Archivos en el mes de August del 2011
Como el necio de San Anselmo, pero al revés
Se clasifican diferentes posiciones en torno al problema de la existencia de la Idea de Dios
En el número 112 de El Catoblepas ofrece Alfonso Fernández Tresguerres unos «comentarios» sobre el «diagnóstico» que bajo el tÃtulo «El ateÃsmo mixto» habÃa yo publicado en el número de mayo de esta misma revista. Mi trabajo pretendÃa, efectivamente, «diagnosticar», es decir, «criticar», pero no necesariamente valorar, al menos no primariamente, el alcance filosófico del artÃculo de Tresguerres «El ateÃsmo lógico» y hacerlo desde las herramientas ofrecidas por el reciente libro de Gustavo Bueno, La fe del ateo, precisamente porque, tras la atenta lectura del interesante trabajo de Tresguerres, considerábamos que tal obra de Bueno ofrecÃa materiales muy importantes de cara al análisis de algunos de los problemas imbricados en la maraña de cuestiones que el artÃculo de Tresguerres venÃa a remover. Además, juzgábamos entonces que tal libro no habÃa sido tenido suficientemente en cuenta por el profesor asturiano ante el trámite de organizar su «argumentación atea», y por eso estimábamos necesario remitirnos a algunos de sus delineamientos esenciales, puesto que, de otro modo, una tal argumentación no habrÃa podido desempeñarse de la misma manera.
Por decirlo ahora a sensu contrario, si Alfonso Fernández Tresguerres hubiese incorporado La fe del ateo a sus cálculos, el propio «ateÃsmo lógico» habrÃa tendido a difuminarse hasta desaparecer por representar dicho ateÃsmo, no otra cosa, que una suerte de mixtum compositum inconsistente y extraordinariamente confuso en el que tanto la negación de la existencia de Dios (sin perjuicio de la existencia de su idea) como la trituración de su misma esencia parecÃan darse la mano, y ello como si ambas especies de ateÃsmo pudiesen quedar ecualizados (el género mata la especie) en una suerte de ateÃsmo mixto esencial-existencial que sostuviese que «Dios es imposible, en el terreno de la lógica, y además simplemente no existe, en el terreno de los hechos».
Frente a semejante ateÃsmo bifronte, nosotros nos permitÃamos por nuestra parte recordarle al profesor Tresguerres (aunque, naturalmente, esto de «recordárselo» no es más que una forma de hablar) que negar la «existencia» de Dios es algo que no puede hacerse más que presuponiendo, a su vez, la existencia de Dios como Idea (es decir, presuponiendo que Dios existe, al menos como esencia concebible y consistente) y que, una vez supuesta su «esencia» como pensable, es imposible, salvo contradicción, negar su existencia real. Creemos en efecto que al menos en esto San Anselmo tenÃa toda la razón frente a Santo Tomás o a Kant: si el necio ha dicho en su corazón «Dios no existe», ello, sólo demuestra que el propio necio, aunque niegue la existencia de Dios presupone un sujeto consistente del que negar tal predicado (el de existir), pero sucede que este mismo sujeto, si es posible, tiene que existir con lo que –y este es el cepo planteado por el argumento ontológico– Dios existe. Asà las cosas, la única forma de resistirse a la fuerza del argumento, serÃa dar la vuelta a su maquinaria lógica, comenzando por negar que el propio necio (o para el caso el propio San Anselmo) se refiera realmente a nada cuando habla de Dios con lo que, a su vez, no se tratarÃa tanto de que Dios no exista, de hecho, sino de que lo que verdaderamente no existe es la idea de Dios.
Pues bien, en su «respuesta» a nuestro trabajo, Tresguerres anuncia que «no volverá a responder» y ello, se dirÃa, no tanto por un desprecio subjetivo hacia mi persona ni hacia mis argumentos (cosa que efectivamente no vendrÃa al caso) cuanto por ver de evitar «eternizarse» en debates en los que no se harÃa, a la postre, otra cosa que repetir lo mismo con palabras distintas (algo desde luego cierto, al menos, a tenor de su primera «respuesta» en la que los contenidos de mi artÃculo habrÃan quedado directamente intactos sin perjuicio de la tendencia de mi interlocutor por enhebrar «chistes» desde luego muy graciosos).
Desde luego, este «cerrojazo» dialéctico que nuestro interlocutor ha estimado conveniente efectuar hace imposible proseguir con la discusión, aunque creemos que un tal «cerrojo», sin perjuicio de que no tenga por qué involucrar un «desprecio subjetivo» a mis objeciones, constituye el Ãndice más preciso de una forma de falsa conciencia que llevarÃa a Tresguerres a satisfacerse incesantemente con sus propias «evidencias ateas» bajo el precio, eso sÃ, de permanecer encastillado en una impermeabilidad argumental a prueba de bomba frente a toda contra-evidencia posible (lo que en román paladino suele expresarse con la fórmula por un oÃdo le entra y por otro le sale). Y tenemos que decir, con toda sinceridad, que no nos parece mal. Al menos mediante esta estrategia se asegurarÃa Tresguerres que nada perturbe la marcha triunfal del «ateÃsmo mixto» en su doble negación y ello, aunque fuese bajo la forma dogmática de un «autismo» dialéctico enteramente anti-filosófico que realmente se arriesgase, por asà decir, a tener siempre razón.
