Domingo, 26 de Julio de 2009
4.f. Inteligencia: “dios no juega a los dados”
El último de los argumentos “racionales” propuestos a la hora de querer justificar la fe, a diferencia de los expuestos hasta ahora, es el único abiertamente mentiroso y manipulador. Consiste en citar la supuesta fe religiosa de cualquier cientÃfico reconocido, con el objetivo de probar asà dos cosas: primero, que la fe religiosa es un proceso, no solamente compatible, sino hasta basado en la razón, y segundo, que la existencia de dios está avalada por gente “más inteligente” que (y este es un agrumento implÃcito) ha dedicado más tiempo, más esfuerzo y más conocimiento a pensar sobre estas cuestiones que nosotros, simples mortales, y que por lo tanto, está más capacitada para opinar o pronunciar un juicio sobre el tema. El argumento de la “inteligencia más cultivada” conoce muchas formas; la más conocida es un conjunto de citas atribuÃdas a Einstein, y dentro de éste grupo, la cita más famosa reza “Dios no juega a los dados”. Su famosa cita de un dios no-jugador está descaradamente sacada de contexto y malintencionadamente manipulada. Einstein no creÃa en dios, pero estaba maravillado por el órden natural y la composición del universo. De ese delicado órden natural habla cuando se refiere a dios, y cuando ponuncia la palabra “religión” no piensa más que en aquel estado de profunda admiración por la naturaleza. Otra de sus citas dice asÃ:
Miercoles, 22 de Julio de 2009
4.e. Ética: El fundamento de la moral
La religión siempre se sintió con el derecho a reclamar el monopolio de la moral, lo que dentro de sus propios parámetros normativos es algo bastante consistente: si para eliminar la contingencia hace falta una fe incondicional, para convertir la inmanencia en trascendencia, (o sea: para que podamos alcanzar la trascendencia) el hombre debe perseguir ciertas normas de comportamiento que, necesariamente, deben provenir de la propia trascendencia: de dios. Dentro de la lógica religiosa, es absolutamente imposible que la moral sea algo inherente al ser humano; la moral religiosa, por definición, es algo ajeno a nuestra “naturaleza”; por el contrario, es expresión de voluntad divina, que el hombre ha de obedecer con el objetivo de agradar a dios y acercarse a él; y al mismo tiempo, representa la lÃnea divisoria entre el “bien” y el “mal”, entre lo divino y lo demonÃaco, pasando por lo “humano” [26]. Sin una tendencia natural a la moral, “pecadores” por naturaleza (según del dogma cristiano, el hombre no solo es un pecador potencial; el hombre nace culpable del pecado original), la moral es un elemento totalmente exógeno a nuestra condición de humanos, un ideal divino, cuya persecusión promete el premio de la vida eterna. Con ésta tremenda carga semántica a cuestas, no sorprende que uno de los argumentos teocráticos esgrimidos con más ahÃnco sea el que dice que dios debe existir porque existe la moral, el comportamiento ético, la conciencia de la diferencia entre lo “bueno” y lo “malo”, en fin, las “normas morales” de la sociedad. Imaginar la no existencia de dios es, según esta idea, una pesadilla insoportable en la cosmovisión del creyente: sin una moral divina el hombre se encuentra perdido, sin rumbo, capaz de cometer las atrocidades más terribles al carecer un marco de accion que le indique la diferencia entre el bien y el mal. El postulado no se detiene en una mera descripción y se transforma en un argumento indicativo y probatorio, ya que si aceptamos que la moral nos fué impuesta por dios, resulta que sin dios no hay moral y (como sà la hay), entonces: dios existe. Otra vez se hace evidente el carácter circular del supuesto argumento, ya que para poder concluÃr en que la existencia de la moral es una evidencia de la existencia de dios, tenemos que aceptar, a priori, que la moral es un producto divino.
