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Martes, 24 de Marzo de 2009

prueba

Coulomb

Charles-Augustin de Coulomb, ingeniero francés, estableció, en 1777, el principio conocido hoy como la Ley de Coulomb, que dice que:

La fuerza entre dos cargas eléctricas q1 y q2 es proporcional al producto de las cargas individuales e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que las separa. Esta fuerza, que se conoce como Fuerza Electrostática, matemáticamente se expresa así:

 F = \kappa \frac{q_1 q_2}{r^2} \,\!


La Ley de Coulomb tiene una elegante simetría con la Ley de la Gravitación Universal enunciada por Isaac Newton en 1685:

La fuerza que ejerce una partícula puntual con masa m1 sobre otra con masa m2 es directamente proporcional al producto de las masas, e inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que las separa. Matemáticamente se expresa así:

F = G Mm/r2

Ambas leyes, pilares básicos de la electricidad y de la mecánica respectivamente, surgieron empíricamente, por observación y experimentación, y muchísimos desarrollos científicos usan de ellas directa o indirectamente.

Hoy, 250 años después de su enunciación, leo en la revista “La Recherche” de febrero de 2008 (pg. 10) que un equipo del Departamento de Física y Astronomía de la Brigham Young University en Utah ha diseñado un medio de probar la Ley de Coulomb, una de las fundamentales de la teoría electromagnética, con una precisión 10 000 veces superior a la de los medios precedentes (artículo en Physical Review Letters, aquí).

He aquí la belleza del método científico: una ley enunciada hace 250 años, comprobada experimentalmente innumerables veces (lo que ha permitido reafirmar su validez una y otra vez), una ley que sirve de base a la teoría electromagnética, la que a su vez es el sustento teórico de millones de aplicaciones prácticas que nos rodean, una ley de ese prestigio y utilidad práctica y teórica, sigue siendo sometida a nuevos intentos de demostrar su validez.

¿Cree alguien que algún científico se pondrá de pie para protestar indignado porque unos jovenes físicos hayan tenido la osadía de re-comprobar una ley ya probada?

¿Piensa alguien que habrá un cisma en el mundo científico que enfrente a los “coulombistas” de los “no-coulombistas”, a partir del cual la ciencia se separe en dos bandos irreconciliables?

¿Supone alguien que algunas facultades universitarias emitirán comunicados oficiales pidiendo que no se ponga en duda una ley que tiene tanta antigüedad y que ha demostrado su utilidad práctica?

¿Se preocupa alguien de que si los resultados de la nueva prueba demostrasen que la Ley de Coulomb no se cumple con la precisión predicha, el prestigio de la ciencia se vería desdibujado?

Nada de eso. Todos esperamos que los resultados de las nuevas pruebas corroboren la validez de la Ley de Coulomb, que tales resultados sean un paso más en los muchos intentos de falsar ese enunciado, que el grado de certeza de su verosimilitud aumente un poco más.

Pero si se demuestra que la Ley de Coulomb no se cumple, habrá que buscar las razones, habrá que encontrar las variables que actúan a esos nuevos niveles de precisión y que son evidentemente intrascendentes a niveles de precisión menores, tendremos a un cúmulo de científicos que comenzarán a someter a nuevas pruebas a la Ley de Coulomb hasta que alguien encuentre una explicación que satisfaga provisionalmente (como siempre es) a todos. Eso hasta que a alguien se le ocurra un nuevo método de comprobarla una vez más.

En ese camino, propio de la ciencia, quién sabe si se abrirán nuevas puertas hacia descubrimientos insospechados, quién sabe si con la hipotética variable oculta de la Ley de Coulomb se encontrará la explicación de lo que es la Materia Oscura del universo o la fórmula que unifique la Mecánica Cuántica y la Relatividad. O quién sabe si no. Así es todo el tiempo, todo los días.

Mientras tanto sigo escuchando las voces de los que anteponen una realidad imaginada, un sueño que creen cierto, a la certeza del conocimiento adquirido científicamente, voces que gritan – y se solazan en su grito – que la ciencia se equivoca, que su falibilidad es una muestra de debilidad, que su debilidad le quita autoridad para hacer afirmaciones sobre la realidad, y que sin autoridad no puede enfrentarse a creencias tan “sólidas” como cualquiera de las exponentes del pensamiento mágico, desde el más elemental cristal de la suerte, hasta las religiones más antiguas y numerosas.

Y hasta a Dios, por supuesto.

