{"id":115,"date":"2006-06-13T15:57:00","date_gmt":"2006-06-13T13:57:00","guid":{"rendered":"tag:blogger.com,1999:blog-14696158.post-115021256384783951"},"modified":"2007-02-17T06:09:32","modified_gmt":"2007-02-17T05:09:32","slug":"el-evangelio-segun-marcos","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/razonatea.blogspot.com\/2006\/06\/el-evangelio-segn-marcos.html","title":{"rendered":"El evangelio seg\u00c3\u00ban Marcos"},"content":{"rendered":"<p  class=\"MsoNormal\">\u00c2\u00a9 <span >Jorge Luis Borges<\/span><a onblur=\"try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}\" href=\"http:\/\/photos1.blogger.com\/blogger\/4365\/1338\/1600\/borges.jpg\"><img  src=\"http:\/\/photos1.blogger.com\/blogger\/4365\/1338\/400\/borges.jpg\" alt=\"\" border=\"0\" \/><\/a><\/p> <br \/><span >El hecho sucedi\u00c3\u00b3 en la estancia Los \u00c3\u0081lamos, en el partido de Jun\u00c3\u00adn, hacia el sur, en los \u00c3\u00baltimos d\u00c3\u00adas del mes de marzo de 1928. Su protagonista fue un estudiante de medicina, Baltasar Espinosa. Podemos definirlo por ahora como uno de tantos muchachos porte\u00c3\u00b1os, sin otros rasgos dignos de nota que esa facultad oratoria que le hab\u00c3\u00ada hecho merecer m\u00c3\u00a1s de un premio en el colegio ingl\u00c3\u00a9s de Ramos Mej\u00c3\u00ada y que una casi ilimitada bondad. No le gustaba discutir; prefer\u00c3\u00ada que el interlocutor tuviera raz\u00c3\u00b3n y no \u00c3\u00a9l. Aunque los azares del juego le interesaban, era un mal jugador, porque le desagradaba ganar. Su abierta inteligencia era perezosa; a los treinta y tres a\u00c3\u00b1os le faltaba rendir una materia para graduarse, la que m\u00c3\u00a1s lo atra\u00c3\u00ada. Su padre, que era librepensador, como todos los se\u00c3\u00b1ores de su \u00c3\u00a9poca, lo hab\u00c3\u00ada instruido en la doctrina de Herbert Spencer, pero su madre, antes de un viaje a Montevideo, le pidi\u00c3\u00b3 que todas las noches rezara el Padrenuestro e hiciera la se\u00c3\u00b1al de la cruz. A lo largo de los a\u00c3\u00b1os no hab\u00c3\u00ada quebrado nunca esa promesa. No carec\u00c3\u00ada de coraje; una ma\u00c3\u00b1ana hab\u00c3\u00ada cambiado, con m\u00c3\u00a1s indiferencia que ira, dos o tres pu\u00c3\u00b1etazos con un grupo de compa\u00c3\u00b1eros que quer\u00c3\u00adan forzarlo a participar en una huelga universitaria. Abundaba, por esp\u00c3\u00adritu de aquiescencia, en opiniones o h\u00c3\u00a1bitos discutibles: el pa\u00c3\u00ads le importaba menos que el riesgo de que en otras partes creyeran que usamos plumas; veneraba a Francia pero menospreciaba a los franceses; ten\u00c3\u00ada en poco a los americanos, pero aprobaba el hecho de que hubiera rascacielos en Buenos Aires; cre\u00c3\u00ada que los gauchos de la llanura son mejores jinetes que los de las cuchillas o los cerros. Cuando Daniel, su primo, le propuso veranear en Los \u00c3\u0081lamos, dijo inmediatamente que s\u00c3\u00ad, no porque le gustara el campo sino por natural complacencia y porque no busc\u00c3\u00b3 razones v\u00c3\u00a1lidas para decir que no. <\/span> <p >El casco de la estancia era grande y un poco abandonado; las dependencias del capataz, que se