Seguramente, y dadas las circunstancias, esta serÃa al menos la forma más rápida que habrÃa encontrado Tresguerres ante el trámite de asegurar, subjetualmente, sus propias «evidencias» individuales al margen de todo engranamiento dialéctico posible (algo asà como la fe del carbonero pero al revés). En todo caso, y poniendo por un momento enteramente al margen el juicio que procedimientos como estos pudieran merecernos, lo que ciertamente estimamos que deberÃa considerar Tresguerres (aunque no nos atrevemos a darle consejos) es que sin perjuicio de la «claridad» con la que él crea percibir el asunto (asà de simple), cuanto mayor sea el grado de la falsa conciencia detectable en sus ortogramas heurÃsticos, asà será también el grado de la evidencia subjetiva (vid «Falsa conciencia/conciencia» en Pelayo GarcÃa Sierra, Diccionario Filosófico)
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Ahora bien, naturalmente que ante esta clausura del debate, nosotros no podemos, en el terreno de los dialogismos, proceder a responder a Tresguerres y no es esto lo que pretendemos ahora, puesto que ello representarÃa, al menos por la parte de nuestro interlocutor, algo asà como un «diálogo de sordos», pero ello en modo alguno nos exime de tomarnos muy en serio sus posiciones en el plano semántico. Concretamente, en el presente trabajo, más que dirigirnos directamente a Alfonso Tresguerres, vamos a partir de sus posiciones «ateas», entre otras posibles y también muy interesantes (de hecho nos referiremos a otros ateos existenciales como Atilio o Simbol que han dado a conocer sus filosofemas a través de Internet), para, desde tales posturas, que aquà consideraremos como materiales circunscritos al plano fenoménico, reconstruir en el regressus el sentido del ateÃsmo esencial defendido por el materialismo filosófico. Por decirlo de otra manera, pretendemos hacer ver que la idea de Dios, cuya existencia Tresguerres y otros «ateos» existenciales parecidos (en particular nos referiremos a algunos casos muy destacados extraÃdos del sitio Razón Atea puesto a punto por Fernando G. Toledo) dan en todo momento por supuesto en el plano fenoménico, termina difuminándose hasta desaparecer, como una apariencia falaz, en el plano esencial de suerte que, vista desde este mismo plano, la idea de Dios es sólo una para-idea o una pseudo-idea con lo que, de paso, Dios no existe ni pintado, esto es, frente a lo que Simbol, Atilio o Tresguerres parecen suponer en el plano de los fenómenos, no existe ni siquiera como idea.
En general, partimos del presupuesto de que aunque las más de las ocasiones no se tenga esto en cuenta, la idea de «ateÃsmo», no representa una noción de predicación unÃvoca cuya unidad pudiese darse frÃvolamente por consabida (por ejemplo sosteniendo que «el ateo» niega la existencia de Dios mientras que «el agnóstico» duda de ella, &c., &c.) puesto que, sin perjuicio de la claridad aparente que desprenden tales conceptos, la idea de ateÃsmo se ajustarÃa más bien al formato que es propio de los términos análogos, es decir, aquellos cuyas especies predicativas son simpliciter diversa por mucho que secundum quid, puedan mantenerse como eadem.
En lo que todas las especies de ateÃsmo coinciden es, evidentemente, en la negación de Dios (o de cada uno de los dioses, sean a su vez religiosos o filosóficos), sea en su esencia, sea en su existencia. Ahora bien, esta unidad caracterÃstica de la idea de ateÃsmo, repárese, serÃa tan solo una unidad funcional-abstracta (y de ahà el formato negativo del propio concepto) de donde, cada clase de ateÃsmo vendrÃa marcada por la impronta de la propia idea de Dios de cuya negación procederÃa. Lo que con ello pretendemos subrayar, es, ante todo, la gran probabilidad de que algunas clases de ateÃsmo se mantengan tan distanciadas o todavÃa más entre sà como cada una de ellas respecto de terceras especies del agnosticismo o del teÃsmo. Por eso, en lugar de desbrozar la maraña fenoménica de referencia utilizando nociones tan abstractas, sin perjuicio de su fundamento, como las de ateÃsmo, agnosticismo o teÃsmo, vamos a proceder en lo que sigue a re-clasificar los fenómenos de partida poniendo, de un lado aquellas posturas que comenzarÃan por reconocer la existencia de la Idea de Dios, sin perjuicio de la impugnación eventual de su existencia, y, de otro, las posiciones que, sin necesidad de entrar a discutir, al menos de partida, la existencia o inexistencia de Dios, empezarÃan por impugnar la propia existencia de su Idea.
Posturas que conservan la esencia de Dios (sin perjuicio de su existencia)
Tanto el agnosticismo como el teÃsmo o el ateÃsmo existencial (incluyendo aquà el «ateÃsmo mixto») comenzarÃan, como el necio del argumento del Proslogio, por asà decir, dando por consabida la esencia del Ser Supremo a la manera de un sujeto gramatical del que después, en un segundo momento, tuviese sentido predicar su «existencia» o «inexistencia».
Asà por ejemplo el agnóstico ontológico que suspende el juicio en lo referente a la existencia del Ens Necessarium, usualmente comienza por presuponer, desde luego, que la idea de un tal ser es ciertamente componible –esto es, que existe la idea de Dios– por mucho que, tras haber reconocido esto (cuando menos en el ejercicio), se pase a postular la imposibilidad de demostrar su existencia o inexistencia «real». Es cierto, se dirá, que no sabemos ni podemos saber si Dios existe, puesto que en todo caso su existencia es indemostrable, pero ello querrá al mismo tiempo decir que podemos concebir su Idea como una esencia consistente.
