{"id":5776,"date":"2009-04-25T09:02:51","date_gmt":"2009-04-25T08:02:51","guid":{"rendered":"http:\/\/redatea.net\/index.php\/bertrand-russell-y-la-etica-de-la-guerra\/"},"modified":"2009-04-25T09:02:51","modified_gmt":"2009-04-25T08:02:51","slug":"bertrand-russell-y-la-etica-de-la-guerra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.redatea.net\/index.php\/bertrand-russell-y-la-etica-de-la-guerra\/","title":{"rendered":"Bertrand Russell y la \u00c3\u2030tica de la Guerra"},"content":{"rendered":"<p>El presente art\u00c3\u00adculo de <strong>Bertrand Russell<\/strong>, publicado en 1915 durante la Primera Guerra Mundial, y hoy en el dominio p\u00c3\u00bablico, no estaba sin embargo traducido a nuestro idioma, al menos disponible en la red. No es necesario se\u00c3\u00b1alar la emoci\u00c3\u00b3n que me supone pensar en ser el primero en traducir uno de sus textos.<\/p>\n<p><b>Bertrand Russell<\/b><\/p>\n<div><a href=\"http:\/\/redatea.net\/wp-content\/plugins\/wp-o-matic\/cache\/3a221_russell.jpg\"><img decoding=\"async\" style=\"cursor:pointer; cursor:hand;;\" src=\"http:\/\/redatea.net\/wp-content\/plugins\/wp-o-matic\/cache\/3a221_russell.jpg\" border=\"0\" alt=\"\" \/><\/a><\/div>\n<p>La cuesti\u00c3\u00b3n de si alguna guerra puede estar justificada, y en tal caso bajo qu\u00c3\u00a9 circunstancias, es una de las que necesariamente se han planteado a la atenci\u00c3\u00b3n de todos los pensadores. Sobre esta cuesti\u00c3\u00b3n me reconozco en la de alguna forma dolorosa posici\u00c3\u00b3n de mantener que durante la presente guerra la posici\u00c3\u00b3n de ninguno de los bandos est\u00c3\u00a1 justificada, sin llegar al punto de vista Tolstoiano de que cualquier guerra en cualquier circunstancia es siempre un crimen. Las opiniones sobre un tema como la guerra se derivan de los sentimientos antes que del raciocinio. Dado el temperamento emocional de un hombre, sus convicciones sobre tanto la guerra en general, como sobre cualquier conflicto en particular que ocurra durante su vida, pueden ser predichos con una certidumbre razonable. Los argumentos utilizados ser\u00c3\u00a1n simples refuerzos de unas convicciones que se impondr\u00c3\u00a1n en cualquier caso. Los hechos fundamentales en esta y en todas las cuestiones \u00c3\u00a9ticas son sentimientos. Todo lo que el pensamiento puede hacer es clarificar y sistematizar la expresi\u00c3\u00b3n de esos sentimientos, y son esa clarificaci\u00c3\u00b3n y esa sistematizaci\u00c3\u00b3n de los m\u00c3\u00ados propios las que pretendo en este art\u00c3\u00adculo.<\/p>\n<h3>I.<\/h3>\n<p>Qui\u00c3\u00a9n est\u00c3\u00a1 en lo cierto y qui\u00c3\u00a9n equivocado durante una guerra particular es algo que se valora desde un punto de vista jur\u00c3\u00addico o casi-jur\u00c3\u00addico. \u00c3\u2030ste o aqu\u00c3\u00a9l rompi\u00c3\u00b3 este o aquel tratado, cruz\u00c3\u00b3 esta o aquella frontera, cometi\u00c3\u00b3 este o aquel acto potencialmente enemigo, y por lo tanto las reglas permiten destruir la otra naci\u00c3\u00b3n hasta el punto que el moderno armamento lo permita. Se percibe la irrealidad y la falta de alcance imaginativo en esta forma de ver las cosas. Tiene la ventaja, siempre valorada por los hombres vagos, de sustituir una f\u00c3\u00b3rmula, en alguna ocasi\u00c3\u00b3n ambigua y f\u00c3\u00a1cil de ser aplicada, por la realizaci\u00c3\u00b3n vital de las consecuencias de sus actos. El punto de vista jur\u00c3\u00addico es de hecho una transferencia ileg\u00c3\u00adtima a las relaciones entre los estados, de principios que s\u00c3\u00ad podr\u00c3\u00adan ser aplicados a la relaci\u00c3\u00b3n entre los individuos dentro de un estado. Dentro de un estado la guerra privada est\u00c3\u00a1 prohibida, y las disputas entre los privados se resuelven no por sus propias fuerzas, sino por la fuerza de la polic\u00c3\u00ada, la cual siendo desmesurada, raramente requiere ser mostrada en toda su magnitud. Es necesario que existan reglas gracias a las cuales la polic\u00c3\u00ada pueda decidir qui\u00c3\u00a9n debe ser considerado el poseedor de la raz\u00c3\u00b3n en una disputa privada. Estas reglas constituyen la ley. La ganancia asociada a disponer de una ley y una polic\u00c3\u00ada es la abolici\u00c3\u00b3n de las guerras privadas, y esta ganancia es independiente de la cuesti\u00c3\u00b3n sobre si la ley es la mejor de las posibles. Es entonces de inter\u00c3\u00a9s p\u00c3\u00bablico que el hombre que va contra la ley sea considerado equivocado, no por la excelencia de la ley en s\u00c3\u00ad, sino por la importancia otorgada a que las disputas entre individuos en un estado no sean resueltas por la fuerza.