruzamiento que hubo entre nuestra especie (Homo sapiens) y los neanderthales (Homo neanderthalensis) en Oriente Medio.Tras análisis genéticos se logró conocer que nuestros antepasados sapiens que salieron de África se hibridaron con los neanderales que ya se encontraban distribuidos en Europa, Asia occidental y oriente Medio.¿Cómo lo sabemos? Porque los humanos descendientes

La Biblia te da soporte

Sin duda los libros sagrados son de gran soporte… especialmente para evitar que tus muebles de madera se dañen por las bebidas. Y es que como decía Shakespeare, la Biblia puede ser usada para defender cualquier idea. Incluso las más vengativas, como este versículo, que fue escrito mientras los judíos eran cautivos del imperio babilonio:"Hija de Babilonia destruída, Bienaventurado el que te

Pruebas de la evolución – Las homologías anatómicas



La teoría de la evolución implica que los cambios que se producen al pasar de una especie a otra sean graduales. Esta gradualidad tiene como consecuencia y permite predecir la existencia de homologías anatómicas. Con homología anatómica nos referimos a estructuras similares con funciones distintas. Cuando surge una especie nueva a partir de una antigua, la nueva especie puede adquirir funciones nuevas pero sus estructuras estarán condicionadas por las heredadas de la especie original y por lo tanto serán similares con ligeras modificaciones necesarias para la nueva función. De este hecho se desprende que las estructuras homólogas actuales tienen una historia evolutiva que debe poder ser explicada mediante estructuras de especies intermedias, vivas o fosilizadas.
Existen innumerables ejemplos de homología entre especies, tanto vivas como extinguidas. Los mismos huesos en las mismas posiciones relativas aparecen en las manos de los primates, en las alas de los murciélagos, de las aves o de los pterosaurios, en las aletas de las ballenas, en las patas de los caballos, las extremidades excavadoras de los topos o las patas membranosas de los anfibios (ver ilustración superior). Todos estos caracteres tienen estructuras similares que realizan funciones diversas. El árbol filogenético estándar muestra que estas especies comparten las mismas estructuras porque todas ellas se derivan de ancestros comunes que ya las tenían.
El registro fósil ilustra, por ejemplo, como la estructura de las extremidades superiores de los dinosaurios terópodos se fue modificando gradualmente hasta adquirir la apariencia actual en las aves modernas. Esta serie incluye al Eoraptor (hace unos 230 millones de años), los herrerasaurios (210 M.a.), los Allosaurios (180-90 M.a.), el Archaeopteryx (150 M.a.), los Enantiornites (145 M.a.) y los Euornites (65 M.a.).

En esta ilustración se puede observar la evolución desde la extremidad delantera del Ornitholestes (A), un dinosaurio terópodo de hace más de 150 M.a., hasta el ala del pollo moderno (D), pasando por el Archaeopteryx (B) y el Sinornis, un ave del Cretáceo (C).
La teoría de la evolución predice que nunca encontraremos aves, vivas o fosilizadas, que presenten al mismo tiempo alas y patas delanteras, ya que las primeras son precisamente modificaciones de las últimas, ni tampoco encontraremos moluscos con cloroplastos, a pesar de que en ambos casos esas estructuras supondrían una clara ventaja para esas especies. Del mismo modo, la teoría de la evolución estaría en dificultades si el árbol filogenético no tuviese una continuidad estructural. Hasta el momento todos los estudios de anatomía comparada coinciden con los postulados de la evolución y constituyen una prueba más de la misma.

India no tiene nada que agradecerle a Teresa de Calcuta

Eduardo Robredo

Nadie como el misionero simboliza el valor del humanismo heroico, del altruísmo indiscutible basado en las convicciones místicas, opuesto con frecuencia a la brutalidad y la inhumanidad de los conquistadores, los colonizadores, los capitalistas. Y nadie como Agnes Gonxha Bojaxhi —«Teresa de Calcuta», beatificada en 2003— para reunir el entusiasmo por la santidad, incluso entre las personalidades «laicas» occidentales. El aura de beatitud es tan poderosa que cualquier insinuación crítica parece casi tabú.

Pero en la misma India no todos comparten el fervor. Sanal Edamaruku —presidente de la Indian Rationalist Association; una asociación escéptica y racionalista con más de 100.000 afiliados— se queja, en la línea de Christopher Hitchens, de que Madre Teresa «ha dado un mal nombre a Calcuta, pintando a la bella metropolis india, interesante, vialista y culturamente rica, con los colores de la suciedad, la miseria, la desesperanza y la muerte.»

