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Martes, 16 de Junio de 2009

El ser humano prefiere la altanería a la experiencia

Peter Aldhous

¿Algúna vez te has preguntado por qué a los inútiles que fueron incapaces de predecir la actual crisis económica se les sigue pagando por sus opiniones? Es una consecuencia de cómo la psicología humana funciona en un mercado libre, de acuerdo con un estudio sobre cómo la confianza en sí mismos de la gente afecta a la forma en la que otros responden a sus consejos.

El estudio de Don Moore, de la Universidad Carnegie Mellon de Pittsburgh, en Pennsylvania, Estados Unidos, muestra que preferimos en consejo de una fuente a la que consideramos fiable, hasta el punto de que perdonamos cualquiera de sus cagadas. Morre argumenta que en situaciones competitivas esto da ventaja a quienes dan consejos exagerando cada vez más cómo de seguros están, y que la peor parte se la llevan los científicos que intentan ser honestos sobre las carencias en su conocimiento.

En el experimento de Moore, se les dio dinero a voluntarios por adivinar correctamente el peso de otros a partir de sus fotografías. En cada una de las ocho rondas del estudio, los adivinadores recibían consejos de uno de entre cuatro de otros voluntarios. Los adivinadores tenían una indicación sobre cómo de seguros estaban quienes les daban consejo, pero no los pesos por los que realmente habían votado.

Desde el comienzo, quienes daban el consejo con más confianza en sí mismos encontraban más compradores, y esto les forzaba a dar respuestas cada vez más precisas según progresaba el juego. Pero la mejora en precisión cesaba cuando a los adivinadores se les pedía escoger comprar o no un consejo, pero sólo de un vendedor. En las siguientes rondas, los adivinadores tendieron a evitar a los anunciantes que se habían equivocado en el pasado, pero este efecto se veía compensado por la polarización hacia la confianza previa.

El estudio le añade peso a la idea de que si dar una opinión experta es tu trabajo, más te vale parecer seguro de ti mismo. Describiendo su trabajo en la reunión de la Association for Psychological Science en San Francisco el pasado mes, Moore reconoció que seguir el consejo de la persona más segura de sí misma a menudo tiene sentido, dada la evidencia de que experiencia y precisión suelen ir de la mano. Es curioso, pero la gente suele tener un rango más estrecho de respuestas cuanto más familiarizados están con el tema que se discute.

Hay veces, sin embargo, en las que esta ley se rompe. En temas complejos pero muy politizados como el calentamiento global, por ejemplo, insignes científicos con incertidumbre en su opinión tienen las de perder contra activistas con un mensaje menos trabajado pero más empático.

A modo de ejemplo significativo; a la pregunda de qué tipo de respuesta debe dar un científico responsable cuando ignora el riesgo de equivocarse en su consejo, Moore responde «es una pregunta excelente, y me temo que no tengo una buena respuesta».

Visto en New Scientist.

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Jueves, 11 de Junio de 2009

La risa de los primates

Punset versus Buenafuente

Eduard Punset se mete a taxista. Su primer cliente es Andreu Buenafuente quien a su vez se mete a cura. Reconforta que, aún procedentes de programas tan distintos, la primera división de la televisión española practique el crossover con esta gracia.

Visto en el Blog de Eduard Punset.

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El hombre vive más con una mujer joven

El riesgo de muerte prematura de un varón se reduce un 11 por ciento si su pareja es una mujer entre siete y nueve años más joven, y en hasta una quinta parte si su novia es entre 15 y 17 años más joven.

El estudio en el Instituto Max Planck en Alemania también concluye que los hombres casados con mujeres mayores que ellos tienen más posibilidades de morir jóvenes. Curiosamente se sugiere que en las mujeres no sucede beneficio alguno, tanto si su pareja es un hombre mucho más joven como si es mucho mayor. De hecho, las mujeres con maridos mayores o menores entre siete y nueve años también tienen un 20 por ciento más de posibilidades de morir jóvenes. Hasta un 30 por ciento si la diferencia alcanca los 15 ó 17 años.

Sugieren los científicos que la Selección Natural es una explicación. Y es que sólo los hombres mayores más saludables y con más éxito en la vida atraen a mujeres más jóvenes.

«Otra explicación es que una mujer joven tiene más energía para cuidar de su hombre, de ahí que vivan más años» dice el portavoz del Instituto Sven Drefahl.

El estudio examinó muertes sucedidas entre 1990 y 2005 dentro de la población completa de Dinamarca. De media, la mayor parte de los europeos se casan con mujeres al menos tres años más jóvenes.

Yo soy un caso especial. Rebeca nació exactamente el mismo día que yo, un 7 de mayo de 1973. Preparen mi sepultura ya.

En la foto, Ramón Mendoza, en su día presidente del Real Madrid, fallecido en las Islas Bahamas de un infarto mientras follaba con su secretaria. La excepción que confirma la validez del estudio.

Visto en Telegraph.

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Lunes, 8 de Junio de 2009

¡Un negro en mi restaurante!

El 8 de junio de 1953, la Corte Suprema de los Estados Unidos establece legalmente que los negocios de hostelería en Washington D.C. no pueden negarse a atender a clientes de raza negra. Justo quince años después, el 8 de junio de 1968, es detenido James Earl Ray acusado del asesinato de Martin Luther King.

Visto en Efemérides Hoy.