<\/p>\n<p>En la interrelaci\u00c3\u00b3n entre los estados no existe nada de esta clase. Hay, por supuesto, un cuerpo de convenciones llamado ley internacional, y hay innumerables tratados entre potencias con la capacidad de firmarlos. Pero las convenciones y los tratados difieren de algo que pueda en propiedad ser llamado ley en ausencia de sanci\u00c3\u00b3n: No hay una polic\u00c3\u00ada capaz ni deseosa de tal observaci\u00c3\u00b3n. Se sigue de esto que cada naci\u00c3\u00b3n resulta haber firmado multitud de tratados, divergentes e incompatibles y que, a pesar del alto lenguaje que uno a veces escucha, el principal prop\u00c3\u00b3sito de los tratados es poder permitirse los pretextos que podr\u00c3\u00adan ser considerados respetables a la hora de plantear una guerra con otra potencia. Se considera que una potencia act\u00c3\u00baa sin escr\u00c3\u00bapulos cuando va a la guerra sin proporcionarse previamente tales pretextos &mdash;a menos que de hecho su oponente sea un pa\u00c3\u00ads peque\u00c3\u00b1o, en cuyo caso s\u00c3\u00b3lo hay culpa si tal pa\u00c3\u00ads peque\u00c3\u00b1o resulta estar bajo la protecci\u00c3\u00b3n de alguna otra gran potencia&mdash;. Inglaterra y Rusia podr\u00c3\u00adan repartirse Persia inmediatamente tras garantizar su integridad e independencia, porque ninguna otra gran potencia ha reconocido inter\u00c3\u00a9s en Persia, y Persia es uno de esos peque\u00c3\u00b1os estados sobre los cuales ninguna obligaci\u00c3\u00b3n en forma de tratado puede considerarse vinculante. Francia y Espa\u00c3\u00b1a, bajo una garant\u00c3\u00ada similar sobre Marruecos, no pueden repart\u00c3\u00adrselo sin compensar primero a Alemania, dado que hay que reconocer que hasta que una compensaci\u00c3\u00b3n sea ofrecida y aceptada, Alemania tiene un inter\u00c3\u00a9s leg\u00c3\u00adtimo en preservar ese pa\u00c3\u00ads. Habiendo todas las grandes potencias garantizado la neutralidad de B\u00c3\u00a9lgica, Inglaterra tiene sin embargo un inter\u00c3\u00a9s reconocido en poder sentirse ofendida por su violaci\u00c3\u00b3n &mdash;un derecho ejercido cuando se considera de inter\u00c3\u00a9s para Inglaterra, y que se ignora cuando se considera que el inter\u00c3\u00a9s de Inglaterra no debe sacudirse&mdash;. Un tratado, entonces, no debe ser considerado un contrato vinculante a la manera de cualquier otro contrato privado; es simplemente un medio de informar a las potencias rivales de que ciertos actos podr\u00c3\u00adan, si el interes nacional lo requiere, acabar siendo justo el tipo de motivos para una guerra que podr\u00c3\u00adan ser considerados leg\u00c3\u00adtimos. Si una observaci\u00c3\u00b3n fiel de los tratados fuese costumbre, tal y como lo es la observaci\u00c3\u00b3n fiel de los contratos, la ruptura de un tratado ser\u00c3\u00ada un motivo real, y no simplemente formal, para una guerra, y esto debilitar\u00c3\u00ada la pr\u00c3\u00a1ctica de decidir sobre los conflictos mediante acuerdos en lugar de mediante una lucha armada. En ausencia de tal pr\u00c3\u00a1ctica, sin embargo, apelar a los tratados debe ser considerado s\u00c3\u00b3lo parte de la maquinaria diplom\u00c3\u00a1tica. Una naci\u00c3\u00b3n cuya diplomacia haya sido siempre conducida habilmente siempre encontrar\u00c3\u00a1 alg\u00c3\u00ban tipo de acuerdo o tratado cuando su inter\u00c3\u00a9s lo requiere para que la intervenci\u00c3\u00b3n quede dentro de los l\u00c3\u00admites del juego diplom\u00c3\u00a1tico. Es obvio, sin embargo, que mientras los tratados sean s\u00c3\u00b3lo observados cuando es conveniente hacerlo, las reglas del juego diplom\u00c3\u00a1tico no tienen nada que ver con la cuesti\u00c3\u00b3n de si embarcarse o participar en una guerra puede ser o no conveniente para la humanidad. Es esta la cuesti\u00c3\u00b3n a ser decidida al considerar si una guerra est\u00c3\u00a1 o no justificada.<\/p>\n<h3>II.<\/h3>\n<p>Es necesario, al considerar cualquier guerra, considerar, no las justificaciones en el papel de los acuerdos pasados, sino su justificaci\u00c3\u00b3n en el balance de los bienes que va a reportar a la humanidad. Al comienzo de una guerra cada naci\u00c3\u00b3n, bajo la influencia de lo que se llama patriotismo, cree que su propia victoria es no s\u00c3\u00b3lo inminente sino de gran importancia para la humanidad. El beneficio de esta pr\u00c3\u00a1ctica ha llegado a ser una m\u00c3\u00a1xima aceptada del sentido com\u00c3\u00ban; a\u00c3\u00ban cuando una guerra est\u00c3\u00a1 a\u00c3\u00ban en progreso se mantiene como natural y correcto que un ciudadano de un pa\u00c3\u00ads enemigo debe considerar la victoria de su bando como garantizada y altamente deseable. Concentrando la atenci\u00c3\u00b3n en las supuestas ventajas de la victoria de nuestro propio bando, nos volvemos m\u00c3\u00a1s o menos ciegos a la perversidad inseparable de la guerra y cierta sea cual sea el bando que finalmente se alza con la victoria. A\u00c3\u00ban sin darnos cuenta por completo, es imposible juzgar si una guerra es o no susceptible de ser beneficiosa para la raza humana. A\u00c3\u00ban con lo trillado de tema, es necesario recordarnos brevemente qu\u00c3\u00a9 es en realidad lo que compone esa perversidad de la guerra.