Archivos en el mes de August del 2011

Miercoles, 10 de Agosto de 2011

Lagartos, iguanas, tortugas y la evolución abofeteandote la cara

Este artículo se publica simultáneamente en Amazings.es
Noventa grados oeste, treinta minutos sur, coordenadas simples, pero más allá de los impersonales números, nos indican un lugar maravilloso, un lugar que hace tiempo se conoció como las islas encantadas, hoy tal vez os suenen más por su nombre, las islas Galápagos.
En pleno ecuador y nacidas de los infiernos, las Galápagos se han convertido en un icono de la biodiversidad. Han pasado a la historia como las islas que pusieron a Charles Darwin tras la pista de la verdad de la vida en este planeta. La vida no apareció debido a un acto de creación divino, toda la biodiversidad de la Tierra ha aparecido por evolución, cuyo motor principal es la selección natural.
Cuando visitas las islas no sorprende que las mismas le abrieran los ojos al joven Darwin que viajaba en el HMS Beagle. Mires donde mires, es fácil ver como los organismos se han adaptado a su medio, no hace falta ser un naturalista experto para percatarte de que ante tus ojos tienes algo sorprende y maravilloso, es casi como ver la evolución en plena acción.
Os voy a mostrar algunos ejemplos de adaptaciones realmente fáciles de ver, salvo que uno esté completamente ciego. Una de las especies que me encontré cuando fui a la isla de Bartolome fue los lagartos de lava. La anécdota es que allí se refieren a ellos como lagartijas, lo cual te llama la atención ya que son como el doble de largas a las que estamos acostumbrados a ver. Los lagartos de lava son endémicos de las Galápagos, es decir, solo los puedes ver allí, no existen en ningún otro lugar del planeta. Bartolome es una isla con un entorno completamente árido, en algunos lugares el paisajes de roca es de un color rojizo que te recuerda la superficie de Marte, en otras zonas se encuentran capas negras de lava seca, y otras rocas presentan un color grisáceo. En estas últimas rocas es donde descubrí mi primer lagarto de lava, fijaros lo bien que se mimetiza con la roca, en la foto parece fácil de ver pero en vivo es más difícil, normalmente te lo tienen que indicar, una vez que lo ves y lo identificas haces zoom con la cámara para que en la foto salga lo mejor posible:

Pues bien, si nos movemos a otra isla, en este caso a Santa Cruz, donde la vegetación es realmente abundante podemos encontrarnos también lagartos de lava, pero de una coloración distinta. Aquí el entorno es distinto, abunda el verde de las plantas y el gris de las rocas, así que ha existido una presión para que los lagartos de lava presente esos colores, cuanto mejor te camufles más difícil de localizar eres para tus depredadores, lo cual hace que tengas más opciones de procrear al tener un mayor tiempo de vida. También claro está, tienes más opciones de procrear porque tus competidores para encontrar pareja probablemente estén muertos. Tus descendientes heredaran esa característica tuya haciendo que a la larga tu genotipo sea el más extendido entre la población. Aquí tenéis al lagarto de lava de la isla de Santa Cruz y su mezcla entre verde y gris:

Aquí resulta fácil de ver, pero os aseguro que en cuanto se fue entre las plantas me resulto imposible seguirlo con la vista, en seguida se hizo “invisible”.
Otro ejemplo de adaptaciones lo encontramos en las iguanas. En Galápagos encontramos a las iguanas marinas (Amblyrhynchus cristatus) que son otra especie endémica. Presentan un color prácticamente negro, lo cual hace que sean fácilmente observable en las playas de arena blanca:

Pero si nos movemos a su hábitat natural, rocas volcánicas de tonalidad gris y negra, resulta que las iguanas marinas tienen un camuflaje muy bueno. Pinchando aquí podéis ver esta imagen de alta resolución, si buscáis las iguanas sin ampliar la imagen, veréis que es algo difícil encontrarlas, ampliando la imagen la cosa se simplifica. Estas iguanas tiene un comportamiento raro para ser reptiles. Si os fijáis en la imagen muchas de las iguanas en la imagen están realmente juntas, incluso algunas están encima de otras, esto tiene dos ventajas. Recordemos que son animales de sangre fría y necesitan aumentar su temperatura por medios externos, por eso posan de cara al Sol, al agolparse unas encima de otras consiguen compartir su calor corporal. Por otro lado al amontonarse consiguen aumentar su tamaño y mimetizarse mejor don las rocas en las que se encuentran.
Las iguanas marinas no son las únicas iguanas que podemos encontrar en las Galápagos, también están sus primas cercanas las iguanas de tierra (Conolophus subcristatus), las cuales están en peligro de extinción debido a las especies que ha introducido el ser humano en las islas. Son particularmente vulnerables a especies introducidas como los perros, gatos, cerdos y ratas. Estos destruyen sus nidos y los cerdos se comen sus huevos. La estación científica Darwin situada en la isla de Santa Cruz está haciendo esfuerzos por proteger y recuperar dichas iguanas.
Las iguanas de tierra tienen un color completamente distinto a las marinas. Las de tierra son de tonalidades marrones, en la estación científica Darwin resulta fácil verlas en cautividad, pero estando en libertad asistimos una vez más a lo eficaz que es un buen camuflaje. Su comportamiento también es distinto al de las iguanas marinas. No son ni de lejos sociables. Son territoriales, y si te acercas a comer del mismo cactus del que se está alimentando más vale que lo hagas con cuidado o te vas a llevar un zarpazo. Su dieta nos permite ver otra de sus adaptaciones, a nadie se le escapa que comer cactus no debe ser tarea fácil, para eso tienen sus garras. Con ellas quitan las púas del cactus para poder morder más tranquilamente. En las siguientes imagenes tomadas en la isla Seymour Norte, podéis ver a una iguana entre la maleza y debajo tenéis los restos de un cactus donde podemos apreciar los zarpazos de la iguana para quitar las púas.



Por último llegamos al ícono de las islas, sus tortugas gigantes. En la siguiente imagen os podéis hacer una ligera idea de su tamaño en relación con una persona. Hay que tener en cuenta que ese ejemplar es una hembra que son más pequeñas que los machos, los cuales son mucho más imponentes:

Una vez más, dependiendo de la isla a la que pertenezca la tortuga así será su caparazón. Según cuentan, el vicegobernador de las islas le comentó a Darwin que podía saber de que isla había sido capturada una tortuga con solo observar su caparazón.
Por desgracia, las tortugas, al igual que las iguanas terrestre se encuentran actualmente amenazadas. esto es así principalmente por dos factores. Por un lado la voracidad de los humanos y por otro las especies que hemos introducido en el archipiélago. Algunas especies de tortugas de las Galápagos ya se han extinguido. Otra está apunto de hacerlo ya que sólo queda un ejemplar, el famoso solitario George:

Que como podéis observar es ciertamente grande. George es el último de su especie. Actualmente se llevan acabo intentos para que se reproduzca, evidentemente ha habido que buscarle una pareja, dado que no existen de su misma especie se ha optado por la más cercana genéticamente, pero de momento no ha habido éxito. George proviene de la isla Pinta, que es árida y la vegetación está constituida principalmente por cactus. Si observáis su caparazón la parte anterior está muy abierto, esto le permite alzar mucho la cabeza y poder alcanzar las almohadillas de los cactus, que es el principal componenete de la dieta de estas tortugas. En cambio, el caparazón de la tortuga de Santa Cruz(la de la primera imagen) como observáis es distinto. En la isal de Santa Cruz, como ya he comentado, la vegetación es frondosa, por lo que las tortugas de dicha isla no necesitan alzar el cuello tan arriba para poder alimentarte, aquí tenéis un vídeo de una de estas tortugas en pleno banquete:
Galápagos, un recóndito lugar del planeta que nos ha ayudado a comprendernos mejor a nosotros mismos, su biodiversidad ayudó a Charles Darwin a desarrollar la teoría de la evolución por medio de la selección natural. En parte, gracias a ellas sabemos de donde venimos, devolvamoslas el favor como se merecen, cuidemoslas y protejamoslas para poder seguir yendo allí y ver la evolución en acción.
Ismael Pérez Fernández.

Como el necio de San Anselmo, pero al revés


Se clasifican diferentes posiciones en torno al problema de la existencia de la Idea de Dios

© Íñigo Ongay de Felipe

En el número 112 de El Catoblepas ofrece Alfonso Fernández Tresguerres unos «comentarios» sobre el «diagnóstico» que bajo el título «El ateísmo mixto» había yo publicado en el número de mayo de esta misma revista. Mi trabajo pretendía, efectivamente, «diagnosticar», es decir, «criticar», pero no necesariamente valorar, al menos no primariamente, el alcance filosófico del artículo de Tresguerres «El ateísmo lógico» y hacerlo desde las herramientas ofrecidas por el reciente libro de Gustavo Bueno, La fe del ateo, precisamente porque, tras la atenta lectura del interesante trabajo de Tresguerres, considerábamos que tal obra de Bueno ofrecía materiales muy importantes de cara al análisis de algunos de los problemas imbricados en la maraña de cuestiones que el artículo de Tresguerres venía a remover. Además, juzgábamos entonces que tal libro no había sido tenido suficientemente en cuenta por el profesor asturiano ante el trámite de organizar su «argumentación atea», y por eso estimábamos necesario remitirnos a algunos de sus delineamientos esenciales, puesto que, de otro modo, una tal argumentación no habría podido desempeñarse de la misma manera.

Por decirlo ahora a sensu contrario, si Alfonso Fernández Tresguerres hubiese incorporado La fe del ateo a sus cálculos, el propio «ateísmo lógico» habría tendido a difuminarse hasta desaparecer por representar dicho ateísmo, no otra cosa, que una suerte de mixtum compositum inconsistente y extraordinariamente confuso en el que tanto la negación de la existencia de Dios (sin perjuicio de la existencia de su idea) como la trituración de su misma esencia parecían darse la mano, y ello como si ambas especies de ateísmo pudiesen quedar ecualizados (el género mata la especie) en una suerte de ateísmo mixto esencial-existencial que sostuviese que «Dios es imposible, en el terreno de la lógica, y además simplemente no existe, en el terreno de los hechos».

