{"id":2384,"date":"2008-05-14T16:33:00","date_gmt":"2008-05-14T14:33:00","guid":{"rendered":"tag:blogger.com,1999:blog-14696158.post-3972229570422155090"},"modified":"2008-05-14T17:38:45","modified_gmt":"2008-05-14T15:38:45","slug":"josef-winkler-en-el-infierno-del-catolicismo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/razonatea.blogspot.com\/2008\/05\/josef-winkler-en-el-infierno-del.html","title":{"rendered":"Josef Winkler, en el infierno del catolicismo"},"content":{"rendered":"<div ><blockquote>El escritor austriaco levanta testimonio de los horrores de la fe<\/blockquote><br \/><\/div><br \/><span >\u00c2\u00a9 Jos\u00c3\u00a9 Andr\u00c3\u00a9s Rojo<\/span><br \/><span ><span >Publicado en El Pa\u00c3\u00ads de Madrid<\/span><\/span><br \/><br \/>\u00c2\u00abSi alguien me dice que sabe escribir, desconf\u00c3\u00ado\u00c2\u00bb, comenta Josef Winkler (Kamering, Carintia, 1953). \u00c2\u00abNo creo que se pueda aprender a escribir de una forma determinada; cuando escribes, descubres lo que va surgiendo con la frase. Es algo que se puede expresar tambi\u00c3\u00a9n a la manera del autor alem\u00c3\u00a1n Friedrich Hebbel: \u00e2\u20ac\u02dcCada frase, el rostro de un hombre\u00e2\u20ac\u2122. Eso es lo que hago, y si no hay rostros en las frases que he escrito, es que no sirven\u00c2\u00bb.<br \/>He aqu\u00c3\u00ad algunos ejemplos de su escritura, tomados de su \u00c3\u00baltima novela traducida, <span ><a href=\"http:\/\/www.laislalibros.com\/libros\/CEMENTERIO-DE-LAS-NARANJAS-AMARGAS\/L9602000198\/978-84-8109-622-4\">Cementerio de las naranjas amargas<\/a> <\/span>(Galaxia Gutenberg \/ C\u00c3\u00adrculo de Lectores). \u00c2\u00abSi supiera que tengo alguna enfermedad mortal e iba a morir en unas semanas, ir\u00c3\u00ada en barco a la isla de Stromboli y me arrojar\u00c3\u00ada al volc\u00c3\u00a1n, porque a mi tierra natal de Carintia no quiero dejarle ni siquiera mi cad\u00c3\u00a1ver\u00c2\u00bb. O esta otra: \u00c2\u00abMe gusta estar entre los muertos; no me hacen nada y son tambi\u00c3\u00a9n seres humanos\u00c2\u00bb.<br \/><a onblur=\"try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}\" href=\"http:\/\/www.staedtische-galerie-erlangen.de\/seiten\/6_sammlung\/bestand\/bilder\/600px\/rittenberg\/Rittenberg_Winkler_Josef_600px.jpg\"><img  src=\"http:\/\/www.staedtische-galerie-erlangen.de\/seiten\/6_sammlung\/bestand\/bilder\/600px\/rittenberg\/Rittenberg_Winkler_Josef_600px.jpg\" alt=\"\" border=\"0\" \/><\/a><br \/>Conviene dar cuenta del <a href=\"http:\/\/www.google.com.ar\/url?sa=t&amp;ct=res&amp;cd=7&amp;url=http%3A%2F%2Fwww.ucm.es%2Finfo%2Faleman%2F_docs%2Fjosef_winkler_extracto.doc&amp;ei=aAYrSM-7G5yy8ATkuL2VBg&amp;usg=AFQjCNGfUn-78cPauGY8q2WHjpasDcrBQw&amp;sig2=oo_pg4rxnt5ped4qONcw_A\">tono de Winkler<\/a>, no muy distinto en su dureza (y en su car\u00c3\u00a1cter obsesivo) del de otros escritores austriacos, como Thomas Bernhard o Elfriede Jelinek. \u00c2\u00abLo m\u00c3\u00a1s importante es encontrar tu propia voz\u00c2\u00bb, dice. Antes se ha referido a la infancia como el lugar en el que hay que buscar las experiencias que configuran la propia mirada. \u00c2\u00abFui monaguillo durante seis o siete a\u00c3\u00b1os en un peque\u00c3\u00b1o pueblo cat\u00c3\u00b3lico de labriegos del sur de Austria, en la Carintia. La Iglesia me educ\u00c3\u00b3 en el temor. Nos contaron que los \u00c3\u00a1ngeles llevaban un minucioso registro de cuanto hac\u00c3\u00adamos y pens\u00c3\u00a1bamos, de cuanto so\u00c3\u00b1\u00c3\u00a1bamos y sent\u00c3\u00adamos. El d\u00c3\u00ada del Juicio Final se abrir\u00c3\u00ada ese libro en el cielo y ser\u00c3\u00adamos condenados, seg\u00c3\u00ban lo que estuviera apuntado, al fuego eterno del infierno\u00c2\u00bb.