{"id":5248,"date":"2009-03-24T20:53:48","date_gmt":"2009-03-24T19:53:48","guid":{"rendered":"http:\/\/redatea.net\/index.php\/libertad-de-expresion-libertad-de-religion-2\/"},"modified":"2009-03-24T20:53:48","modified_gmt":"2009-03-24T19:53:48","slug":"libertad-de-expresion-libertad-de-religion-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.redatea.net\/index.php\/libertad-de-expresion-libertad-de-religion-2\/","title":{"rendered":"Libertad de expresi\u00c3\u00b3n, libertad de religi\u00c3\u00b3n"},"content":{"rendered":"<p>En su ensayo On Liberty, John Stuart Mill hizo una c\u00c3\u00a9lebre defensa de la libertad en todas sus formas. Del segundo cap\u00c3\u00adtulo, que toca la libertad de expresi\u00c3\u00b3n, transcribo aqu\u00c3\u00ad, en traducci\u00c3\u00b3n de Eduardo J. Prieto, un fragmento que me parece especialmente relevante para nuestra \u00c3\u00a9poca:<\/p>\n<p><b>Podr\u00c3\u00ada objetarse lo siguiente: &#8220;Pero <i>algunos<\/i> principios aceptados, especialmente sobre los temas m\u00c3\u00a1s elevados y vitales, no son s\u00c3\u00b3lo verdades a medias. La moralidad cristiana, por ejemplo, es la plena verdad sobre ese tema, y si alguien ense\u00c3\u00b1a una moralidad que difiera de \u00c3\u00a9sta, estar\u00c3\u00a1 totalmente equivocado&#8221;. Como \u00c3\u00a9ste es en la pr\u00c3\u00a1ctica el m\u00c3\u00a1s importante de todos los casos, ninguno puede ser m\u00c3\u00a1s adecuado que \u00c3\u00a9l para verificar la m\u00c3\u00a1xima general. Pero antes de decidir qu\u00c3\u00a9 es o no es la moralidad cristiana, ser\u00c3\u00ada deseable establecer qu\u00c3\u00a9 significa moralidad cristiana. Si significa moralidad del Nuevo Testamento, dudo que quien derive su conocimiento de esa moralidad del libro mismo pueda suponer que se la haya enunciado all\u00c3\u00ad como una doctrina completa de moral, o que \u00c3\u00a9se haya sido el prop\u00c3\u00b3sito del libro. El Evangelio siempre se refiere a una moralidad preexistente y limita sus preceptos a los detalles en que debe corregirse esa moralidad o reemplaz\u00c3\u00a1rsela por otra m\u00c3\u00a1s amplia y elevada. Adem\u00c3\u00a1s, el libro se expresa en t\u00c3\u00a9rminos muy generales, que a menudo es imposible interpretar literalmente, y que poseen el car\u00c3\u00a1cter impresionista de la poes\u00c3\u00ada o la elocuencia, m\u00c3\u00a1s bien que la precisi\u00c3\u00b3n de la legislaci\u00c3\u00b3n. Nunca ha sido posible extraer del Evangelio un cuerpo de doctrina \u00c3\u00a9tica sin completarlo con el Antiguo Testamento, es decir, con un sistema en verdad elaborado, pero en muchos respectos b\u00c3\u00a1rbaro, y destinado s\u00c3\u00b3lo a aplicarse en un pueblo b\u00c3\u00a1rbaro. San Pablo, enemigo declarado de ese modo judaico de interpretaci\u00c3\u00b3n de la doctrina y con el prop\u00c3\u00b3sito de completar el esquema de su Maestro, supone igualmente una moralidad preexistente, la de los griegos y romanos, y los consejos que imparte a los cristianos consisten, en gran medida, en un sistema de acomodaci\u00c3\u00b3n a esa moralidad, incluso hasta el punto de aprobar abiertamente la esclavitud. La moralidad que se llama cristiana, pero que deber\u00c3\u00ada denominarse m\u00c3\u00a1s bien teol\u00c3\u00b3gica, no fue obra de Cristo o de los Ap\u00c3\u00b3stoles, sino que es de origen muy posterior y la construy\u00c3\u00b3 gradualmente la Iglesia Cat\u00c3\u00b3lica de los primeros siglos, y si bien no la adoptaron impl\u00c3\u00adcitamente los modernos y los protestantes, la modificaron mucho menos que lo que habr\u00c3\u00ada sido de esperar. En su mayor parte, en verdad, se contentaron con suprimir los agregados que le hab\u00c3\u00ada hecho la Edad Media, y cada secta hizo en esos lugares nuevos agregados, adaptados a su propio car\u00c3\u00a1cter y tendencia. Yo ser\u00c3\u00ada el \u00c3\u00baltimo en negar que la humanidad tiene una gran deuda con esta moralidad y con sus primeros maestros, pero no tengo escr\u00c3\u00bapulos