Frente a semejante ateísmo bifronte, nosotros nos permitíamos por nuestra parte recordarle al profesor Tresguerres (aunque, naturalmente, esto de «recordárselo» no es más que una forma de hablar) que negar la «existencia» de Dios es algo que no puede hacerse más que presuponiendo, a su vez, la existencia de Dios como Idea (es decir, presuponiendo que Dios existe, al menos como esencia concebible y consistente) y que, una vez supuesta su «esencia» como pensable, es imposible, salvo contradicción, negar su existencia real. Creemos en efecto que al menos en esto San Anselmo tenía toda la razón frente a Santo Tomás o a Kant: si el necio ha dicho en su corazón «Dios no existe», ello, sólo demuestra que el propio necio, aunque niegue la existencia de Dios presupone un sujeto consistente del que negar tal predicado (el de existir), pero sucede que este mismo sujeto, si es posible, tiene que existir con lo que –y este es el cepo planteado por el argumento ontológico– Dios existe. Así las cosas, la única forma de resistirse a la fuerza del argumento, sería dar la vuelta a su maquinaria lógica, comenzando por negar que el propio necio (o para el caso el propio San Anselmo) se refiera realmente a nada cuando habla de Dios con lo que, a su vez, no se trataría tanto de que Dios no exista, de hecho, sino de que lo que verdaderamente no existe es la idea de Dios.

Pues bien, en su «respuesta» a nuestro trabajo, Tresguerres anuncia que «no volverá a responder» y ello, se diría, no tanto por un desprecio subjetivo hacia mi persona ni hacia mis argumentos (cosa que efectivamente no vendría al caso) cuanto por ver de evitar «eternizarse» en debates en los que no se haría, a la postre, otra cosa que repetir lo mismo con palabras distintas (algo desde luego cierto, al menos, a tenor de su primera «respuesta» en la que los contenidos de mi artículo habrían quedado directamente intactos sin perjuicio de la tendencia de mi interlocutor por enhebrar «chistes» desde luego muy graciosos).

Desde luego, este «cerrojazo» dialéctico que nuestro interlocutor ha estimado conveniente efectuar hace imposible proseguir con la discusión, aunque creemos que un tal «cerrojo», sin perjuicio de que no tenga por qué involucrar un «desprecio subjetivo» a mis objeciones, constituye el índice más preciso de una forma de falsa conciencia que llevaría a Tresguerres a satisfacerse incesantemente con sus propias «evidencias ateas» bajo el precio, eso sí, de permanecer encastillado en una impermeabilidad argumental a prueba de bomba frente a toda contra-evidencia posible (lo que en román paladino suele expresarse con la fórmula por un oído le entra y por otro le sale). Y tenemos que decir, con toda sinceridad, que no nos parece mal. Al menos mediante esta estrategia se aseguraría Tresguerres que nada perturbe la marcha triunfal del «ateísmo mixto» en su doble negación y ello, aunque fuese bajo la forma dogmática de un «autismo» dialéctico enteramente anti-filosófico que realmente se arriesgase, por así decir, a tener siempre razón.

Seguramente, y dadas las circunstancias, esta sería al menos la forma más rápida que habría encontrado Tresguerres ante el trámite de asegurar, subjetualmente, sus propias «evidencias» individuales al margen de todo engranamiento dialéctico posible (algo así como la fe del carbonero pero al revés). En todo caso, y poniendo por un momento enteramente al margen el juicio que procedimientos como estos pudieran merecernos, lo que ciertamente estimamos que debería considerar Tresguerres (aunque no nos atrevemos a darle consejos) es que sin perjuicio de la «claridad» con la que él crea percibir el asunto (así de simple), cuanto mayor sea el grado de la falsa conciencia detectable en sus ortogramas heurísticos, así será también el grado de la evidencia subjetiva (vid «Falsa conciencia/conciencia» en Pelayo García Sierra, Diccionario Filosófico)

* * *

Ahora bien, naturalmente que ante esta clausura del debate, nosotros no podemos, en el terreno de los dialogismos, proceder a responder a Tresguerres y no es esto lo que pretendemos ahora, puesto que ello representaría, al menos por la parte de nuestro interlocutor, algo así como un «diálogo de sordos», pero ello en modo alguno nos exime de tomarnos muy en serio sus posiciones en el plano semántico. Concretamente, en el presente trabajo, más que dirigirnos directamente a Alfonso Tresguerres, vamos a partir de sus posiciones «ateas», entre otras posibles y también muy interesantes (de hecho nos referiremos a otros ateos existenciales como Atilio o Simbol que han dado a conocer sus filosofemas a través de Internet), para, desde tales posturas, que aquí consideraremos como materiales circunscritos al plano fenoménico, reconstruir en el regressus el sentido del ateísmo esencial defendido por el materialismo filosófico. Por decirlo de otra manera, pretendemos hacer ver que la idea de Dios, cuya existencia Tresguerres y otros «ateos» existenciales parecidos (en particular nos referiremos a algunos casos muy destacados extraídos del sitio Razón Atea puesto a punto por Fernando G. Toledo) dan en todo momento por supuesto en el plano fenoménico, termina difuminándose hasta desaparecer, como una apariencia falaz, en el plano esencial de suerte que, vista desde este mismo plano, la idea de Dios es sólo una para-idea o una pseudo-idea con lo que, de paso, Dios no existe ni pintado, esto es, frente a lo que Simbol, Atilio o Tresguerres parecen suponer en el plano de los fenómenos, no existe ni siquiera como idea.

En general, partimos del presupuesto de que aunque las más de las ocasiones no se tenga esto en cuenta, la idea de «ateísmo», no representa una noción de predicación unívoca cuya unidad pudiese darse frívolamente por consabida (por ejemplo sosteniendo que «el ateo» niega la existencia de Dios mientras que «el agnóstico» duda de ella, &c., &c.) puesto que, sin perjuicio de la claridad aparente que desprenden tales conceptos, la idea de ateísmo se ajustaría más bien al formato que es propio de los términos análogos, es decir, aquellos cuyas especies predicativas son simpliciter diversa por mucho que secundum quid, puedan mantenerse como eadem.

En lo que todas las especies de ateísmo coinciden es, evidentemente, en la negación de Dios (o de cada uno de los dioses, sean a su vez religiosos o filosóficos), sea en su esencia, sea en su existencia. Ahora bien, esta unidad característica de la idea de ateísmo, repárese, sería tan solo una unidad funcional-abstracta (y de ahí el formato negativo del propio concepto) de donde, cada clase de ateísmo vendría marcada por la impronta de la propia idea de Dios de cuya negación procedería. Lo que con ello pretendemos subrayar, es, ante todo, la gran probabilidad de que algunas clases de ateísmo se mantengan tan distanciadas o todavía más entre sí como cada una de ellas respecto de terceras especies del agnosticismo o del teísmo. Por eso, en lugar de desbrozar la maraña fenoménica de referencia utilizando nociones tan abstractas, sin perjuicio de su fundamento, como las de ateísmo, agnosticismo o teísmo, vamos a proceder en lo que sigue a re-clasificar los fenómenos de partida poniendo, de un lado aquellas posturas que comenzarían por reconocer la existencia de la Idea de Dios, sin perjuicio de la impugnación eventual de su existencia, y, de otro, las posiciones que, sin necesidad de entrar a discutir, al menos de partida, la existencia o inexistencia de Dios, empezarían por impugnar la propia existencia de su Idea.

Posturas que conservan la esencia de Dios (sin perjuicio de su existencia)

Tanto el agnosticismo como el teísmo o el ateísmo existencial (incluyendo aquí el «ateísmo mixto») comenzarían, como el necio del argumento del Proslogio, por así decir, dando por consabida la esencia del Ser Supremo a la manera de un sujeto gramatical del que después, en un segundo momento, tuviese sentido predicar su «existencia» o «inexistencia».

Así por ejemplo el agnóstico ontológico que suspende el juicio en lo referente a la existencia del Ens Necessarium, usualmente comienza por presuponer, desde luego, que la idea de un tal ser es ciertamente componible –esto es, que existe la idea de Dios– por mucho que, tras haber reconocido esto (cuando menos en el ejercicio), se pase a postular la imposibilidad de demostrar su existencia o inexistencia «real». Es cierto, se dirá, que no sabemos ni podemos saber si Dios existe, puesto que en todo caso su existencia es indemostrable, pero ello querrá al mismo tiempo decir que podemos concebir su Idea como una esencia consistente.

El ateo existencial, por su parte (incluyendo el ateo mixto), concede de entrada que la idea de Dios existe, como existe la idea del «monstruo del Lago Ness» o de una familia de duendes invisibles, sin perjuicio de que dicha idea denote un ser inexistente. En todo caso, argumentará el ateo existencial, todos, incluso los «insensatos», entendemos lo que se quiere decir cuando se habla de Dios, lo que para el caso demostraría la existencia de la idea de Dios (a diferencia, por ejemplo de la idea del turuluflú) aun cuando lo que no exista, y acaso sea además imposible (como argumenta el ateo mixto) sea el Ens designado por una tal idea. Si no nos equivocamos demasiado, creemos que, al menos en lo referido a sus rasgos esenciales, esta es la postura defendida en el marco de nuestra breve «polémica del ateísmo», por autores como puedan serlo Atilio, defensor de un curiosísimo ateísmo de factura «cerebro-céntrica» o Simbol, seguidor también muy escrupuloso del ateísmo mixto (en las páginas de razonatea.blogspot.com) o Alfonso Tresguerres (en la revista El Catoblepas).