Marquise du Châtelet

La historia es un tema que siempre me ha fascinado y quería compartir con ustedes la de una mujer fascinante, Gabrielle Émilie Le Tonnelier de Breteuil, Marquesa de Châtelet. Ella es poco conocida (al menos yo supe de ella sólo recientemente), pero a mi juicio fue de aquella estirpe de mujeres por las que vale la pena perder la cordura, cordura que de hecho perdieron algunos.

Voltaire, uno de los grandes, fue amante de Du Châtelet. Él tenía 39 años cuando la conoció y ella 27 (llevaba ya 9 años de casada y 3 hijos con el marqués Florent Claude de Châtelet). Se conocieron cuando Voltaire cayó en desgracia por sus escritos subversivos. Ella le dio albergue en su castillo, en Cirey… y comenzó una relación que pocos conocen ahora pero que a mi juicio debió ser una de las más deslumbrantes historias de amor dentro de la historia del pensamiento.
Ella era una mujer brillante y preparada – no en vano Voltaire se enamoró – y en el castillo de Cirey (en donde ella, para él, transformó una de las habitaciones en un laboratorio de experimentación de física y construyó un pequeño teatro) ambos colaboraban y se comentaban sus trabajos. ¿Puedes imaginar esas veladas? Voltaire le hizo conocer las ideas de Descartes, de Leibnitz y de Newton y ella fue una excelente alumna. Tanto que cuando la Academia de Ciencias Francesa llamó a un concurso para escribir un ensayo sobre la naturaleza del fuego, los amantes no se pusieron de acuerdo y enviaron sendos ensayos (ella bajo un pseudónimo, pues las mujeres no podían formar parte ni participar de la Academia). No ganó ninguno de los dos (de hecho el ganador fue el genial matemático Leonhard Euler)… pero los tres trabajos fueron considerados tan buenos que la Academia de Ciencias decidió publicar los tres.
¡Mujeres brillantes! No he conocido muchas en mi vida, quizá no les gusta hacerse ver como tales, pero la Marquesa de Châtelet no era de ésas: junto con Voltaire escribieron un libro (“Los elementos de la filosofía de Newton”) que abría las puertas de las teorías de Newton a los lectores que no estuviesen preparados en las complicadas matemáticas que se requerían para entender al sabio inglés.
¡Mujeres brillantes! La capacidad de la Marquesa de Châtelet superaba a la de Voltaire en varios aspectos. Ella escribió un libro en el que explicaba sintéticamente – y de manera más clara que muchos de sus brillantes contemporáneos – las teorías de Descartes, Leibnitz y Newton. Antecedió a Karl Popper y su falsación cuando dedicó un capítulo de ese libro al método científico planteando que cualquier proposición iba acercándose a la verdad en la medida que soportase intentos de falsarla, que una confirmación no era suficiente para establecerla como verdadera. ¿Cómo no iba Voltaire a enamorarse perdidamente de una mujer así?
¿Y si les digo que la traducción que hizo de los “Principia Mathematica” de Newton ha permanecido hasta ahora como la mejor traducción al francés y que se considera incluso más clara que el original? Y no sólo tradujo a Newton, sino que actualizó la información que él había usado con datos recientes de la primera expedición a Laponia y los estudios de las mareas del matemático Bernoulli.
No tuvieron hijos, ella ya tenía tres y quizá Voltaire era estéril (“Evolution is cleverer than you are”, la Segunda Ley de Olson). Me recreo pensando en el tipo de educación que hubiese tenido un hijo de ambos… pero pasó el tiempo y como dice Vinicius de Moraes sobre el amor (“Que no sea eterno, puesto que es flama/mas que sea infinito mientras dure”), es posible que ella se aburriera, puesto que se enamoró de un poeta gigoló diez años menor que ella y murió en 1749, a los 43 años, después de dar a luz una hija (del poeta) que tampoco sobrevivió.
Voltaire vivió casi 30 años más, quién sabe qué recuerdos abrigaría de ella, mujer brillante que se sobrepuso a las envidias cortesanas (la tildaban de fea y machona, he visto su retrato y es atractiva), que vivió de igual a igual con las mentes más preclaras… pero, quién sabe por qué también, cedió al fin ante la luz de la juventud, que resultó ser la última que vio.
Sirva este correo como mi homenaje a todas aquellas mujeres inteligentes que rondan por allí, a todas aquellas Marquesas de Châtelet que hacen que uno se diga “con amantes así ¿para qué esposas?” 🙂

El Lenguaje de Dios

El libro “El Lenguaje de Dios” de Richard Collins, jefe del proyecto Genoma, està causando mucha complacencia en la iglesia debido a que aparentemente da un espaldarazo al viejo conflicto ciencia-religiòn.