<\/p>\n<p>Por comenzar con el mal m\u00c3\u00a1s obvio; multitud de hombres j\u00c3\u00b3venes, los m\u00c3\u00a1s valientes y los mejor preparados f\u00c3\u00adsicamente de cada naci\u00c3\u00b3n, mueren, su familia y amigos, su comunidad, los pierde. Otros hombres j\u00c3\u00b3venes son los \u00c3\u00banicos que ganan. Muchos quedan inv\u00c3\u00a1lidos para toda la vida, algunos enloquecen, otros quedan como manojos de nervios, in\u00c3\u00batiles, decr\u00c3\u00a9pitos. De los que sobreviven muchos quedar\u00c3\u00a1n brutalizados, degradados moralmente por el terrible negocio de matar el cual, a pesar de ser el deber del soldado, destrozar\u00c3\u00a1 por completo sus instintos m\u00c3\u00a1s humanos. Como cualquier registro de cualquier guerra muestra, el miedo y el odio dejan salir la bestia salvaje dentro de una considerable proporci\u00c3\u00b3n de combatientes, lo que lleva a extra\u00c3\u00b1as crueldades que deben ser enfrentadas y no ignoradas si deseamos evitar la locura.<\/p>\n<p>De los males de la guerra hacia la poblaci\u00c3\u00b3n que no combate en las regiones donde sucede la lucha, las recientes desgracias en B\u00c3\u00a9lgica han proporcionado un ejemplo que no es necesario magnificar. Es necesario, sin embargo, apuntar que las desgracias en B\u00c3\u00a9lgica no han demostrado, como se cree com\u00c3\u00banmente en Inglaterra, motivo alguno a favor de la guerra. El odio, por un tr\u00c3\u00a1gico enga\u00c3\u00b1o, perpet\u00c3\u00baa los males de los que nace. Se culpa a los alemanes y no a la guerra del sufrimiento de los belgas, y as\u00c3\u00ad los horrores de la guerra se utilizan para estimular el deseo de aumentar su alcance y su intensidad. A\u00c3\u00ban asumiendo que la humanidad m\u00c3\u00a1s profunda es compatible con la conducta durante las operaciones militares, no puede dudarse que si las tropas de los aliados penetran en las regiones industriales de Alemania, los alemanes sufrir\u00c3\u00a1n una gran parte de las desgracias que Alemania hubo hecho sufrir a B\u00c3\u00a9lgica. A un hombre bajo la influencia del odio este pensamiento le har\u00c3\u00a1 regocijarse, pero a cualquiera a\u00c3\u00ban con sentimientos humanos le parecer\u00c3\u00a1 que nuestra simpat\u00c3\u00ada hacia B\u00c3\u00a9lgica debe hacernos odiar la guerra y no a Alemania.<\/p>\n<p>Los males que la guerra produce fuera del area de las operaciones militares son quiz\u00c3\u00a1s incluso m\u00c3\u00a1s serios, por cuanto que, aunque menos intensos, su influencia es m\u00c3\u00a1s amplia. Pasando por la ansiedad y el pesar de aquellos cuyos hijos o maridos est\u00c3\u00a1n en el frente, las consecuencias del da\u00c3\u00b1o econ\u00c3\u00b3mico producido por la guerra son mucho m\u00c3\u00a1s amplios de lo que se supone habitualmente. Es com\u00c3\u00ban hablar de los da\u00c3\u00b1os econ\u00c3\u00b3micos como meramente materiales, y del deseo de progreso econ\u00c3\u00b3mico como de algo mezquino y sin inspiraci\u00c3\u00b3n. Este punto de vista es posiblemente natural en la gente de bien, para la que el progreso econ\u00c3\u00b3mico consiste en comprarse un coche nuevo o en pasar las vacaciones en Escocia en lugar de junto al mar. Pero para las clases sociales m\u00c3\u00a1s pobres, el progreso econ\u00c3\u00b3mico es la primera condici\u00c3\u00b3n para el bien espiritual e incluso para el modo de vida. Una familia numerosa, viviendo en un zulo en condiciones de pobreza e inmoralidad, donde la mitad de los ni\u00c3\u00b1os mueren de ignorancia sobre sanidad o higiene, y el resto crecen embrutecidos e ignorantes, es una familia que dif\u00c3\u00adcilmente puede progresar mentalmente o espiritualmente, a no ser gracias a una mejora en sus condiciones econ\u00c3\u00b3micas. A\u00c3\u00ban sin rebajarnos al fondo de la escala social, el progreso econ\u00c3\u00b3mico es esencial para posibilitar una buena educaci\u00c3\u00b3n, una existencia tolerable de las mujeres, y en general la libertad necesaria para basar cualquier avance de la naci\u00c3\u00b3n lo suficientemente s\u00c3\u00b3lido. No suelen ser los m\u00c3\u00a1s oprimidos ni los m\u00c3\u00a1s enfermizos quienes hacen una reclamaci\u00c3\u00b3n m\u00c3\u00a1s efectiva de justicia social, de una reorganizaci\u00c3\u00b3n de la sociedad que le d\u00c3\u00a9 menos a los privilegiados y m\u00c3\u00a1s al hombre com\u00c3\u00ban.<\/p>\n<p>Durante las guerras napole\u00c3\u00b3nicas, mientras que los terratenientes ingleses aumentaban sus rentas, la masa de poblaci\u00c3\u00b3n empobrecida se hund\u00c3\u00ada en una indigencia cada vez m\u00c3\u00a1s grande. S\u00c3\u00b3lo despu\u00c3\u00a9s, durante la larga paz, una menos injusta distribuci\u00c3\u00b3n empez\u00c3\u00b3 a ser posible. No se debe dudar que el deseo por parte de los hombres ricos de distraer las mentes de los hombres de cualquier reclamaci\u00c3\u00b3n de justicia social ha sido uno de los motivos m\u00c3\u00a1s o menos inconscientes que han llevado a la guerra en la Europa moderna. En todas partes los partidos pol\u00c3\u00adticos que han representado a los privilegiados han sido los principales instigadores del odio internacional, y de persuadir al trabajador de que su principal enemigo en realidad es extranjero. As\u00c3\u00ad la guerra, y el miedo a la guerra, tiene un doble efecto retardante del progreso social; disminuye los recursos disponibles para mejorar las condiciones de las clases modestas, y distrae las mentes de los hombres de la necesidad y de la posibilidad de una mejora general de sus condiciones persuadi\u00c3\u00a9ndolos de que la \u00c3\u00banica ganancia posible est\u00c3\u00a1 en asesinar a sus camaradas de otro pa\u00c3\u00ads. El nacimiento del socialismo internacional es en gran parte una protesta contra este enga\u00c3\u00b1o y, a pesar de que hay quien considera al socialismo como simplemente una doctrina econ\u00c3\u00b3mica, su internacionalismo lo convierte en la fuerza m\u00c3\u00a1s sana de la pol\u00c3\u00adtica moderna, y el \u00c3\u00banico movimiento que ha conservado alg\u00c3\u00ban grado de juicio y humanidad en el caos presente.