llamaba Gutre, estaban muy cerca. Los Gutres eran tres: el padre, el hijo, que era singularmente tosco, y una muchacha de incierta paternidad. Eran altos, fuertes, huesudos, de pelo que tiraba a rojizo y de caras aindiadas. Casi no hablaban. La mujer del capataz hab\u00c3\u00ada muerto hace a\u00c3\u00b1os. <\/p> <p >Espinosa, en el campo, fue aprendiendo cosas que no sab\u00c3\u00ada y que no sospechaba. Por ejemplo, que no hay que galopar cuando uno se est\u00c3\u00a1 acercando a las casas y que nadie sale a andar a caballo sino para cumplir con una tarea. Con el tiempo llegar\u00c3\u00ada a distinguir los p\u00c3\u00a1jaros por el grito. <\/p> <p >A los pocos d\u00c3\u00adas, Daniel tuvo que ausentarse a la capital para cerrar una operaci\u00c3\u00b3n de animales. A lo sumo, el negocio le tomar\u00c3\u00ada una semana. Espinosa, que ya estaba un poco harto de las <i>bonnes fortunes<\/i> de su primo y de su infatigable inter\u00c3\u00a9s por las variaciones de la sastrer\u00c3\u00ada, prefiri\u00c3\u00b3 quedarse en la estancia, con sus libros de texto. El calor apretaba y ni siquiera la noche tra\u00c3\u00ada un alivio. En el alba, los truenos lo despertaron. El viento zamarreaba las casuarinas. Espinosa oy\u00c3\u00b3 las primeras gotas y dio gracias a Dios. El aire fr\u00c3\u00ado vino de golpe. Esa tarde, el Salado se desbord\u00c3\u00b3. <\/p> <p > Al otro d\u00c3\u00ada, Baltasar Espinosa, mirando desde la galer\u00c3\u00ada los campos anegados, pens\u00c3\u00b3 que la met\u00c3\u00a1fora que equipara la pampa con el mar no era, por lo menos esa ma\u00c3\u00b1ana, del todo falsa, aunque Hudson hab\u00c3\u00ada dejado escrito que el mar nos parece m\u00c3\u00a1s grande, porque lo vemos desde la cubierta del barco y no desde el caballo o desde nuestra altura. La lluvia no cejaba; los Gutres, ayudados o incomodados por el pueblero, salvaron buena parte de la hacienda, aunque hubo muchos animales ahogados. Los caminos para llegar a la estancia eran cuatro: a todos los cubrieron las aguas. Al tercer d\u00c3\u00ada, una gotera amenaz\u00c3\u00b3 la casa del capataz; Espinosa les dio una habitaci\u00c3\u00b3n que quedaba en el fondo, al lado del galp\u00c3\u00b3n de las herramientas. La mudanza los fue acercando; com\u00c3\u00adan juntos en el gran comedor. El di\u00c3\u00a1logo resultaba dif\u00c3\u00adcil; los Gutres, que sab\u00c3\u00adan tantas cosas en materia de campo, no sab\u00c3\u00adan explicarlas. Una noche, Espinosa les pregunt\u00c3\u00b3 si la gente guardaba alg\u00c3\u00ban recuerdo de los malones, cuando la comandancia estaba en Jun\u00c3\u00adn. Le dijeron que s\u00c3\u00ad, pero lo mismo hubieran contestado a una pregunta sobre la ejecuci\u00c3\u00b3n de Carlos Primero. Espinosa record\u00c3\u00b3 que su padre sol\u00c3\u00ada decir que casi todos los casos de longevidad que se dan en el campo son casos de mala memoria o de un concepto vago de las fechas. Los gauchos suelen ignorar por igual el a\u00c3\u00b1o en que nacieron y el nombre de quien los engendr\u00c3\u00b3. <\/p> <p >En toda la casa no hab\u00c3\u00ada otros libros que una serie de la revista <i>La Chacra<\/i>, un manual de veterinaria, un ejemplar de lujo del <a