Un anàlisis de dicho libro, hecho por Sam Harris, el autor de “Carta a una Naciòn Cristiana”., pueden encontrarlo en:

http://www.truthdig.com/report/print/20060815_sam_harris_language_ignorance/

Quisiera resaltar algunos puntos que considero importantes en dicha crìtica:

(a) “Most reviewers of “The Language of God” seem quite overawed by its author’s scientific credentials.“. Es decir que “la mayorìa de los crìticos de El Lenguaje de Dios se ven abrumados por las credenciales cientìficas del autor”, lo cual es comprensible siendo Collins quien es ¿verdad?. Sin embargo el libro, siempre segùn Harris, es una palmaria demostraciòn de que no siempre una carrera estelar en ciencias garantiza una estructura mental cientìfica. Màs adelante veremos por què.

(b) Collins narra su conversiòn de esta manera:

On a beautiful fall day, as I was hiking in the Cascade Mountains … the majesty and beauty of God’s creation overwhelmed my resistance. As I rounded a corner and saw a beautiful and unexpected frozen waterfall, hundreds of feet high, I knew the search was over. The next morning, I knelt in the dewy grass as the sun rose and surrendered to Jesus Christ.”

Lo que significa, màs o menos

“En un bello dìa primaveral, mientras hacia una caminata por las Cascade Mountains… la majestuosidad y belleza de la creaciòn de Dios superò mi resistencia. Cuando doblè un recodo y vi inesperadamente una cascada congelada de cientos de pies de altura, supe que la bùsqueda habìa terminado. La mañana siguiente me arrodillé en el pasto con rocío mientras el sol se levantaba y me rendì ante Jesucristo. “

¿Lindo no? ¡Una experiencia arrobadora! Muchos de nosotros nos debemos haber visto maravillados en algùn momento de nuestras vidas con la grandiosidad de la naturaleza: un cielo estrellado, una puesta de sol, un amanecer en el campo, un rio, un lago, la vista desde una montaña, un arcoiris.

La pregunta racional es ¿DEMUESTRA LA BELLEZA DE LA NATURALEZA QUE DIOS EXISTE?

No, no demuestra NADA. El cientìfico Collins dejò de lado la racionalidad y concluyò que esa grandiosidad era, es, el resultado de la omnipotencia de dios.

Obviamente es decepcionante para cualquier persona que sustente sus ideas sobre la base del racionalismo y no en la de las corazonadas, que cualquiera aduzca el “sentimiento de majestuosidad” como una prueba de la existencia de dios. Màs decepcionante si es una persona que supuestamente utiliza el racionalismo a diario, un cientìfico como Collins.

Aquì tenemos un ejemplo claro de còmo el Argumento de la Autoridad puede utilizarse falazmente. El Dr. Collins puede ser una lumbrera en el campo de la genètica, su voz tener autoridad en ese campo y, aùn asì, lo que diga estarà siempre sometido al escrutrinio de sus colegas, no serà considerado un dogma o verdad absoluta. Cuando el Dr. Collins sale del campo de la genètica y escribe un libro llamado “El Lenguaje de Dios”, que NO es sobre genètica y en el que, para el común de la gente, sus credenciales cientìficas le dan una aparente autoridad para hacer creer que lo que dice tiene sentido, se està aceptando erròneamente – falazmente – su pretendida autoridad.

Una vez aceptada la existencia de dios, Collins ya se desbarrà en los viejos argumentos tan manoseados (y refutados), extraigo sus argumentos de

http://www.sciam.com/article.cfm?chanID=sa006&articleID=0006559D-DF6D-150E-9D8283414B7F0000&pageNumber=1&catID=2

Argumento de la Moral:

“In my view,” Collins goes on to say, “DNA sequence alone, even if accompanied by a vast trove of data on biological function, will never explain certain special human attributes, such as the knowledge of the Moral Law and the universal search for God.”

” En mi opiniòn, la secuencia del DNA, aùn cuando acompañada de una gran cantidad de informaciòn sobre la funciòn biològica, nunca explicarà ciertos atributos humanos especiales, como el conocimiento de la Ley Moral y la bùsqueda universal de Dios “

Argumento del Diseño:

” a common ancestor for humans and mice is virtually inescapable” or that it may have been a mutation in the FOXP2 gene that led to the flowering of human language. The genetic code is, after all, “God’s instruction book. “

“Inevitablemente hay un ancestro comùn para hombres y ratones o puede haber sido que una mutaciòn del gene FOXP2 haya conducido al florecimiento del lenguaje humano. El còdigo genètico es, despuès de todo, el Libro de Instrucciones de Dios”

No me detendrè en refutar estos argumentos porque existe amplísima informaciòn disponible a travès de internet, basta con tener la paciencia – o el valor – de buscarla. Me detengo màs bien en el punto central del libro de Collins, que es que “ la fe y la razòn pueden convivir en paz

Y yo digo que no.