<\/p>\n<p>De todos los males de la guerra el mayor, en mi opini\u00c3\u00b3n, es el mal puramente espiritual; el odio, la injusticia, el repudio de la verdad, el conflicto artificial donde, si alguna vez la ceguera de los instintos at\u00c3\u00a1vicos y la siniestra influencia de los intereses antisociales, como los armament\u00c3\u00adsticos o la prensa subversiva, pudieran haber sido superados, se habr\u00c3\u00ada podido apreciar que hay una consonancia real de los intereses y la identidad esencial de la naturaleza humana; de cualquier raz\u00c3\u00b3n para reemplazar odio por amor. <b>Mr. Norman Angell<\/b> ha mostrado c\u00c3\u00b3mo de irreal, cuando se aplica a los conflictos de los estados civilizados, es el vocabulario de los conflictos internacionales, c\u00c3\u00b3mo de ilusorios son los beneficios que se suponen obtenidos tras una victoria, y c\u00c3\u00b3mo de falaces son los da\u00c3\u00b1os que, en tiempos de paz, las naciones suponen que es posible infligir durante la contienda econ\u00c3\u00b3mica. La importancia de esta tesis yace, no tanto en su aplicaci\u00c3\u00b3n econ\u00c3\u00b3mica directa, sino en la esperanza que proporciona para la liberaci\u00c3\u00b3n de mejores impulsos espirituales en la relaci\u00c3\u00b3n entre distintas cominudades. Amar a nuestros enemigos, aunque deseable, no es f\u00c3\u00a1cil; y por tanto es bueno darse cuenta de que la enemistad nace de la ceguera, y no de necesidad f\u00c3\u00adsica inexorable alguna.<\/p>\n<h3>III.<\/h3>\n<p>\u00c2\u00bfAlguna guerra ha proporcionado el suficiente bien a la humanidad como para compensar los males que estamos considerando? Creo que s\u00c3\u00ad han habido tales guerras en el pasado, pero no son guerras del tipo que concierne a nuestros diplom\u00c3\u00a1ticos, para las que nuestros ej\u00c3\u00a9rcitos actuales est\u00c3\u00a1n preparadas, ni para las que el conflicto actual puede servir de ejemplo. De cara a clasificarlas, podemos groseramente distinguir cuatro clases de guerras, aunque por supuesto en un momento dado cualquier conflicto podr\u00c3\u00ada no ser f\u00c3\u00a1cilmente clasificado en una de las cuatro. Para nuestro prop\u00c3\u00b3sito distinguimos: (1) Guerras de colonizaci\u00c3\u00b3n; (2) Guerras de principios; (3) Guerras en defensa propia; (4) Guerras de prestigio. De estas cuatro clases deber\u00c3\u00ada decir que las dos primeras est\u00c3\u00a1n habitualmente justificadas, la tercera raramente excepto contra un adversario de una civilizaci\u00c3\u00b3n inferior, y la \u00c3\u00baltima, la clase a la que pertenece el conflicto actual, nunca. Perm\u00c3\u00adtasenos considerar estos cuatro tipos de guerra en sucesi\u00c3\u00b3n.<\/p>\n<p>Por guerra de colonizaci\u00c3\u00b3n me refiero a una guerra cuyo prop\u00c3\u00b3sito es desplazar a la poblaci\u00c3\u00b3n completa de alg\u00c3\u00ban territorio y reemplazarla por una poblaci\u00c3\u00b3n invasora de una raza diferente. Las guerras cl\u00c3\u00a1sicas eran principalmente de este tipo, del cual tenemos buenos ejemplos en la Biblia. En la era moderna, los conflictos entre europeos e indoamericanos, maor\u00c3\u00ades y otros abor\u00c3\u00adgenes en regiones tropicales han sido de esta clase. Tales guerras est\u00c3\u00a1n por completo carentes de justificaci\u00c3\u00b3n t\u00c3\u00a9cnica, y son habitualmente m\u00c3\u00a1s despiadadas que cualesquiera otras. No obstante, si juzgamos por el resultado, no podemos arrepentirnos de que dichas guerras hayan tenido lugar. Tienen el m\u00c3\u00a9rito, a menudo falazmente reclamado para todos los conflictos, de llevar a la supervivencia del mejor adaptado; y se opina que gracias a estas guerras la porci\u00c3\u00b3n civilizada del mundo ha podido extenderse desde los alrededores del Mediterr\u00c3\u00a1neo hasta la mayor parte de la superficie terrestre. Durante el siglo dieciocho, en el que se sol\u00c3\u00adan bendecir las virtudes de los salvajes contra la insoportable corrupci\u00c3\u00b3n de las cortes, no hubo sin embargo escr\u00c3\u00bapulo en expulsar a los nobles salvajes que habitaban las tierras norteamericanas. Y no nos podemos permitir en este momento condenar el proceso por el cual el continente americano se ha equiparado a la civilizaci\u00c3\u00b3n europea. Para que este tipo de guerra pueda estar justificada, es necesario que haya una gran e innegable diferencia entre la civilizaci\u00c3\u00b3n de los colonizadores y la de los nativos despojados de sus tierras. Es necesario tambi\u00c3\u00a9n que el clima sea uno que permita que la raza invasora pueda m\u00c3\u00a1s tarde florecer. Cuando se satisfacen estas condiciones la conquista queda justificada, aunque la lucha real contra los habitantes originales preferiblemente deba ser evitada siempre y cuando as\u00c3\u00ad la colonizaci\u00c3\u00b3n siga siendo posible. Mucha gente objetar\u00c3\u00ada contra mi teor\u00c3\u00ada de la justificaci\u00c3\u00b3n de este tipo de robo, pero no creo que pueda hacerse ning\u00c3\u00ban reproche pr\u00c3\u00a1ctico ni efectivo.