en decir que en muchos puntos importantes es incompleta y unilateral, y que si ideas y sentimientos no sancionados por ella no hubieran contribuido a la formaci\u00c3\u00b3n de la vida y el car\u00c3\u00a1cter europeo, los asuntos humanos se encontrar\u00c3\u00adan en peor condici\u00c3\u00b3n que la que hoy muestran. La as\u00c3\u00ad llamada moralidad cristiana tiene todos los caracteres de una reacci\u00c3\u00b3n; es, en gran parte, una protesta contra el paganismo. Su ideal es m\u00c3\u00a1s bien negativo que positivo, pasivo que activo, implica Inocencia m\u00c3\u00a1s bien que Nobleza. Abstinencia del Mal m\u00c3\u00a1s bien que B\u00c3\u00basqueda en\u00c3\u00a9rgica del Bien: en sus preceptos, como bien se ha dicho, el &#8220;no debes&#8221; predomina indebidamente sobre el &#8220;debes&#8221;. En su horror de la sensualidad hizo un \u00c3\u00addolo del ascetismo, que se fue acomodando gradualmente hasta transformarse en el \u00c3\u00addolo de la legalidad. Ese \u00c3\u00addolo exhibe la esperanza del cielo y la amenaza del infierno como motivos desiguales y apropiados para una vida virtuosa: con lo cual se ubica muy por debajo de la mejor moralidad de los antiguos, y su contenido profundo confiere a la moralidad humana un car\u00c3\u00a1cter esencialmente ego\u00c3\u00adsta, pues los sentimientos del deber de cada hombre se desvinculan de los intereses de sus cong\u00c3\u00a9neres, excepto en la medida en que se lo induce a consultarlos por razones de su propio inter\u00c3\u00a9s. Es esencialmente una doctrina de obediencia pasiva, inculca la sumisi\u00c3\u00b3n a todas las autoridades establecidas, a las que en verdad no hay que obedecer activamente cuando ordenan lo que la religi\u00c3\u00b3n proh\u00c3\u00adbe, pero contra las cuales no hay que resistirse, y mucho menos rebelarse, por grande que sea el da\u00c3\u00b1o que nos hagan. Y mientras en la moralidad de las mejores naciones paganas el deber para con el Estado ocupa incluso un lugar desproporcionado que lesiona la justa libertad del individuo, la \u00c3\u00a9tica puramente cristiana casi no toma en cuenta ni reconoce ese gran sector de nuestros deberes. Es en el Cor\u00c3\u00a1n, no en el Nuevo Testamento, donde leemos la m\u00c3\u00a1xima seg\u00c3\u00ban la cual &#8220;un gobernante que designa a alguien en un cargo, cuando hay en sus dominios otro hombre mejor calificado para \u00c3\u00a9l, peca contra Dios y contra el Estado&#8221;. El modesto reconocimiento que la idea de obligaci\u00c3\u00b3n respecto de la cosa p\u00c3\u00bablica logra en la moralidad moderna lo debe a fuentes griegas y romanas, no a fuentes cristianas, y agregaremos que incluso en el caso de la moralidad de la vida privada, todo lo que existe de magnanimidad, elevaci\u00c3\u00b3n del esp\u00c3\u00adritu; dignidad personal, y hasta de sentido de honor, deriva de la parte puramente humana de nuestra educaci\u00c3\u00b3n, y no de la religiosa, y nunca podr\u00c3\u00ada haberse desarrollado a partir de pautas \u00c3\u00a9ticas en las que el \u00c3\u00banico valor, expresamente reconocido, es el de la obediencia.<br \/>Estoy muy lejos de pretender que estos defectos sean necesariamente inherentes a la \u00c3\u00a9tica cristiana, de cualquier manera que se la conciba, o que los m\u00c3\u00baltiples requisitos de una doctrina moral completa que esa \u00c3\u00a9tica no contiene, no pueden ser compatibles con ella. Mucho menos querr\u00c3\u00ada insinuar esto respecto de la doctrina y preceptos de Cristo mismo. Creo que las ense\u00c3\u00b1anzas de Cristo son, seg\u00c3\u00ban mi entender y la evidencia disponible, lo que se propusieron ser, que son irreconciliables con las exigencias de un sistema moral en sentido amplio, que todo lo que es excelente en \u00c3\u00a9tica puede incluirse en ellas sin hacer mayor violencia a su lenguaje que la que le han hecho todos los que intentaron deducir de ellas un sistema pr\u00c3\u00a1ctico cualquiera de conducta. Pero es totalmente coherente con