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Michail Ryklin y el Comunismo como religión

Caspar Melville entrevista para New Humanist a Michail Ryklin, filósofo ruso. En su trabajo más reciente, Ryklin aporta innovadores puntos de vista sobre la Revolución Comunista y cómo desde el punto de vista intelectual actual, ese primer Comunismo debe ser considerado una forma de religión y no de forma metafórica. La traducción es de Ismael Valladolid, editor de La media hostia.

Caspar Melville

Michail Ryklin es famoso, diríase que infame, en su Rusia natal. Junto con su mujer, la artista Anna Alchuck, es objetivo del odio público tras relacionarseles con la exhibición Caution:Religion! de la que Ryklin ya escribió en un número anterior de New Humanist —N. del T.; Alchuck apareció asesinada el pasado mes de abril, tras ser escrito este artículo—. Su libro sobre dicha exhibición ha despertado aún mayor controversia, tanta como sus críticas públicas a Vladimir Putin.

Desde 2007 vive en Berlin para escapar de las miradas malevolentes del público. En su nuevo hogar Ryklin está construyendo una formidable reputación. Escribe habitualmente para la prensa intelectual, incluyendo Lettre International y Osteuropa y varios de sus libros han sido aclamados tras ser traducidos al alemán. Su libro sobre los acontecimientos que siguieron a la exhibición Caution:Religion! ganó el prestigioso premio Leipzig Book Price en 2007.

Su libro más reciente es El Comunismo como Religión: Los Intelectuales y la Revolución de Octubre explora el trabajo de una serie de intelectuales europeos que visitaron Moscú en los años tras la Revolución de Octubre de forma que quede iluminada la forma en la que el Comunismo se presentó de forma casi mística ante una generación de artistas y escritores. Se explora la tesis de que el Comunismo se entiende mejor como una forma de religión, posiblemente la más importante del siglo XX, que como una forma de sistema político ateísta.

El libro ha sido aclamado por su punto de vista original sobre la historia de la Revolución, pero también por la luz que arroja sobre la Rusia contemporánea.

A pesar de todo esto, Ryklin es aún desconocido en el mundo anglosajón —N. del T.; y en el de habla hispana—. Su artículo para New Humanist publicado en enero es su primera impresión en inglés, prueba posiblemente del océano que aún separa el mundo anglófono del resto de Europa como una cortina de hierro. Ryklin de hecho no tiene aún editorial para ser publicado en el Reino Unido ni en los Estados Unidos. Decido entonces charlar directamente con él, quien habla un inglés cuidadoso pero asombrosamente elegante y preciso.

Después de desplazarme a Berlín, donde vive en algo a lo que llama «semi exilio» —vuelve a Moscú a menudo para visitar a su familia pero no se siente bienvenido— decidimos comentar los elementos centrales del libro, un diagnóstico del intenso periodo de Comunismo religioso que él data entre 1917 y 1939 y sus implicaciones para entender la Rusia actual.

Empezamos con la idea de Ryklin del Comunismo como una forma de religión. No es una idea completamente nueva. ¿Qué le ha hecho pensar que aún le queda recorrido a esa perspectiva? «Es cierto» concede «que la idea no es completamete nueva. Pero lo que yo digo es diferente de lo que se ha dicho antes. El Comunismo ha sido tratado por autores como Raymond Aron y otros alemanes como una especie de sustituto de la religión, una pseudo religión, o incluso una parodia. Conceden un parecido con la religión pero no más que eso. Lo que yo argumento, por otro lado, es que el Comunismo era realmente una religión, y seguramente la más importante religión del siglo XX». Pero, ¿cómo puede ser realmente una religión sin tener dios? «Es cierto, y es precisamente esta característica la que atrajo a tantos intelectuales hacia el Comunismo. Habiendo crecido en tradiciones monoteístas, muchos de estos intelectuales llegaron a Rusia tras la Revolución de 1917 fascinados por la idea de que la vida de un país transcurriese sin un dios. Veían la Revolución como el acontecimiento que resolvería el puzzle de la historia».

«Pero en el corazón del Comunismo late una paradoja, la de que renunciar a un dios es de hecho el artículo fundacional de su fe. En la orgullosa creencia de haberse desplazado del reino de dios y de la fe hacia el reino de las leyes científicas de la historia, los revolucionarios y quienes les apoyaban se revelaban en realidad como auténticos creyentes.»

«Y aquí es donde necesitamos ser capaces de apartarnos de las categorías conlas que hemos crecido. Por supuesto hay diferentes definiciones de religión. Ningún cristiano, ni ningún monoteísta, aceptará la definición del Comunismo como religión porque para ellos la presencia de Dios es la raíz de la definición de cualquier religión. Pero sólo las religiones basadas en la Biblia, el Cristianismo, el Judaísmo y el Islam, que comparten un origen común en el Antiguo Testamento, ponen un énfasis tal en la idea de Dios. No lo hacen los budistas, por ejemplo, para quienes un dios no es tan importante, o es incluso un elemento secundario en la religión, y ocurre lo mismo en otros sistemas religiosos.»

«Hay una definición científica y sociológica de religión que es muy diferente. Este punto de vista —expresado en el trabajo de Émile Durkheim o Max Weber y en el de otros antropólogos— define a la religión como una especie de experiencia totalizadora, algo por lo que la gente está preparada para sacrificarlo todo y que le da sentido a su vida entera. Según esta definición desde luego el Comunismo es religión. Para millones de personas el sentido de sus vidas fue el Comunismo como con junto de creencias. El Comunismo era una religión real.»