Ahora bien lo que ni el agnosticismo ontológico ni tampoco, por su lado, filósofos ateos como Atilio, Símbol o Tresguerres han podido percibir con la suficiente claridad es que, al haberse situado ellos mismos en el papel del insipiens anselmiano, no resulta posible por más tiempo evitar que el propio argumento del Proslogio empiece a funcionar a pleno rendimiento, arrojando precisamente las conclusiones contrarias de las que el ateo existencial desearía extraer. Con ello lo que realmente queremos decir, es que si la Idea de Dios existe (a diferencia de la de turuluflú, sin ir más lejos), esto es, si tal idea por de pronto se refiere a algo, estos insensatos no podrán negar que se refiera a un Ser Necesario y si, por lo demás, esto es así, ya no cabrá en modo alguno declarar, sin contradicción, que tal Ser, siendo Necesario, es al mismo tiempo inexistente (como quiere el ateo existencial) pero tampoco sólo contingente (como pretende el agnóstico) de donde, sencillamente, si se reconoce la existencia de la Idea de Dios, entonces la única posición que cabe adoptar con sentido es el teísmo de autores como San Anselmo, Duns Scoto, Descartes o Leibniz. En resumidas cuentas, a la vista del argumento ontológico, sea en su versión anselmiana, sea en su versión modal, si existe la idea de Dios, entonces ya no se ve cómo evitar la siguiente conclusión: existe Dios.

Sin embargo, esta no es tampoco la última palabra. Porque sucede de hecho que a diferencia del «Monstruo del Lago Ness» o de los «duendes invisibles», el Dios al que se refieren los agnósticos, los teístas y los ateos existenciales, no puede, al parecer, «coexistir» con terceras entidades (para empezar no puede, sin duda, existir en el «Lago Ness» o en un apartamento ovetense), y al límite, dada su infinitud, anegaría tales términos hasta hacerlos desaparecer. De hecho, la absoluta infinitud así como la entera simplicidad del Ser Perfectisímo, comenzaría por hacer imposible la existencia del mundo (el propio mundus adspectabilis del que partían, en el regressus, cada una de las vías tomistas a través de sus sense constat) al no poder «coexistir» con él. Con ello, se sigue que si existir, fuera de toda hipóstasis metafísica de la idea de existencia, dice coexistir con terceras texturas constitutivas del mundo práctico, más allá del contorno del nódulo de referencia entonces, la existencia de un Dios infinito al tiempo que absolutamente simple es imposible al aparecer como incomponible (incompatible) con la existencia de todo entorno exterior a su dintorno.

Ahora bien, si esto es así, es decir, si, por un lado, la existencia de la idea de Dios pide la existencia de Dios, y si, al mismo tiempo, Dios no puede existir (porque no coexiste con nada, i. e., con ningún contenido exterior a su dintorno), entonces, por modus tollens, se sigue de estas premisas que lo que tampoco existe ni puede existir es la idea de Dios. Simplemente sucederá que, pese a todas las apariencias falaces, y como en el argumento de San Anselmo pero a la inversa, nadie, absolutamente nadie, «ha dicho en su corazón: no existe Dios», sencillamente porque la llamada Idea de Dios es en realidad una para-idea o una pseudo-idea. Y este es precisamente el proton-pseudos en los que tanto los agnósticos como los ateos existenciales al estilo de Atilio, Simbol o Tresguerres se habrían visto empantanados.

Posturas que trituran la existencia de la idea de Dios (sin perjuicio de la existencia de Dios)

Pues bien, si la idea de Dios no existe, ello sin duda se deberá a que tal idea, cuando se la analiza fuera del plano de los fenómenos entre los que se mueven los ateos existenciales, no representa en realidad otra cosa que un mosaico confuso de componentes (Padre, Médico, Arquitecto, Maestro, &c., &c.) extraídos, eso sí, del mundo práctico-operatorio que, cuando se desarrollan al límite de su infinitud, dan lugar, por convergencia, no ya a una idea componible (pues sus propios componentes son enteramente –ni siquiera parcialmente– incompatibles unos con otros como lo es, en general, la voluntad con la infinitud o la omnisciencia con la omnipotencia, o la pura actualidad respecto a todos los demás, &c., &c.), sino a una pseudo-idea metafísica que no puede componerse. Ello no se deberá tanto a que Dios aparezca como imposible por auto-contradictorio en el terreno de la lógica, como pretenden muchas variedades de «ateísmo mixto» (puesto que en todo caso un tal «autos» involucraría la reflexividad, lo cual no es mucho más que una hipóstasis metafísica), como tampoco un decaedro regular es auto-contradictorio. Lo que es contradictorio constructivamente, esto es, impracticable, es la concatenación de sus componentes entre sí y con el entorno práctico de partida al que terminarían por anegar, pero si tales componentes no pueden, por hipótesis, ser siquiera compuestos unos con otros, entonces, se deduce de esto que la idea de partida simplemente no existe como tal idea; y ello por mucho que en el terreno de las apariencias, el nombre que encapsula tal mosaico pueda dar la impresión al ateo existencial –y de ahí el proton pseudon al que antes nos referíamos– de que cuando habla de Dios, por ejemplo para negar su existencia, se refiere a algo de distinto del turuluflú.

Esta circunstancia ha sido detectada con toda claridad desde las páginas de Razón Atea a las que venimos refiriéndonos, por Fernando G. Toledo y Jorge Méndez, cuyas entendederas filosóficas parecen ir, al menos en este punto, mucho más lejos que las de Atilio, Simbol o Tresguerres. Afirma por ejemplo Méndez, dando a nuestro juicio en el clavo:

«Me parece que Tresguerres confunde el signo «Dios» (objeto semiótico) con el pseudo-concepto o pseudo-idea denotado o designado por el signo, ya que si bien el signo «Dios», en cuanto objeto material que designa o denota por convención a un concepto u objeto material existe realmente, de eso no se sigue que exista realmente (o conceptualmente) la idea o paraidea que supuestamente designaría. Aunque también es posible que Tresguerres confunda el pensamiento (proceso cerebral o secuencia de psicones) con la pseudoidea o pseudo-concepto que formaría en el plano conceptual ficticio (…) o, en jerga buenista, confundiría M2 con M3.»

Asimismo, como sostiene Fernando G. Toledo, creemos que muy certeramente:

«(…) tanto la de círculo cuadrado como la de Dios son pseudoideas o paraideas a las que se les simulan sus contradicciones para «pensarlas» siquiera, predicarlas como existentes.»

Si esto es así, entonces una vez retirado el nombre, que habrá con ello quedado reducido a la condición que cuadra a un verdadero flatus vocis, la propia unidad de la idea de Dios como idea consistente quedaría disuelta al límite de su desaparición; lo que al mismo tiempo querría decir, si no nos equivocamos demasiado, que nadie (ni Atilio, ni Simbol, ni Tresguerres, ni San Anselmo, ni Santo Tomás, ni Ricardo Dawkins) se refieren absolutamente a nada cuando discuten la existencia o inexistencia de Dios puesto que, como ahora esperamos que se vea, lo que en realidad no existe es la propia idea de Dios sobre la que tales insensatos parecen (falazmente) debatir. Del mismo modo, no tendrá el más mínimo sentido exigir pruebas a quien afirma su existencia (dado que ni quien «afirma» ni quien «niega» están diciendo nada preciso), ni «desear» que Dios exista después de todo, impostando poseer una idea de Dios que ni siquiera puede componerse (pues entonces, nos preguntamos, ¿qué es lo que se desea que exista?), ni echarle de menos, ni tampoco respetar a los «creyentes» que tienen fe en Él, puesto que tal «fe», fuera al menos del plano fenoménico, es una apariencia falaz que ni existe ni puede existir: y no es que los «creyentes» se equivoquen al mantener su fe en Dios, porque lo que realmente sucede, desde las coordenadas del ateísmo esencial, es que tal «fe» ni siquiera existe como tal, con lo que no puede ser respetada. La idea de Dios no existe y ello, a poco que se piense la cosa, al mismo tiempo, demuestra que absolutamente nadie, ni siquiera los teístas, tiene «fe» en Él.

Finalizamos refiriéndonos a una anécdota suficientemente significativa. En el contexto de una clase sobre el uso que hace Descartes del argumento ontológico en sus Meditationes de Prima Philosophia, y tras las pertinentes explicaciones por parte del profesor sobre el «argumento ontológico doblado», una alumna pudo hacer el siguiente comentario: «entonces, el verdadero problema no es que Dios no exista, el problema reside en los atributos que se le asignan.» Desde luego nosotros no sólo consideramos que la muchacha estaba realmente en lo cierto –mostrando por lo demás una finura filosófica que da ciento y raya a muchos «ateos existenciales»– sino que su comentario demuestra con todas las de la ley que el problema, en efecto, no es tanto la existencia de Dios sino la misma existencia de su constitutivo formal y que, si ese es el caso, entonces, todos somos ateos (en el plano esencial).

Un espacio para dudar. Ateos, agnósticos, escépticos. Reflexión, ensayo, debate. Arte y literatura. Humanismo secular.
Martes, 9 de Agosto de 2011

Exactamente, ¿qué dice la prima de riesgo?

Llevamos meses con el alma en vilo a cuenta de la prima de riesgo española. Nos explican que el interés que se paga por la deuda española es mayor que el que se paga por la alemana debido a que quienes compran deuda piensan que la española tiene más riesgo. Es decir, que podría ser que España no pagara toda o parte de su deuda.
Muy bien, pero ¿cómo de probable es eso?
Pongamos unos números para entendernos. Por ejemplo, sea que la base de comparación es la deuda alemana y que esta no presenta ningún riesgo de impago y paga un interés del 2% (es más bien el 2,5%, pero dejemos los detalles finos). Pongamos ahora que el interés de la deuda de España es el 6% (cuatro puntos por encima o 400 puntos básicos, como es del gusto decir ahora). ¿Qué estarían diciendo los mercados?
Veamos: comprar deuda española al 6% es como comprar deuda alemana al 2%. Como la deuda alemana da 102 en un año por cada 100 invertidos y lo hace con total seguridad, la deuda española dará también un 102 en promedio. ¿Promedio de qué? De las estimaciones de pago y de impago. Pongamos dos casos:
(i) España pagará su deuda solo con probabilidad p.
(ii) España pagará solamente la mitad de la deuda (y sin intereses) con probabilidad q.
En el caso (i) tenemos que 102=106p, por lo que p=0,9623. Así que los mercados estarían opinando que España pagará su deuda solo con un 96,22% de probabilidad.
En el caso (ii) tenemos que 102=106q+50(1-q), por lo que q=0,9285. Así que los mercados opinarían que España pagará toda su deuda con probabilidad 92,85% o bien solo la mitad con probabilidad 7,15%.
Por supuesto, la realidad será que opinen no exactamente una de esos dos casos, sino una combinación de ellos y otros parecidos, pero nos hacemos una idea.
La cuestión es: ¿Es realista pensar que, efectivamente, hay esas probabilidades de impago? Si la respuesta es no, hay un comportamiento anomalo en los mercados.