<\/p>\n<p>Tales guerras, sin embargo, hoy en d\u00c3\u00ada pertenecen al pasado. Las regiones donde el hombre blanco puede vivir est\u00c3\u00a1n ya todas asignadas, bien a razas blancas o a razas amarillas a las cuales el hombre blanco no es claramente superior y a las que, en cualquier caso, no es lo suficientemente fuerte para expulsar. Aparte de peque\u00c3\u00b1as expediciones punitivas, las guerras de colonizaci\u00c3\u00b3n, en su sentido m\u00c3\u00a1s amplio, ya no son posibles. Lo que hoy en d\u00c3\u00ada llamamos guerras coloniales no buscan sustituir la ocupaci\u00c3\u00b3n completa de un pa\u00c3\u00ads por una raza conquistadora; s\u00c3\u00b3lo buscan asegurar ventajas econ\u00c3\u00b3micas y gubernamentales. Pertenecen, de hecho, m\u00c3\u00a1s bien a lo que llamo guerras de prestigio, que a guerras de colonizaci\u00c3\u00b3n en el sentido cl\u00c3\u00a1sico. Hay, es cierto, unas pocas raras excepciones. Los griegos, en la segunda guerra balc\u00c3\u00a1nica, condujeron una guerra de colonizaci\u00c3\u00b3n contra los b\u00c3\u00balgaros. Pretendiendo ocupar un determinado territorio, mataron a todos los hombres y secuestraron a sus mujeres. Pero en un caso as\u00c3\u00ad la justificaci\u00c3\u00b3n expuesta falla, dado que nunca existi\u00c3\u00b3 una evidencia de civilizaci\u00c3\u00b3n superior de parte de los pretendidos conquistadores.<\/p>\n<p>A pesar, sin embargo, del hecho de que las guerras de colonizaci\u00c3\u00b3n pertenecen al pasado, los sentimientos y las creencias sobre la guerra actual siguen siendo aquellos apropiados a las ahora extintas condiciones que hicieron aquellas guerras posibles. Cuando comenz\u00c3\u00b3 la presente guerra, mucha gente en Inglaterra imagin\u00c3\u00b3 que si los aliados venc\u00c3\u00adan Alemania dejar\u00c3\u00ada de existir, Alemania ser\u00c3\u00ada destruida y pulverizada, y dado que esas frases sonaban vigorosas y estimulantes, la gente err\u00c3\u00b3 en ver que no ten\u00c3\u00adan significado. Hay setenta millones de alemanes; con suerte podr\u00c3\u00adamos, si tenemos \u00c3\u00a9xito en la guerra, matar a dos millones de ellos. Quedar\u00c3\u00adan sesenta y ocho millones de alemanes y en pocos a\u00c3\u00b1os la p\u00c3\u00a9rdida de poblaci\u00c3\u00b3n debida a la guerra quedar\u00c3\u00ada superada. Alemania no es s\u00c3\u00b3lo un estado, sino una naci\u00c3\u00b3n, unida por una lengua com\u00c3\u00ban, y tradiciones e ideales comunes. Acabe como acabe la guerra, la naci\u00c3\u00b3n seguir\u00c3\u00a1 existiendo al final, y su fuerza no puede ser permanentemente retenida. Pero la imaginaci\u00c3\u00b3n sobre lo que sucede en una guerra sigue estando en Homero y en el Viejo Testamento; y todav\u00c3\u00ada a quienes no pueden ver que las circunstancias han cambiado desde que aquellos libros fueron compuestos son llamados hombres pr\u00c3\u00a1cticos y se les presume libres de falsas ilusiones. Aquellos, por otra parte, con cierto conocimiento del mundo moderno y alguna capacidad para liberar sus mentes de la influencia de determinadas frases, son llamados so\u00c3\u00b1adores, idealistas, traidores o amigos de cualquier otro pa\u00c3\u00ads excepto el suyo. Si se entendiesen los hechos, las guerras entre naciones civilizadas cesar\u00c3\u00adan, dado su inherente absurdo. Las pasiones siempre est\u00c3\u00a1n por detr\u00c3\u00a1s de las organizaciones pol\u00c3\u00adticas, y los hechos que no dejan espacio para las pasiones no suelen admitirse f\u00c3\u00a1cilmente. Para que el odio, el orgullo y la violencia tengan su sitio, los hombres se ciegan inconscientemente a los hechos m\u00c3\u00a1s simples de la pol\u00c3\u00adtica y la econom\u00c3\u00ada, y la guerra moderna sigue justific\u00c3\u00a1ndose con frases y teor\u00c3\u00adas inventadas por hombres mucho m\u00c3\u00a1s simples de un tiempo tambi\u00c3\u00a9n mucho m\u00c3\u00a1s sencillo.<\/p>\n<h3>IV.<\/h3>\n<p>El segundo tipo de guerra que podr\u00c3\u00ada estar en ocasiones justificada es la que podr\u00c3\u00ada llamarse guerra de principios. A esta clase pertenece la guerra entre protestantes y cat\u00c3\u00b3licos, o las guerras civiles inglesa y americana. En tales casos cada bando, o al menos un bando, est\u00c3\u00a1 honestamente convencido de que el progreso de la humanidad depende de la adopci\u00c3\u00b3n de ciertas creencias, creencias que, por ceguera o simple depravaci\u00c3\u00b3n, la humanidad no reconocer\u00c3\u00a1 como razonables excepto si se presentan a punta de bayoneta. Tales guerras podr\u00c3\u00adan justificarse; por ejemplo, una naci\u00c3\u00b3n que practica la tolerancia religiosa podr\u00c3\u00ada encontrar justificaci\u00c3\u00b3n en resistirse ante otra naci\u00c3\u00b3n invasora que mantiene un credo