Digo que no en la medida que “la fe” hace aseveraciones que entran en el terreno de lo comprobable cientìficamente (sino ahora, en un futuro quizà no tan lejano). Cosas como que “el còdigo genètico es el libro de instrucciones de dios” o como que “la biologìa nunca explicarà el comportamiento moral del hombre ” pertenecen al terreno en el que la fe invade el terreno de la ciencia.

¿Cuàntos de ustedes tomarìan en serio al Dr. Collins si hubiese afirmado que el còdigo genètico es el libro de instrucciones de las HADAS? ¿Cuàntos lo tomarìan en serio si hubiese dicho que la moral humana està allì porque EXTRATERRESTRES la inocularon geneticamente a nuestros ancestros en algùn punto de la cadena evolutiva? ¿Què hace que cuando se cambie “hadas” o “extraterrestres” por “dios” las afirmaciones inmediatamente tomen un viso de “seriedad”?

Las afirmaciones de Collins son absolutamente subjetivas y no estàn basadas en ninguna evidencia, ni lògica, ni empírica, por tanto son afirmaciones gratuitas y como tales, no tienen el respaldo de la autoridad que Collins tiene en otros campos.

Sam Harris desagrega con màs precisiòn todas las falacias de Collins, a mi juicio de una manera brillante e implacable. Como colofón una entrevista que ha salido en el número de febrero de National Geographic y que acabo de digitalizar, porque la considero interesante.

Francis Collins, el científico como creyente

ENTREVISTA DE JOHN HORGAN

La relación entre la ciencia y la religión, a menudo tensa, se ha vuelto particularmente conflictiva en los últimos tiempos. En una esquina, científicos como Richard Dawkins y Steven Pinker consi­deran que la religión es el vestigio de un pasado precien tífico plagado de supersticiones, que la humanidad debe abandonar. En la otra, los creyentes religiosos afirman que la ciencia es moralmente nihilista e inadecuada para entender las maravillas de la existen­cia. Y entre ambas posiciones, Francis Collins se ofrece como testi­monio de que la ciencia y la religión pueden conciliarse. Collins, el líder del Proyecto Genoma Humano, es uno de los científicos más importantes del mundo, y director de un programa de inves­tigación de varios miles de millones de dólares, cuyo objetivo es dar sentido a la naturaleza humana y remediar nuestras enfermeda­des congénitas. Sin embargo, en su famoso libro The Language of God, relata cómo, en 1978, reconoció en Cristo a su salvador; desde entonces, profesa la fe cristiana con gran devoción. “El Dios de la Biblia es también el Dios del genoma -escribe-. Pode­mos venerarlo en la catedral o en el laboratorio.” Recientemente, Collins charló acerca de su fe con John Horgan, autor especializa­do en temas científicos, quien en El fin de la ciencia y Rational Mysticism explora los límites entre la ciencia y la espiritualidad. Horgan, autodescrito como “un agnóstico preocupado por la in­fluencia de la religión en los asuntos humanos”, dirige el Centro para Escritos Científicos del Instituto Stevens de Tecnología, en Hoboken, Nueva Jersey.

HORGAN: En su papel de científico, usted busca la explicación na­tural de las cosas y las evidencias. ¿Cómo es posible que también crea en milagros, como el de la Resurrección?

COLLINS: No niego la posibilidad de que ocurran milagros en momentos significativos, en donde se manifiesta un mensaje que nos transmite Dios Todopoderoso. Sin embargo, como científico, mis parámetros para definir los milagros son muy estrictos.

HORGAN: Mi problema con los milagros es que no sólo transgre­den lo que la ciencia nos dice sobre el funcionamiento del mundo, sino que hacen que Dios parezca excesivamente caprichoso. Por ejemplo, muchos creen que, si rezan con suficiente fervor. Dios intercederá para curar a sus seres queridos o a ellos mismos. ¿Eso significa que quienes no mejoran no merecen su ayuda?