¡Solidaridad con la Eurozona!

¡El milagro del Papa que Madrid necesita!

Viñeta de Manel Fontdevila.


Por fin ¡confesionarios de diseño para la visita papal!

Los han instalado a centenares en el madrileñísimo parque del Retiro. ¡Así da gusto pecar!


Jueves, 11 de Agosto de 2011

Como el necio de San Anselmo, pero al revés




Se clasifican diferentes posiciones en torno al problema de la existencia de la Idea de Dios

© Íñigo Ongay de Felipe

En el número 112 de El Catoblepas ofrece Alfonso Fernández Tresguerres unos «comentarios» sobre el «diagnóstico» que bajo el título «El ateísmo mixto» había yo publicado en el número de mayo de esta misma revista. Mi trabajo pretendía, efectivamente, «diagnosticar», es decir, «criticar», pero no necesariamente valorar, al menos no primariamente, el alcance filosófico del artículo de Tresguerres «El ateísmo lógico» y hacerlo desde las herramientas ofrecidas por el reciente libro de Gustavo Bueno, La fe del ateo, precisamente porque, tras la atenta lectura del interesante trabajo de Tresguerres, considerábamos que tal obra de Bueno ofrecía materiales muy importantes de cara al análisis de algunos de los problemas imbricados en la maraña de cuestiones que el artículo de Tresguerres venía a remover. Además, juzgábamos entonces que tal libro no había sido tenido suficientemente en cuenta por el profesor asturiano ante el trámite de organizar su «argumentación atea», y por eso estimábamos necesario remitirnos a algunos de sus delineamientos esenciales, puesto que, de otro modo, una tal argumentación no habría podido desempeñarse de la misma manera.

Por decirlo ahora a sensu contrario, si Alfonso Fernández Tresguerres hubiese incorporado La fe del ateo a sus cálculos, el propio «ateísmo lógico» habría tendido a difuminarse hasta desaparecer por representar dicho ateísmo, no otra cosa, que una suerte de mixtum compositum inconsistente y extraordinariamente confuso en el que tanto la negación de la existencia de Dios (sin perjuicio de la existencia de su idea) como la trituración de su misma esencia parecían darse la mano, y ello como si ambas especies de ateísmo pudiesen quedar ecualizados (el género mata la especie) en una suerte de ateísmo mixto esencial-existencial que sostuviese que «Dios es imposible, en el terreno de la lógica, y además simplemente no existe, en el terreno de los hechos».

Frente a semejante ateísmo bifronte, nosotros nos permitíamos por nuestra parte recordarle al profesor Tresguerres (aunque, naturalmente, esto de «recordárselo» no es más que una forma de hablar) que negar la «existencia» de Dios es algo que no puede hacerse más que presuponiendo, a su vez, la existencia de Dios como Idea (es decir, presuponiendo que Dios existe, al menos como esencia concebible y consistente) y que, una vez supuesta su «esencia» como pensable, es imposible, salvo contradicción, negar su existencia real. Creemos en efecto que al menos en esto San Anselmo tenía toda la razón frente a Santo Tomás o a Kant: si el necio ha dicho en su corazón «Dios no existe», ello, sólo demuestra que el propio necio, aunque niegue la existencia de Dios presupone un sujeto consistente del que negar tal predicado (el de existir), pero sucede que este mismo sujeto, si es posible, tiene que existir con lo que –y este es el cepo planteado por el argumento ontológico– Dios existe. Así las cosas, la única forma de resistirse a la fuerza del argumento, sería dar la vuelta a su maquinaria lógica, comenzando por negar que el propio necio (o para el caso el propio San Anselmo) se refiera realmente a nada cuando habla de Dios con lo que, a su vez, no se trataría tanto de que Dios no exista, de hecho, sino de que lo que verdaderamente no existe es la idea de Dios.

Pues bien, en su «respuesta» a nuestro trabajo, Tresguerres anuncia que «no volverá a responder» y ello, se diría, no tanto por un desprecio subjetivo hacia mi persona ni hacia mis argumentos (cosa que efectivamente no vendría al caso) cuanto por ver de evitar «eternizarse» en debates en los que no se haría, a la postre, otra cosa que repetir lo mismo con palabras distintas (algo desde luego cierto, al menos, a tenor de su primera «respuesta» en la que los contenidos de mi artículo habrían quedado directamente intactos sin perjuicio de la tendencia de mi interlocutor por enhebrar «chistes» desde luego muy graciosos).

Desde luego, este «cerrojazo» dialéctico que nuestro interlocutor ha estimado conveniente efectuar hace imposible proseguir con la discusión, aunque creemos que un tal «cerrojo», sin perjuicio de que no tenga por qué involucrar un «desprecio subjetivo» a mis objeciones, constituye el índice más preciso de una forma de falsa conciencia que llevaría a Tresguerres a satisfacerse incesantemente con sus propias «evidencias ateas» bajo el precio, eso sí, de permanecer encastillado en una impermeabilidad argumental a prueba de bomba frente a toda contra-evidencia posible (lo que en román paladino suele expresarse con la fórmula por un oído le entra y por otro le sale). Y tenemos que decir, con toda sinceridad, que no nos parece mal. Al menos mediante esta estrategia se aseguraría Tresguerres que nada perturbe la marcha triunfal del «ateísmo mixto» en su doble negación y ello, aunque fuese bajo la forma dogmática de un «autismo» dialéctico enteramente anti-filosófico que realmente se arriesgase, por así decir, a tener siempre razón.

Seguramente, y dadas las circunstancias, esta sería al menos la forma más rápida que habría encontrado Tresguerres ante el trámite de asegurar, subjetualmente, sus propias «evidencias» individuales al margen de todo engranamiento dialéctico posible (algo así como la fe del carbonero pero al revés). En todo caso, y poniendo por un momento enteramente al margen el juicio que procedimientos como estos pudieran merecernos, lo que ciertamente estimamos que debería considerar Tresguerres (aunque no nos atrevemos a darle consejos) es que sin perjuicio de la «claridad» con la que él crea percibir el asunto (así de simple), cuanto mayor sea el grado de la falsa conciencia detectable en sus ortogramas heurísticos, así será también el grado de la evidencia subjetiva (vid «Falsa conciencia/conciencia» en Pelayo García Sierra, Diccionario Filosófico)

* * *

Ahora bien, naturalmente que ante esta clausura del debate, nosotros no podemos, en el terreno de los dialogismos, proceder a responder a Tresguerres y no es esto lo que pretendemos ahora, puesto que ello representaría, al menos por la parte de nuestro interlocutor, algo así como un «diálogo de sordos», pero ello en modo alguno nos exime de tomarnos muy en serio sus posiciones en el plano semántico. Concretamente, en el presente trabajo, más que dirigirnos directamente a Alfonso Tresguerres, vamos a partir de sus posiciones «ateas», entre otras posibles y también muy interesantes (de hecho nos referiremos a otros ateos existenciales como Atilio o Simbol que han dado a conocer sus filosofemas a través de Internet), para, desde tales posturas, que aquí consideraremos como materiales circunscritos al plano fenoménico, reconstruir en el regressus el sentido del ateísmo esencial defendido por el materialismo filosófico. Por decirlo de otra manera, pretendemos hacer ver que la idea de Dios, cuya existencia Tresguerres y otros «ateos» existenciales parecidos (en particular nos referiremos a algunos casos muy destacados extraídos del sitio Razón Atea puesto a punto por Fernando G. Toledo) dan en todo momento por supuesto en el plano fenoménico, termina difuminándose hasta desaparecer, como una apariencia falaz, en el plano esencial de suerte que, vista desde este mismo plano, la idea de Dios es sólo una para-idea o una pseudo-idea con lo que, de paso, Dios no existe ni pintado, esto es, frente a lo que Simbol, Atilio o Tresguerres parecen suponer en el plano de los fenómenos, no existe ni siquiera como idea.

En general, partimos del presupuesto de que aunque las más de las ocasiones no se tenga esto en cuenta, la idea de «ateísmo», no representa una noción de predicación unívoca cuya unidad pudiese darse frívolamente por consabida (por ejemplo sosteniendo que «el ateo» niega la existencia de Dios mientras que «el agnóstico» duda de ella, &c., &c.) puesto que, sin perjuicio de la claridad aparente que desprenden tales conceptos, la idea de ateísmo se ajustaría más bien al formato que es propio de los términos análogos, es decir, aquellos cuyas especies predicativas son simpliciter diversa por mucho que secundum quid, puedan mantenerse como eadem.

En lo que todas las especies de ateísmo coinciden es, evidentemente, en la negación de Dios (o de cada uno de los dioses, sean a su vez religiosos o filosóficos), sea en su esencia, sea en su existencia. Ahora bien, esta unidad característica de la idea de ateísmo, repárese, sería tan solo una unidad funcional-abstracta (y de ahí el formato negativo del propio concepto) de donde, cada clase de ateísmo vendría marcada por la impronta de la propia idea de Dios de cuya negación procedería. Lo que con ello pretendemos subrayar, es, ante todo, la gran probabilidad de que algunas clases de ateísmo se mantengan tan distanciadas o todavía más entre sí como cada una de ellas respecto de terceras especies del agnosticismo o del teísmo. Por eso, en lugar de desbrozar la maraña fenoménica de referencia utilizando nociones tan abstractas, sin perjuicio de su fundamento, como las de ateísmo, agnosticismo o teísmo, vamos a proceder en lo que sigue a re-clasificar los fenómenos de partida poniendo, de un lado aquellas posturas que comenzarían por reconocer la existencia de la Idea de Dios, sin perjuicio de la impugnación eventual de su existencia, y, de otro, las posiciones que, sin necesidad de entrar a discutir, al menos de partida, la existencia o inexistencia de Dios, empezarían por impugnar la propia existencia de su Idea.