href=\"http:\/\/www.bibliotecasvirtuales.com\/biblioteca\/LiteraturaLatinoamericana\/ZorrilladeSanMartin\/Tabare\/index.asp\"><i>Tabar\u00c3\u00a9<\/i>, <\/a>una <i>Historia del Shorthorn en la     Argentina<\/i>, unos cuantos relatos er\u00c3\u00b3ticos o policiales y una novela reciente: <a href=\"http:\/\/www.biblioteca.clarin.com\/pbda\/novela\/segundo_sombra\/segundo_00indice.htm\"><i>Don Segundo Sombra<\/i><\/a>. Espinosa, para distraer de alg\u00c3\u00ban modo la sobremesa inevitable, ley\u00c3\u00b3 un par de cap\u00c3\u00adtulos a los Gutres, que eran analfabetos. Desgraciadamente, el capataz hab\u00c3\u00ada sido tropero y no le pod\u00c3\u00adan importar las andanzas de otro. Dijo que ese trabajo era liviano, que llevaban siempre un carguero con todo lo que se precisa y que, de no haber sido tropero, no habr\u00c3\u00ada llegado nunca hasta la Laguna de G\u00c3\u00b3mez, hasta el Bragado y hasta los campos de los N\u00c3\u00ba\u00c3\u00b1ez, en Chacabuco. En la cocina hab\u00c3\u00ada una guitarra; los peones, antes de los hechos que narro, se sentaban en rueda; alguien la templaba y no llegaba nunca a tocar. Esto se llamaba una guitarreada. <\/p> <p >Espinosa, que se hab\u00c3\u00ada dejado crecer la barba, sol\u00c3\u00ada demorarse ante el espejo para mirar su cara cambiada y sonre\u00c3\u00ada al pensar que en Buenos Aires aburrir\u00c3\u00ada a los muchachos con el relato de la inundaci\u00c3\u00b3n del Salado. Curiosamente, extra\u00c3\u00b1aba lugares a los que no iba nunca y no ir\u00c3\u00ada: una esquina de la calle Cabrera en la que hay un buz\u00c3\u00b3n, unos leones de mamposter\u00c3\u00ada en un port\u00c3\u00b3n de la calle Jujuy, a unas cuadras del Once, un almac\u00c3\u00a9n con piso de baldosa que no sab\u00c3\u00ada muy bien d\u00c3\u00b3nde estaba. En cuanto a sus hermanos y a su padre, ya sabr\u00c3\u00adan por Daniel que estaba aislado -la palabra, etimol\u00c3\u00b3gicamente, era justa- por la creciente.<\/p> <p >Explorando la casa, siempre cercada por las aguas, dio con una Biblia en ingl\u00c3\u00a9s. En las p\u00c3\u00a1ginas finales los Guthrie -tal era su nombre genuino- hab\u00c3\u00adan dejado escrita su historia. Eran oriundos de Inverness, hab\u00c3\u00adan arribado a este continente, sin duda como peones, a principios del siglo diecinueve, y se hab\u00c3\u00adan cruzado con indios. La cr\u00c3\u00b3nica cesaba hacia mil ochocientos setenta y tantos; ya no sab\u00c3\u00adan escribir. Al cabo de unas pocas generaciones hab\u00c3\u00adan olvidado el ingl\u00c3\u00a9s; el castellano, cuando Espinosa los conoci\u00c3\u00b3, les daba trabajo. Carec\u00c3\u00adan de fe, pero en su sangre perduraban, como rastros oscuros, el duro fanatismo del calvinista y las supersticiones del pampa. Espinosa les habl\u00c3\u00b3 de su hallazgo y casi no escucharon. <\/p> <p >Hoje\u00c3\u00b3 el volumen y sus dedos lo abrieron en el comienzo del <a href=\"http:\/\/www.historialago.com\/xto_03105_evang_marcos_01.htm\">Evangelio seg\u00c3\u00ban Marcos<\/a>. Para ejercitarse en la traducci\u00c3\u00b3n y acaso para ver si entend\u00c3\u00adan algo, decidi\u00c3\u00b3 leerles ese texto despu\u00c3\u00a9s de la comida. Le