El libro de Ryklin se fija en los escritos de seis intelectuales europeos —Bertrand Russell, Walter Benjamin, André Gide, Arthur Koestler, Lion Feuchtwanger y Bertold Brecht— que viajaron a Moscú con grandes esperanzas en la Revolución. Tomados juntos, esos textos forman un género en sí mismos, llamado «returnee literature» por el teórico francés —y profesor de Ryklin— Jacques Derrida. Todos ellos visitaron Moscú entre la Revolución de Octubre de 1917 y 1939, momento en el que según Ryklin comenzó a expirar la era religiosa del Comunismo soviético tras la decepción por el pacto entre Stalin y Hitler.

¿Por qué un autor ruso se fija en extranjeros para conseguir pistas sobre la lógica que yace bajo el Comunismo? «La experiencia de estos escritores fue tan inusual, tan sorprendente, que tiene sentido registrarla como un género separado. Registran una especie de éxodo a la Meca de la Revolución, sus percepciones en tiempo real de lo que estaba sucediendo y sus dudas, en una época de pérdida de la inocencia y de grandes desengaños tras el periodo totalitario. Tras 1939 no encontramos ya textos tan religiosamente inspirados en la experiencia soviética. Me interesó mucho saber por qué tan diversos autores peregrinaron a Moscú y escribieron textos tan inspiradores sobre los logros de la Revolución y su futuro. ¿Cómo explicamos esta exhaltación? Esa era mi pregunta inicial».

Tomando a los autores en el orden en el que visitaron Moscú, Ryklin se encuentra primero con el gran filósofo racionalista británico Bertrand Russell, quien viajó con una delegación de la Unión de Comercio a Moscú en 1920, dos años antes de nacer la Unión Soviética. Se reunió con Lenin y cuando volvió a su país escribió su clásico tratado Teoría y Práctica del Bolchevismo. «Russell estaba identificado con la desilusión generalizada con el capitalismo tras la Primera Guerra Mundial. Estaban enfadados y creían que el estado de las cosas tenía que cambiar radicalmente. Russell admiraba sinceramente el giro radical en Rusia. Escribió que la Revolución Bolchevique podría acabar siendo más importante que la Revolución Francesa y creía que el orden social ruso estaba tan podrido que realmente merecía ser abolido. Lo que no aceptaba era la violencia. Era alquien que no pensaba que por medio de la violencia pudiese llegar la justicia y éste era su principal argumento contra el Bolchevismo».

Russell fue también uno de los primeros comentaristas en notar la fe debajo del núcleo de la Revolución. «Russell era un gran crítico de la religión militarizada, y comparaba el Bolchevismo con el Islam. Como científico, matemático y lógico, Russell veía más alla de la proclamación de que los revolucionarios seguían leyes científicas».

«Fue uno de los primeros en decir que Lenin era un tipo que se pretendía científico y que pesumía de actuar siguiendo las leyes de la historia, pero que en él no veía ninguna traza de ciencia. Eran, para Russell, creyentes, fundamentalistas y fanáticos. Afirmaba ver algo interesante en su fanatismo, pero nada que ver con las leyes de la historia, que para Russell estaban subordinadas a la ciencia como único método de análisis. Desde el principio entendió que era un problema de religión y no un problema de ciencia.»

Si Russell puso el ojo racionalista en la Revolución, el siguiente testigo de Ryklin era declaradamente romántico. En contraste con el frío empirismo anglosajón de Russell, el periodista y teórico social alemán Walter Benjamin gustaba del misticismo y de la especulación histórica. Viajó a Moscú en 1926, en pleno auge de la Revolución. Llegó a la ciudad convencido de alistarse al partido y comprometerse con la causa soviética. Pero, como sucede en las historias de amor, con la familiaridad se perdió la pasión, y cuanto más aprendió Benjamin del sistema soviético, más dejaba de fascinarle, como recordó en su Diario de Moscú. «Estaba muy decepcionado» cuenta Ryklin. «Quería encontrar un lugar para él mismo como periodista o como intelectual independiente. Quería ser el corresponsal europeo de una revista de Moscú y necesitaba dinero porque su familia había perdido su fortuna durante la enorme inflacción en Alemania en los años 20. Pero el sistema revolucionario era demasiado rígido, y las exigencias sobre sus compañeros de viaje demasiado altas. Su talento, el que le hizo uno de los mejores periodistas alemanes, allí nadie lo necesitaba».

«La Revolución quería propagandistas, no intelectuales independientes con ideas propias. Lentamente entendió que no había lugar para su proyecto en Rusia. Fue una crisis personal. Su Diario de Moscú es un documento ambiguo. Vemos lo que le inspiró y lo que más tarde le desengañó. Aunque seguía desengañado cuando volvió a Alemania, siguió escribiendo que era necesario viajar a Moscú para quien qisiera entender Europa. Cuando volvió a Berlín declaró que su óptica hubo cambiado. “He empezado” escribió “a ver la ciudad en la que he nacido con otros ojos”.»

En contraste a la experiencia ajena de Russell y Benjamin, el autor húngaro Arthur Koestler era alguien de dentro, habiéndose unido al partido comunista mientras vivía en Berlín en 1931. Era leal al partido y podría haber incluso trabajado para la policía secreta rusa, la NKVD. Viajó en múltiples ocasiones a Rusia durante los tempranos años 30, recopilando material para un libro. En contraste con el desengaño de Benjamin, a Koestler le fascinó recibir continuamente dinero para un libro que aún tenía que escribir, habiendo sido identificado como un miembro útil en potencia para la propaganda. Koestler volvió a Alemania y, por lo que Ryklin ha averiguado, pudo haber escrito un libro en el que se vanagloriaba el brillo de la superioridad soviética, que habría sido publicado sólo en Alemania, o incluso nunca haber sido escrito.