<br \/><br \/>\u00c2\u00abNos contaron todo esto y crecimos con esos miedos, pero tambi\u00c3\u00a9n descubrimos que aquello no era verdad\u00c2\u00bb, a\u00c3\u00b1ade Winkler. \u00c2\u00abPudimos ver lo que hab\u00c3\u00ada detr\u00c3\u00a1s y comprobamos que esos \u00c3\u00a1ngeles que parec\u00c3\u00adan de oro estaban vac\u00c3\u00ados. Ni lengua, ni coraz\u00c3\u00b3n, ni entra\u00c3\u00b1as, ni pulmones. Pura fachada, un gran fraude\u00c2\u00bb.<br \/><br \/>El dolor, la muerte, el pecado, el mal, el suicidio, la penitencia, la sangre, la podredumbre, la atm\u00c3\u00b3sfera t\u00c3\u00a9trica de las sacrist\u00c3\u00adas y las iglesias, los oscuros rituales: las marcas inconfundibles del catolicismo m\u00c3\u00a1s cerrado constituyen la columna vertebral de esta novela de Winkler. \u00c2\u00abNo lo hice como una venganza, pero devolv\u00c3\u00ad el da\u00c3\u00b1o que me hicieron como una inmensa blasfemia\u00c2\u00bb.<br \/><br \/>Es inevitable, frente a ese panorama, referirse al reciente caso del padre que supuestamente encerr\u00c3\u00b3 durante 24 a\u00c3\u00b1os a su hija para abusar de ella en el pueblo de Amstetten. \u00c2\u00abNo es una especialidad austriaca\u00c2\u00bb, dice Winkler, \u00c2\u00abpudo haber ocurrido en Baviera o en un pueblo de la Espa\u00c3\u00b1a profunda\u00c2\u00bb. Pero explica que hay algo en los austriacos que los lleva a desentenderse de los dem\u00c3\u00a1s, a mirar a otra parte, a subyugarse. \u00c2\u00abIncluso las instituciones son responsables, \u00c2\u00bfc\u00c3\u00b3mo no investigaron en una casa que iba creciendo salt\u00c3\u00a1ndose todas las normas vigentes?\u00c2\u00bb.<br \/><br \/>El descenso a los infiernos del catolicismo lo inicia Winkler en Carintia y lo contin\u00c3\u00baa en Roma (e Italia). La homosexualidad es uno de los elementos centrales de su vida cotidiana (\u00c2\u00abDe ni\u00c3\u00b1os fuimos ocultando nuestros sentimientos; ya mayores, es necesario huir a tiempo y aprender a ser an\u00c3\u00b3nimos en un mundo extra\u00c3\u00b1o\u00c2\u00bb). Tambi\u00c3\u00a9n recorre la novela la pervivencia del nazismo en muchos de los austriacos de su entorno. La muerte es una obsesi\u00c3\u00b3n permanente. \u00c2\u00abDel azar de lo que leemos, dice El\u00c3\u00adas Canetti, depende lo que somos\u00c2\u00bb, escribe Winkler. Su literatura tiene esa ambici\u00c3\u00b3n, la de sacudir y transformar.<div class=\"blogger-post-footer\">Un espacio para dudar. Ateos, agn\u00c3\u00b3sticos, esc\u00c3\u00a9pticos. Reflexi\u00c3\u00b3n, ensayo, debate. Arte y literatura. Humanismo secular.<\/div>","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El escritor austriaco levanta testimonio de los horrores de la fe\u00c2\u00a9 Jos\u00c3\u00a9 Andr\u00c3\u00a9s RojoPublicado en El Pa\u00c3\u00ads de Madrid\u00c2\u00abSi alguien me dice que sabe escribir, desconf\u00c3\u00ado\u00c2\u00bb, comenta Josef Winkler (Kamering, Carintia, 1953). \u00c2\u00abNo creo que se pueda aprender&#8230;<\/p>\n","protected":false},"author":79,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[],"tags":[],"class_list":["post-2384","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.redatea.net\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2384","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.redatea.net\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.redatea.net\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.redatea.net\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/79"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.redatea.net\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2384"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.redatea.net\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2384\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.redatea.net\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2384"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.redatea.net\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2384"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.redatea.net\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2384"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}