Posturas que conservan la esencia de Dios (sin perjuicio de su existencia)

Tanto el agnosticismo como el teísmo o el ateísmo existencial (incluyendo aquí el «ateísmo mixto») comenzarían, como el necio del argumento del Proslogio, por así decir, dando por consabida la esencia del Ser Supremo a la manera de un sujeto gramatical del que después, en un segundo momento, tuviese sentido predicar su «existencia» o «inexistencia».

Así por ejemplo el agnóstico ontológico que suspende el juicio en lo referente a la existencia del Ens Necessarium, usualmente comienza por presuponer, desde luego, que la idea de un tal ser es ciertamente componible –esto es, que existe la idea de Dios– por mucho que, tras haber reconocido esto (cuando menos en el ejercicio), se pase a postular la imposibilidad de demostrar su existencia o inexistencia «real». Es cierto, se dirá, que no sabemos ni podemos saber si Dios existe, puesto que en todo caso su existencia es indemostrable, pero ello querrá al mismo tiempo decir que podemos concebir su Idea como una esencia consistente.

El ateo existencial, por su parte (incluyendo el ateo mixto), concede de entrada que la idea de Dios existe, como existe la idea del «monstruo del Lago Ness» o de una familia de duendes invisibles, sin perjuicio de que dicha idea denote un ser inexistente. En todo caso, argumentará el ateo existencial, todos, incluso los «insensatos», entendemos lo que se quiere decir cuando se habla de Dios, lo que para el caso demostraría la existencia de la idea de Dios (a diferencia, por ejemplo de la idea del turuluflú) aun cuando lo que no exista, y acaso sea además imposible (como argumenta el ateo mixto) sea el Ens designado por una tal idea. Si no nos equivocamos demasiado, creemos que, al menos en lo referido a sus rasgos esenciales, esta es la postura defendida en el marco de nuestra breve «polémica del ateísmo», por autores como puedan serlo Atilio, defensor de un curiosísimo ateísmo de factura «cerebro-céntrica» o Simbol, seguidor también muy escrupuloso del ateísmo mixto (en las páginas de razonatea.blogspot.com) o Alfonso Tresguerres (en la revista El Catoblepas).

Ahora bien lo que ni el agnosticismo ontológico ni tampoco, por su lado, filósofos ateos como Atilio, Símbol o Tresguerres han podido percibir con la suficiente claridad es que, al haberse situado ellos mismos en el papel del insipiens anselmiano, no resulta posible por más tiempo evitar que el propio argumento del Proslogio empiece a funcionar a pleno rendimiento, arrojando precisamente las conclusiones contrarias de las que el ateo existencial desearía extraer. Con ello lo que realmente queremos decir, es que si la Idea de Dios existe (a diferencia de la de turuluflú, sin ir más lejos), esto es, si tal idea por de pronto se refiere a algo, estos insensatos no podrán negar que se refiera a un Ser Necesario y si, por lo demás, esto es así, ya no cabrá en modo alguno declarar, sin contradicción, que tal Ser, siendo Necesario, es al mismo tiempo inexistente (como quiere el ateo existencial) pero tampoco sólo contingente (como pretende el agnóstico) de donde, sencillamente, si se reconoce la existencia de la Idea de Dios, entonces la única posición que cabe adoptar con sentido es el teísmo de autores como San Anselmo, Duns Scoto, Descartes o Leibniz. En resumidas cuentas, a la vista del argumento ontológico, sea en su versión anselmiana, sea en su versión modal, si existe la idea de Dios, entonces ya no se ve cómo evitar la siguiente conclusión: existe Dios.

Sin embargo, esta no es tampoco la última palabra. Porque sucede de hecho que a diferencia del «Monstruo del Lago Ness» o de los «duendes invisibles», el Dios al que se refieren los agnósticos, los teístas y los ateos existenciales, no puede, al parecer, «coexistir» con terceras entidades (para empezar no puede, sin duda, existir en el «Lago Ness» o en un apartamento ovetense), y al límite, dada su infinitud, anegaría tales términos hasta hacerlos desaparecer. De hecho, la absoluta infinitud así como la entera simplicidad del Ser Perfectisímo, comenzaría por hacer imposible la existencia del mundo (el propio mundus adspectabilis del que partían, en el regressus, cada una de las vías tomistas a través de sus sense constat) al no poder «coexistir» con él. Con ello, se sigue que si existir, fuera de toda hipóstasis metafísica de la idea de existencia, dice coexistir con terceras texturas constitutivas del mundo práctico, más allá del contorno del nódulo de referencia entonces, la existencia de un Dios infinito al tiempo que absolutamente simple es imposible al aparecer como incomponible (incompatible) con la existencia de todo entorno exterior a su dintorno.

Ahora bien, si esto es así, es decir, si, por un lado, la existencia de la idea de Dios pide la existencia de Dios, y si, al mismo tiempo, Dios no puede existir (porque no coexiste con nada, i. e., con ningún contenido exterior a su dintorno), entonces, por modus tollens, se sigue de estas premisas que lo que tampoco existe ni puede existir es la idea de Dios. Simplemente sucederá que, pese a todas las apariencias falaces, y como en el argumento de San Anselmo pero a la inversa, nadie, absolutamente nadie, «ha dicho en su corazón: no existe Dios», sencillamente porque la llamada Idea de Dios es en realidad una para-idea o una pseudo-idea. Y este es precisamente el proton-pseudos en los que tanto los agnósticos como los ateos existenciales al estilo de Atilio, Simbol o Tresguerres se habrían visto empantanados.

Posturas que trituran la existencia de la idea de Dios (sin perjuicio de la existencia de Dios)

Pues bien, si la idea de Dios no existe, ello sin duda se deberá a que tal idea, cuando se la analiza fuera del plano de los fenómenos entre los que se mueven los ateos existenciales, no representa en realidad otra cosa que un mosaico confuso de componentes (Padre, Médico, Arquitecto, Maestro, &c., &c.) extraídos, eso sí, del mundo práctico-operatorio que, cuando se desarrollan al límite de su infinitud, dan lugar, por convergencia, no ya a una idea componible (pues sus propios componentes son enteramente –ni siquiera parcialmente– incompatibles unos con otros como lo es, en general, la voluntad con la infinitud o la omnisciencia con la omnipotencia, o la pura actualidad respecto a todos los demás, &c., &c.), sino a una pseudo-idea metafísica que no puede componerse. Ello no se deberá tanto a que Dios aparezca como imposible por auto-contradictorio en el terreno de la lógica, como pretenden muchas variedades de «ateísmo mixto» (puesto que en todo caso un tal «autos» involucraría la reflexividad, lo cual no es mucho más que una hipóstasis metafísica), como tampoco un decaedro regular es auto-contradictorio. Lo que es contradictorio constructivamente, esto es, impracticable, es la concatenación de sus componentes entre sí y con el entorno práctico de partida al que terminarían por anegar, pero si tales componentes no pueden, por hipótesis, ser siquiera compuestos unos con otros, entonces, se deduce de esto que la idea de partida simplemente no existe como tal idea; y ello por mucho que en el terreno de las apariencias, el nombre que encapsula tal mosaico pueda dar la impresión al ateo existencial –y de ahí el proton pseudon al que antes nos referíamos– de que cuando habla de Dios, por ejemplo para negar su existencia, se refiere a algo de distinto del turuluflú.

Esta circunstancia ha sido detectada con toda claridad desde las páginas de Razón Atea a las que venimos refiriéndonos, por Fernando G. Toledo y Jorge Méndez, cuyas entendederas filosóficas parecen ir, al menos en este punto, mucho más lejos que las de Atilio, Simbol o Tresguerres. Afirma por ejemplo Méndez, dando a nuestro juicio en el clavo:

«Me parece que Tresguerres confunde el signo «Dios» (objeto semiótico) con el pseudo-concepto o pseudo-idea denotado o designado por el signo, ya que si bien el signo «Dios», en cuanto objeto material que designa o denota por convención a un concepto u objeto material existe realmente, de eso no se sigue que exista realmente (o conceptualmente) la idea o paraidea que supuestamente designaría. Aunque también es posible que Tresguerres confunda el pensamiento (proceso cerebral o secuencia de psicones) con la pseudoidea o pseudo-concepto que formaría en el plano conceptual ficticio (…) o, en jerga buenista, confundiría M2 con M3.»

Asimismo, como sostiene Fernando G. Toledo, creemos que muy certeramente:

«(…) tanto la de círculo cuadrado como la de Dios son pseudoideas o paraideas a las que se les simulan sus contradicciones para «pensarlas» siquiera, predicarlas como existentes.»

Si esto es así, entonces una vez retirado el nombre, que habrá con ello quedado reducido a la condición que cuadra a un verdadero flatus vocis, la propia unidad de la idea de Dios como idea consistente quedaría disuelta al límite de su desaparición; lo que al mismo tiempo querría decir, si no nos equivocamos demasiado, que nadie (ni Atilio, ni Simbol, ni Tresguerres, ni San Anselmo, ni Santo Tomás, ni Ricardo Dawkins) se refieren absolutamente a nada cuando discuten la existencia o inexistencia de Dios puesto que, como ahora esperamos que se vea, lo que en realidad no existe es la propia idea de Dios sobre la que tales insensatos parecen (falazmente) debatir. Del mismo modo, no tendrá el más mínimo sentido exigir pruebas a quien afirma su existencia (dado que ni quien «afirma» ni quien «niega» están diciendo nada preciso), ni «desear» que Dios exista después de todo, impostando poseer una idea de Dios que ni siquiera puede componerse (pues entonces, nos preguntamos, ¿qué es lo que se desea que exista?), ni echarle de menos, ni tampoco respetar a los «creyentes» que tienen fe en Él, puesto que tal «fe», fuera al menos del plano fenoménico, es una apariencia falaz que ni existe ni puede existir: y no es que los «creyentes» se equivoquen al mantener su fe en Dios, porque lo que realmente sucede, desde las coordenadas del ateísmo esencial, es que tal «fe» ni siquiera existe como tal, con lo que no puede ser respetada. La idea de Dios no existe y ello, a poco que se piense la cosa, al mismo tiempo, demuestra que absolutamente nadie, ni siquiera los teístas, tiene «fe» en Él.