El ateo existencial, por su parte (incluyendo el ateo mixto), concede de entrada que la idea de Dios existe, como existe la idea del «monstruo del Lago Ness» o de una familia de duendes invisibles, sin perjuicio de que dicha idea denote un ser inexistente. En todo caso, argumentará el ateo existencial, todos, incluso los «insensatos», entendemos lo que se quiere decir cuando se habla de Dios, lo que para el caso demostrarÃa la existencia de la idea de Dios (a diferencia, por ejemplo de la idea del turuluflú) aun cuando lo que no exista, y acaso sea además imposible (como argumenta el ateo mixto) sea el Ens designado por una tal idea. Si no nos equivocamos demasiado, creemos que, al menos en lo referido a sus rasgos esenciales, esta es la postura defendida en el marco de nuestra breve «polémica del ateÃsmo», por autores como puedan serlo Atilio, defensor de un curiosÃsimo ateÃsmo de factura «cerebro-céntrica» o Simbol, seguidor también muy escrupuloso del ateÃsmo mixto (en las páginas de razonatea.blogspot.com) o Alfonso Tresguerres (en la revista El Catoblepas).
Ahora bien lo que ni el agnosticismo ontológico ni tampoco, por su lado, filósofos ateos como Atilio, SÃmbol o Tresguerres han podido percibir con la suficiente claridad es que, al haberse situado ellos mismos en el papel del insipiens anselmiano, no resulta posible por más tiempo evitar que el propio argumento del Proslogio empiece a funcionar a pleno rendimiento, arrojando precisamente las conclusiones contrarias de las que el ateo existencial desearÃa extraer. Con ello lo que realmente queremos decir, es que si la Idea de Dios existe (a diferencia de la de turuluflú, sin ir más lejos), esto es, si tal idea por de pronto se refiere a algo, estos insensatos no podrán negar que se refiera a un Ser Necesario y si, por lo demás, esto es asÃ, ya no cabrá en modo alguno declarar, sin contradicción, que tal Ser, siendo Necesario, es al mismo tiempo inexistente (como quiere el ateo existencial) pero tampoco sólo contingente (como pretende el agnóstico) de donde, sencillamente, si se reconoce la existencia de la Idea de Dios, entonces la única posición que cabe adoptar con sentido es el teÃsmo de autores como San Anselmo, Duns Scoto, Descartes o Leibniz. En resumidas cuentas, a la vista del argumento ontológico, sea en su versión anselmiana, sea en su versión modal, si existe la idea de Dios, entonces ya no se ve cómo evitar la siguiente conclusión: existe Dios.
Sin embargo, esta no es tampoco la última palabra. Porque sucede de hecho que a diferencia del «Monstruo del Lago Ness» o de los «duendes invisibles», el Dios al que se refieren los agnósticos, los teÃstas y los ateos existenciales, no puede, al parecer, «coexistir» con terceras entidades (para empezar no puede, sin duda, existir en el «Lago Ness» o en un apartamento ovetense), y al lÃmite, dada su infinitud, anegarÃa tales términos hasta hacerlos desaparecer. De hecho, la absoluta infinitud asà como la entera simplicidad del Ser PerfectisÃmo, comenzarÃa por hacer imposible la existencia del mundo (el propio mundus adspectabilis del que partÃan, en el regressus, cada una de las vÃas tomistas a través de sus sense constat) al no poder «coexistir» con él. Con ello, se sigue que si existir, fuera de toda hipóstasis metafÃsica de la idea de existencia, dice coexistir con terceras texturas constitutivas del mundo práctico, más allá del contorno del nódulo de referencia entonces, la existencia de un Dios infinito al tiempo que absolutamente simple es imposible al aparecer como incomponible (incompatible) con la existencia de todo entorno exterior a su dintorno.
Ahora bien, si esto es asÃ, es decir, si, por un lado, la existencia de la idea de Dios pide la existencia de Dios, y si, al mismo tiempo, Dios no puede existir (porque no coexiste con nada, i. e., con ningún contenido exterior a su dintorno), entonces, por modus tollens, se sigue de estas premisas que lo que tampoco existe ni puede existir es la idea de Dios. Simplemente sucederá que, pese a todas las apariencias falaces, y como en el argumento de San Anselmo pero a la inversa, nadie, absolutamente nadie, «ha dicho en su corazón: no existe Dios», sencillamente porque la llamada Idea de Dios es en realidad una para-idea o una pseudo-idea. Y este es precisamente el proton-pseudos en los que tanto los agnósticos como los ateos existenciales al estilo de Atilio, Simbol o Tresguerres se habrÃan visto empantanados.
Pues bien, si la idea de Dios no existe, ello sin duda se deberá a que tal idea, cuando se la analiza fuera del plano de los fenómenos entre los que se mueven los ateos existenciales, no representa en realidad otra cosa que un mosaico confuso de componentes (Padre, Médico, Arquitecto, Maestro, &c., &c.) extraÃdos, eso sÃ, del mundo práctico-operatorio que, cuando se desarrollan al lÃmite de su infinitud, dan lugar, por convergencia, no ya a una idea componible (pues sus propios componentes son enteramente –ni siquiera parcialmente– incompatibles unos con otros como lo es, en general, la voluntad con la infinitud o la omnisciencia con la omnipotencia, o la pura actualidad respecto a todos los demás, &c., &c.), sino a una pseudo-idea metafÃsica que no puede componerse. Ello no se deberá tanto a que Dios aparezca como imposible por auto-contradictorio en el terreno de la lógica, como pretenden muchas variedades de «ateÃsmo mixto» (puesto que en todo caso un tal «autos» involucrarÃa la reflexividad, lo cual no es mucho más que una hipóstasis metafÃsica), como tampoco un decaedro regular es auto-contradictorio. Lo que es contradictorio constructivamente, esto es, impracticable, es la concatenación de sus componentes entre sà y con el entorno práctico de partida al que terminarÃan por anegar, pero si tales componentes no pueden, por hipótesis, ser siquiera compuestos unos con otros, entonces, se deduce de esto que la idea de partida simplemente no existe como tal idea; y ello por mucho que en el terreno de las apariencias, el nombre que encapsula tal mosaico pueda dar la impresión al ateo existencial –y de ahà el proton pseudon al que antes nos referÃamos– de que cuando habla de Dios, por ejemplo para negar su existencia, se refiere a algo de distinto del turuluflú.