La realidad es, sin embargo escandalosa. En las casas pequeñas, superpobladas y primitivas, muchos pacientes tienen que compartir la cama con otros. Aunque hay muchos que sufren tuberculosis, SIDA y otras enfermedades muy contagiosas, la higiene no preocupa. Los pacientes son tratados con buenas palabras y medicinas insuficientes —y a menudo caducadas—, aplicadas con viejas agujas, lavadas en agua turbia. Se pueden escuchar los gritos de la gente con terribles heridas abiertas sin que su dolor sea aliviado. De acuerdo con los principios, los analgésicos fuertes no se suministran ni en los casos más graves. Según la extraña filosofía de la Madre Teresa, «partitipar en los sufrimientos de Cristo es el regalo más hermoso que puede recibir una persona». En una ocasión intentó tranquilizar a un paciente que sufría a gritos de este modo: «Estás sufriendo; esto significa que Jesús te está besando». El hombre enfureció y respondió gritando: «Entonces cuenta a tu Jesús que deje de besarme».

STOP The Missionaries of Charity aporta más información desde su grupo en Facebook. Este es el aspecto que presentaría, de acuerdo con esta página web, la «casa de los moribundos» dirigida por misioneros en Calcuta, una asociación que recibe millones de dólares cada año:

Visto en La revolución naturalista.


Cruz y ficción

A la ONU se la suda África

Es sólo una malvada ilusión óptica. Pero el efecto es devastador. Visto en el Tumbrl de Mediotic.


Entrevista a Darío Castrillon en CNN

El cardenal pide que le mencionen un sólo caso que no haya sido castigado:
Entrevistadora: El caso del padre Maciel nunca fue procesado y se presentó ante el Vaticano en 1990.
Cardenal: No te respondo.

Esta parte de la conversación en la que la presentadora deja K.O. al cardenal se da al final del vídeo:

Acto de afirmación el laicismo y de un Estado aconfesional – Zaragoza (MHUEL)

Observatorio.jpg

Desde el Observatorio de la Laicidad asistimos con estupor y enrome preocupación a las decisiones judiciales que se están dando ante el uso de símbolos religiosos por parte de la Administración.

Un caso paradigmático es el del crucifijo en los Plenos municipales del Ayuntamiento de Zaragoza y el Reglamento de Protocolo del mismo Ayuntamiento, unos hechos denunciados por MUHEL por atentar al principio constitucional de aconfesionalidad del Estado, cuando un símbolo religioso católico preside un acto de la vida política y ciudadana de Zaragoza.

Sin embargo, la tutela jurídica del juzgado, no sólo no se hace efectiva, sino que el juez entra en valoraciones ideológicas personales o de intenciones, y no se centra en los hechos objetivos que deben ser el motivo de su resolución.

Así nos encontramos que la laicidad del Estado se ve empañada no sólo por las decisiones arbitrarias y anticonstitucionales de los políticos, sino que la justicia se alinea con ellas en un intento de defender posturas personales y creencias particulares.

Por ello desde el Observatorio de la Laicidad nos unimos a la convocatoria de MHUEL para afirmar el laicismo como única garantía para la convivencia democrática.

Manuel Navarro

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El pasado 30 de abril de 2010 el  Juzgado de lo Contencioso-Administrativo número tres de Zaragoza emitió la sentencia 00156/2010, en la que se desestima el recurso presentado por la asociación Movimiento hacia un Estado Laico (MHUEL) contra la presencia de un crucifijo en el salón de plenos del Ayuntamiento de Zaragoza y la asistencia obligatoria de los miembros de la Corporación Municipal en calidad de tales, según los artículos 8.1.a) y 13.1 del Reglamento de Protocolo, Ceremonial, Honores y Distinciones del Ayuntamiento de Zaragoza. Los argumentos utilizados en la sentencia son marcadamente ideológicos y constituyen unas descalificación gratuita del principio constitucional de la aconfesionalidad del Estado y sus instituciones.
Frente a ello, hemos organizado este acto de afirmación del laicismo y de un Estado aconfesional.
Esperamos contar con tu presencia y que hagas llegar esta invitación a tus contactos.
 
