{"id":1416,"date":"2007-11-18T20:32:00","date_gmt":"2007-11-18T19:32:00","guid":{"rendered":"tag:blogger.com,1999:blog-31362754.post-955672323355865464"},"modified":"2007-11-21T17:30:24","modified_gmt":"2007-11-21T16:30:24","slug":"simplemente-mis-ojos-son-largos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.redatea.net\/index.php\/simplemente-mis-ojos-son-largos\/","title":{"rendered":"Simplemente mis ojos son largos"},"content":{"rendered":"Uso los cibercaf\u00c3\u00a9s para los fines con que otros hombres usan los bares: voy a esos lugares varias veces por semana para relajarme, ahogar las penas, conocer gente y\/o evadir el mundo real. Son terreno amigo. Para nosotros que a\u00c3\u00ban no tenemos conexi\u00c3\u00b3n propia, el cibercaf\u00c3\u00a9 viene a ser una especie de oficina postal en el sentido id\u00c3\u00adlico que esos lugares ten\u00c3\u00adan hace un par de siglos.<br \/>Es posible, entonces, que la familiaridad con esos escenarios me haya hecho desarrollar un sentido de territorialidad, porque hace unos d\u00c3\u00adas me molestaron enormemente las bromas que a mi costa se puso a hacer cierto cliente, evidentemente reci\u00c3\u00a9n llegado al \u00c3\u00a1mbito de los computadores, y sin la menor idea de lo que estaba diciendo.<br \/>Nada m\u00c3\u00a1s entrar yo al lugar, el tipo se puso a mirar mis lentes y mi peinado y empez\u00c3\u00b3 a comentar jocosamente sobre mis supuestas habilidades inform\u00c3\u00a1ticas. Para mi absoluto fastidio, y para justa indignaci\u00c3\u00b3n del colectivo con que ese bestia me estaba confundiendo, el tipo exhibi\u00c3\u00b3 una divertida sorpresa de estar en presencia, seg\u00c3\u00ban \u00c3\u00a9l, de un hacker.<br \/>Quiero ser claro en algo. A pesar lo mucho que me habr\u00c3\u00ada gustado arrancarle el cuero cabelludo y usarlo como almohadilla para el rat\u00c3\u00b3n, soy en primer lugar un pacifista y en segundo lugar un convencido de que hay estupideces que no merecen el reconocimiento que implicar\u00c3\u00ada una respuesta. Pagu\u00c3\u00a9 mi tiempo y me dirig\u00c3\u00ad a mi silla. Cerca estaba una mujer que hab\u00c3\u00ada venido con el ignorante en cuesti\u00c3\u00b3n, y desde cuya compa\u00c3\u00b1\u00c3\u00ada \u00c3\u00a9l pod\u00c3\u00ada verme teclear. Resulta que escribo noventa palabras por minuto, y ese solo hecho no deber\u00c3\u00ada significar nada. Pero reforz\u00c3\u00b3 la imagen que \u00c3\u00a9l ya se hab\u00c3\u00ada hecho de m\u00c3\u00ad. Y sigui\u00c3\u00b3 hablando.<br \/>Hacker, hacker, hacker, hacker. De repente tenemos miedo de cualquiera que sepa la diferencia entre un bug en RSS y un blog en CSS, y c\u00c3\u00b3mo el primero puede arruinar el segundo. Para el pedazo de animal con quien tuve la desgracia de compartir aire acondicionado, mi defecto de refracci\u00c3\u00b3n y mi destreza mecanogr\u00c3\u00a1fica eran indicadores suficientes de que yo era un prodigio en programaci\u00c3\u00b3n.<br \/>En otros \u00c3\u00a1mbitos ya hab\u00c3\u00ada sido v\u00c3\u00adctima de esa simpleza de criterio. Mis ocho grados de miop\u00c3\u00ada me impiden siquiera leer una pantalla a quince cent\u00c3\u00admetros. Sin mis lentes no podr\u00c3\u00ada distinguir un bus de otro (aunque en esta ciudad han tenido la excelente idea de pintar cada ruta de un color diferente). Solamente la ducha y la s\u00c3\u00a1bana me conocen sin lentes. Ni siquiera puedo afeitarme sin ver claramente por d\u00c3\u00b3nde voy. Mis lentes son mi m\u00c3\u00a1scara omnipresente. Logr\u00c3\u00a9 llevarlos puestos en la foto de mi documento de identidad y pienso llevarlos puestos cuando me entierren. He usado lentes todos los d\u00c3\u00adas de los \u00c3\u00baltimos diecis\u00c3\u00a9is a\u00c3\u00b1os y, comprensiblemente, la gente tiende a hacerse ideas sobre uno.