sorprendi\u00c3\u00b3 que lo escucharan con atenci\u00c3\u00b3n y luego con callado inter\u00c3\u00a9s. Acaso la presencia de las letras de oro en la tapa le diera m\u00c3\u00a1s autoridad. Lo llevan en la sangre, pens\u00c3\u00b3. Tambi\u00c3\u00a9n se le ocurri\u00c3\u00b3 que los hombres, a lo largo del tiempo, han repetido siempre dos historias: la de un bajel perdido que busca por los mares mediterr\u00c3\u00a1neos una isla querida, y la de un dios que se hace crucificar en el <a href=\"http:\/\/es.wikipedia.org\/wiki\/G%C3%B3lgota\">G\u00c3\u00b3lgota<\/a>. Record\u00c3\u00b3 las clases de elocuci\u00c3\u00b3n en Ramos Mej\u00c3\u00ada y se pon\u00c3\u00ada de pie para predicar las par\u00c3\u00a1bolas. <\/p> <p >    Los Gutres despachaban la carne asada y las sardinas para no demorar el Evangelio. <\/p> <p >Una corderita que la muchacha mimaba y adornaba con una cintita celeste se lastim\u00c3\u00b3 con un alambrado de p\u00c3\u00baa. Para parar la sangre, quer\u00c3\u00adan ponerle una telara\u00c3\u00b1a; Espinosa la cur\u00c3\u00b3 con unas pastillas. La gratitud que esa curaci\u00c3\u00b3n despert\u00c3\u00b3 no dej\u00c3\u00b3 de asombrarlo. Al principio, hab\u00c3\u00ada desconfiado de los Gutres y hab\u00c3\u00ada escondido en uno de sus libros los doscientos cuarenta pesos que llevaba consigo; ahora, ausente el patr\u00c3\u00b3n, \u00c3\u00a9l hab\u00c3\u00ada tomado su lugar y daba \u00c3\u00b3rdenes t\u00c3\u00admidas, que eran inmediatamente acatadas. Los Gutres lo segu\u00c3\u00adan por las piezas y por el corredor, como si anduvieran perdidos. Mientras le\u00c3\u00ada, not\u00c3\u00b3 que le retiraban las migas que \u00c3\u00a9l hab\u00c3\u00ada dejado sobre la mesa. Una tarde los sorprendi\u00c3\u00b3 hablando de \u00c3\u00a9l con respeto y pocas palabras. Concluido el Evangelio seg\u00c3\u00ban Marcos, quiso leer otro de los tres que faltaban; el padre le pidi\u00c3\u00b3 que repitiera el que ya hab\u00c3\u00ada le\u00c3\u00addo, para entenderlo bien. Espinosa sinti\u00c3\u00b3 que eran como ni\u00c3\u00b1os, a quienes la repetici\u00c3\u00b3n les agrada m\u00c3\u00a1s que la variaci\u00c3\u00b3n o la novedad. Una noche so\u00c3\u00b1\u00c3\u00b3 con el Diluvio, lo cual no es de extra\u00c3\u00b1ar; los martillazos de la fabricaci\u00c3\u00b3n del arca lo despertaron y pens\u00c3\u00b3 que acaso eran truenos. En efecto, la lluvia, que hab\u00c3\u00ada amainado, volvi\u00c3\u00b3 a recrudecer. El fr\u00c3\u00ado era intenso. Le dijeron que el temporal hab\u00c3\u00ada roto el techo del galp\u00c3\u00b3n de las herramientas y que iban a mostr\u00c3\u00a1rselo cuando estuvieran arregladas las vigas. Ya no era un forastero y todos lo trataban con atenci\u00c3\u00b3n y casi lo mimaban. A ninguno le gustaba el caf\u00c3\u00a9, pero hab\u00c3\u00ada siempre un tacita para \u00c3\u00a9l, que colmaban de az\u00c3\u00bacar. <\/p> <p >El temporal ocurri\u00c3\u00b3 un martes. El jueves a la noche lo record\u00c3\u00b3 un golpecito suave en la puerta que, por las dudas, \u00c3\u00a9l siempre cerraba con llave. Se levant\u00c3\u00b3 y abri\u00c3\u00b3: era la muchacha. En la oscuridad no la vio, pero por los pasos not\u00c3\u00b3 que estaba