Domingo, 9 de Mayo de 2010

Pequeña victoria para el laicismo en Costa Rica

Costa Rica es la única nación de Latinoamérica que aún mantiene como oficial la religión católica en su constitución.En las pasadas elecciones la ICAR hizó ua clara intervención en campaña electoral al pedirle a sus feligreses que no votaran por candidatos que se opusieran a que la Iglesia Católica mantenga los priveligios de religión estatal. Esto llevó a la Asociación Costarricense de

Otra joya de Dadeus Grings

Las declaraciones escadalosas del prelado brasileño Dadeus Grings no son nuevas. Antes de las declaraciones recientes en las que afirmó que la sociedad es pedófila, y de las que el Blog Sin dioses comunicó, se había referido al holocausto como un hecho exagerado. Incluso llegó a decir que el la Segunda Guerra Mundial murieron más católicos que judíos.Para mantener viva la memoria he aquí la nota

Obispo brasileño matiza pederastia afirmando que la sociedad es pedófila

El arzobispo de Porto Alegre, Dadeus Grings generó polémica al afirmar que la sociedad es pedófila, además de señalar que los adolescentes son espontáneamente homosexuales.Nota del diario argentino El Períodico Austral: Aseguró que "la sociedad es pedófila", apuntó que los abusadores serán “aceptados” como los homosexuales. En el día 48 de la Asamblea de la Conferencia Nacional de Obispos de

LA EVOLUCION DE YAHVE-JEHOVA

Por Hernán Toro
http://www.escepticoscolombia.org

El “dios judeocristiano” es un término incorrecto. A lo largo de la historia, este vocablo ha representado diversas concepciones teológicas mutuamente excluyentes. Aunque los cristianos modernos muestran sus escrituras como un bloque monoteista estricto, en realidad el dios hebreo primitivo era muy distinto del Dios Padre adorado actualmente por los protestantes, católicos y ortodoxos.

Los hebreos primitivos no creían en un único dios. Su teología no era monoteísta sino henoteísta: creían que existían varios dioses, pero sólo adoraban uno.
El motivo era supersticioso: si no adoraban al dios con el que “se aliaban”, éste los aplastaría inmisericordemente. Las evidencias textuales del henoteísmo hebreo inicial son patentes para quienes no se dejan cegar por la “sana hermenéutica” de los mercaderes espirituales modernos.

Así, textos como “Dios se levanta en la reunión de los dioses; en medio de los dioses juzga” presentan a Yahvé-Jehová como la deidad principal en una asamblea de dioses menores. En la misma línea, y a pesar de los intentos de los traductores modernos para camuflarlo, el primer mandamiento tiene una perspectiva perfectamente henoteísta: “No tendrás dioses ajenos DELANTE de mí”.

Un Dios todopoderoso e inteligente que hubiera pretendido dar un mensaje monoteísta en vez de uno monolátrico, hubiera dicho algo como: “yo soy el único dios real” o “no existen más dioses que yo”. Pero su mandato real es ser adorado por delante de los demás dioses ajenos que no descarta.

En la misma línea está: “No vayáis detrás de dioses ajenos, de los dioses de los pueblos que están en vuestros contornos, porque Yahve-Jehová, tu Dios, que está en medio de ti, es un Dios celoso; su furor se inflamaría contra ti y te haría desaparecer de sobre la tierra”.
Aquí no sólo no enseña la inexistencia de otros dioses, sino que los acepta pero advierte sobre no seguirlos pues Yahvé-Jehova es celoso y vengativo… actitud divina bastante imbécil esa de sentir celos de seres inexistentes.

La monolatría hebrea primitiva con el tiempo evolucionó en un monoteismo estricto, que consideraba falsos a los demás dioses que otrora reconocía. Esta fase del concepto hebreo de Dios es popular pues es la más publicitada actualmente y hay centenares de textos que la demuestran.

Esta Divinidad era todopoderosa: todo ocurría según su deseo; bien y mal eran creados por él.
Un residuo textual “fósil” de esta fase teológica se encuentra en un texto de Isaías muchas veces “suavizado” por los traductores modernos: “Que formo la luz y crío las tinieblas, que hago la paz y crío el mal. Yo Yahve-Jehová que hago todo esto”. A partir de esta fase, la religión judía y sus descendientes cristianas e islámicas, han buscado constantemente explicar el bien y el mal en el mundo. Siguiendo los lineamientos básicos de Bart Ehrman, las fases siguientes de este proceso explicativo quedaron plasmados en la Torá y la Biblia Cristiana.

Tras sus triunfos militares iniciales con David, el pueblo de Israel creía que una deidad todopoderosa los había elegido como protegidos y los había librado de su esclavitud en Egipto.
Después de asentarse en la “tierra prometida”, establecieron su reino alrededor del Templo en la época de Salomón, pero con el paso del tiempo, Israel fue víctima de tremendos reveses militares, siendo el Exilio en Babilonia tal vez el mayor de ellos. Al buscar explicación de por qué el pueblo elegido era víctima de sus enemigos, apareció otra fase de desarrollo teológico: el movimiento profético.