COLLINS: En mi carrera como médico, nunca he presenciado una curación milagrosa, y tampoco espero verla. Considero, así ! mismo, que la oración no es un medio para controlar a Dios y lograr que haga lo que queremos. Para mí, orar es comulgar con Dios. Rezo para tratar de entender lo que debo hacer, en vez de decirle a Dios Todopoderoso lo que Él debe hacer. El “Padre Nuestro” es el mejor ejemplo: dice “hágase tu voluntad” y no “Padre nuestro, que estás en el Cielo, por favor, consigúeme un ‘ lugar dónde estacionarme”

HORGAN: Debo reconocer que me preocupan más los efectos perniciosos de la religión, a causa de los acontecimientos recien­tes, como el terrorismo religioso del 11 de septiembre de 2001 y el creciente poder de la derecha religiosa en Estados Unidos.

COLLINS: ¿Existe alguna fe que los demagogos no hayan utiliza­do como arma, ya sea la Inquisición y las Cruzadas, por un lado, o los ataques al Worid Trade Center, por el otro? No podemos juzgar la verdad pura de la fe por la forma en que se profesa, así como tampoco podemos juzgar la verdad pura del amor con la única referencia de un matrimonio en el que existe el maltrato. Al ser hijos de Dios hemos recibido de Él este conocimiento del bien y del mal, esta doctrina moral que considero un indicio re­velador de su existencia. No obstante, también poseemos el libre albedrío y lo ejercemos continuamente para violar esa doctrina. No debemos culpar a la fe por la forma en que la gente la distor­siona y abusa de ella.

HORGAN: El físico estadunidense Steven Weinberg, quien es ateo, se pregunta por qué seis millones de judíos, – entre los cuales esta­ban incluidos sus familiares -, tuvieron que morir en el Holocausto para que los nazis ejercieran su libre albedrío.

COLLINS: Si Dios interviniera milagrosamente cada vez que uno de nosotros decide hacer algo malo, el mundo sería un lugar del todo extraño, caótico e imprevisible. El libre albedrio nos lleva a hacer cosas terribles y, en consecuencia, mueren muchos inocen­tes. Sin embargo, los únicos culpables son los malhechores, no Dios. Lo que resulta difícil de explicar es por qué hay sufrimiento sin una mala acción humana de por medio: un niño con cáncer, un desastre natural, un tornado o un tsunami. ¿Por qué Dios no impide que ocurran esas cosas?

HORGAN: Algunos filósofos, como Charles Hartshorne, sugieren que quizá Dios no controla plenamente su creación. Annie Dillard, poeta, expresa esta idea en su frase: “Dios, el capaz a medias.”

COLLINS: ¡Esa frase es encantadora… y blasfema, sin duda! La otra idea es que la perspectiva de Dios respecto de nuestra fugaz existencia, ajena a la naturaleza y el tiempo humanos, abarca tanto el pasado como el futuro. En un sentido metafísico, esto me per­mite afirmar que el significado del sufrimiento está más allá del entendimiento humano: acaso existan razones que desconocemos para las cosas terribles que suceden.

HORGAN: Soy agnóstico, por lo que me incomodó que en su libro usted afirmara que el agnosticismo es un “escapismo”. Ser agnósti­co no significa que uno sea perezoso o indiferente, sino que no le satisface una respuesta cualquiera para cosas que, después de todo, son grandes misterios.

COLLINS: El comentario no estaba dirigido a los agnósticos fer­vorosos, que han analizado las pruebas y todavía no encuentran una respuesta. Sólo respondía yo al agnosticismo que veo en la comunidad científica, al cual no se llegó mediante un cuidadoso análisis de las pruebas. Pasé por una etapa así cuando era un ag­nóstico por accidente, y tal vez me he precipitado al suponer que otros no han alcanzado mayor profundidad en su búsqueda que yo en ese momento.

HORGAN: El libre albedrio es un concepto tan importante para mi como para usted. Es el fundamento de nuestra moralidad y de nuestra busca de sentido. ¿No le preocupa que la ciencia y la gené­tica -sobre todo su trabajo como director del proyecto genómico-socaven la creencia en el libre albedrio?

COLLINS: Usted habla del detenninismo genético, el cual implica que somos marionetas indefensas, controladas mediante cuerdas compuestas de hélices dobles. ¡Nada más alejado del conocimiento científico! La herencia ciertamente influye, no sólo en los riesgos médicos, sino también en ciertas conductas y rasgos de personali­dad. Pero vea lo que sucede, por ejemplo, en el caso de los gemelos idénticos, quienes pese a tener el mismo ADN no se comportan ni piensan de la misma forma. Ellos demuestran la importancia que tiene el aprendizaje, la experiencia y el libre albedrío. Creo que todos, seamos religiosos o no, reconocemos que el libre albedrío es una realidad.

HORGAN: ¿Qué opina del campo de la neuroteología, que trata de identificar las bases neurológicas de las experiencias religiosas?