Ryklin ha encontrado registros de pagos hechos a Koestler en concepto de derechos de traducción al ucraniano, al georgiano y a otras lenguas, una evidencia de la forma en la que el estado soviético premiaba a sus propagandistas. Contra el caso de Russell y Benjamin, la decepción de Koestler con el Comunismo no llegó durante su estancia en Rusia sino más tarde, en España durante la Guerra Civil. «Koestler vio cómo los agentes soviéticos ejecutaban a anarquistas y a otros hombres de izquierdas, y su fe se vio derrumbada por esta experiencia. Dos de sus amigos, quienes vivían en la Unión Soviética, fueron arrestados y tuvo que escribir una carta para que fuesen liberados. Lo fueron, pero el hecho de que al menos una vez dudara de los métodos de la policía secreta fueron el principio del fin».

«Hizo una lectura en París en la que denunciaba la idea Comunista de que el estado debía controlar a sus ciudadamos. Argumentó que la gente debía estar autorizada a pensar libremente. Esto era completamente inaceptable y fue expulsado del partido. La gota que colmó el vaso fue el pacto entre nazis y soviéticos en 1939 y los juicios a antiguos revolucionarios, sobre los que escribió tan dramáticamente en su novela Oscuridad a Medianoche. La importancia del testimonio de Koestler para Ryklin es la forma en la que es capaz de escribir sobre su enamoramiento y su desencanto desde dentro. Es capaz de narrar la fe ciega del revolucionario, habiendo él mismo estado ciego. Su perspectiva es la del apóstata.

«Koestler escribe que entendió la naturaleza religiosa del comunismo después de abandonarlo. Dice que la condición previa para ser un creyente comunista es verse a sí mismo como no religioso. Entiendes la naturaleza religiosa de tu creencia después de abandonarla. Durante el acto de fe, en cambio, te ves a ti mismo como simplemente ayudando a la inevitable lógica de las leyes de la historia.»

Como contrapartida a Koestler el apóstata —quien dedicó el resto de sus días a una pública oposición al Comunismo— tenemos al radical autor alemán Bertol Brecht, quien acompaño el viaje toda su vida. Ryklin se fija en Brecht para arrojar luz sobre la forma en la que el Comunismo como creencia era lo suficientemente poderoso como para cegar a sus seguidores ante las inconsistencias y las atrocidades del estalinismo. Incluso tras haberlas sufrido sus amigos o incluso ellos mismos. Brecht es un caso de estudio de devoción ciega. Aunque sus diarios privados contienen cierta crítica al sistema soviético, en público nunca fue nada menos que completamente leal. Creía que cualquier sistema capaz de haber apartado el concepto de propiedad privada era por definición superior a las democracias burguesas que permitían o incluso animaban a la desigualdad económica. «Ã‰ste» cuenta Ryklin «es un artículo de fe del que nunca dudó. Fue creyente ciego en la Revolución para siempre por este motivo».

Se las arregló para aferrarse a su fe a pesar de los cada vez más evidentes excesos del régimen soviético. Aún después de que su gran amigo, el traductor Sergei Tretyakov fuese arrestado en 1937 —se arrojó por las escaleras en prisión como acto final de rebeldía— o de que Carola Neher, su actriz favorita, fuese enviada a un campo de trabajos forzados donde murió, Brecht permaneció siempre leal. Fue alabado en Moscú y utilizado por los propagandistas a la menor oportunidad. Entre las fuentes de Ryklin, Brecht es la que más le hubo debido a la Revolución en términos de impacto en su trabajo. Su estilo y sus puntos de vista cambiaron por completo tras la Revolución y, junto con el cineasta Sergei Eisenstein, fue el encargado de traducir el temprano estilo revolucionario de 1917 hacia el modernismo de los años 20.

El principio Brechtiano de que las audiencias están para incomodarlas, de que la identificación con la audiencia y la trama convencional pueden ser sacrificadas con el objetivo desafiante de presentar relaciones sociales objetivas, estaba inspirado, pero también pagado, por el espíritu transformador de la Revolución. Pero la historia, en vez de seguir las leyes de la inevitabilidad, decidió seguir siendo un puzzle. En 1932 Stalin editó su notable decreto sobre La Reconstrucción de las Organizaciones Artísticas y Literarias que declaró que el modernismo experimental era burgués y decadente e instauró el realismo soviético —neoclásico, heróico, representacional, optimista sin críticas— como la estética oficial del estalinismo. Una forma de arte que inspiraba a su gente y supuestamente iba por delante de la avalancha utópica comunista.

Así que mientras que Brecht promocionaba el estalinismo por toda Europa, y recibía premios del pripio Stalin —Como el Premio de la Paz en 1955— sus obras no fueron representadas hasta finales de los 70 y los 80, consideradas por el dogma oficial como anti revolucionarias.

Aún con Brecht aferrado al dogma como el más ferviente seguidor religioso, Ryklin insiste en que para 1939 la fase religiosa del Comunismo ruso había finalizado, y la fe era reemplazada por el terror. Mientras que el estalinismo seguía usando imaginería religiosa —culto a la imagen, adoración de santuarios públicos como la tumba de Lenin, el desfile del Día de la Revolución, todos elementos religiosos— la devoción de la gente era cada vez menos importantes. Una de las razones por las que la devoción a la Revolución se desvanecía era que para 1939 Stalin había ya asesinado a todos y cada uno de los apóstoles iniciales de la Revolución. Otro motivo era la nueva organización de la sociedad soviética. «El estalinismo» cuenta Ryklin «no confía en la fe sino en el control. La igualdad en las primeras fases fue sustituida por una estricta jerarquía de comités, policía secreta, espías. Todo diseñado para el control de la sociedad. Stalin lo llamaba vigilancia revolucionaria. Donde la posibilidad de denuncia es universal, se pierde la fe en la revolución, en los vecinos, y en uno mismo».