En esta ridícula concepción, los males experimentados por Israel eran el resultado de su idolatría: al abandonar la fe verdadera, Yahvé-Jehova mismo habría enviado castigos para regresar a su pueblo por el camino recto. A esta mentalidad, poco importaba que niños inocentes fueran estrellados contra el piso, que mujeres embarazadas fueran asesinadas haciéndolas abortar a punta de espada, que bebés de pecho murieran de inanición y sed, y que mujeres justas del pueblo idólatra terminaran cocinando y comiéndose sus propios hijos… la “bondad” de Yahvé-Jehova era incuestionable, pues lo que a primera vista “parecían” actos abominables enviados por un demonio celeste aborrecible e injusto, en realidad eran “Justicia Divina” para corregir la idolatría de su pueblo.

Luego de la deportación, los hebreos comenzaron a experimentar otro tipo de mal: adversidades terribles debidas a su observancia de la Ley de Dios.
Por ejemplo, dos siglos antes del nacimiento de Jesús, el gobernador Sirio de Palestina persiguió a los hebreos por seguir la Ley de Yahvé-Jehova.
¿Cómo era posible entonces que siguieran sufriendo, si cumplían con su parte del pacto, y si Dios había prometido bendiciones por ello? La respuesta por primera vez fue medianamente inteligente y dio origen a una nueva fase teológica: el movimiento Sapiencial.

En éste se reconoció que el mal del mundo no siempre era un castigo sino que era inherente a la existencia: los ricos abusaban de los pobres, los ejércitos extranjeros aniquilaban pueblos, la adversidad diezmaba sin contemplaciones.

¿Pero cómo se podía entender esto si Yahvé-Jehova era bueno? La respuesta aún subsiste en nuestra cultura: el mundo estaba en guerra debido a un ser malvado, opositor a Yahvé-Jehova: Satán.

Esto limpió la faceta negativa de Dios como creador de la maldad pero puso un nuevo aprieto teológico: ¿Cómo podría ser que Dios permitiera estos males si era justo? La respuesta fue una evasiva desesperada: seguro la situación injusta de ese entonces no iba a durar para siempre… Yahvé-Jehova intervendría muy, muy pronto para acabar para siempre el mal y restaurar la perfección en la Creación, arruinada por el Opositor.

Ese fue el origen del pensamiento apocalíptico, del cual Jesús de Nazaret fue el exponente más famoso. De las pocas predicciones atribuibles con seguridad a él, están los pequeños apocalipsis sinópticos en los que pronosticó fallidamente un fin inmediato. Pablo hizo eco a estas ideas apocalípticas del Nazareno y garantizó incluso en “Palabra de Dios” que él no moriría antes del fin.

Es claro que el fin inminente no llegó, y que el falso profeta de Nazaret y su émulo de Tarso estaban equivocados. Entonces… ¿cómo se podría interpretar esto? ¿Por qué el buen Dios no arreglaba su creación perfecta? Una actitud fue la que siguió el cristianismo actual: estableció Iglesias, mantuvo su adoración, deificó a Jesús, y siguió creyendo que algún día llegará el Reino de Dios, así sea post-mortem.

La otra respuesta fue sorprendente y brillante: Tal vez Yahvé-Jehova no era un dios bueno y perfecto; tal vez era inepto, indiferente o malo. Si se juzga un árbol según sus frutos, ¿cómo se podría juzgar al creador de un mundo repleto de sufrimiento y de mal?
La respuesta de la última fase judeocristiana fue la aceptación de un universo inherente malo, creación de un dios inferior, un “demiurgo” incompetente, y que por primera vez en la historia, el verdadero Dios Supremo, Trascendente e Inefable, se había comunicado con los hombres por medio de Jesús para despertar en ellos la consciencia de su naturaleza real.

Al reconocer que éramos chispas divinas del Dios Supremo, y que estábamos atrapados en un mundo denso, imperfecto, el hombre se liberaría y se salvaría a sí mismo. Este fue el surgimiento del gnosticismo cristiano: una respuesta radical ante el fracaso estrepitoso de la apocalíptica, y el anquilosamiento mediocre de las corrientes cristianas paulinas.