Sábado, 18 de Julio de 2009
4.d. Imparcialidad: agnosticismo
Entiendo que el lector atento se sienta algo desconcertado en este momento. ¿Cómo voy a presentar al agnosticismo como un supuesto “argumento racional” a favor de la existencia de dios? ¿No es el agnosticismo, justamente, una corriente que proclama la incapacidad de conocer si existe o no dios? ¿No es ésa, en definitiva, la única posición realmente racional, ni a favor ni en contra de nada, que admite su desconocimiento sobre el tema y se limita a no opinar? Me atreverÃa a afirmar que no es asÃ.
Si bien la definición exacta de palabra “agnosticismo” está muy cerca de la esencia del espÃritu racional que pretende defender este texto, no es ese el uso que, por lo común, se le da a la palabra cuando nos referimos al agnóstico de dios. A ese tipo especial (tan extendido en la sociedad moderna) de agnóstico de dios es a quien me refiero aquÃ, no al agnóstico estricto, de carácter más filosófico y terminológicamente más exacto. Cuando digo agnosticismo estricto, me refiero al tecnicismo al que hice referencia más arriba: una postura racional, desde la cual nada imaginable puede negarse categóricamente, simplemente porque la magnitud de todo lo existente y la limitación humana nos impide observar todo lo potencialmente observable. Es posible imaginar un planeta en la órbita de Alphacentiuri en donde existan seres de diez centÃmetros de altura y de tez azulada, o pequeños insectos con forma de jóvenes mujeres, pero nadie ha viajado nunca hasta alphacentauri. Nadie puede. Es imposible encontrar pruebas en contra de la existencia de los pitufos, las hadas o los unicornios azules invisibles. Ahora bien, ¿es probable que existan los pitufos, las hadas y los unicornios azules invisibles? El que algo no sea irrefutable, el que no haya pruebas de su no existencia, no es una evidencia a favor de la existencia de ese algo, ni siquiera lo convierte en probable. Richard Dawkins expresó magistralmente esta idea:
Domingo, 12 de Julio de 2009
En los varios debates en los que me encontré participando con teÃstas, uno de los puntos que mas frecuentemente aparecen tiene que ver con la falta de una referencia moral absoluta que supone la ausencia de un dios. Dicho de otra manera, sin un dios que nos diga inequÃvocamente que cosas están bien y cuales mal, entonces todo parece depender de criterios relativos y por lo tanto cualquier cosa puede ser justificable bajo determinados puntos de vista. Asumir que no existe un marco de referencia absoluto respecto a lo que está bien o mal es un asunto no menor y sobre el que seguramente hay mucha tela para cortar.
4.c. TautologÃa: palabra de dios
Existe un argumento esgrimido con demasiada frecuencia, que sugiere que la existencia de dios está comprobada mediante la existencia de la biblia, que el origen divino de la “palabra santa” es incuestionable. Lo que bajo un análisis supérfluo pareciera una explicación tautológica, circular y dotada de una gran porción de infantilismo… se ve confirmado con un segundo y un tercer análisis. El enciclopedismo bÃblico, aunque cuente con un inmenso poder argumentativo y lógico dentro de un marco teológico de discusión, sacado de contexto y llevado a un plano metareligioso, es simplemente absurdo. Sin embargo, no falta quien cite tal versÃculo de tal capÃtulo de tal libro en su afán de refutar cualquier razonamiento antideÃsta que haya sido planteado, como si el conocimiento enciclopédico de la biblia fuera un indicador de su veracidad. ¿Que se pone en duda la existencia de dios? ¿Que hay evidencias geológicas sobre la imposibilidad del diluvio? ¿Que Moisés nunca separó las aguas del mar muerto? ¿Que la virginidad de MarÃa es un mito? La respuesta está en “Génesis, 7:17”, “Éxodo, 14:21”, “Hechos, 9:34” o en cualquier versÃculo apropiado para el caso y repetido hasta el cansancio.
Jueves, 9 de Julio de 2009
Martes, 7 de Julio de 2009
Cualquiera que cada tanto se de una vuelta por un portal católico o se entere de las declaraciones de algún vocero de la iglesia puede observar que las acusaciones de blasfemia son significativamente frecuentes.