<br \/>Pero, \u00c2\u00bfpor qu\u00c3\u00a9 hacen esa asociaci\u00c3\u00b3n tan r\u00c3\u00a1pido? Cuando alguien me conoce empieza a atribuirme alg\u00c3\u00ban talento cerebral en menos tiempo del que Gargamel reci\u00c3\u00a9n llegado a Lilliput tarda en segregar saliva. \u00c2\u00bfQu\u00c3\u00a9 tienen los lentes, que producen tales reacciones?<br \/>El eje anteroposterior de mis ojos est\u00c3\u00a1 excesivamente alargado en proporci\u00c3\u00b3n con su eje lateral. En consecuencia, la luz no es enfocada sobre las retinas sino que converge en alg\u00c3\u00ban punto indefinido de mi humor v\u00c3\u00adtreo. Cuando recibo la luz, ya se ha dispersado demasiado como para que sirva para algo m\u00c3\u00a1s que huir de la silueta de un depredador.<br \/>Se ha especulado que existe una conexi\u00c3\u00b3n causal indirecta entre la visi\u00c3\u00b3n borrosa y las ideas claras. Supuestamente, el estar obligados a detenernos todo el tiempo y mirar con cuidado a nuestro alrededor antes de estrellarnos con el pr\u00c3\u00b3ximo poste nos condiciona a adoptar un enfoque m\u00c3\u00a1s anal\u00c3\u00adtico de la vida en general. El tener que renunciar a los juegos agresivos nos hace confiar m\u00c3\u00a1s en el poder de las palabras. Casi todos somos lectores adictos.<br \/>De hecho, es notable que los ex\u00c3\u00a1menes de agudeza visual est\u00c3\u00a9n casi todos orientados a medir nuestra capacidad de leer. En vez de evaluar nuestra percepci\u00c3\u00b3n de siluetas geom\u00c3\u00a9tricas o nuestra habilidad para diferenciar matices de color o nuestro riesgo de tropezar con una puerta de vidrio, el oftalm\u00c3\u00b3logo se limita a ver si podemos distinguir de un 9 un 5 que la compa\u00c3\u00b1\u00c3\u00ada que produce tableros para oftalm\u00c3\u00b3logos imprimi\u00c3\u00b3 con toda la intenci\u00c3\u00b3n de que se viera como un 9.<br \/>Pero hay gente cuya miop\u00c3\u00ada es lo bastante benevolente como para permitirle funcionar y recorrer el mundo a simple vista. S\u00c3\u00b3lo necesitan ponerse los lentes para ver televisi\u00c3\u00b3n y\/o leer. Generalmente leer. Alguien con miop\u00c3\u00ada moderada que va por la calle con los lentes puestos est\u00c3\u00a1 emitiendo al mundo la se\u00c3\u00b1al evident\u00c3\u00adsima de que le importa leer.<br \/>Entonces, quien me encuentra en la calle (o, para el caso, en un cibercaf\u00c3\u00a9) y ve mis lentes a prueba de balas (sucesivos cambios en el modelo de los aros han sido incapaces de hacer que unos lentes de 8 dioptr\u00c3\u00adas dejen de parecer sacados del h\u00c3\u00a1bitat de los felinos de un zool\u00c3\u00b3gico) puede razonablemente concluir que leo. Y da la casualidad de que s\u00c3\u00ad, yo leo en proporciones bul\u00c3\u00admicas, pero eso es asunto m\u00c3\u00ado. El tipo que vio mis gafas y se puso a especular sobre mis pasatiempos oculares fue tan indecente como si yo hubiera sido una mujer embarazada y \u00c3\u00a9l me hubiera preguntado por los actos que me dejaron en ese estado.<br \/>La cuesti\u00c3\u00b3n es que hemos permitido que un clich\u00c3\u00a9 vaya demasiado lejos. La unidad de tiempo m\u00c3\u00a1s corta que existe en el universo es la que hay entre el momento en que se ve por primera vez a un individuo miope y el momento en que se especula sobre su inteligencia. Creo que quienes m\u00c3\u00a1s han contribuido a dispersar esta molesta impresi\u00c3\u00b3n han sido Clark Kent, Bill Gates y Harry Potter. Las comparaciones est\u00c3\u00a1n fuera de lugar. Yo no soy nada de eso. Simplemente mis ojos son largos.<div class=\"blogger-post-footer\">Los hechos son tercos. De modo que es m\u00c3\u00a1s honesto llamar a las cosas por su nombre y abandonar las fantas\u00c3\u00adas que nos dominan.<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Uso los cibercaf\u00c3\u00a9s para los fines con que otros hombres usan los bares: voy a esos lugares varias veces por semana para relajarme, ahogar las penas, conocer gente y\/o evadir el mundo real. Son terreno amigo. 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