El verdadero Gnosticismo Cristiano se conoce ahora muy bien gracias a los textos descubiertos cerca de la población egipcia de Nag Hammadi, en 1945. Es una serie de códices escritos en copto copiados cerca al 320 EC, que después de Qumrán, es el hallazgo arqueológico más importante del siglo XX. Esta biblioteca incluía entre otros textos paganos, judíos, y cristianos, apócrifos tan importantes como El Evangelio de Tomás y el de Felipe.

A partir de este punto, las especulaciones gnósticas comenzaron a generarse a ritmo creciente: incorporando elementos del platonismo medio, retornando en ocasiones a elementos de sus raíces judías, y con elucubraciones febriles, los gnósticos empezaron a tratar de justificar la imposible Teodicea: cómo a partir de un ser inefable y perfecto, pudo surgir el mal del mundo.
Las respuestas con diversos matices, van en la línea de señalar la perfección de las cualidades divinas: por su perfección estas cualidades deberían tener existencia por sí mismas, y emanarían desde la Divinidad Inefable. A estas emanaciones se las llamaba “Eones”; entre ellos se encontraban el Silencio de Dios, la Soledad y la Sabiduría Divina (Sofía).

Al parecer, tras la emanación inicial del Pleroma (conjunto de todos los eones divinos) se habría producido una catástrofe que en algunas ramas del gnosticismo, se debían al anhelo de algún Eón (a veces Logos, a veces Sabiduría) de conocer antes de tiempo la Naturaleza Divina.

Este anhelo justo y bueno, pero en un momento erróneo, hizo que el Eón saliera del Pleroma a la manera de una especie de Pecado Original. Sería este Eón caído el que después de complejas interacciones habría creado la materia y el cosmos. Este Eón, en algunas corrientes gnósticas, sería identificado con el imperfecto Demiurgo o creador del Universo, y se igualaría al dios inferior, incompetente y necio de las escrituras Judías.

La parte final de esta historia es bien conocida: a punta de sangre y fuego, las facciones cristianas originales lucharon por posicionarse, y la versión triunfadora del mito declaró “hereje” a las versiones restantes (la historia la escriben los triunfadores), los gnósticos terminaron exterminados en la hoguera por sus “amorosos “hermanos cristianos a lo largo de todo el medioevo.

La promesa de Jesús de un reino de Dios con justicia, paz, amor, y bienestar para toda la humanidad, se transformó por arte de magia en una Institución Eclesial policiva, que seguiría eternamente, en un mundo cada vez más podrido, injusto e inhumano. Y la venida inminente del Reino que se daría en el Siglo I, siguió demorándose durante dos mil años, y seguirá atrasándose “per secula seculorum” (por los siglos de los siglos).

Por último, de la versión Paulina del Cristianismo, emanaron todo tipo de troncos (catolicismo, ortodoxia y protestantismo) y centenares de ramas secundarias, cada una de ellas con la única religión verdadera y únicas herederas de la fe en el demonio henoteísta de los hebreos primitivos.

El análisis histórico lo muestra claramente: De un dios entre todo un panteón, a un monoteísmo con una divinidad caprichosa y sanguinaria, pasando por un dios en lucha con un antidios, para terminar en una deidad incompetente creadora de un mundo imperfecto contrapuesta a un Dios inefable que se comunicó con la humanidad por primera vez a través de Jesús, el concepto judeocristiano de Dios no es el de un padre amoroso de la humanidad que se haya revelado gradualmente a sus hijos según cierta “economía de la Salvación” enrevesada y tonta… Es sólo un mito supersticioso previo a la edad del bronce que se ha modificado y amoldado gradualmente al avance cultural de las sociedades que lo han idolatrado, justo como una especie biológica se adapta evolutivamente a los cambios ambientales.

La historia del desarrollo teológico judeocristiano es una muestra más de que ese concepto de dios es un mito que solo existe en las cabezas de quienes doblegan su razón ante fábulas prehistóricas.

Lunes, 10 de Mayo de 2010

LA EVOLUCION DE YAHVE-JEHOVA

Por Hernán Toro
http://www.escepticoscolombia.org

El "dios judeocristiano" es un término incorrecto. A lo largo de la historia, este vocablo ha representado diversas concepciones teológicas mutuamente excluyentes. Aunque los cristianos modernos muestran sus escrituras como un bloque monoteista estricto, en realidad el dios hebreo primitivo era muy distinto del Dios Padre adorado actualmente por los protestantes, católicos y ortodoxos.