Según la Real Academia Española, blasfemia significa “Palabra injuriosa contra Dios, la Virgen o los santos” y esta definición curiosamente no dista mucho de la de la Iglesia Católica que dice “La blasfemia consiste en usar de una manera injuriosa el nombre de Dios, de Jesucristo, de la Virgen MarÃa y de los santos.”. Otras religiones, por su puesto, no mencionan a Jesucristo ni a MarÃa, pero tienen sus propios “intocables” dentro de su mitologÃa.
Viernes, 3 de Julio de 2009
4.b. (Pseudo-) Ciencia: creacionismo y diseño inteligente
El debate intelectual sobre el orÃgen de la vida en general y de nuestra especie en particular existe desde que el hombre aprendió a razonar y a plantearse la razón de su existencia, es decir: desde siempre; pero se ha agudizado a partir de 1859, cuando Charles Darwin publicó su teorÃa de la evolución y creó la herramienta descriptiva naturalista más adecuada que ha encontrado la ciencia para explicar el origen de la vida. La evolución darwinista describe un mecanismo de selección natural, que organiza la aleatoriedad de las mutaciones genéticas bajo parámetros evolutivos naturales y capaz (durante el transcurso de largos perÃodos de tiempo), de transformar los primeros organismos unicelulares que habitaban la tierra primitiva y de originar la multiplicidad de las especies que la habitan en la actualidad, incluyendo al ser humano.
Esta visión naturalista del mundo está en abierta contradicción con el mito del génesis religioso (de cualquier cultura en general y judeo-cristiana en particular), que ha dado lugar a una Weltanschauung denomnada “creacionismo”, que haciendo una lectura literal de la biblia afirma que el universo, nuestro planeta, la vida reinante en él y el hombre han sido creados por dios, hace seismil años y tal y como lo cuenta la biblia. De esta cosmovisión, que históricamente ha estado muy a gusto dentro un contexto de comunicación religiosa, ha surgido el neocreacionismo, que pretende apoyarse en supuestas “pruebas” geológicas, históricas, biológicas, matemáticas, en una palabra: cientÃficas, y convertirse asà en un digno adversario de la teorÃa de la evolución darwinista, pero dentro del propio campo de la ciencia y sin argumentos religiosos, es decir: en un marco de debate cientÃfico, logrando asà una mayor aceptación popular y polÃtica, reclamando para sà el derecho a ser considerada una teorÃa alternativa, con igualdad de oportunidades de, por ejemplo, ser enseñada en el nivel educativo primario.
Miercoles, 1 de Julio de 2009
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Viernes, 26 de Junio de 2009
4.a. FilosofÃa: tres trampas
La filosofÃa nos presenta innumerables intentos de justificar racionalmente la existencia de dios. Aquà quiero mencionar a tres de ellos, el “argumento ontológico” de Anselmo de Canterbury (1033-1109, teólogo y arzobispo), la denominada “primera causa” de Tomás de Aquino (1225-1274, filósofo y teólogo) y la “apuesta de Pascal”, de Blaise Pascal (1623-1662, filósofo y matemático).
El primero de todos, el argumento ontológico, consta de tres pasos lógicos, o por lo menos, lógicos para su época: primero, se asume a priori que lo real es más perfecto (“mayor”) que lo imaginado. Luego, uno puede imaginarse algo perfecto, perfecto, perfecto, cuya perfección no pueda ser superada por nada imaginable. En tercer lugar y haciendo referencia al paso primero, ese ente de perfección pura, en su existencia real, es aún más perfecto que en nuestra imaginación. Luego: dios existe. El argumento es ontológico porque según él, a dios le es propio existir en virtud de su perfección (para hacer una analogÃa poco feliz pero acorde con la argumentación ontológica: asà como la circularidad es una abstracción a la que le es propia, por su naturaleza circular, una circunferencia cuya longitud es p por su radio al cuadrado, dios es una abstracción a la que le es propia, por su naturaleza perfecta, la condición de existente).