COLLINS: Me parece fascinante, pero no me sorprende. Los huma­nos somos de carne y hueso, de modo que si tuviera una experien­cia mística personal no me extrañaría descubrir que en mi lóbulo temporal hubo un estímulo. Eso no implica que la vivencia no haya tenido un significado espiritual genuino. Quienes abordan este asunto con el supuesto de que nada es ajeno al mundo natu­ral, con esa información dirán: “¿Ya vieron?”, mientras que aque­llos que enfocan el tema con la hipótesis de que somos criaturas espirituales exclamarán: “¡Fantástico! ¡Existe una correlación na­tural con esta experiencia mística! ¿Qué te parece?”

HORGAN: Lo que quiero preguntarle es si usted cree que la religión necesita del sufrimiento. ¿No podríamos reducirlo al extremo de no necesitar de la religión?

COLLINS: A pesar de los maravillosos adelantos médicos, que nos han permitido vivir más y erradicar enfermedades, seguramente seguiremos buscando la manera de pelear, e incluso de matarnos unos a otros, movidos por la arrogancia y la ambición. De modo que la tasa de mortalidad, no importa cuál sea el medio, seguirá siendo 50%. Quizá sepamos mucho de biología o de prevención de enfermedades y posiblemente podamos prolongar la expectati­va de vida, pero dudo que alguna vez hallemos la forma de evitar que los humanos se dañen mutuamente. Esa será siempre nuestra mayor y más angustiosa experiencia en este planeta; por ello, siem­pre tendremos una razón para anhelar algo más.

— fin —

El Arte de la Persuasión

En el último número del Skeptical Inquirer (Ene/Feb 07) un artículo ha llamado mi atención: “The Art of Persuasion in Politics (and Science)“, que es un comentario sobre el libro “Don’t Think of an Elephant: Know Your Values and Frame the Debate” de George Lakoff, linguista y psicólogo cognitivo de la Universidad de California.

¿Cuántos de ustedes se han encontrado en la triste situación de ver que argumentos sólidos, respaldados por evidencias irrefutables, son rechazados totalmente, echando mano para ello de las explicaciones más absurdas? No sólo en el campo de la ciencia (piensen en temas como la evolución, el calentamiento global o las investigaciones con células madre), sino en el de las creencias populares (astrología, tarot, brujos, hechizos, fantasmas) y en las religiones (dioses, concepciones virginales, ascenciones, resucitaciones, mundos supranaturales).

Lakoff engrana sus dos especialidades y plantea una hipótesis interesante: los individuos desarrollan marcos cognitivos que permiten organizar dentro de sus límites toda la información recibida. Además tienen la tendencia a aceptar aquellos hechos que se integran con facilidad a esos marcos y a descartar los que no son consistentes con ellos.

Intuitivamente pienso que tiene razón ¿no sucede que cuando uno lee o escucha algo con lo que no está de acuerdo comienza a sentir un disgusto que va tan in crescendo que hasta puede hacer que se deje de prestar atención? ¿no cambia inmediatamente esa predisposición cuando el tema se hace grato a nuestros ojos u oidos?.

Para ser convincentes con nuestros argumentos – dice Lakoff – no podemos presentar de manera directa los hechos y evidencias (que es lo que suelen hacer los científicos, los escépticos y los no creyentes), sino que hay que apuntar al marco cognitivo de los oyentes, ofreciéndoles un marco alternativo que pueda ser aceptado por ellos antes de comenzar a soltar los argumentos. Si el marco alternativo no es aceptado, nuestros argumentos caerán en saco roto.

El libro de Lakoff se concentra en la argumentación política y circunscribe su análisis a la política estadounidense en particular (de allí el “elephant”, símbolo de los republicanos). Algunos ejemplos interesantes de Lakoff (que naturalmente tienen el tinte político estadounidense):

a) El modelo del “padre fuerte“: Un modelo basado en la imagen de un padre autoritario que rige verticalmente a su familia.

Éste es un modelo que reposa en el valor de las normas y en la autoridad y que presupone que la prosperidad del padre se debe a su trabajo,a sus habilidades innatas y a su adhesión a las reglas y que la recompensa obtenida por ello es el éxito. Cualquiera que siga la receta deberá ser igualmente recompensado… y aquel que no las siga fracasará.

Los pobres lo son por no seguir las reglas y por tanto no deben ser recompensados (con beneficios para los desempleados, bonos de alimentos, etc). La joven que quedó embarazada no siguió las reglas y su mala conducta no puede ser premiada permitiéndole abortar. Los criminales deben ser fuertemente castigados y las leyes que interfieren con el éxito económico deben ser eliminadas (impuestos, reglamentaciones ambientales, etc).