distinto. As\u00c3\u00ad podr\u00c3\u00adamos justificar la resistencia de los holandeses ante franceses e ingleses en tiempos de Carlos II. Pero estas guerras de principios est\u00c3\u00a1n justificadas mucho menos a menudo de lo que nuestros contempor\u00c3\u00a1neos creen. Es raro que un principio de valor genu\u00c3\u00adno para la humanidad s\u00c3\u00b3lo pueda ser propagado por la fuerza militar. Como regla general, es la parte mala de los principios y no la parte buena la que hace necesaria una lucha en su defensa. Por esta raz\u00c3\u00b3n aquella parte mala es la que toma protagonismo durante el progreso de una guerra de principios. Una naci\u00c3\u00b3n sosteniendo una guerra en defensa de la tolerancia religiosa con seguridad perseguir\u00c3\u00ada a aquellos de sus ciudadanos que no creyesen en tal tolerancia. Una guerra de parte de la democracia, si es larga y dura, acabar\u00c3\u00a1 con seguridad excluyendo del poder a aquellos que no estuvieron a favor de la misma. <b>Mr. George Trevelyan<\/b>, en un pasaje elocuente, describe la derrota que, como consecuencia \u00c3\u00baltima de nuestra guerra civil, sufrieron los ideales de tanto puritanos como caballeros. Esta fue la maldici\u00c3\u00b3n de los vencedores, no morir, sino vivir, y casi perder su terrible fe en Dios; cuando presenciaron la Restauraci\u00c3\u00b3n, no de una vieja alegr\u00c3\u00ada demasiado alegre para todos ni de una vieja lealtad demasiado leal para ellos, sino de la corrupci\u00c3\u00b3n y el ego\u00c3\u00adsmo de quienes no ten\u00c3\u00adan pa\u00c3\u00ads ni rey. El sonido de los ca\u00c3\u00b1ones puritanos ha cesado hace mucho tiempo, pero a\u00c3\u00ban en el silencio del jard\u00c3\u00adn pesan el destino inalterable, dando vueltas sobre sitiadores y asediados, con tal precipitaci\u00c3\u00b3n por destruirse entre ellos y permitir que s\u00c3\u00b3lo los viles sobrevivan. Este conflicto com\u00c3\u00ban entre ideales opuestos es el castigo usual, aunque no invariable, por apoyar los ideales por la fuerza. Mientras que podr\u00c3\u00ada concederse que este tipo de guerras no siempre deben ser condenadas, debemos sin embargo escrutar muy esc\u00c3\u00a9pticamente cualquier reclamaci\u00c3\u00b3n de que una guerra est\u00c3\u00a1 justificada porque la victoria de uno de los bandos ser\u00c3\u00a1 la de un principio importante para nosotros.<\/p>\n<p>Hay quien mantiene que la presente guerra es una guerra en defensa de la democracia. No s\u00c3\u00a9 si este punto de vista es adoptado por el Zar, y buscando la estabilidad de la alianza sinceramente espero que no lo sea. No deseo, sin embargo, disputar la proposici\u00c3\u00b3n de que la democracia en las naciones occidentales sufrir\u00c3\u00ada de vencer Alemania. Lo que s\u00c3\u00ad deseo disputar es la creencia, sostenida frecuentemente en Inglaterra, de que si los aliados vencen la democracia puede serle obligada a una Alemania que no la desea como parte de las condiciones de la paz. Quien piensa as\u00c3\u00ad ha perdido de vista la letra del esp\u00c3\u00adritu de la democracia. Los alemanes tienen la forma de gobierno que desean y cualquier otra forma impuesta por una victoria extranjera no estar\u00c3\u00ada en armon\u00c3\u00ada con el esp\u00c3\u00adritu de la propia democracia, aunque se piense que s\u00c3\u00ad conforma con aquella letra. Se hace bien en desear intensamente la victoria de los ideales que creemos importantes, pero suele ser un signo de indebida impaciencia creer que lo importante para los ideales de uno puede ser llevado adelante mediante la sustituci\u00c3\u00b3n de fuerza por persuasi\u00c3\u00b3n pac\u00c3\u00adfica. Forzar la democracia por la guerra es s\u00c3\u00b3lo repetir, a gran escala y con resultados mucho m\u00c3\u00a1s tr\u00c3\u00a1gicos, el error de quienes la buscaron aqu\u00c3\u00ad v\u00c3\u00ada el cuchillo del asesino y la bomba del anarquista.<\/p>\n<h3>V.<\/h3>\n<p>El siguiente tipo de guerra a ser considerada es la guerra en defensa propia. Se admite universalmente como justificable este tipo de guerra, y s\u00c3\u00b3lo Cristo y Tolstoi han llegado a condenarlas. La justificaci\u00c3\u00b3n de las guerras en defensa propia es muy conveniente, dado que que se sepa nunca ha habido a\u00c3\u00ban una guerra en la que no haya habido defensa propia. Los estrategas nos aseguran que la verdadera defensa es el ataque; y cada gran naci\u00c3\u00b3n cree que su propia fuerza descomunal es la \u00c3\u00banica garant\u00c3\u00ada posible de paz mundial y que s\u00c3\u00b3lo puede garantizarse con la derrota de otras naciones. En la guerra actual, Serbia se defiende de la brutal agresi\u00c3\u00b3n de los austroh\u00c3\u00bangaros. Austria y Hungr\u00c3\u00ada se defienden de la agitaci\u00c3\u00b3n revolucionaria que se pretende que los serbios han fomentado. Rusia est\u00c3\u00a1 defendiendo a los eslavos contra la amenaza de los teutones; Alemania defiende a la civilizaci\u00c3\u00b3n teutona contra las provocaciones de los eslavos. Francia se defiende contra una repetici\u00c3\u00b3n de lo de 1870 e Inglaterra, en principio s\u00c3\u00b3lo preocupada de que se mantenga el <i>status