descalza y despu\u00c3\u00a9s, en el lecho, que hab\u00c3\u00ada venido desde el fondo, desnuda. No lo abraz\u00c3\u00b3, no dijo una sola palabra; se tendi\u00c3\u00b3 junto a \u00c3\u00a9l y estaba temblando. Era la primera vez que conoc\u00c3\u00ada a un hombre. Cuando se fue, no le dio un beso; Espinosa pens\u00c3\u00b3 que ni siquiera sab\u00c3\u00ada c\u00c3\u00b3mo se llamaba. Urgido por una \u00c3\u00adntima raz\u00c3\u00b3n que no trat\u00c3\u00b3 de averiguar, jur\u00c3\u00b3 que en Buenos Aires no le contar\u00c3\u00ada a nadie esa historia.<\/p> <p >El d\u00c3\u00ada siguiente comenz\u00c3\u00b3 como los anteriores, salvo que el padre habl\u00c3\u00b3 con Espinosa y le pregunt\u00c3\u00b3 si Cristo se dej\u00c3\u00b3 matar para salvar a todos los hombres. Espinosa, que era librepensador pero que se vio obligado a justificar lo que les hab\u00c3\u00ada le\u00c3\u00addo, le contest\u00c3\u00b3:<br \/><br \/>-S\u00c3\u00ad. Para salvar a todos del infierno. <\/p> <p >Gutre le dijo entonces:<br \/><br \/>-\u00c2\u00bfQu\u00c3\u00a9 es el infierno?<br \/><br \/>-Un lugar bajo tierra donde las \u00c3\u00a1nimas arder\u00c3\u00a1n y arder\u00c3\u00a1n.<br \/><br \/>-\u00c2\u00bfY tambi\u00c3\u00a9n se salvaron los que le clavaron los clavos?<br \/><br \/>-S\u00c3\u00ad -replic\u00c3\u00b3 Espinosa, cuya teolog\u00c3\u00ada era incierta. <\/p> <p >Hab\u00c3\u00ada temido que el capataz le exigiera cuentas de lo ocurrido anoche con su hija. Despu\u00c3\u00a9s del almuerzo, le pidieron que releyera los \u00c3\u00baltimos cap\u00c3\u00adtulos. Espinosa durmi\u00c3\u00b3 una siesta larga, un leve sue\u00c3\u00b1o interrumpido por persistentes martillos y por vagas premoniciones. Hacia el atardecer se levant\u00c3\u00b3 y sali\u00c3\u00b3 al corredor. Dijo como si pensara en voz alta:<br \/><br \/>-Las aguas est\u00c3\u00a1n bajas. Ya falta poco.<br \/><br \/>-Ya falta poco -repiti\u00c3\u00b3 Gutrel, como un eco. <\/p> <p >Los tres lo hab\u00c3\u00adan seguido. Hincados en el piso de piedra le pidieron la bendici\u00c3\u00b3n. Despu\u00c3\u00a9s lo maldijeron, lo escupieron y lo empujaron hasta el fondo. La muchacha lloraba. Espinosa entendi\u00c3\u00b3 lo que le esperaba del otro lado de la puerta. Cuando la abrieron, vio el firmamento. Un p\u00c3\u00a1jaro grit\u00c3\u00b3; pens\u00c3\u00b3: es un jilguero. El galp\u00c3\u00b3n estaba sin techo; hab\u00c3\u00adan arrancado las vigas para construir la Cruz.<br \/><\/p> <p ><span  >Publicado en <span ><a href=\"http:\/\/www.sololiteratura.com\/bor\/borelinformelibro.htm\">El informe de Brodie<\/a> <\/span>(1970).<\/span><br \/><\/p><div class=\"blogger-post-footer\">Un espacio para dudar. Ateos, agn\u00c3\u00b3sticos, esc\u00c3\u00a9pticos. Reflexi\u00c3\u00b3n, ensayo, debate. Arte y literatura. Humanismo secular.<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00c2\u00a9 Jorge Luis Borges El hecho sucedi\u00c3\u00b3 en la estancia Los \u00c3\u0081lamos, en el partido de Jun\u00c3\u00adn, hacia el sur, en los \u00c3\u00baltimos d\u00c3\u00adas del mes de marzo de 1928. Su protagonista fue un estudiante de medicina, Baltasar Espinosa. 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