Este modelo casa perfectamente con la tendencia política de los Republicanos: no al “welfare”, no al aborto, sí a la pena de muerte, reducción de impuestos, etc.

b) El modelo de los “padres cuidadosos“, en el que todos los miembros de la familia son considerados como iguales y el papel de los padres es velar por todos, ya que el éxito es medido de manera corporativa.

Bajo este modelo los pobres requieren del apoyo del resto de la comunidad, los criminales deben ser ayudados a rehabilitarse, las jóvenes embarazadas tuvieron mala suerte y deben ser auxiliadas y las leyes ambientales y los impuestos son de interés comunitario más que personal.

Modelo que casa, según el autor, con la tendencia política de los Liberales: ayuda social, si al aborto, no a la pena de muerte, aceptación de impuestos, etc.

Según Lakoff la opinión pública norteamericana ha correspondido durante años al modelo del “padre fuerte”, aunque hace notar que muchos individuos adoptan el primer modelo para manejar ciertas partes de su vida y el segundo para manejar ciertas otras.

El artículo llamó mi atención porque pienso que puede ser extrapolado al discurso de la ciencia y al del escepticismo racional a todo nivel. Tratar de cambiar el marco cognitivo de nuestro interlocutor, de manera que pueda ser permeable a las evidencias en favor de nuestros argumentos, es una técnica que debemos aprender a utilizar si pretendemos ser convincentes.

Una de las formas es ser cuidadosos en el uso del lenguaje apropiado. Lakoff dice, por ejemplo, que es preferible utilizar el término “tax relief” en lugar de “deficit-raising tax cuts “, ambos significan técnicamente lo mismo, pero el primero presupone que hay un problema (el impuesto, tax) que requiere alivio (relief) y es por tanto más convincente ante la opinión pública que el segundo ¿quién puede oponerse a “aliviar un problema”?

Alex Grijelmo escribe en su libro “La Seducción de las Palabras” cómo “los economistas y políticos se escudan en la contradicción de las palabras concordadas para maquillar el hecho de que una empresa o el producto interior bruto de un pais hayan entrado en la inclinación más temida “. Lo cito textualmente:

“Hemos experimentado un crecimiento cero”, “tenemos un crecimiento negativo”… Sabemos que es imposible crecer cero (crecer y no crecer al mismo tiempo), y que nadie puede entender cómo se crece (concepto positivo) negativamente. La razón humana puede llegar a analizar estas palabras y descubrir el engaño, pero la penetración de tales voces en el cerebro y en el subconsciente guarda todas las armas de la seducción. El sonido de los vocablos contradictorios “crecimiento cero” se percibe por el oido o por la vista, y a través de ellos se accede al léxico mental, en cuyos circuitos neurológicos se activan independientemente los significados de “crecimiento” y de “cero” El resultado de la unión entre ambos términos ofrece un sentido racional: no se ha crecido. Y así lo percibimos con nuestro cerebro consciente.

Pero el hecho de que se haya activado la palabra “crecimiento” adquiere una repercusión subliminal, seductora, un significado inconsciente, que despierta de su sueño con el sonido, que se activa y que no se llega a desactivar, que se despereza y mantiene en vela, que derrama su perfume sobre la frase y que la impregna de modo que ya no se podrá reintegrar a su frasco (…) el sonido de “crecimiento” activa el significado profundo de la palabra, el concepto feliz de lo que se acrecienta, el sentido que dieron a este término millones de habitantes del español, el sentido de nuestra herencia en esta expresión, el crecimiento de los niños que se desarrollan sanos, el crecimiento de todo cuanto nace y crece antes de morir, el crecimiento de los puntos de lana en la aguja, el valor de la moneda que crece como crecen el dolar o el yen, como se crece aquel que logra un éxito, como crece la luna para convertirse en llena… y ello repercute en que se activen las connotaciones positivas y la realidad se disfrace.

El significado de las palabras del idioma lo constituyen simples pautas de actividad neurológica. Esas pautas reflejan la experiencia acumulada de los contextos en los que se usan las palabras, y se modifican con cada experiencia nueva. Por eso en el momento en que nuestra computadora mental acude a su diccionario propio toma con “crecimiento” una expresión que produce sensaciones favorables: crecen los niños bien alimentados,, crecen las plantas sanas, crece la inteligencia con el propio crecimiento humano…

(…)
La compañía de una palabra afecta a su vecina hasta el punto de crear un significado latente. Si “terrenal” se contagia de los efectos de “paraiso” para distanciarse así de “terrestre” aunque etimológicamente sean sinónimas, así “crecimiento” perfuma a “cero” y a “negativo” (…) “Crecimiento” compite con “cero”, pero su valor seductor y su contenido le dan un arma indiscutible que hace valer su perfume por encima de la palabra a la que se opone.