Finalizamos refiriéndonos a una anécdota suficientemente significativa. En el contexto de una clase sobre el uso que hace Descartes del argumento ontológico en sus Meditationes de Prima Philosophia, y tras las pertinentes explicaciones por parte del profesor sobre el «argumento ontológico doblado», una alumna pudo hacer el siguiente comentario: «entonces, el verdadero problema no es que Dios no exista, el problema reside en los atributos que se le asignan.» Desde luego nosotros no sólo consideramos que la muchacha estaba realmente en lo cierto –mostrando por lo demás una finura filosófica que da ciento y raya a muchos «ateos existenciales»– sino que su comentario demuestra con todas las de la ley que el problema, en efecto, no es tanto la existencia de Dios sino la misma existencia de su constitutivo formal y que, si ese es el caso, entonces, todos somos ateos (en el plano esencial).
Domingo, 7 de Agosto de 2011

El origen de las tormentas

Una viñeta del caricaturista Mark Lynch de Australia publicada en Toonpool.com

Iglesia Católica en Colombia está en cruzada contra el aborto terapeútico, eutanasia y FIV

En Colombia la Corte Constitucional despenalizó el aborto en tres casos: malformación del feto, riesgo de muerte de la madre y en caso de violación. Este fallo se dio en 2006. Otra sentencia de la Corte, pero esta de 1997 permite la eutanasia como alternativa para quienes se encuentren en el estado terminal de una enfermedad y deseen morir voluntariamente.

Pero esto a la Iglesia Católica y su aliado el Partido Conservador, no les ha gustado en lo absoluto. Por eso los conservadores con el apoyo de la Iglesia han propuesto agregar al artículo 11 de la Constitución de 1991 “la vida es inviolable desde la concepción hasta la muerte”. Lo que sancionaría en aborto en cualquier caso, al igual que la eutanasia, las prácticas de fecundación in vitro, y hasta haría ilegal el dispositivo intrauterino o DIU.

El proyecto llegó al Congreso con cinco millones de firmas, muchas de las cuales fueron recogidas en parroquias de todo el país tras la solicitud y apoyo de obispos y sacerdotes. El día de miércoles de ceniza de 2011 fue también una jornada en la que la ICAR recogió firmas para “blindar la vida” contra el aborto y la eutanasia. Monseñor Juan Vicente Córdoba (en la foto), afirmó en marzo que su iglesia apoyaría a los legisladores “con firmas, con apoyo verbal, a través de los medios, con nuestra oración y sobre todo animándolos para que no estén solos”.

El Obispo Auxiliar de Bucaramanga afirmó que de aprobarse la reforma constitucional “cae la despenalización del aborto en los tres casos, cae la eutanasia, cae la píldora del día después, caen los parches anticonceptivos que son abortivos, todas esas cosas caerían por Constitución”. Afirmó el prelado con satisfacción.

Tras la radicación del proyecto, el pasado 3 de agosto, los líderes de distintas denominaciones cristianas, como la Iglesia Católica, Ortodoxa Griega, Anglicana, Metodista, evangélicas y otras confesiones religiosas, se manifestaron a favor del proyecto de ley presentado por el Partido Conservador.

En un comunicado, los líderes de estas sectas, resaltaron que “el principio de la inviolabilidad de la vida humana, presupuesto de todos los derechos de la persona y expresión fundamental de su altísima dignidad”.

“Nuestra defensa de la vida no obedece exclusivamente a motivos religiosos. La vida es ciertamente un don de Dios pero es también un valor que habita en el corazón de todo hombre y mujer, creyente o no creyente, iluminando su consciencia y su obrar. Tal valor, quedó consagrado en el artículo 11 de nuestra Constitución, constituyéndose en el primero de los derechos fundamentales protegidos por la Carta Magna” dice el comunicado.

He aquí la declaración:

Casos que preocupan

La prohibición que promueve la Iglesia genera polémica porque llevaría a un detrimento en la calidad de vida de muchas mujeres, y según expertos haría aumentar los embarazos clandestinos.

Viene a la mente en caso de Martha Solay González, una mujer de Pereira que falleció en 2007 por un cáncer de matriz, luego de que se le negara el tratamiento para no dañar al feto que llevaba en su vientre. Aunque ella quería el aborto el estado en aquel momento decidió por ella, y al morir dejó tres niñas huérfanas.

Frente a este caso senador conservador y católico José Dario Salazar dijo a la BBC que “Eso habla del amor que puede tener la madre por un hijo, que es un amor inconmensurable. Yo creo que cualquier madre daría la vida por su hijo”

Otro caso fue el de Maribel Paniagua, una colombiana que resultó embarazada y los doctores detectaron desde el inicio que tenía muy poco líquido amniótico en la matriz. Ella tuvo que esperar nueve meses a que el feto muriera dentro de suyo, ya que aunque el embrión no llegaría a nacer no podía poner fin al embarazo.

El ginecólogo Carlos Sarria afirma que de prosperar esta reforma constitucional se penalizaría salvar la vida de una mujer con un embarazo ectópico (en el que el embrión se implanta en un lugar diferente al útero –usualmente en las trompas de Falopio) “Si se opera a la señora (para extraer el embrión) y se considera que es un ser humano, entonces se comete un asesinato. Esto generaría incertidumbre y temores. Llevamos muchos años operando embarazos ectópicos. (…) A la luz de la ciencia, lo que hacemos es ayudar a las personas que por métodos naturales no han podido tener hijos y eso alcanza a ser hasta el 15 por ciento de las parejas que hay en el país”, afirmó Sarria.

El doctor también comenta que se haría impracticable la fecundación in vitro, ya que este procedimiento consiste en extraer los óvulos de la mujer para fecundarlos con el esperma del hombre en el laboratorio y luego implantarlos. En el proceso se requiere entre 5 y 8 óvulos que se fertilizan fuera del cuerpo de la mujer, y de los cuales solo uno o dos serán aptos para transferirlos al útero de la futura mamá. La práctica quedaría prohibida porque los óvulos fecundados que se desechan serían catalogados como seres humanos.

Para Juan Mendoza Vega, presidente de la Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente, de aprobarse la reforma se vetaría la eutanasia como alternativa para quienes se encuentren en el estado terminal de una enfermedad y deseen morir voluntariamente.

¿Igual que en Costa Rica?

El pasado junio la Cámara de diputados en Costa Rica prohibió la fecundación in vitro tras una apretada votación, 26 a 25, tras una larga presión por parte de la ICAR y otras confesiones cristianas. Los argumentos esgrimidos en el país centroamericano son los mismos aducidos ahora en Colombia

A la Iglesia no le importó la vida de los que llamo herejes

Cuando se conoció la intención de la Iglesia de llevar la reforma al artículo 11 de la Constitución el columnista Alfredo Rangel pidió a la Iglesia no imponer a toda la sociedad sus dogmas

“Este es un enorme problema de salud pública que no se resuelve con discusiones teológicas y metafísicas sobre el momento del origen de la vida, ni con discursos sofísticos sobre la vida como un valor absoluto, intocable y sagrado. No lo es ni lo ha sido: la Iglesia católica no solo quemó vivos a miles de herejes en la hoguera e impulsó las cruzadas para matar infieles, sino que hoy tampoco protesta cuando el Estado, de manera legítima y como último recurso, da de baja a centenares y miles de enemigos violentos de la sociedad. Por ejemplo, nadie escuchó la condena de la Iglesia católica al bombardeo a la guarida del Mono Jojoy. Además, la sola existencia legal de ejércitos, con capellanes católicos que bendicen armas y soldados que se preparan para la guerra, o sea, para matar legítimamente por defender la libertad o la soberanía nacional cuando sea necesario, nos prueba que la vida es un valor social relativo, que se vuelve absoluto solo cuando se trata de defender un dogma religioso, como el rechazo al aborto.

Finalmente, un punto que sobra cuando se menciona y cuando no, hace falta: el aborto no es obligatorio. Las mujeres católicas que así lo crean están en su derecho de no abortar jamás, y eso es muy respetable. Pero el Estado y la sociedad deben dar la posibilidad de hacerlo a quienes piensan distinto. Hacer de todo pecado religioso un delito ha llevado a la humanidad a momentos de crueldad, barbarie e intolerancia, ya casi superados. Casi, porque aún hay quienes se resisten a salir del Medioevo y admiran en secreto a los talibanes. Ellos no pasarán”.

¿Y usted qué opina?

España es menos católica

sàbado 6 de agosto del 2011

REPORTAJE: Ante la visita de Ratzinger

La proporción de creyentes baja al 71,7%, diez puntos menos que hace una década, y cae al 56% entre los más jóvenes – Cuanto mayor es la formación académica, menor es la religiosidad

Las cosas ya no son como Dios manda, creen Manuel y María. Se casaron por la iglesia a mediados del siglo pasado y bautizaron a sus tres hijos, educados en colegios religiosos. Dos tuvieron boda ante el altar en los ochenta y la última, en el juzgado y cuando vivía con el novio, ya en los noventa. Bautismo para los tres nietos y primera comunión solo para dos. De estas tres generaciones entre los 15 y los 82 años, los abuelos son los únicos que cada domingo van a misa. “Es lo que hay en estos tiempos”, resume la abuela María.

Ese lo que hay, se corresponde en buena medida con lo que ha pasado en esta familia madrileña que silencia apellidos. Y es que la España que va a visitar por tercera vez el papa Benedicto XVI, antaño reserva espiritual de Occidente, se seculariza con rapidez. Los católicos siguen siendo una mayoría clara, pero mengua cada año: el 71,7% de los españoles se declaran ahora como tales, frente al 82,1% en 2001. Más de diez puntos de caída en una década. Los ateos y los no creyentes ya son uno de cada cuatro ciudadanos: se han encaramado al 24,3% frente al 14,6% de 2001, según el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS). El resto cree en otra religión (2,4%) o no contesta.
“En nuestra iglesia sobre todo hay gente mayor y algunos niños. Apenas se ven personas de otras generaciones”, describe María tras recordar cómo rebosaban unos templos donde ahora ralean los fieles en el mediodía dominical. Los números del CIS respaldan su observación: la creencia en el catolicismo desciende drásticamente con la edad. Por encima de los 65 años, nueve de cada 10 españoles se confiesan creyentes y la proporción cae hasta el 56,8% entre quienes tienen entre 18 y 24 años, según el barómetro de julio pasado. El retrato ofrece otros elementos: a mayor formación, menor creencia (50,2% de creyentes con estudios superiores) y mayor secularización en las grandes ciudades (53% de creyentes) que en el campo (ocho de cada diez). Las mujeres mantienen mas de la fè.