Esta circunstancia ha sido detectada con toda claridad desde las páginas de Razón Atea a las que venimos refiriéndonos, por Fernando G. Toledo y Jorge Méndez, cuyas entendederas filosóficas parecen ir, al menos en este punto, mucho más lejos que las de Atilio, Simbol o Tresguerres. Afirma por ejemplo Méndez, dando a nuestro juicio en el clavo:
«Me parece que Tresguerres confunde el signo «Dios» (objeto semiótico) con el pseudo-concepto o pseudo-idea denotado o designado por el signo, ya que si bien el signo «Dios», en cuanto objeto material que designa o denota por convención a un concepto u objeto material existe realmente, de eso no se sigue que exista realmente (o conceptualmente) la idea o paraidea que supuestamente designarÃa. Aunque también es posible que Tresguerres confunda el pensamiento (proceso cerebral o secuencia de psicones) con la pseudoidea o pseudo-concepto que formarÃa en el plano conceptual ficticio (…) o, en jerga buenista, confundirÃa M2 con M3.»
Asimismo, como sostiene Fernando G. Toledo, creemos que muy certeramente:
«(…) tanto la de cÃrculo cuadrado como la de Dios son pseudoideas o paraideas a las que se les simulan sus contradicciones para «pensarlas» siquiera, predicarlas como existentes.»
Si esto es asÃ, entonces una vez retirado el nombre, que habrá con ello quedado reducido a la condición que cuadra a un verdadero flatus vocis, la propia unidad de la idea de Dios como idea consistente quedarÃa disuelta al lÃmite de su desaparición; lo que al mismo tiempo querrÃa decir, si no nos equivocamos demasiado, que nadie (ni Atilio, ni Simbol, ni Tresguerres, ni San Anselmo, ni Santo Tomás, ni Ricardo Dawkins) se refieren absolutamente a nada cuando discuten la existencia o inexistencia de Dios puesto que, como ahora esperamos que se vea, lo que en realidad no existe es la propia idea de Dios sobre la que tales insensatos parecen (falazmente) debatir. Del mismo modo, no tendrá el más mÃnimo sentido exigir pruebas a quien afirma su existencia (dado que ni quien «afirma» ni quien «niega» están diciendo nada preciso), ni «desear» que Dios exista después de todo, impostando poseer una idea de Dios que ni siquiera puede componerse (pues entonces, nos preguntamos, ¿qué es lo que se desea que exista?), ni echarle de menos, ni tampoco respetar a los «creyentes» que tienen fe en Él, puesto que tal «fe», fuera al menos del plano fenoménico, es una apariencia falaz que ni existe ni puede existir: y no es que los «creyentes» se equivoquen al mantener su fe en Dios, porque lo que realmente sucede, desde las coordenadas del ateÃsmo esencial, es que tal «fe» ni siquiera existe como tal, con lo que no puede ser respetada. La idea de Dios no existe y ello, a poco que se piense la cosa, al mismo tiempo, demuestra que absolutamente nadie, ni siquiera los teÃstas, tiene «fe» en Él.
Finalizamos refiriéndonos a una anécdota suficientemente significativa. En el contexto de una clase sobre el uso que hace Descartes del argumento ontológico en sus Meditationes de Prima Philosophia, y tras las pertinentes explicaciones por parte del profesor sobre el «argumento ontológico doblado», una alumna pudo hacer el siguiente comentario: «entonces, el verdadero problema no es que Dios no exista, el problema reside en los atributos que se le asignan.» Desde luego nosotros no sólo consideramos que la muchacha estaba realmente en lo cierto –mostrando por lo demás una finura filosófica que da ciento y raya a muchos «ateos existenciales»– sino que su comentario demuestra con todas las de la ley que el problema, en efecto, no es tanto la existencia de Dios sino la misma existencia de su constitutivo formal y que, si ese es el caso, entonces, todos somos ateos (en el plano esencial).
Exactamente, ¿qué dice la prima de riesgo?
Como el necio de San Anselmo, pero al revés
Se clasifican diferentes posiciones en torno al problema de la existencia de la Idea de Dios
© Ãñigo Ongay de Felipe
En el número 112 de El Catoblepas ofrece Alfonso Fernández Tresguerres unos «comentarios» sobre el «diagnóstico» que bajo el tÃtulo «El ateÃsmo mixto» habÃa yo publicado en el número de mayo de esta misma revista. Mi trabajo pretendÃa, efectivamente, «diagnosticar», es decir, «criticar», pero no necesariamente valorar, al menos no primariamente, el alcance filosófico del artÃculo de Tresguerres «El ateÃsmo lógico» y hacerlo desde las herramientas ofrecidas por el reciente libro de Gustavo Bueno, La fe del ateo, precisamente porque, tras la atenta lectura del interesante trabajo de Tresguerres, considerábamos que tal obra de Bueno ofrecÃa materiales muy importantes de cara al análisis de algunos de los problemas imbricados en la maraña de cuestiones que el artÃculo de Tresguerres venÃa a remover. Además, juzgábamos entonces que tal libro no habÃa sido tenido suficientemente en cuenta por el profesor asturiano ante el trámite de organizar su «argumentación atea», y por eso estimábamos necesario remitirnos a algunos de sus delineamientos esenciales, puesto que, de otro modo, una tal argumentación no habrÃa podido desempeñarse de la misma manera.