Un grupo de personas comenzó una campaña para que se borren sus firmas de los registros bautismales, porque no están de acuerdo con la postura de la Iglesia en temas clave.
Sucedió, como suele suceder, en Buenos Aires: un grupo de personas dijo “No en mi nombreâ€, y bautizó asà a una campaña que ya ostenta sus primeros resultados: en marzo pasado, 1.085 personas presentaron su pedido al Arzobispado de Buenos Aires para ser borrados de las actas bautismales. La acción tuvo efecto rebote en lugares como Mendoza y Córdoba.
Santa Fe, ciudad católica por definición, también hizo acuse de recibo: en lo que va del año ya se recibieron cinco pedidos de apostasÃa, contra los contados casos que figuran distribuidos a lo largo de toda la historia, según datos del Arzobispado local.
Martes, 23 de Junio de 2009
En recientes declaraciones para el programa Claves para un Mundo Mejor y difundidas por el diario Hoy , Monseñor Aguer, se refirió a la educación pública de nuestro paÃs. En una nota titulada “¿Quieren sacar analfabetos revolucionarios?” puede leerse el lamento del arzobispo de La Plata respecto a la ausencia de contenidos religiosos en las escuelas públicas. Citó el acuerdo realizado entre el gobierno brasilero y el Vaticano en el que se se permiten estos contenidos en las escuelas estatales y sostuvo que “esto en la Argentina de hoy serÃa absolutamente impensable”. Mencionó también algunos ejemplos de constituciones provinciales (entre ellas la bonaerense que corresponde a su arquidiócesis) que hacen referencia al “deber de educar bajo la moral cristiana” aunque también se quejó de que solo es letra muerta.
Cada tanto es normal que algún funcionario de la Iglesia se queje de las dificultades que tienen para adoctrinar niños desde las escuelas públicas. Ya antes de que se valide la educación religiosa en Salta, el obispo de Jujuy habÃa mencionado la necesidad de enseñar religión en las escuela. Claro que lo que se propone no es enseñar religión de la misma manera que se enseña Historia o Educación CÃvica, es decir, tomando distancia (dentro de lo posible) de la ideologÃa y simplemente enseñar hechos para que el alumno evalúe, sino que expresamente se intenta imponer la enseñanza de la moral y los dogmas cristianos asumiéndolos como los únicos verdaderos y absolutos. Si bien para Aguer llegar a esto parece imposible en Argentina, el mencionado acuerdo en Brasil y la nueva y polémica Ley de Educación de Salta son señales bastante preocupantes en ese sentido. En el primer caso tenemos un paÃs con un gobierno teóricamente progresista que acepta que desde el Estado se validen y promuevan ideas mágicas en los planes de estudio. De esta manera, además de hacer publicidad gratis de una doctrina religiosa en desmedro de otras religiosas y no religiosas, se opta por enseñar una moral pacata y fundamentalista fuertemente contradictoria con una educación tolerante, amplia, progresista, abierta a la diversidad, crÃtica. Asà en el mejor de los casos nos exponemos a una educación contradictoria, en la que por un lado se enseñan valores de respeto y tolerancia y por el otro se bajan morales absolutistas y medievales, y en el peor a que no haya contradicción y todo sea fundamentalismo religioso. Hace relativamente poco se conoció una noticia que mostraba las consecuencias de mezclar educación y religión en el ámbito privado. Lo que Aguer pretende es extender ese nivel de represión y fundamentalismo a la escuela pública.