Aunque maneja datos algo más favorables, la jerarquía católica toma nota de la creciente caída de fieles. “De forma paulatina y en ocasiones preocupante, la sociedad española vive un claro proceso de secularización”, afirma Jesús de las Heras, director de la revistaEcclesia, de la Conferencia Episcopal. El fenómeno es amplio “sobre todo en las generaciones jóvenes”, puntualiza.

A veces, Manuel y María se preguntan qué ha pasado, pero no se les ocurre hacerlo en las comidas familiares, el rito dominical que mantienen las tres generaciones tras la deserción de hijos y nietos de la misa dominical: la religión es una cuestión privada y la mesa solo se bendice en Nochebuena.
“Las causas de la secularización son variadas y complejas”, analiza el sacerdote De las Heras. “En parte, la sociedad se ha olvidado del más allá, de la trascendencia. Con el desarrollo económico, ha sustituido los bienes espirituales por los materiales y se ha apartado de la fe”. A eso se añade “la ausencia generalizada de Dios en la sociedad que presentan el mundo mediático y el de la cultura”, afirma.
Sí, de Dios no se habla mucho en la tele. Y encima, la guinda de las políticas laicistas del Gobierno de Zapatero (matrimonio entre personas homosexuales, la agilización del divorcio, el apoyo a la diversidad familiar…), destacan varios interlocutores. “Sin duda han minado, como una lluvia fina, al dar normalidad a lo que está fuera de la doctrina y el magisterio de la Iglesia”, detalla De las Heras. “La secularización es buena, como planteó el Concilio Vaticano II, pero la laicidad se ha teñido de anticlericalismo y no se puede relegar la religión a la sacristía, porque es una faceta humana más”, afirma un veterano jesuita que pide anonimato.
Desde la iglesia de base, Javier Baeza, párroco combativo en un barrio duro de Madrid y ahora implicado en el movimiento 15-M, ve las cosas de otra manera. “La desafección religiosa en general tiene que ver con la tradición de una cultura religiosa culpabilizadora, basada en el pecado y en la maldad del ser humano”. A este poso, que ahora se rechaza, suma otros dos elementos: “Una jerarquía fuera de cobertura, cada vez más alejada de la realidad del pueblo y que choca con la Iglesia más combativa” y una sociedad más interesada en el bienestar que en el compromiso. Además, está el mensaje moral que transmite la jerarquía, “cerrado y pueril”. “La gente en general cree en Dios, pero pierde fe en la jerarquía”, apostilla el jesuita. La Conferencia Episcopal rechazó dialogar con EL PAÍS para este reportaje.
Con su punto de vista laico, el catedrático de Sociología Alfonso Pérez-Agote, de la Universidad Complutense, mira hacia atrás. “En los años setenta pasamos de ser un país católico a ser un país de cultura católica. Hubo un desinterés progresivo y bajó la práctica religiosa. Ahora se está rompiendo con eso, sobre todo los jóvenes”, explica este investigador. Para muestra, varios botones: las bodas civiles superan a las religiosas desde 2009 -“el sacramento ahora es la hipoteca”, ironiza el sociólogo- y uno de cada tres bebés es extramatrimonial, una proporción similar a la de recién nacidos que no se bautizan. “Lo que queda ahora es una religiosidad íntima que ya no es religión y que no pasa por ninguna institución en particular”, prosigue Pérez-Agote. Un divorcio que él ve alentado por la escasa confianza de los españoles en la Iglesia católica. “¿Cómo va a tener atractivo para los jóvenes una institución no democrática que deja fuera a las mujeres porque no pueden tener responsabilidades y que tiene planteamientos muy tradicionales sobre sexualidad, familia, preservativos, muerte digna y sobre todos los problemas candentes del siglo XXI?”, se pregunta.
Pero no, los tiros no van por la puesta al día de la doctrina. “La Iglesia es consciente de la seriedad de algunos de sus planteamientos morales, pero propone su doctrina convencida de que refleja la verdad”, afirma De las Heras. El “atractivo de la Iglesia” no vendrá de una “rebaja” de su doctrina.
Así las cosas, corren tiempos de “apostasía silenciosa”, como dice el director de Ecclesia. “No es agresiva ni combativa” y lleva a una cierta “religiosidad a la carta” que no es “despreciable” y que convive con el desconocimiento de la doctrina e incluso de la cultura católica.
“A la carta”, según De las Heras, o “íntima”, según Pérez-Agote, la religiosidad que ha seguido a la religión tiene un termómetro en misas y otros sacramentos, esos ritos que acompañan la vida de los creyentes. El CIS muestra una creciente brecha entre creencia y práctica religiosa. Del 71,7% de los ciudadanos que se declaran creyentes, el 13% va a misa casi todos los domingos y el 2,7% varias veces por semana. En 2001 eran el 19% y 2,9% respectivamente. La mayoría incumple el precepto de la misa dominical.
Ahora, seis de cada 10 católicos no pisa “casi nunca” la iglesia, si se descuentan las citas con cariz social (bodas, bautizos, funerales, comuniones). Y aunque algún sacerdote regañe a los fieles que, como alguno de los hijos de Manuel y María, no contestan u olvidan arrodillarse, otros intentan ganarlos para la causa, reavivar ese fondo de fe que quizá quede. Evangelizar es su tarea, aunque España deje, poco a poco, de ser católica.

La religión como ‘gran movida’

Planes pastorales para intentar atajar la secularización en el día a día y grandes actos masivos y mediáticos con el Papa de protagonista. Es la receta de la Conferencia Episcopal para los tiempos que corren. De ahí “la gran movida de la Jornada Mundial de la Juventud”, como dice el sacerdote Jesús de las Heras, director de la revista del episcopado, Ecclesia. “No echamos la casa por la ventana sin más, por afán de espectáculo, sino que somos conscientes de que tenemos un desafío al que responder. Queremos dejar patente que la Iglesia quiere a los jóvenes y que los jóvenes han de querer a la Iglesia”, afirma. Son los más desafectos.
Las jornadas, del 16 al 21 de este mes, contarán a partir del día 18 con la presencia de Benedicto XVI en Madrid. Será la octava visita de un Papa a España (las cinco primeras fueron obra de Juan Pablo II entre 1982 y 2003). Aunque estos viajes no han frenado la desafección religiosa, en medios eclesiásticos creen que son una buena inyección de optimismo para unos creyentes rearmados frente al laicismo creciente.
Hay quien asegura que la presencia papal se traduce en vocaciones. Pero los seminarios siguen semivacíos: 1.265 alumnos repartidos en 79 centros en el último curso, cuando entraron 245 estudiantes nuevos, abandonaron 124 y se ordenaron 162.

Iglesia en cifras

– En España existen 22.686 parroquias. Las atienden 18.633 sacerdotes. Los religiosos (casi el 20% monjas) suman 61.106.
– Fuerte crisis de vocaciones. El año pasado se ordenaron 162 sacerdotes. En los 79 seminarios hay una media de 15,5 alumnos.
– El 63,5% de los bebés se bautizan y se estima que en torno al 60% de los niños hacen la comunión.
– El 71% de los alumnos acuden a clase de religión católica. Hace cinco años eran casi el 80%

FUENTE:
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Espana/catolica/elpepisoc/20110807elpepisoc_2/Tes

ESTO QUE HAS VISTO, DIFÙNDELO…


Condenan a dos sacerdotes por pedofilia

sàbado 6 de agosto del 2011. LA VELETA, 

MALTA

En los años 80 abusaron de varios niños


Dos sacerdotes malteses fueron condenados el martes por el tribunal de La Valeta a seis y cinco años de cárcel por actos de pedofilia, cometidos en un orfanato en los años 80.

Julia Klug: representando a sa-cerdotes frente a la catedral de Mèxico

El veredicto, pronunciado luego de ocho años de proceso, fue ante la sala de audiencia llena. Ambos sacerdotes anunciaron a través de sus abogados su intención de apelar.

Charles Pulis, reconocido culpable en nueve caso de abuso (de ellos seis en su residencia), fue condenado a seis años de prisión, mientras que Godwin Scerri fue condenado a una pena de cinco años por haber abusado de un número indeterminado de niños.

“Hicieron mucho daño. Afectaron nuestras vidas y las de nuestras familias. Algunas víctimas terminaron siendo adictos a las drogas y otras murieron después. Los daños que causaron no desaparecieron nunca”, dijo Lawrence Grech, una de las víctimas.

Grech dijo que espera que la iglesia tome medidas para poner fin a las funciones de ambos sacerdotes con aplicación inmediata.

El caso se inició en 2003, cuando Lawrence Grech y otras diez víctimas decidieron hacer públicos los abusos de que fueron víctimas entre 13 y 16 años en el orfanato Saint-Joseph de Santa Venera, cerca de La Valeta.

Un tercer sacerdote, Joe Bonett, también estuvo involucrado, pero murió en enero a los 63 años.
La iglesia de Malta había indicado en octubre que las quejas de las víctimas de los sacerdotes pedófilos del orfanato Saint-Joseph eran “fundadas” y serían transmitidas al Vaticano.

Ocho víctimas se entrevistaron con el papa Benedicto XVI durante su visita a Malta en abril de 2010, en una entrevista muy conmovedora.
El Papa dijo entonces que la “Iglesia hará y seguirá haciendo todo lo posible” para investigar casos de abusos, hacer juzgar a los responsables y tomar medidas concretas para “proteger a los jóvenes en el futuro”.

Antes de la visita del Papa, la Iglesia maltesa había revelado que una comisión instalada en 1999 para tratar los asuntos de pedofilia recibió acusaciones contra 45 sacerdotes, de los cuales la mitad se revelaron sin fundamento.