Por decirlo ahora a sensu contrario, si Alfonso Fernández Tresguerres hubiese incorporado La fe del ateo a sus cálculos, el propio «ateÃsmo lógico» habrÃa tendido a difuminarse hasta desaparecer por representar dicho ateÃsmo, no otra cosa, que una suerte de mixtum compositum inconsistente y extraordinariamente confuso en el que tanto la negación de la existencia de Dios (sin perjuicio de la existencia de su idea) como la trituración de su misma esencia parecÃan darse la mano, y ello como si ambas especies de ateÃsmo pudiesen quedar ecualizados (el género mata la especie) en una suerte de ateÃsmo mixto esencial-existencial que sostuviese que «Dios es imposible, en el terreno de la lógica, y además simplemente no existe, en el terreno de los hechos».
Frente a semejante ateÃsmo bifronte, nosotros nos permitÃamos por nuestra parte recordarle al profesor Tresguerres (aunque, naturalmente, esto de «recordárselo» no es más que una forma de hablar) que negar la «existencia» de Dios es algo que no puede hacerse más que presuponiendo, a su vez, la existencia de Dios como Idea (es decir, presuponiendo que Dios existe, al menos como esencia concebible y consistente) y que, una vez supuesta su «esencia» como pensable, es imposible, salvo contradicción, negar su existencia real. Creemos en efecto que al menos en esto San Anselmo tenÃa toda la razón frente a Santo Tomás o a Kant: si el necio ha dicho en su corazón «Dios no existe», ello, sólo demuestra que el propio necio, aunque niegue la existencia de Dios presupone un sujeto consistente del que negar tal predicado (el de existir), pero sucede que este mismo sujeto, si es posible, tiene que existir con lo que –y este es el cepo planteado por el argumento ontológico– Dios existe. Asà las cosas, la única forma de resistirse a la fuerza del argumento, serÃa dar la vuelta a su maquinaria lógica, comenzando por negar que el propio necio (o para el caso el propio San Anselmo) se refiera realmente a nada cuando habla de Dios con lo que, a su vez, no se tratarÃa tanto de que Dios no exista, de hecho, sino de que lo que verdaderamente no existe es la idea de Dios.
Pues bien, en su «respuesta» a nuestro trabajo, Tresguerres anuncia que «no volverá a responder» y ello, se dirÃa, no tanto por un desprecio subjetivo hacia mi persona ni hacia mis argumentos (cosa que efectivamente no vendrÃa al caso) cuanto por ver de evitar «eternizarse» en debates en los que no se harÃa, a la postre, otra cosa que repetir lo mismo con palabras distintas (algo desde luego cierto, al menos, a tenor de su primera «respuesta» en la que los contenidos de mi artÃculo habrÃan quedado directamente intactos sin perjuicio de la tendencia de mi interlocutor por enhebrar «chistes» desde luego muy graciosos).
Desde luego, este «cerrojazo» dialéctico que nuestro interlocutor ha estimado conveniente efectuar hace imposible proseguir con la discusión, aunque creemos que un tal «cerrojo», sin perjuicio de que no tenga por qué involucrar un «desprecio subjetivo» a mis objeciones, constituye el Ãndice más preciso de una forma de falsa conciencia que llevarÃa a Tresguerres a satisfacerse incesantemente con sus propias «evidencias ateas» bajo el precio, eso sÃ, de permanecer encastillado en una impermeabilidad argumental a prueba de bomba frente a toda contra-evidencia posible (lo que en román paladino suele expresarse con la fórmula por un oÃdo le entra y por otro le sale). Y tenemos que decir, con toda sinceridad, que no nos parece mal. Al menos mediante esta estrategia se asegurarÃa Tresguerres que nada perturbe la marcha triunfal del «ateÃsmo mixto» en su doble negación y ello, aunque fuese bajo la forma dogmática de un «autismo» dialéctico enteramente anti-filosófico que realmente se arriesgase, por asà decir, a tener siempre razón.