Para Ryklin el legado permanece en la Rusia contemporánea. Con la caída de la Unión Soviética, Rusia ha atravesado una reevaluación de su propia historia, y ha llegado a conclusiones sorprendentes y para Ryklin preocupantes. «Lenin ya no tiene influencia en la sociedad rusa. Ha sido declarado enemigo de la religión, y eso significa enemigo de rusia, auténtico ateo, persona peligrosa, terrorista. Stalin, por otro lado, es visto como alguien que nunca estuvo decididamente contra la Iglesia Ortodoxa. No hay prueba histórica de esto, sólo el deseo de ver a Stalin de esa forma. Se le reconoce el político más influyente de la historia rusa, instrumental para la derrota de los nazis, el evento más importante del siglo pasado para los rusos. El pacto está olvidado, a los asesinos de masas se les perdonó como parte del proceso de modernización que debía prepararles para la guerra, explicada como algo necesario. Lenin es ahora el chivo expiatorio. Stalin está más limpio que nunca».

Para Ryklin una nueva forma de creencia nace en Rusia, mezclando el Cristianismo Ortodoxo con el nacionalismo ruso y el culto a la personalidad de Stalin. En lugar de creer en la superioridad del socialismo ahora se cree en lo excepcional de Rusia, y en un uso paranoico de la idea estalinista de la «denuncia universal» que sirve para ver a cualquier otro país como enemigo. «Hay mitos que todavía millones de rusos creen» dice Ryklin con cierto desánimo. «Piensan que el resto del mundo odia a Rusia porque Rusia es buena, y el resto del mundo es malo».

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Sábado, 6 de Junio de 2009

El Papa o la auténtica utilidad del condón en la lucha contra el SIDA

Jueves, 4 de Junio de 2009

David Attenborough es premio Príncipe de Asturias

Es un placer poder anunciar noticias así prácticamente según se producen. El naturalista británico David Attenborough se hará este mediodía con el Premio Príncipe de Asturias de las Ciencias Sociales 2009 que se falla este jueves en Oviedo, según han confirmado fuentes próximas a la organización. Attenborough, que nació en Londres en 1926, es uno de los divulgadores científicos de la naturaleza más conocidos de la televisión mundial, y sus trabajos están considerados como pioneros en los documentales que ha llevado a cabo en un medio para el que ha escrito y presentado casi una decena de series. Para Richard Dawkins, Attenborough es «el hombre vivo más respetado de la Gran Bretaña».

Un nuevo motivo para darle a los Premios Príncipe de Asturias la misma importancia que para mí merecen los Premios Nobel, o incluso más. Carecen al menos del currículo de personajes deplorables merecedores del Nobel de la Paz que han hecho tristemente célebres en ocasiones a los de la Academia Sueca.

Visto en RTVE.es.

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Interpretando metafóricamente la Biblia cuando interesa

«Â¡Bienvenido al paraíso! Aquí pasarás toda una eternidad de gozos y satisfacciones a mi lado.»

«Â¡Estoy tan excitado! He llevado una vida muy Cristiana.»

«Sólo tengo unas cuantas preguntas para cualificarte y que puedas entrar. Primero, ¿rechazas cualquier evidencia que contradiga a la Biblia en los siguientes campos de estudio?»

«Antropología, Arqueología, Astronomía, Astrofísica, Biología, Botánica, Química, Cosmología, Ecología, Embriología, Entomología, Evolución, Genética, Geología, Herpetología, Matemáticas, Paleontología, Tectónica de Placas, Fechado Radiométrico, Zoología.»

«Â¡SÍ!»

«Â¡Bien! Sobre la pregunta dos; basándonos en las enseñanzas de la Biblia, ¿aceptas todo esto como hechos? Serpientes que hablan.»

«Sí, Génesis 3:1.»

«Â¿Monos que hablan?»

«Sí, Números 22:28.»

«Â¿Dioses que impregnan a humanos?»

«Â¡Por supuesto!»

«Â¿Unicornios?»

«Números 23:22.»

«Â¿Dragones?»

«Â¡Seguro! Deuteronomio, Job, Salmos, Isaías, Jeremías, todos ellos hablan de dragones.»

«Â¿Y sobre cerdos suicidas poseídos por el demonio saltando desde colinas?»

«Está escrito en Marcos 5:13, 50, creo…»

«Finalmente, ¿has hecho lo ordenado y has vendido todas y cada una de tus posesiones para darle el dinero a los pobres?»

«Bien, yo… Espera, ¿hacer qué?»

«Uhm… Sí, Lucas 14:26-33 y Lucas 18:18-22. Por el amor de Pedro, ¡lo he dicho dos veces! Tienes que vender todo lo que posees para poder heredar la vida eterna.»

«De verdad, PENSÉ QUE ESO SE DECÍA METAFÓRICAMENTE.»

Visto en Russell’s Teapot.