quo<\/i>, no deja desde luego de defenderse de una potencial amenaza contra su superioridad mar\u00c3\u00adtima. La apelaci\u00c3\u00b3n a la defensa propia por parte de cada combatiente aparece ante su enemigo como simple hipocres\u00c3\u00ada porque, en cada caso el adversario piensa que tal defensa propia s\u00c3\u00b3lo quedar\u00c3\u00a1 satisfecha por la conquista. Mientras que se considere que el principio de la defensa propia es una justificaci\u00c3\u00b3n suficiente para la guerra, una guerra en defensa propia s\u00c3\u00b3lo podr\u00c3\u00a1 justificarse tal y como una guerra de principios lo hace. Pienso, sin embargo que, incluso como asunto de pol\u00c3\u00adtica pr\u00c3\u00a1ctica, el principio de no-resistencia contiene una inmensa cantidad de sabidur\u00c3\u00ada que el hombre aprovechar\u00c3\u00ada si tuviese el coraje de intentarlo.<\/p>\n<p>Los males sufridos durante una invasi\u00c3\u00b3n hostil se sufren porque se ofrece resistencia. El Ducado de Luxemburgo, que no estaba en posici\u00c3\u00b3n de ofrecer resistencia alguna, ha escapado al terrible destino de otras regiones ocupadas por tropas hostiles. Lo que una naci\u00c3\u00b3n civilizada puede conseguir contra otra por medio de la conquista es mucho menos de lo que se supone com\u00c3\u00banmente. Se dice, aqu\u00c3\u00ad y en Alemania, que cada parte lucha por conservar su existencia pero, cuando se escruta este razonamiento, se encuentra que oculta gran parte de confusi\u00c3\u00b3n en el pensamiento inducida por el p\u00c3\u00a1nico irreflexivo. No podemos destruir Alemania ni con una victoria militar completa ni as\u00c3\u00admismo puede Alemania destruir Inglaterra ni a\u00c3\u00ban s\u00c3\u00ad todos nuestros barcos fuesen hundidos y Londres fuese tomado por los prusianos. La civilizaci\u00c3\u00b3n inglesa, el idioma ingl\u00c3\u00a9s, las f\u00c3\u00a1bricas inglesas, a\u00c3\u00ban existir\u00c3\u00adan y, como ejemplo de pol\u00c3\u00adtica pr\u00c3\u00a1ctica, ser\u00c3\u00ada totalmente imposible para los alemanes establecer una tiran\u00c3\u00ada en este pa\u00c3\u00ads. Si a los alemanes, en lugar de resistir por la fuerza de las armas, se les hubiese permitido pasivamente establecerse dondequiera que hubiesen deseado, el halo de gloria y coraje que rodea a la brutalidad de los \u00c3\u00a9xitos militares no habr\u00c3\u00ada aparecido, y la opini\u00c3\u00b3n p\u00c3\u00bablica en la propia Alemania hubiese considerado imposible toda opresi\u00c3\u00b3n. La historia de nuestros propios asuntos con nuestras colonias facilita suficientes ejemplos que muestran c\u00c3\u00b3mo bajo tales circunstancias el rechazo de un autogobierno no es posible. En una palabra, son los medios con los que se repele una agresi\u00c3\u00b3n hostil los que hacen que las agresiones hostiles resulten desastrosas y los que generan el miedo por el cual las naciones hostiles llegan a considerar la agresi\u00c3\u00b3n justificada. Como entre naciones civilizadas, por lo tanto, la no-resistencia dejar\u00c3\u00ada de parecer un ideal religioso distante y pasar\u00c3\u00ada a ser considerado el curso de una sabidur\u00c3\u00ada pr\u00c3\u00a1ctica. S\u00c3\u00b3lo el orgullo y el miedo se interponen a su adopci\u00c3\u00b3n. Pero el orgullo de la gloria militar podr\u00c3\u00ada ser sustituido por un orgullo m\u00c3\u00a1s noble, y el miedo ser superado por una realizaci\u00c3\u00b3n m\u00c3\u00a1s clara de la solidez y la indestructibilidad de las naciones civilizadas modernas.<\/p>\n<h3>VI.<\/h3>\n<p>El \u00c3\u00baltimo tipo de guerra que tenemos que considerar es la que he llamado guerra de prestigio. El prestigio raramente es m\u00c3\u00a1s que uno de los elementos que causan una guerra, pero habitualmente es un elemento muy importante. En la presente guerra, hasta que finalmente estall\u00c3\u00b3 por completo, era de hecho el \u00c3\u00banico elemento implicado, aunque tan pronto comenzo la lucha otros muchos m\u00c3\u00a1s importantes pasaron a plantearse. La cuesti\u00c3\u00b3n inicial entre Austria y Rusia era pr\u00c3\u00a1cticamente en su totalidad un asunto de prestigio. La vida de los habitantes de los Balcanes no deber\u00c3\u00ada haberse visto demasiado afectada por la participaci\u00c3\u00b3n o no de oficiales austr\u00c3\u00adacos junto con los presuntos c\u00c3\u00b3mplices serbios de los asesinatos de Sarajevo. Esta importante cuesti\u00c3\u00b3n, una de por las cuales la guerra est\u00c3\u00a1 siendo librada, concierne a lo que se conoce como la hegemon\u00c3\u00ada en los Balcanes, y es absolutamente una cuesti\u00c3\u00b3n de prestigio. El hombre desea sentir el triunfo, y teme a la sensaci\u00c3\u00b3n de humillaci\u00c3\u00b3n que supone satisfacer por completo las demandas de otra naci\u00c3\u00b3n. Antes que hacer inevitable el triunfo, que hacer eterna la humillaci\u00c3\u00b3n, se desea aplicarle al mundo los mismos desastres que se est\u00c3\u00a1n sufriendo y todo el cansancio y la pobreza que va a seguirse sufriendo. El deseo de castigar y hacer eternos esos males est\u00c3\u00a1 casi universalmente bendecida; se considera de alto esp\u00c3\u00adritu, digno de una gran