Seguramente, y dadas las circunstancias, esta serÃa al menos la forma más rápida que habrÃa encontrado Tresguerres ante el trámite de asegurar, subjetualmente, sus propias «evidencias» individuales al margen de todo engranamiento dialéctico posible (algo asà como la fe del carbonero pero al revés). En todo caso, y poniendo por un momento enteramente al margen el juicio que procedimientos como estos pudieran merecernos, lo que ciertamente estimamos que deberÃa considerar Tresguerres (aunque no nos atrevemos a darle consejos) es que sin perjuicio de la «claridad» con la que él crea percibir el asunto (asà de simple), cuanto mayor sea el grado de la falsa conciencia detectable en sus ortogramas heurÃsticos, asà será también el grado de la evidencia subjetiva (vid «Falsa conciencia/conciencia» en Pelayo GarcÃa Sierra, Diccionario Filosófico)
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Ahora bien, naturalmente que ante esta clausura del debate, nosotros no podemos, en el terreno de los dialogismos, proceder a responder a Tresguerres y no es esto lo que pretendemos ahora, puesto que ello representarÃa, al menos por la parte de nuestro interlocutor, algo asà como un «diálogo de sordos», pero ello en modo alguno nos exime de tomarnos muy en serio sus posiciones en el plano semántico. Concretamente, en el presente trabajo, más que dirigirnos directamente a Alfonso Tresguerres, vamos a partir de sus posiciones «ateas», entre otras posibles y también muy interesantes (de hecho nos referiremos a otros ateos existenciales como Atilio o Simbol que han dado a conocer sus filosofemas a través de Internet), para, desde tales posturas, que aquà consideraremos como materiales circunscritos al plano fenoménico, reconstruir en el regressus el sentido del ateÃsmo esencial defendido por el materialismo filosófico. Por decirlo de otra manera, pretendemos hacer ver que la idea de Dios, cuya existencia Tresguerres y otros «ateos» existenciales parecidos (en particular nos referiremos a algunos casos muy destacados extraÃdos del sitio Razón Atea puesto a punto por Fernando G. Toledo) dan en todo momento por supuesto en el plano fenoménico, termina difuminándose hasta desaparecer, como una apariencia falaz, en el plano esencial de suerte que, vista desde este mismo plano, la idea de Dios es sólo una para-idea o una pseudo-idea con lo que, de paso, Dios no existe ni pintado, esto es, frente a lo que Simbol, Atilio o Tresguerres parecen suponer en el plano de los fenómenos, no existe ni siquiera como idea.
En general, partimos del presupuesto de que aunque las más de las ocasiones no se tenga esto en cuenta, la idea de «ateÃsmo», no representa una noción de predicación unÃvoca cuya unidad pudiese darse frÃvolamente por consabida (por ejemplo sosteniendo que «el ateo» niega la existencia de Dios mientras que «el agnóstico» duda de ella, &c., &c.) puesto que, sin perjuicio de la claridad aparente que desprenden tales conceptos, la idea de ateÃsmo se ajustarÃa más bien al formato que es propio de los términos análogos, es decir, aquellos cuyas especies predicativas son simpliciter diversa por mucho que secundum quid, puedan mantenerse como eadem.
En lo que todas las especies de ateÃsmo coinciden es, evidentemente, en la negación de Dios (o de cada uno de los dioses, sean a su vez religiosos o filosóficos), sea en su esencia, sea en su existencia. Ahora bien, esta unidad caracterÃstica de la idea de ateÃsmo, repárese, serÃa tan solo una unidad funcional-abstracta (y de ahà el formato negativo del propio concepto) de donde, cada clase de ateÃsmo vendrÃa marcada por la impronta de la propia idea de Dios de cuya negación procederÃa. Lo que con ello pretendemos subrayar, es, ante todo, la gran probabilidad de que algunas clases de ateÃsmo se mantengan tan distanciadas o todavÃa más entre sà como cada una de ellas respecto de terceras especies del agnosticismo o del teÃsmo. Por eso, en lugar de desbrozar la maraña fenoménica de referencia utilizando nociones tan abstractas, sin perjuicio de su fundamento, como las de ateÃsmo, agnosticismo o teÃsmo, vamos a proceder en lo que sigue a re-clasificar los fenómenos de partida poniendo, de un lado aquellas posturas que comenzarÃan por reconocer la existencia de la Idea de Dios, sin perjuicio de la impugnación eventual de su existencia, y, de otro, las posiciones que, sin necesidad de entrar a discutir, al menos de partida, la existencia o inexistencia de Dios, empezarÃan por impugnar la propia existencia de su Idea.
Tanto el agnosticismo como el teÃsmo o el ateÃsmo existencial (incluyendo aquà el «ateÃsmo mixto») comenzarÃan, como el necio del argumento del Proslogio, por asà decir, dando por consabida la esencia del Ser Supremo a la manera de un sujeto gramatical del que después, en un segundo momento, tuviese sentido predicar su «existencia» o «inexistencia».
Asà por ejemplo el agnóstico ontológico que suspende el juicio en lo referente a la existencia del Ens Necessarium, usualmente comienza por presuponer, desde luego, que la idea de un tal ser es ciertamente componible –esto es, que existe la idea de Dios– por mucho que, tras haber reconocido esto (cuando menos en el ejercicio), se pase a postular la imposibilidad de demostrar su existencia o inexistencia «real». Es cierto, se dirá, que no sabemos ni podemos saber si Dios existe, puesto que en todo caso su existencia es indemostrable, pero ello querrá al mismo tiempo decir que podemos concebir su Idea como una esencia consistente.
El ateo existencial, por su parte (incluyendo el ateo mixto), concede de entrada que la idea de Dios existe, como existe la idea del «monstruo del Lago Ness» o de una familia de duendes invisibles, sin perjuicio de que dicha idea denote un ser inexistente. En todo caso, argumentará el ateo existencial, todos, incluso los «insensatos», entendemos lo que se quiere decir cuando se habla de Dios, lo que para el caso demostrarÃa la existencia de la idea de Dios (a diferencia, por ejemplo de la idea del turuluflú) aun cuando lo que no exista, y acaso sea además imposible (como argumenta el ateo mixto) sea el Ens designado por una tal idea. Si no nos equivocamos demasiado, creemos que, al menos en lo referido a sus rasgos esenciales, esta es la postura defendida en el marco de nuestra breve «polémica del ateÃsmo», por autores como puedan serlo Atilio, defensor de un curiosÃsimo ateÃsmo de factura «cerebro-céntrica» o Simbol, seguidor también muy escrupuloso del ateÃsmo mixto (en las páginas de razonatea.blogspot.com) o Alfonso Tresguerres (en la revista El Catoblepas).