Viernes, 19 de Junio de 2009
3. La “fe en la ciencia”
Esta es la primer falacia que deseo exponer, que aparece de manera casi compulsiva cuando en el marco de una discusión entre un ateo y una persona religiosa, el primero menciona que la base última de cualquier religión es el dogmatismo. (Lo cual, en principio, no supone ningún tipo de juicio: es, simplemente, una observación crÃtica). Gracias a un acto de acrobacia intelectual no demasiado elegante, el interlocutor pretende invertir la crÃtica recibida y formula un contra-argumento o argumento del dogmatismo cientÃfico, que reza más o menos asÃ:
“La confianza en la ciencia (y en la razón) puede comparase con una extraña forma de fe, pues funciona bajo las mismas premisas: por ejemplo, para explicar el origen de la vida, yo leo el “génesis” y tu “el origen de las especies”. No existen testigos presenciales de cómo se originó la vida; luego, la confianza en la ciencia es una creencia y los postulados cientÃficos son los dogmas del ateo”
Sábado, 13 de Junio de 2009
2. Sistemas Sociales
La sociedad actual ha alcanzado un alto grado de indiscutible complejidad: lo que en algún momento comenzó como una forma de organización familiar, grupal y tribal, ha evolucionado hasta alcanzar niveles organizacionales complejÃsimos: cada sistema social (como la polÃtica, la economÃa, la familia, la ciencia, la religión, etc.), responde a un esquema de autoreproducción cerrado, basado en un código de comunicación binario particular, lo que en la teorÃa sociológica moderna se conoce con el nombre de autopoiesis. Niklas Luhmann trasladó el término “autopoiesis” de la biologÃa a la sociologÃa, afirmando que la autopoiesis,
“…setzt nicht zwingend voraus, daß es diejenige Art der Operationen, mit denen das System sich selbstreproduziert, in der Umwelt des Systems überhaupt nicht gibt. In der Umwelt lebender Organismen gibt es andere lebende Organismen, in der Umwelt von Bewußtsein anderes Bewußtsein. In beiden Fällen ist der systemeigene Reproduktionsprozeß jedoch nur intern verwendbar. Man kann ihn nicht zur Verknüpfung von System und Umwelt benutzen, also nicht anderes Leben, anderes Bewußtsein gleichsam anzapfen und ins eigene System überführen. […] Bei sozialen Systemen liegt dieser Sachverhalt in doppelter Hinsicht anders: Einerseits gibt es außerhalb des Kommunikationssystems Gesellschaft überhaupt keine Kommunikation. Das System ist das einzige, das diesen Operationstypus verwendet, und ist insofern real-notwendig geschlossen. Andererseits gilt dies für alle anderen sozialen Systeme nicht. Sie müssen daher ihre spezifische Operationsweise definieren oder über Reflexion ihre Identität bestimmen, um regeln zu können, welche Sinneinheiten intern die Selbstreproduktion des Systems ermöglichen, also immer wieder zu reproduzieren sind…” (Luhmann, 1987, pág. 60) [12]
Martes, 9 de Junio de 2009
Dos meses de suspensión por preguntar a sus alumnos: “¿Religión u otra asignatura?â€
Un profesor ha sido suspendido durante dos meses. ¿El motivo? Les preguntó a sus alumnos cuántos habrÃan escogido la hora de religión si el centro hubiera programado una asignatura alternativa. A Alberto Marani, profesor de Matemáticas y FÃsica (representante del sindicato Cobas en el centro) en el liceo Righi di Cesena, le han apartado de sus alumnos y permanecerá sin sueldo durante dos meses por haber tenido la «osadÃa» de hacerles esta pregunta el pasado 20 de mayo. Cobrará el subsidio previsto para estos casos, de unos 600 euros mensuales.
El portavoz de los Cobas, Piero Bernocchi, ha denunciado el hecho y lo califica de «ataque clerical al laicismo de la enseñanza». «Después del caso de Franco Coppoli [el profesor italiano suspendido por un mes por haberse atrevido a descolgar el crucifijo mientras daba clase en un centro público], este es otro ejemplo del integrismo violento que campa por sus respetos en la escuela pública, sin que nadie ponga coto a la ofensiva clerical», dice Bernocchi.