Esta combinación “crecimiento cero” o “crecimiento negativo” mancha también al verbo que la acompañe: habrá de tratarse de un verbo frío, de semantema justo y polivalente. Porque el emisor de esas expresiones no acudirá a un verbo como “sufrir” (“la empresa ha sufrido un crecimiento negativo”), puesto que eso descubriría el significado que se pretende ocultar. Dirá, casi con seguridad, que la economía “ha registrado” o “ha experimentado” un crecimiento cero. Palabras frias para un tema caliente, voces que tecnifican lo que de otro modo se percibiría con la fuerza de la contundencia.

Grijalbo hace una análisis similar sobre la “desaceleración de la economía”, otro ejemplo de contradicción embaucadora, puesto que el prefijo negativo “des” se hace acompañar del término positivo “acelerar” (palabra que bucea en los significados positivos). Así, creemos que la economía llevaba una marcha muy acelerada y que por ello no importa que pierda velocidad.

Si bien los ejemplos anteriores muestran cómo se puede intentar manipular tendenciosamente la opinión ajena, pienso, coimo Lakoff, que elegir los términos adecuados permitirá cambiar el marco cognitivo del oyente a un marco más permeable. Si cuando hablamos de evolución evitamos utilizar términos relacionados con la palabra “diseño” (que lo usan hasta los más radicales evolucionistas sin pensar en equivocado concepto que conlleva): “las mandíbulas de la hormiga están diseñadas también para la huida rápida” se podría cambiar por “la evolución favoreció en las hormigas la formación de mandíbulas que se usan también para la huida”, estaremos creando mayor receptividad de parte de un creyente al no fortalecer subliminalmente sus ideas de “Todo Diseñado por Alguien”

Lakoff reconoce también que algunas personas son mucho más rígidas que otras en el sentido de que será muy difícil hacerlas cambiar de marco cognitivo. Recomienda para esos casos el uso de “marcos cognitivos de cuña”, estrategias que deben de concentrarse en uno o dos aspectos que confronten el marco cognitivo del oyente con una situación real aplicada a su caso. Se me ocurre el simplísimo ejemplo de mencionarle al antiabortista que tiene hijas, la situación hipotética de un padre cuyas hijas fueron violadas por una banda que entró en casa y que quedaron embarazadas. Habrá un desplazamiento favorable de su marco cognitivo para hacerlo más permeable a los argumentos pro-aborto.

Amigos científicos, escépticos y no creyentes: si fuésemos capaces de identificar los marcos cognitivos en los que nuestros oponentes se organizan inconscientemente, si fuésemos capaces de crear nuevos marcos cognitivos que puedan ser aceptados aunque sea temporalmente por ellos, nuestros argumentos – usualmente áridos y abstractos para la gran mayoría – podrían caer en terrenos más fértiles y crecer más aceleradamente. 😉

Lunes, 28 de Abril de 2008

prueba

No-usuario
Domingo, 10 de Febrero de 2008

Coulomb

No-usuario

Charles-Augustin de Coulomb, ingeniero francés, estableció, en 1777, el principio conocido hoy como la Ley de Coulomb, que dice que:La fuerza entre dos cargas eléctricas q1 y q2 es proporcional al producto de las cargas individuales e inversamente …

Martes, 13 de Febrero de 2007

Marquise du Châtelet

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La historia es un tema que siempre me ha fascinado y quería compartir con ustedes la de una mujer fascinante, Gabrielle Émilie Le Tonnelier de Breteuil, Marquesa de Châtelet. Ella es poco conocida (al menos yo supe de ella sólo recientemente), pero…

El Lenguaje de Dios

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El libro “El Lenguaje de Dios” de Richard Collins, jefe del proyecto Genoma, està causando mucha complacencia en la iglesia debido a que aparentemente da un espaldarazo al viejo conflicto ciencia-religiòn.Un anà lisis de dicho libro, hecho por Sam Ha…

Sábado, 3 de Febrero de 2007

El Arte de la Persuasión

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En el último número del Skeptical Inquirer (Ene/Feb 07) un artículo ha llamado mi atención: “The Art of Persuasion in Politics (and Science)”, que es un comentario sobre el libro “Don’t Think of an Elephant: Know Your Values and Frame the Debate” d…