Ahora bien lo que ni el agnosticismo ontológico ni tampoco, por su lado, filósofos ateos como Atilio, SÃmbol o Tresguerres han podido percibir con la suficiente claridad es que, al haberse situado ellos mismos en el papel del insipiens anselmiano, no resulta posible por más tiempo evitar que el propio argumento del Proslogio empiece a funcionar a pleno rendimiento, arrojando precisamente las conclusiones contrarias de las que el ateo existencial desearÃa extraer. Con ello lo que realmente queremos decir, es que si la Idea de Dios existe (a diferencia de la de turuluflú, sin ir más lejos), esto es, si tal idea por de pronto se refiere a algo, estos insensatos no podrán negar que se refiera a un Ser Necesario y si, por lo demás, esto es asÃ, ya no cabrá en modo alguno declarar, sin contradicción, que tal Ser, siendo Necesario, es al mismo tiempo inexistente (como quiere el ateo existencial) pero tampoco sólo contingente (como pretende el agnóstico) de donde, sencillamente, si se reconoce la existencia de la Idea de Dios, entonces la única posición que cabe adoptar con sentido es el teÃsmo de autores como San Anselmo, Duns Scoto, Descartes o Leibniz. En resumidas cuentas, a la vista del argumento ontológico, sea en su versión anselmiana, sea en su versión modal, si existe la idea de Dios, entonces ya no se ve cómo evitar la siguiente conclusión: existe Dios.
Sin embargo, esta no es tampoco la última palabra. Porque sucede de hecho que a diferencia del «Monstruo del Lago Ness» o de los «duendes invisibles», el Dios al que se refieren los agnósticos, los teÃstas y los ateos existenciales, no puede, al parecer, «coexistir» con terceras entidades (para empezar no puede, sin duda, existir en el «Lago Ness» o en un apartamento ovetense), y al lÃmite, dada su infinitud, anegarÃa tales términos hasta hacerlos desaparecer. De hecho, la absoluta infinitud asà como la entera simplicidad del Ser PerfectisÃmo, comenzarÃa por hacer imposible la existencia del mundo (el propio mundus adspectabilis del que partÃan, en el regressus, cada una de las vÃas tomistas a través de sus sense constat) al no poder «coexistir» con él. Con ello, se sigue que si existir, fuera de toda hipóstasis metafÃsica de la idea de existencia, dice coexistir con terceras texturas constitutivas del mundo práctico, más allá del contorno del nódulo de referencia entonces, la existencia de un Dios infinito al tiempo que absolutamente simple es imposible al aparecer como incomponible (incompatible) con la existencia de todo entorno exterior a su dintorno.
Ahora bien, si esto es asÃ, es decir, si, por un lado, la existencia de la idea de Dios pide la existencia de Dios, y si, al mismo tiempo, Dios no puede existir (porque no coexiste con nada, i. e., con ningún contenido exterior a su dintorno), entonces, por modus tollens, se sigue de estas premisas que lo que tampoco existe ni puede existir es la idea de Dios. Simplemente sucederá que, pese a todas las apariencias falaces, y como en el argumento de San Anselmo pero a la inversa, nadie, absolutamente nadie, «ha dicho en su corazón: no existe Dios», sencillamente porque la llamada Idea de Dios es en realidad una para-idea o una pseudo-idea. Y este es precisamente el proton-pseudos en los que tanto los agnósticos como los ateos existenciales al estilo de Atilio, Simbol o Tresguerres se habrÃan visto empantanados.
Esta circunstancia ha sido detectada con toda claridad desde las páginas de Razón Atea a las que venimos refiriéndonos, por Fernando G. Toledo y Jorge Méndez, cuyas entendederas filosóficas parecen ir, al menos en este punto, mucho más lejos que las de Atilio, Simbol o Tresguerres. Afirma por ejemplo Méndez, dando a nuestro juicio en el clavo:
«Me parece que Tresguerres confunde el signo «Dios» (objeto semiótico) con el pseudo-concepto o pseudo-idea denotado o designado por el signo, ya que si bien el signo «Dios», en cuanto objeto material que designa o denota por convención a un concepto u objeto material existe realmente, de eso no se sigue que exista realmente (o conceptualmente) la idea o paraidea que supuestamente designarÃa. Aunque también es posible que Tresguerres confunda el pensamiento (proceso cerebral o secuencia de psicones) con la pseudoidea o pseudo-concepto que formarÃa en el plano conceptual ficticio (…) o, en jerga buenista, confundirÃa M2 con M3.»
Asimismo, como sostiene Fernando G. Toledo, creemos que muy certeramente:
«(…) tanto la de cÃrculo cuadrado como la de Dios son pseudoideas o paraideas a las que se les simulan sus contradicciones para «pensarlas» siquiera, predicarlas como existentes.»