Los hebreos primitivos no creían en un único dios. Su teología no era monoteísta sino henoteísta: creían que existían varios dioses, pero sólo adoraban uno.
El motivo era supersticioso: si no adoraban al dios con el que "se aliaban", éste los aplastaría inmisericordemente. Las evidencias textuales del henoteísmo hebreo inicial son patentes para quienes no se dejan cegar por la "sana hermenéutica" de los mercaderes espirituales modernos.

Así, textos como "Dios se levanta en la reunión de los dioses; en medio de los dioses juzga" presentan a Yahvé-Jehová como la deidad principal en una asamblea de dioses menores. En la misma línea, y a pesar de los intentos de los traductores modernos para camuflarlo, el primer mandamiento tiene una perspectiva perfectamente henoteísta: "No tendrás dioses ajenos DELANTE de mí".

Un Dios todopoderoso e inteligente que hubiera pretendido dar un mensaje monoteísta en vez de uno monolátrico, hubiera dicho algo como: "yo soy el único dios real" o "no existen más dioses que yo". Pero su mandato real es ser adorado por delante de los demás dioses ajenos que no descarta.

En la misma línea está: "No vayáis detrás de dioses ajenos, de los dioses de los pueblos que están en vuestros contornos, porque Yahve-Jehová, tu Dios, que está en medio de ti, es un Dios celoso; su furor se inflamaría contra ti y te haría desaparecer de sobre la tierra".
Aquí no sólo no enseña la inexistencia de otros dioses, sino que los acepta pero advierte sobre no seguirlos pues Yahvé-Jehova es celoso y vengativo... actitud divina bastante imbécil esa de sentir celos de seres inexistentes.

La monolatría hebrea primitiva con el tiempo evolucionó en un monoteismo estricto, que consideraba falsos a los demás dioses que otrora reconocía. Esta fase del concepto hebreo de Dios es popular pues es la más publicitada actualmente y hay centenares de textos que la demuestran.

Esta Divinidad era todopoderosa: todo ocurría según su deseo; bien y mal eran creados por él.
Un residuo textual "fósil" de esta fase teológica se encuentra en un texto de Isaías muchas veces "suavizado" por los traductores modernos: "Que formo la luz y crío las tinieblas, que hago la paz y crío el mal. Yo Yahve-Jehová que hago todo esto". A partir de esta fase, la religión judía y sus descendientes cristianas e islámicas, han buscado constantemente explicar el bien y el mal en el mundo. Siguiendo los lineamientos básicos de Bart Ehrman, las fases siguientes de este proceso explicativo quedaron plasmados en la Torá y la Biblia Cristiana.

Tras sus triunfos militares iniciales con David, el pueblo de Israel creía que una deidad todopoderosa los había elegido como protegidos y los había librado de su esclavitud en Egipto.
Después de asentarse en la "tierra prometida", establecieron su reino alrededor del Templo en la época de Salomón, pero con el paso del tiempo, Israel fue víctima de tremendos reveses militares, siendo el Exilio en Babilonia tal vez el mayor de ellos. Al buscar explicación de por qué el pueblo elegido era víctima de sus enemigos, apareció otra fase de desarrollo teológico: el movimiento profético.

En esta ridícula concepción, los males experimentados por Israel eran el resultado de su idolatría: al abandonar la fe verdadera, Yahvé-Jehova mismo habría enviado castigos para regresar a su pueblo por el camino recto. A esta mentalidad, poco importaba que niños inocentes fueran estrellados contra el piso, que mujeres embarazadas fueran asesinadas haciéndolas abortar a punta de espada, que bebés de pecho murieran de inanición y sed, y que mujeres justas del pueblo idólatra terminaran cocinando y comiéndose sus propios hijos… la "bondad" de Yahvé-Jehova era incuestionable, pues lo que a primera vista "parecían" actos abominables enviados por un demonio celeste aborrecible e injusto, en realidad eran "Justicia Divina" para corregir la idolatría de su pueblo.

Luego de la deportación, los hebreos comenzaron a experimentar otro tipo de mal: adversidades terribles debidas a su observancia de la Ley de Dios.
Por ejemplo, dos siglos antes del nacimiento de Jesús, el gobernador Sirio de Palestina persiguió a los hebreos por seguir la Ley de Yahvé-Jehova.
¿Cómo era posible entonces que siguieran sufriendo, si cumplían con su parte del pacto, y si Dios había prometido bendiciones por ello? La respuesta por primera vez fue medianamente inteligente y dio origen a una nueva fase teológica: el movimiento Sapiencial.

En éste se reconoció que el mal del mundo no siempre era un castigo sino que era inherente a la existencia: los ricos abusaban de los pobres, los ejércitos extranjeros aniquilaban pueblos, la adversidad diezmaba sin contemplaciones.