Si bien buena parte de los gobiernos del primer mundo están bastante preocupados en sostener los privilegios de las religiones frente a la libertad de expresión y a la crÃtica racional, no es menos cierto que en la práctica los ciudadanos de esos paÃses cada vez menos quieren ver sus vidas limitadas por las morales medievales (por ser generosos) de las iglesias abrahámicas. Posiblemente siempre hubo gente que no estaba dispuesta a acatar la moral de la iglesia oficial, pero ahora tienen una ventana importante respecto a un pasado no tan remoto: ya no los matan por ello. Y lo que tiene la gente es eso: si no los matan, insisten.
Domingo, 7 de Junio de 2009
2.b. La comunicación cientÃfica
Al hablar de comunicación cientÃfica y sobre todo, de epistemologÃa, quiero comenzar haciendo una aclaración: cuando digo epistemologÃa me refiero aquà al sentido más estricto del término, o sea: al estudio de la producción y validación del conocimiento cientÃfico, no a la teorÃa del conocimiento en general o a la epistemologÃa en su acepción anglosajona, la gnoseologÃa.
La ciencia, una vez emancipada de la filosofÃa y de la religión, se encontró frente a la necesidad de autodefinir los parámetros de su acción y de establecer una metodologÃa que le permitiera diferenciarse de su entorno y le diera validez cientÃfica a sus propias conclusiones. Asà surgió el método cientÃfico, que, en principio, solo establece una serie de directivas de observación que determinan a posteriori el grado de veracidad de una hipótesis. Éste nunca es absoluto; la ciencia se comunica en grados de veracidad porque se enfrenta a un problema lógico inherente a su método: el denominado problema de la inducción. El razonamiento inductivo propone una conclusión general partiendo de una observación particular y especÃfica, que (aún cumpliendo una serie de requisitos para ser considerada cientÃfica), no puede extenderse con un grado de certeza absoluta a todo lo que existe, puesto que todo lo que existe es inobservable. Luego de observar a diez mil cuervos negros, el enunciado “todos los cuervos son negros”, sigue siendo producto de un razonamiento inductivo: todavÃa puede existir un cuervo blanco.
Viernes, 29 de Mayo de 2009
2.a. La comunicación religiosa [14]
El elemento de la religión funcional-equivalente a las pruebas de la ciencia son los dogmas. RÃgidos e inamovibles, los dogmas constituyen la estructura formal de la religión, conformada por un grupo de doctrinas y postulados redactadas e impuestas por la autoridad religiosa, quien a lo largo de la historia elige aquellas tradiciones y creencias lo suficientemente importantes o fuertes como para convertirse en dogmas, es decir: aquello que el miembro de dicha religión ha de creer.
El dogma, por definición, es una verdad incuestionable y funciona de manera autoreferencial: no requiere de otra prueba de sà que él mismo; su validez y carácter de verdad le están otorgadas por su propia existencia. Su lógica circular es impecable y funciona asÃ: dogma = revelación divina = verdad = dogma = revelación divina = verdad… y asà ad absurdum [15].
Sábado, 23 de Mayo de 2009
1. Introducción
He caÃdo, una vez más, en una trampa del lenguaje. Estrictamente hablando, el tÃtulo de este artÃculo es incorrecto, ya que mi no-creencia no es tal: no creo en dios [1] – no porque me falte fe o porque haya elegido creer en otra cosa, en la ciencia, por ejemplo. O porque el no-creer sea comparable con el creer, como si un acto de fe fuera lo mismo que un acto de no-fe, como si existiera tal cosa como un “acto de no-fe”. Más que “falta de fe”, es un grado de certeza. Por eso, afirmar que no creo en dios es falaz: tengo la casi absoluta certeza [2] de que dios no existe. Por otra parte, esta aclaración deberÃa no ser necesaria; como todas las trampas del lenguaje, ésta también exige un interlocutor atento y leal: capaz de no caer en ella y noble para no dejar de entenderla como un resumen de lo expuesto más arriba. Capacidad y nobleza son cualidades (lamentablemente) no compartidas por todos los integrantes de este grupo [3], he aquà el porqué de esta aclaración.