naci\u00c3\u00b3n que demuestra fidelidad a las tradiciones ancestrales. El m\u00c3\u00a1s tenue signo de razonabilidad es atribuido al miedo, y se recibe con verg\u00c3\u00bcenza en un bando y mofas en el otro. En la vida privada exist\u00c3\u00ada el mismo estado de opini\u00c3\u00b3n cuando los duelos a\u00c3\u00ban se practicaban, y a\u00c3\u00ban existe en los pa\u00c3\u00adses donde la costumbre permanece. Ahora se reconoce en cualquier parte del mundo anglosaj\u00c3\u00b3n que el concepto del honor que hizo que los duelos existiesen era una estupidez y un enga\u00c3\u00b1o. Puede que no sea demasiado esperar que alg\u00c3\u00ban d\u00c3\u00ada el honor de las naciones, como el de los individuos, acabe siendo medido s\u00c3\u00b3lo por su capacidad para hacer da\u00c3\u00b1o. Puede dif\u00c3\u00adcilmente ser esperado, sin embargo, que ese cambio llegue mientras la relaci\u00c3\u00b3n entre las naciones siga estando en manos de diplom\u00c3\u00a1ticos que act\u00c3\u00baan \u00c3\u00banicamente bajo el anhelo del triunfo militar o diplom\u00c3\u00a1tico del pa\u00c3\u00ads del que proceden, y cuyo modo de vida les hace ignorantes de los hechos pol\u00c3\u00adticos y econ\u00c3\u00b3micos realmente importantes para la vida de los ciudadanos, y de los cambios de opini\u00c3\u00b3n y de organizaci\u00c3\u00b3n que han hecho de este mundo un lugar muy distinto del que era en el siglo dieciocho. Si debe hacerse alg\u00c3\u00ban tipo de progreso introduciendo algo de salud mental en las relaciones internacionales, es vital que esas relaciones est\u00c3\u00a9n en manos de personajes alejados de la aristocracia, m\u00c3\u00a1s cerca del hombre normal, y m\u00c3\u00a1s emancipados de los prejuicios de un tiempo pasado. Es necesario tambi\u00c3\u00a9n que la educaci\u00c3\u00b3n popular, en lugar de inflamar el odio hacia los extranjeros y de representar incluso el m\u00c3\u00a1s min\u00c3\u00basculo triunfo como digno de los m\u00c3\u00a1s elevados sacrificios, intente en cambio producir alg\u00c3\u00ban sentido de solidaridad con la humanidad y desprecio hacia aquellos elementos hacia los que los diplom\u00c3\u00a1ticos, casi siempre secretamente, hacen fluir la virilidad y el hero\u00c3\u00adsmo de su pueblo.<\/p>\n<p>Los objetivos por los que los hombres han luchado en el pasado, justos o injustos, no deben seguir siendo obtenidos mediante guerras entre naciones civilizadas. El gran peso de la tradici\u00c3\u00b3n, de los intereses econ\u00c3\u00b3micos o de la insinceridad pol\u00c3\u00adtica, est\u00c3\u00a1 estrechamente ligado al anacronismo de la hostilidad internacional. Sin embargo, puede que no resulte quim\u00c3\u00a9rica la esperanza de que la presente guerra, que ha estremecido la conciencia de la humanidad m\u00c3\u00a1s que cualquier otra guerra en la historia anterior, produzca una repulsi\u00c3\u00b3n hacia m\u00c3\u00a9todos anticuados que podr\u00c3\u00ada llevar a naciones exhaustas a insistir en una hermandad y una cooperaci\u00c3\u00b3n que sus gobernantes les han negado antes. No hay motivo contra el establecimiento de un consejo de potencias que delibere todas las disputas de cara al p\u00c3\u00bablico. Nada se opone a esto excepto el orgullo de gobernantes que no desean que nada que no sean sus propios deseos les controle. Cuando esta gran tragedia ya se haya encaminado a su desastrosa conclusi\u00c3\u00b3n, entonces las pasiones de odio y autoafirmaci\u00c3\u00b3n habr\u00c3\u00a1n dado paso a la compasi\u00c3\u00b3n con la miseria universal, y las naciones posiblemente se dar\u00c3\u00a1n cuenta de que han estado luchando ciegas y enga\u00c3\u00b1adas, y que el camino de la piedad es el camino de la felicidad para todos.<\/p>\n<p><strong>Bertrand Russell<\/strong>, Trinity College, Cambridge.<\/p>\n<p><i>The Ethics of War<\/i>, por <strong>Bertrand Russell<\/strong>, fue publicado en el n\u00c3\u00bamero de enero de 1915 del <i>International Journal of Ethics<\/i>. El original est\u00c3\u00a1 disponible en el dominio p\u00c3\u00bablico. Se facilita la traducci\u00c3\u00b3n bajo la misma licencia que el resto del <i>blog<\/i>.<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.blogalaxia.com\/tags\/humanismo\" rel=\"tag\" target=\"_blank\"><b>humanismo<\/b><\/a> <a href=\"http:\/\/www.blogalaxia.com\/tags\/escepticismo\" rel=\"tag\" target=\"_blank\"><b>escepticismo<\/b><\/a> <a href=\"http:\/\/www.blogalaxia.com\/tags\/guerra\" rel=\"tag\" target=\"_blank\"><b>guerra<\/b><\/a> <a href=\"http:\/\/www.blogalaxia.com\/tags\/bertrandrussell\" rel=\"tag\" target=\"_blank\"><b>bertrandrussell<\/b><\/a><\/p>\n<div><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1\" height=\"1\" src=\"http:\/\/redatea.net\/wp-content\/plugins\/wp-o-matic\/cache\/3a221_8493789-1052321795555817280?l=lamediahostia.blogspot.com\" \/><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El presente art\u00c3\u00adculo de Bertrand Russell, publicado en 1915 durante la Primera Guerra Mundial, y hoy en el dominio p\u00c3\u00bablico, no estaba sin embargo traducido a nuestro idioma, al menos disponible en la red. 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