¿Pero cómo se podía entender esto si Yahvé-Jehova era bueno? La respuesta aún subsiste en nuestra cultura: el mundo estaba en guerra debido a un ser malvado, opositor a Yahvé-Jehova: Satán.

Esto limpió la faceta negativa de Dios como creador de la maldad pero puso un nuevo aprieto teológico: ¿Cómo podría ser que Dios permitiera estos males si era justo? La respuesta fue una evasiva desesperada: seguro la situación injusta de ese entonces no iba a durar para siempre... Yahvé-Jehova intervendría muy, muy pronto para acabar para siempre el mal y restaurar la perfección en la Creación, arruinada por el Opositor.

Ese fue el origen del pensamiento apocalíptico, del cual Jesús de Nazaret fue el exponente más famoso. De las pocas predicciones atribuibles con seguridad a él, están los pequeños apocalipsis sinópticos en los que pronosticó fallidamente un fin inmediato. Pablo hizo eco a estas ideas apocalípticas del Nazareno y garantizó incluso en "Palabra de Dios" que él no moriría antes del fin.

Es claro que el fin inminente no llegó, y que el falso profeta de Nazaret y su émulo de Tarso estaban equivocados. Entonces… ¿cómo se podría interpretar esto? ¿Por qué el buen Dios no arreglaba su creación perfecta? Una actitud fue la que siguió el cristianismo actual: estableció Iglesias, mantuvo su adoración, deificó a Jesús, y siguió creyendo que algún día llegará el Reino de Dios, así sea post-mortem.

La otra respuesta fue sorprendente y brillante: Tal vez Yahvé-Jehova no era un dios bueno y perfecto; tal vez era inepto, indiferente o malo. Si se juzga un árbol según sus frutos, ¿cómo se podría juzgar al creador de un mundo repleto de sufrimiento y de mal?
La respuesta de la última fase judeocristiana fue la aceptación de un universo inherente malo, creación de un dios inferior, un "demiurgo" incompetente, y que por primera vez en la historia, el verdadero Dios Supremo, Trascendente e Inefable, se había comunicado con los hombres por medio de Jesús para despertar en ellos la consciencia de su naturaleza real.

Al reconocer que éramos chispas divinas del Dios Supremo, y que estábamos atrapados en un mundo denso, imperfecto, el hombre se liberaría y se salvaría a sí mismo. Este fue el surgimiento del gnosticismo cristiano: una respuesta radical ante el fracaso estrepitoso de la apocalíptica, y el anquilosamiento mediocre de las corrientes cristianas paulinas.

El verdadero Gnosticismo Cristiano se conoce ahora muy bien gracias a los textos descubiertos cerca de la población egipcia de Nag Hammadi, en 1945. Es una serie de códices escritos en copto copiados cerca al 320 EC, que después de Qumrán, es el hallazgo arqueológico más importante del siglo XX. Esta biblioteca incluía entre otros textos paganos, judíos, y cristianos, apócrifos tan importantes como El Evangelio de Tomás y el de Felipe.

A partir de este punto, las especulaciones gnósticas comenzaron a generarse a ritmo creciente: incorporando elementos del platonismo medio, retornando en ocasiones a elementos de sus raíces judías, y con elucubraciones febriles, los gnósticos empezaron a tratar de justificar la imposible Teodicea: cómo a partir de un ser inefable y perfecto, pudo surgir el mal del mundo.
Las respuestas con diversos matices, van en la línea de señalar la perfección de las cualidades divinas: por su perfección estas cualidades deberían tener existencia por sí mismas, y emanarían desde la Divinidad Inefable. A estas emanaciones se las llamaba "Eones"; entre ellos se encontraban el Silencio de Dios, la Soledad y la Sabiduría Divina (Sofía).

Al parecer, tras la emanación inicial del Pleroma (conjunto de todos los eones divinos) se habría producido una catástrofe que en algunas ramas del gnosticismo, se debían al anhelo de algún Eón (a veces Logos, a veces Sabiduría) de conocer antes de tiempo la Naturaleza Divina.

Este anhelo justo y bueno, pero en un momento erróneo, hizo que el Eón saliera del Pleroma a la manera de una especie de Pecado Original. Sería este Eón caído el que después de complejas interacciones habría creado la materia y el cosmos. Este Eón, en algunas corrientes gnósticas, sería identificado con el imperfecto Demiurgo o creador del Universo, y se igualaría al dios inferior, incompetente y necio de las escrituras Judías.