esto creer que contienen, y estaban destinadas a contener, s\u00c3\u00b3lo una parte de la verdad, y que las palabras registradas del Fundador del Cristianismo no proporcionan, ni estaban destinadas a proporcionar, muchos elementos esenciales de la m\u00c3\u00a1s elevada moralidad, y que esas palabras fueron puestas totalmente de lado en el sistema \u00c3\u00a9tico erigido sobre la base de ellas por la iglesia cristiana. Siendo esto as\u00c3\u00ad, considero un gran error seguir tratando de encontrar en la doctrina cristiana esa regla completa que nos gu\u00c3\u00ada, que su autor se propon\u00c3\u00ada sancionar e imponer, pero proveer s\u00c3\u00b3lo en parte. Creo, adem\u00c3\u00a1s, que esta estrecha teor\u00c3\u00ada se est\u00c3\u00a1 transformando en un grave mal pr\u00c3\u00a1ctico, que disminuye grandemente el valor de la formaci\u00c3\u00b3n e instrucci\u00c3\u00b3n moral que tantas personas bien intencionadas est\u00c3\u00a1n esforz\u00c3\u00a1ndose finalmente por promover. Mucho me temo que si se intenta formar la mente y los sentimientos seg\u00c3\u00ban un tipo exclusivamente religioso y se descartan las pautas seculares (como las llamaremos a falta de un nombre mejor) que coexistieron hasta ahora con la \u00c3\u00a9tica cristiana y la suplementaron, recibiendo algo del esp\u00c3\u00adritu de \u00c3\u00a9stas, e infundi\u00c3\u00a9ndole parte del suyo, resultar\u00c3\u00a1, y est\u00c3\u00a1 incluso resultando ahora, un tipo bajo, abyecto y servil de car\u00c3\u00a1cter, que por m\u00c3\u00a1s que se pueda someter a lo que estima que es la Suprema Voluntad, ser\u00c3\u00a1 incapaz de elevarse a la concepci\u00c3\u00b3n de la Suprema Bondad o de simpatizar con ella. Creo que debe existir junto a la \u00c3\u00a9tica cristiana alguna otra no desarrollada exclusivamente a partir de fuentes cristianas, si se desea producir la regeneraci\u00c3\u00b3n moral de la humanidad, y que el sistema cristiano no es, de ninguna manera, una excepci\u00c3\u00b3n a la regla seg\u00c3\u00ban la cual en un estado imperfecto de la mente humana los intereses de la verdad requieren una diversidad de opiniones. No es necesario que al cesar de ignorar las verdades morales no contenidas en el cristianismo los hombres ignoren cualquiera de las que \u00c3\u00a9ste contiene. Tal prejuicio, u omisi\u00c3\u00b3n, cuando ocurre, es cabalmente un mal pero del tipo que no tenemos esperanza de evitar siempre, y que debemos considerar como el precio que pagamos por un bien de valor inestimable. Debemos protestar, y tenemos la obligaci\u00c3\u00b3n de hacerlo, contra la pretensi\u00c3\u00b3n exclusiva de una parte de la verdad que presume ser el todo, y si por un impulso reaccionario los que protestan resultaran a su vez injustos, podemos lamentar pero debemos tolerar esta unilateralidad, como toleramos la otra. Si los cristianos quisieran ense\u00c3\u00b1ar a los infieles a ser justos con el cristianismo, ellos mismos tendr\u00c3\u00adan que serlo tambi\u00c3\u00a9n con el mundo de aqu\u00c3\u00a9llos. No puede beneficiar a la verdad el que se disimule el hecho, conocido para todos los que tienen la familiaridad m\u00c3\u00a1s elemental con la historia literaria, de que una gran parte de la ense\u00c3\u00b1anza moral m\u00c3\u00a1s noble y valiosa ha sido obra no s\u00c3\u00b3lo de hombres que no conoc\u00c3\u00adan la fe cristiana, sino de otros que la conoc\u00c3\u00adan y rechazaban.<\/b><\/p>\n<div><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1\" height=\"1\" src=\"http:\/\/res1.blogblog.com\/tracker\/5130602232625276025-6399274836691929402.gif?l=osirisycia.blogspot.com\" \/><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En su ensayo On Liberty, John Stuart Mill hizo una c\u00c3\u00a9lebre defensa de la libertad en todas sus formas. Del segundo cap\u00c3\u00adtulo, que toca la libertad de expresi\u00c3\u00b3n, transcribo aqu\u00c3\u00ad, en traducci\u00c3\u00b3n de Eduardo J. 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