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El viaje de Darwin por la BBC

Miercoles, 3 de Junio de 2009

El cristianismo según Gore Vidal

«Desde el principio los cristianos trataron de aliviar los temores del hombre ante la muerte. Sin embargo, todavía no han encontrado la forma de poner en libertad ese elemento que hay en cada uno de nosotros y que exige la comunión con el Uno. Nuestros misterios logran ese objetivo y esa es la razón de que sean el objeto de la envidia de los cristianos y de su duradero rencor. Ahora bien, estoy totalmente dispuesto a aceptar que el cristianismo es una de las formas del conocimiento. Pero no es la única forma, como ellos dicen. Si lo fuese, ¿por qué están tan ansiosos por tomar cosas prestadas de nosotros? Lo que más me perturba es su extraña desesperanza respecto de esta vida y el exagerado énfasis que ponen en la próxima, Por supuesto, la eternidad es más larga que el breve periodo de vida humana, pero vivir continuamente con la idea de la eternidad es limitar el espíritu y hacer al hombre infeliz en su vida cotidiana, puesto que su mirada nunca debe dirigirse a este mundo encantador, sino a la oscura puerta a través de la cual uno deberá pasar algún día. Los cristianos piensan tanto en la muerte como los antiguos egipcios y todavía no han encontrado quien, incluido mi querido y antiguo alumno Basilio, haya extraído de su religión ese sentimiento de gozo y liberación, de unidad con la creación y deleite en lo creado, que un hombre recibe tras haber pasado por aquellas noches y días de Eleusis. Es la mezquindad de los sentimientos cristianos lo que me desconcierta, su rechazo de este mundo por otro que es —por decirlo con tacto— no del todo seguro. Es preciso oponerse a ellos por su arrogancia intelectual, que a menudo parece locura. Se nos dice que sólo existe un camino, una revelación, la de ellos. En ninguna parte de sus diatrivas y prevenciones puede uno encontrar la modestia de la sabiduría de un Platón o el mundo pristino de carne y espíritu que canta Homero. Desde el comienzo, las maldiciones y quejas han sido características del estilo cristiano, heredado de los judíos, cuya disciplina humana e intelectual es tan admirable como su constante amargura es limitadora y esterilizadora.» —Gore Vidal, Juliano el Apóstata

Libanio explica lo que es el cristianismo para Juliano, el César pagano. Las suspicacias paganas hacia el cristianismo coinciden con las de ateos y humanistas. Sólo que nosotros no necesitamos dioses paganos. La ciencia es nuestra Eleusis.

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La Virgen María es la polla

Supongo que no tengo otro remedio que dedicárselo a Prometeo, a quien molestándole un poco estas cosas no deja de ser uno de los comentaristas más fieles de este blog, algo que le agradezco de una forma que probablemente ni imagina. ;)

Visto en LOL god.

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El club más exclusivo del mundo

«El club más exclusivo del mundo»

«NO SE ACEPTA A NADIE»

«Â¡Nadie ha conseguido entrar todavía!»

Viñeta de Wulffmorgenthaler.com.

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Martes, 2 de Junio de 2009

Matar a Buda, reflexiones sobre el Budismo

«Mata a Buda» decía el viejo adagio Zen. «Mata el Budismo» sugiere Sam Harris, quien argumenta que la filosofía y las prácticas sugeridas por el Budismo beneficiarían a mucha más gente si no fuesen presentadas como una religión.

Sam Harris

Se dice que el maestro Budista nacido el siglo IX de nuestra era, Lin Chi, dijo en una ocasión «si te encuentras con Buda en tu camino, mátalo». Como muchas de las enseñanzas Zen, esto no parece ni de lejos una sugerencia amable. Pero contiene un punto valioso: Convertir a Buda en un fetiche religioso es perder gran parte de la esencia de sus enseñanzas. Al considerar qué puede ofrecer el Budismo en este siglo XXI, propongo que nos tomemos la provocación de Lin Chi muy seriamente. Como estudiantes de Buda, deberíamos quizá ignorar el Budismo.

No pretendo sugerir que el Budismo no tiene nada que ofrecerle al mundo. Desde luego es posible argumentar que la tradición Budista, considerada como un todo, prepresenta la más rica fuente de sabiduría contemplativa que cualquier civilización ha producido. En un mundo durante tanto tiempo mediatizado por una lucha fratricida entre religiones basadas en un Dios en el cielo, la ascendencia de la sabiduría Budista debería ser bienvenida como un indudable avance. Pero esto no va a ocurrir. No hay razón para pensar que el Budismo va a competir con éxito con la incansable evangelización que Cristianismo e Islam llevan a cabo. Pero tampoco debería intentarlo.

La sabiduría de Buda se encuentra hoy en día atrapada por la religión Budista. Incluso en Occidente, donde científicos y contemplativos Budistas colaboran en el estudio de los efectos de la meditación en el cerebro, el Budismo sigue siendo un asunto meramente parroquial. Mientras que podría ser justo decir —tal y como muchos practicantes del Budismo alegan— que el Budismo no es en sí mismo una religión, muchos Budistas a lo largo del mundo lo practican como tal, en la misma forma ingenua y supersticiosa en la que todas las religiones son practicadas. No hace falta decir que cualquier no-Budista sí ve al Budismo como una religión y, lo que es peor, están convencidos de que es la religión equivocada.

Hablar sobre Budismo inevitablemente sirve para impartir una falsa visión de las enseñanzas de Buda. Así que, mientras nuestro discurso se defina como Budista, nos aseguramos de que la sabiduría de Buda no pueda hacer nada para ayudar al desarrollo de la civilización en el siglo veintiuno.