FUENTE:
http://www.elheraldo.hn/Sintesis/Lo-ultimo/Ediciones/2011/08/02/Noticias/Condenan-a-dos-sacerdotes-por-pedofilia

ESTO QUE HAS VISTO, DIFÙNDELO…


La reflexión del domingo

Es una máxima y un principio moral establecido que aquél que haga una afirmación sin saber si es verdadera o falsa es culpable de falsedad, y la verdad accidental de la afirmación no lo justifica ni lo disculpa.
~Abraham Lincoln~

Anders Behring Breivik hijo de puta del mes de julio

Ismael Valladolid

Son muchas las ocasiones en las que nos permitimos elegir para este galardón personajes que no son exactamente los de mayor popularidad o actualidad. Éste último mes ha sido imposible. Anders Behring Breivik se eleva del resto de purria humana como uno de los mayores hijos de puta que haya conocido el recién estrenado siglo. Su condición de asesino de masas, desde luego, no es original. Sí lo es el atrevimiento de permitirse pasar ante la humanidad que le deplora como una especie de ideólogo definitivo de los nuevos tiempos. Esa confusión ideológica causada por su comportamiento debería avergonzarnos a todos y recordarnos hasta qué punto es importante la preocupación por la ética, nunca manchada por catecismo alguno, ni religioso ni laico. Es un hecho, Breivik no responde al canon del integrista cristiano conocido (gracias a Sam Harris por recordárnoslo) y su odio por los musulmanes es puro racismo mal disimulado, y no nos deslegitima a los que consideramos al islamismo una forma inferior de civilización y a sus planteamientos religiosos (su desprecio hacia la mujer, su uso sistemático de la violencia) dignos de ser eliminados del planeta.

Reciben menciones Antonio Cañizares, Casimiro Curbelo, Francisco Camps, Bachar el Asad, Mercedes Alonso, Rick Perry, Rupert Murdoch, Jonathan Rhys-Meyers, Daniel Radcliffe y Teddy Bautista. Celebramos también retirar la mención recibida en su día por nuestra admirada Marta Domínguez, declarada inocente de los cargos por tráfico de sustancias dopantes.

¡Ayudanos a elegir al hijo de puta del próximo mes! Simplemente vota por aquel personaje público cuyo deplorable comportamiento durante los últimos días le haga merecedor del título. El nominado puede residir y hacer públicas sus miserias en España o puede tratarse de un personaje internacional. Ser un hijo de puta no conoce fronteras.

Para emitir tu voto has de ser usuario de Facebook. Simplemente deja el nombre de tu elegido en el muro de la página Elige al hijo de puta del mes. Opcionalmente incluye un enlace a la noticia que para ti le hace merecedor de la mención. Todos los votos son tenidos en cuenta, si bien el editor se reserva la posibilidad de darle más importancia a unos que a otros, dependiendo de la vigencia y la importancia de la noticia que le hace merecedor, así como para evitar la repetición de los premiados y aspirar a una clasificación final lo más variada y representativa posible. Si eres usuario de Twitter y utilizas en un momento dado el hashtag #hijoputa, es probable que tu mención también sea tomada en cuenta.

Cada mes la lista de nominados y el ganador serán publicados en el blog y compartida en el muro del grupo en Facebook.


Sábado, 6 de Agosto de 2011

Hablar es gratis


Según la leyenda, dos mujeres acudieron al rey Salomón reclamando ser la madre de un niño. Salomón decidió partir en dos a la criatura y entregar una mitad a cada madre. Una de ellas aceptó, pero la otra renunció a su reclamación. Salomón le dio a esta última el niño, al notar que solo una madre podría sacrificarse de esa manera para salvar al niño.
Una bonita historia, si no fuera porque quien la escribió hizo comportarse de manera poco inteligente a la falsa madre. Habría bastado que también hubiera retirado su reclamación para colocarse en la misma situación que la verdadera madre.
Para que un individuo no pueda hacerse pasar por otro debe concurrir alguna circunstancia que el impostor no pueda o no quiera hacer y que el verdadero sí. Por ejemplo, si sabemos que el verdadero tiene cierta información que solo conoce él, podríamos pedírsela a quien pretende serlo y sospechar que es un impostor si se niega a facilitarla.
Otro ejemplo lo constituye una situación en la que el verdadero puede realizar fácilmente una acción que sería demasiado costosa, si no imposible, a un posible impostor. Esta acción debe ser lo suficientemente costosa para el impostor como para que no le merezca la pena hacerse pasar por el original, porque los beneficios de hacerlo no compensaran esos costes.
La prueba que pone Salomón a las dos mujeres que aseguran ser la verdadera madre no es una prueba que permita discriminar, como hemos visto, entre la verdadera y la impostora. Ambas pueden hacer y decir las mismas cosas.
En la Biblia misma (como en el Corán o en cualquier otro libro supuestamente revelado) tenemos otro ejemplo de mala prueba. Algunos aseguran que es palabra de dios (por lo menos, inspirada por dios). Sin embargo, no hay en ese conjunto de libros absolutamente nada que nos haga pensar tal cosa. No hay una sola información que no pudiera haber dado un mortal de la época, ni una sola línea que no pudiera haber sido escrita simple y llanamente por un ser humano, y, desde luego, el hecho de haber escrito cualquiera de esos libros no es un acto excesivamente costoso para un apologeta de la religión judía o cristiana, según el caso.

Viernes, 5 de Agosto de 2011

La fe no da respuestas, solo impide preguntas

“La fe no da respuestas. Solo impide preguntas” Es un mensaje de la primera campaña atea en Brasil, que se lanzó en la ciudad de Porto Alegre.

La campaña está impulsada por “Atea” una organización librepensadora de Brasil.
Jueves, 4 de Agosto de 2011

Evangélicos chilenos organizan marchas para oponerse a uniones civiles para homosexuales

Miles de evangélicos se manifestaron el pasado 29 de julio para manifestarse en contra del gobierno por la posibilidad de que se proteja legalmente a las parejas del mismo sexo por medio de las uniones civiles.

Los pastores evangélicos y sus feligreses se ubicaron en la Plaza de la Constitución frente al palacio de gobierno y pidieron a los políticos que se abstuvieran de aprobar las uniones civiles, porque lesionaría la familia y la sociedad, y que tras esto vendría el matrimonio homosexual.

Los pastores también amenazaron con unirse para votar en contra de los legisladores que apoyen la propuesta. Cabe recordar que el presidente de Chile anunció el pasado mayo un proyecto de ley para uniones civiles, que cayó muy mal entre los conservadores.

Los evangélicos también se manifestaron en mayo de 2010 para protestar por una campaña contra la homofobia que era financiada por el gobierno de Holanda, y tres senadores evangélicos propusieron elevar a nivel constitucional la prohibición del matrimonio igualitario.

El día sábado también trajo una manifestación contraria a los derechos de las parejas del mismo sexo, liderados por los movimientos Transforma Chile y Muévete Chile.

A su vez el Movimiento de liberación Homosexual (MOVILH) afirmó que durante las marchas hubo fuerte exhibición de discriminación e incluso se permitió la participación de grupos neonazis. “hubo incluso grupos neonazis que con gritos se refirieron a las personas homosexuales como invertidas, contando con el beneplácito de los organizadores a esta actividad”.

“Hoy la Alameda fue escenario de la intolerancia, del desprecio a la diversidad y la no discriminación”, apuntó el organismo junto con lamentar que una autoridad como la diputada María Angélica Cristi “se sumara a un evento donde claramente se daña la dignidad de personas sólo por amar a otras de su mismo sexo”.

El MOVILH enfatizó que “lamentamos que muchas de las personas asistentes a esta marcha fueran literalmente engañadas. La publicidad usada por los convocantes claramente fue de dos tipo, una de odio, lo cual felizmente logró ser conocido por muchas personas, y otra más masiva de tipo amable, que engañó y confundió a otras”.

La marcha se realizó tras conocerse que el pasado jueves 28 de julio el Tribunal Constitucional inició las audiencias para analizar un requerimiento en el que el MOVILH aduce que la prohibición del matrimonio entre personas del mismo sexo es contraria a la Constitución. Les dejamos imágenes de la marcha evangélica:

¿Y usted qué opina?

Jesús resuelve como enviarnos un mensaje

Una viñeta de Alberto Montt de su blog Dosis diarias.

Martes, 2 de Agosto de 2011

El economista astrólogo

Hace un año y varios meses, en el primer punto de esta entrada, hacía referencia al economista-astrólogo Niño Becerra que, sin revelarnos sus argumentos ni su método de análisis, se dedica a hacer profecías sin ton ni son sobre la economía. Veamos qué ha pasado desde su apocalíptico artículo ¡en la cuarta de El País! sobre el año del crash:
1. Para empezar, en 2010 no ha habido ningún crash en la economía española. Muchas dificultades, lentitud extrema en las mejoras y en la salida de la crisis, pero ningún crash.
2. El Niño Becerra profetizaba una tasa de crecimiento negativa para 2010 de entre el 4,2 y el 4,4%. La realidad se quedó en un crecimiento negativo del 0,1%.
3. El Niño Becerra profetizaba una tasa de desempleo del 22 o del 23% (3 o 4 puntos más sobre que el 18% del año anterior). La realidad lo dejó en el 20,1%, 2,1 puntos más que en 2009.
4. En cuanto a los tipos de interés, es más difícil saber cómo se ha equivocado el Niño Becerra. Al comienzo del artículo decía que subirían, pero al final se contradecía para decir que iban a bajar. Apuntándose a ambas posibilidades, parecía que las tenía todas para ganar. Pues ni por esas, que durante el 2010 el Banco Central Europeo ni subió ni bajó el tipo de interés.
Es lo que pasa cuando se hace economía astrológica. Increíblemente, sigue siendo contertulio asiduo de la cadena SER.

¿Qué es la conciencia?

Hay que reconocer que la pregunta tiene su miga. Quizá sea la pregunta de las preguntas. Aquí os dejo al filósofo Daniel Denett reflexionando sobre que es la conciencia, espero que os haga pensar, que es de lo que se trata:

Ismael Pérez Fernández.