La parte final de esta historia es bien conocida: a punta de sangre y fuego, las facciones cristianas originales lucharon por posicionarse, y la versión triunfadora del mito declaró "hereje" a las versiones restantes (la historia la escriben los triunfadores), los gnósticos terminaron exterminados en la hoguera por sus "amorosos "hermanos cristianos a lo largo de todo el medioevo.

La promesa de Jesús de un reino de Dios con justicia, paz, amor, y bienestar para toda la humanidad, se transformó por arte de magia en una Institución Eclesial policiva, que seguiría eternamente, en un mundo cada vez más podrido, injusto e inhumano. Y la venida inminente del Reino que se daría en el Siglo I, siguió demorándose durante dos mil años, y seguirá atrasándose "per secula seculorum" (por los siglos de los siglos).

Por último, de la versión Paulina del Cristianismo, emanaron todo tipo de troncos (catolicismo, ortodoxia y protestantismo) y centenares de ramas secundarias, cada una de ellas con la única religión verdadera y únicas herederas de la fe en el demonio henoteísta de los hebreos primitivos.

El análisis histórico lo muestra claramente: De un dios entre todo un panteón, a un monoteísmo con una divinidad caprichosa y sanguinaria, pasando por un dios en lucha con un antidios, para terminar en una deidad incompetente creadora de un mundo imperfecto contrapuesta a un Dios inefable que se comunicó con la humanidad por primera vez a través de Jesús, el concepto judeocristiano de Dios no es el de un padre amoroso de la humanidad que se haya revelado gradualmente a sus hijos según cierta "economía de la Salvación" enrevesada y tonta... Es sólo un mito supersticioso previo a la edad del bronce que se ha modificado y amoldado gradualmente al avance cultural de las sociedades que lo han idolatrado, justo como una especie biológica se adapta evolutivamente a los cambios ambientales.

La historia del desarrollo teológico judeocristiano es una muestra más de que ese concepto de dios es un mito que solo existe en las cabezas de quienes doblegan su razón ante fábulas prehistóricas.
Sábado, 8 de Mayo de 2010

La empiria de la innovación

En El Correo de las Indias me entero de un estudio sobre las innovaciones a que ha dado lugar el proyecto Genoma Humano de secuenciación de nuestro ADN, y que dio lugar tanto a resultados de dominio público como a otros patentados. El estudio examina las diferencias en la innovación ocurrida con unos y otros resultados. La conclusión es que el genoma patentado ha significado una merma en la innovación posterior del 30% con respecto a la innovación ocurrida usando la parte de dominio público.
Alguien puede objetar que sin el dominio privado no se hubiera secuenciado (o no tan rápidamente o con menos coste) esa parte. Es posible, pero quien defienda eso deberá ofrecer unas mejoras que compensen por ese 30% de innovación perdida. Y deberá mostrar por qué otorgar patentes, que significan monopolio y abuso de poder, es la mejor manera de incentivar esa iniciativa privada.
En otras palabras. Imaginémonos que estos datos fueran generales para toda innovación. Habría que mostrar que el mundo con patentes proporciona un 30% más de innovación que un mundo sin ellas (pero con las demás ventajas asociadas a ser el primero y los demás mecanismos posibles de recompensa para el innovador).
Llevamos varios siglos con patentes. Gracias a Iñigo sé de un estudio que encuentra una correlación entre crecimiento económico y sistema de patentes. En particular, encuentra que un aumento en la legislación de derechos de patentes de una desviación estándar sobre la distribución en los países más avanzados (la equivalente a la que hay entre Hong-Kong y Australia) está asociada con un aumento del 0.68 puntos en el crecimiento económico.
Los autores reconocen que, hasta este estudio, no teníamos evidencia empírica de que las patentes funcionaran y que de momento pueden hablar de correlación, no de causalidad (podría ser que fuera el éxito económico el que propiciara una legislación mayor sobre patentes).
Como ya he dicho en todas mis entradas sobre Monopolio intelectual, teóricamente hay más razones contrarias que a favor del sistema (tras los estudios de la última década) y empíricamente, la evidencia apunta en contra de ellas. Por lo que sé, el anterior es el único estudio empírico que podría aportar algo a favor de ellas.
¿La conclusión? Tenemos un sistema de patentes y de protección de derechos de autor que lleva siglos existiendo sin base empírica y que está sustentado únicamente por una endeble base teórica. Así todo se sigue defendiendo. Sospecho que la razón son los intereses de los pocos que ganan con el sistema, a quienes les sobra el dinero para presionar y confundir a los políticos.