Peor aún, la continua identificación de los seguidores de Buda con el Budismo le da un apoyo tácito a la división religiosa en el mundo. En este punto de nuestra historia, esto resulta tanto moralmente como intelectualmente indefendible. Especialmente entre los más afluentes y mejor educados occidentales, sobre los que recae la mayor responsabilidad por la difusión de este tipo de ideas.

Es cierto que muchos representantes del Budismo, en particular el Dalai Lama, trabajan constantemente para enriquecer su punto de vista sobre el mundo a través del diálogo con la ciencia moderna. Pero el hecho de que el Dalai Lama se reúna habitualmente con científicos occidentales para discutir sobre la naturaleza de la mente humana, no quiere decir que el Budismo, o el Budismo Tibetano, o los propios puntos de vista del Dalai Lama, no estén contaminados por el dogmatismo religioso. De hecho, hay ideas en el Budismo tan increibles como para reducir el digma Cristiano del nacimiento de Jesús de una virgen plausible en comparación. A nadie le sirven unas nociones tan arcanas para darle una explicación evolutiva a la naturaleza de la mente humana. Entre Budistas Occidentales, están algunos educados en nuestras escuelas que aparentemente creen realmente que el Gurú Rinpoche nació del vientre de una flor de loto. No es el tipo de desarrollo espiritual que nuestra civilización ha estado anhelando durante siglos.

El hecho es que una persona pueda abrazar las enseñanzas de Buda e incluso convertirse en un convencido contemplativo Budista —de alguna forma, un Buda— sin creer en nada basándose en evicencias insuficientes. Algo que no puede necesariamente decirse de otras religiones basadas en la fe. El Budismo se parece a la ciencia de alguna forma. Uno parte de la hipótesis de que empleando su capacidad de atención de la forma prescrita —la meditación— y comprometiéndose o evitando ciertos comportamientos —la ética— obtendrá el resultado anhelado —sabiduría y bienestar psicológico—. Este espíritu empírico anima a los Budistas de una forma incomparable. Por esto, la metodología Budista, desprovista de banalidades religiosas, podría ser uno de nuestros mejores recursos para desarrollar un entendimiento científico de la subjetividad humana.

Doctrinas religiosas han balcanizado nuestro mundo en separadas comunidades morales, y estas divisiones han resultado ser una fuente continua de derramamientos de sangre. De hecho, la religión sigue siendo la misma fuente de violencia hoy en día que lo ha sido en el pasado. Conflictos recientes en Palestina —Judíos contra Musulmanes—, los Balcanes —Ortodoxos serbios contra Católicos croatas, Ortodoxos serbios contra Musulmanes bosnios y albanos—, Irlanda del Norte —Protestantes contra Católicos—, Cachemira —Musulmanes contra Hindúes—, Sudán —Musulmanes contra Cristianos y Animistas—, Nigeria —Musulmanes contra Cristianos—, Etiopía y Eritrea —Musulmanes contra Cristianos—, Sri Lanka —Budistas contra Hindúes—, Indonesia —Musulmanes contra Cristianos—, Iran e Irak —Chiítas contra Sunníes— y el Cáucaso —Ortodoxos rusos contra Musulmanes chechenos, Musulmanes azerbayanos contra armenios Católicos y Ortodoxos— son buenos ejemplos. Se trata de lugares en los que la religión es causa explícita de literalmente millones de muertes durante las pasadas décadas.

¿Por qué la religión es una fuente de violencia tan poderosa? No hay probablemente otra esfera de discurso donde los seres humanos articulen sus diferencias entre ellos de forma tan intensa, o interpreten dichas diferencias en forma de recompensas o castigos. La religión es un ámbito de discurso en el que el pensamiento nosotros/ellos tiene un significado trascendente. Si realmente crees que referirte a Dios utilizando el nombre correcto te supondrá la diferencia entre la felicidad eterna y el tormento, es hasta cierto punto razonable que estés dispuesto a tratar a los herejes y a los no-creyentes de una forma incorrecta. Así, las consecuencias de la diferencia religiosa llegan mucho más lejos que las nacidas del tribalismo, el racismo o la política.

La religión es también el único ámbito del discurso humano en el que la gente está sistemáticamente protegida de la obligación de mostrar evidencias en defensa de creencias mantenidas fuertemente. Aún así, estas creencias determinan por lo que vivir, por lo que morir y, en demasiadas ocasiones, por lo que matar. Se trata de un problema por que, cuando la apuesta es elevada, el ser humano tiene la elección sencilla entre conversación y violencia. O, a nivel de sociedad, entre la conversación y la guerra. Nada como un anhelo fundamental de ser razonable y de que nuestras creencias sobre el mundo puedan ser revisadas utilizando nuevas evidencias y nuevos argumentos para garantizar que podamos seguir hablando los unos con los otros. La certidumbre sin evidencias de forma necesaria nos divide y nos deshumaniza.

Así que uno de los mayores desafíos de la civilización en este siglo veintiuno es que por fin los seres humanos aprendan a hablar sobre sus elecciones personales más profundas, sobre ética, sobre experiencia espiritual y sobre lo inevitable del sufrimiento humano, de una forma que no sea radicalmente irracional. Y nada se opone a este proyecto de una forma más poderosa que el respeto que le concedemos a la fe religiosa. Mientras que no hay garantías de que dos personas racionales estén siempre de acuerdo, sí las hay de que a dos personas irracionales les separen sus dogmas.

Me parece improbable que podamos superar las divisiones actuales simplemente multiplicando ocasiones para el diálogo entre creencias. El juego de la civilización no puede ser la mutua tolerancia entre irracionalidades patentes. Aunque todas las partes del discurso ecuménico y religioso estén de acuerdo en tratar con amabilidad los temas donde sus puntos de vista sobre el mundo irremediablemente colisionan, esos temas seguirán siendo por siempre fuentes de intolerancia entre sus correligionarios. La corrección política simplemente no garantiza una base duradera para la cooperación humana. Para que las guerras por religión nos resulten tan incomprensibles como ya nos resultan la esclavitudo o el canibalismo, sólo hay que desprenderse del dogma religioso.

Lo que el mundo necesita en este momento son medios de convencer a los humanos de que el conjunto de las especies sobre el planeta son su comunidad moral. Para esto es necesaria una forma no sectaria de hablar sobre el conjunto de experiencias y aspiraciones humanas. Necesitamos un discurso sobre la ética y la espiritualidad que no se vea limitado por el dogma y los prejuicios culturales, tal y como el discurso científico lleva siglos siendo. Lo que necesitamos, de hecho, es una ciencia contemplativa, una aproximación moderna a la cuestión de buscar el alcance real del bienestar psicológico. Y no vamos a desarrollar dicha ciencia inventándonos un Budismo Americano, un Budismo Occidental, o un Budismo Comprometido.

Si la metodología Budista —preceptos éticos, meditación— nos descubre verdades sobre la mente y los fenómenos del mundo —verdades como el vacío, la autocontemplación y la impermanencia—, estas verdades no son patrimonio del Budismo. Sin duda, cualquier practicante mínimamente serio de la meditación se dará cuenta de esto, mientras que muchos Budistas no lo hacen. Consecuentemente, incluso si una persona es plenamente conocedora de las técnicas meditativas descritas en la literatura Budista, identificarle como un Budista sólo servirá para confundir a otros.

Hay una razón por la que no hablamos de física Cristiana o de álgebra Musulmana, a pesar de que los Cristianos inventaron la física que conocemos y los Musulmanes inventaron el álgebra. Hoy en día, cualquiera que le diese importancia al origen Cristiano de la física o a las raíces Musulmanas del álgebra inmediatamente sería considerado un ignorante sobre dichas disciplinas. De la misma forma, una vez que le demos una explicación científica a los fenómenos contemplativos, dicha explicación trascenderá cualquier asociación religiosa. Cuando esta revolución conceptual tenga lugar, hablar de meditación Budista será equivalente a no haber asimilado los cambios en nuestro entendimiento de la mente humana.

Aún no está definido claramente qué es ser humano, dado que cualquier faceta de nuestra cultura o incluso de nuestra biología sigue abierta a la innovación y a un nuevo entendimiento. No sabemos cómo seremos dentro de mil años —o simplemente si seremos, dado lo absurdamente letal de muchas de nuestras creencias— pero sean cuales sean los cambios que nos esperan, hay algo que probablemente no va a cambiar; la diferencia entre sufrimiento y felicidad va a seguir siendo lo más importante para nosotros. Querremos así entender todos los procesos —bioquímicos, éticos, políticos, económicos, espirituales, etc.— que suponen dicha diferencia. Estamos lejos de tener un entendimiento definitivo de dichos procesos, pero sí sabemos lo suficiente para desprendernos de muchos malentendidos decisivos. De hecho ya sabemos lo suficiente para afirmar que el Dios de Abraham no es sólo indigno de la inmensidad del Universo. Es incluso indigno del hombre.

Hay mucho aún por descubrir sobre la naturaleza de la mente humana. En particular falta mucho por aprender sobre cómo convertir un instrumento que sirve para la codicia, el odio y la desilusión en una fuente de sabiduría y compasión. Los estudiosos de Buda están en una mejor posición para este nuevo entendimiento. Pero la religión Budista se les opone.

El ensayo original está en formato PDF.

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Viernes, 29 de Mayo de 2009

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16 colombianos intelectualmente reconocidos nos cuentan por qué no creen en Dios en un nuevo libro titulado Manual de Ateología. Los participantes son María Jimena Duzán, Héctor Abad, Eduardo Arias, Felipe Zuleta, Humberto de la Calle, Alejandro Gaviria, Gustavo Álvarez Gardeazabal y Florence Thomas, entre otros. El compendio está a cargo de José Manuel Acevedo, un joven de 23 años que dirige desde diciembre pasado Tierra Firme Editores, la editorial fundada en 1985 por Tito Livio Caldas y Germán Arciniegas. «Un respetuoso desafío intelectual para los creyentes y un faro luminoso para los ateos, que encontrarán el tema abordado desde diferentes perspectivas».

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Lunes, 25 de Mayo de 2009

La tortura ayer y hoy

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Domingo, 24 de Mayo de 2009

Tu galaxia como nunca la has visto

La Texas Star Party es una de las reuniones anuales de astrónomos aficionados más numerosas de los Estados Unidos y seguramente del mundo. Durante la última edición de 2009, William Castleman nos ha dejado un documento difícilmente superable. Se trata de un videoclip acelerado del cielo nocturno sobre el evento celebrado en Fort Davis. Aparece justo antes del amanecer el núcleo galáctico de nuestra Vía Láctea de forma descaradamente visible. William ha utilizado un objetivo Ojo de Pez de 15 mm. con apertura f/2.8 sobre una Canon EOS-5D modificada. La resolución del videoclip es de 15 frames por segundo, donde cada uno de ellos es una exposición de 20 segundos durante un minuto de acción.

Galactic Center of Milky Way Rises over Texas Star Party from William Castleman on Vimeo.

Guárdatelo para la próxima vez que te creas algo.

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