Si esto es asÃ, entonces una vez retirado el nombre, que habrá con ello quedado reducido a la condición que cuadra a un verdadero flatus vocis, la propia unidad de la idea de Dios como idea consistente quedarÃa disuelta al lÃmite de su desaparición; lo que al mismo tiempo querrÃa decir, si no nos equivocamos demasiado, que nadie (ni Atilio, ni Simbol, ni Tresguerres, ni San Anselmo, ni Santo Tomás, ni Ricardo Dawkins) se refieren absolutamente a nada cuando discuten la existencia o inexistencia de Dios puesto que, como ahora esperamos que se vea, lo que en realidad no existe es la propia idea de Dios sobre la que tales insensatos parecen (falazmente) debatir. Del mismo modo, no tendrá el más mÃnimo sentido exigir pruebas a quien afirma su existencia (dado que ni quien «afirma» ni quien «niega» están diciendo nada preciso), ni «desear» que Dios exista después de todo, impostando poseer una idea de Dios que ni siquiera puede componerse (pues entonces, nos preguntamos, ¿qué es lo que se desea que exista?), ni echarle de menos, ni tampoco respetar a los «creyentes» que tienen fe en Él, puesto que tal «fe», fuera al menos del plano fenoménico, es una apariencia falaz que ni existe ni puede existir: y no es que los «creyentes» se equivoquen al mantener su fe en Dios, porque lo que realmente sucede, desde las coordenadas del ateÃsmo esencial, es que tal «fe» ni siquiera existe como tal, con lo que no puede ser respetada. La idea de Dios no existe y ello, a poco que se piense la cosa, al mismo tiempo, demuestra que absolutamente nadie, ni siquiera los teÃstas, tiene «fe» en Él.
Finalizamos refiriéndonos a una anécdota suficientemente significativa. En el contexto de una clase sobre el uso que hace Descartes del argumento ontológico en sus Meditationes de Prima Philosophia, y tras las pertinentes explicaciones por parte del profesor sobre el «argumento ontológico doblado», una alumna pudo hacer el siguiente comentario: «entonces, el verdadero problema no es que Dios no exista, el problema reside en los atributos que se le asignan.» Desde luego nosotros no sólo consideramos que la muchacha estaba realmente en lo cierto –mostrando por lo demás una finura filosófica que da ciento y raya a muchos «ateos existenciales»– sino que su comentario demuestra con todas las de la ley que el problema, en efecto, no es tanto la existencia de Dios sino la misma existencia de su constitutivo formal y que, si ese es el caso, entonces, todos somos ateos (en el plano esencial).
Iglesia Católica en Colombia está en cruzada contra el aborto terapeútico, eutanasia y FIV
En Colombia la Corte Constitucional despenalizó el aborto en tres casos: malformación del feto, riesgo de muerte de la madre y en caso de violación. Este fallo se dio en 2006. Otra sentencia de la Corte, pero esta de 1997 permite la eutanasia como alternativa para quienes se encuentren en el estado terminal de una enfermedad y deseen morir voluntariamente.
Pero esto a la Iglesia Católica y su aliado el Partido Conservador, no les ha gustado en lo absoluto. Por eso los conservadores con el apoyo de la Iglesia han propuesto agregar al artÃculo 11 de la Constitución de 1991 “la vida es inviolable desde la concepción hasta la muerte”. Lo que sancionarÃa en aborto en cualquier caso, al igual que la eutanasia, las prácticas de fecundación in vitro, y hasta harÃa ilegal el dispositivo intrauterino o DIU.
El proyecto llegó al Congreso con cinco millones de firmas, muchas de las cuales fueron recogidas en parroquias de todo el paÃs tras la solicitud y apoyo de obispos y sacerdotes. El dÃa de miércoles de ceniza de 2011 fue también una jornada en la que la ICAR recogió firmas para “blindar la vida†contra el aborto y la eutanasia. Monseñor Juan Vicente Córdoba (en la foto), afirmó en marzo que su iglesia apoyarÃa a los legisladores “con firmas, con apoyo verbal, a través de los medios, con nuestra oración y sobre todo animándolos para que no estén solos”.
El Obispo Auxiliar de Bucaramanga afirmó que de aprobarse la reforma constitucional “cae la despenalización del aborto en los tres casos, cae la eutanasia, cae la pÃldora del dÃa después, caen los parches anticonceptivos que son abortivos, todas esas cosas caerÃan por Constitución”. Afirmó el prelado con satisfacción.
Tras la radicación del proyecto, el pasado 3 de agosto, los lÃderes de distintas denominaciones cristianas, como la Iglesia Católica, Ortodoxa Griega, Anglicana, Metodista, evangélicas y otras confesiones religiosas, se manifestaron a favor del proyecto de ley presentado por el Partido Conservador.
En un comunicado, los lÃderes de estas sectas, resaltaron que “el principio de la inviolabilidad de la vida humana, presupuesto de todos los derechos de la persona y expresión fundamental de su altÃsima dignidadâ€.
“Nuestra defensa de la vida no obedece exclusivamente a motivos religiosos. La vida es ciertamente un don de Dios pero es también un valor que habita en el corazón de todo hombre y mujer, creyente o no creyente, iluminando su consciencia y su obrar. Tal valor, quedó consagrado en el artÃculo 11 de nuestra Constitución, constituyéndose en el primero de los derechos fundamentales protegidos por la Carta Magna†dice el comunicado.
He aquà la declaración:
Casos que preocupan
La prohibición que promueve la Iglesia genera polémica porque llevarÃa a un detrimento en la calidad de vida de muchas mujeres, y según expertos harÃa aumentar los embarazos clandestinos.
Viene a la mente en caso de Martha Solay González, una mujer de Pereira que falleció en 2007 por un cáncer de matriz, luego de que se le negara el tratamiento para no dañar al feto que llevaba en su vientre. Aunque ella querÃa el aborto el estado en aquel momento decidió por ella, y al morir dejó tres niñas huérfanas.
Frente a este caso senador conservador y católico José Dario Salazar dijo a la BBC que “Eso habla del amor que puede tener la madre por un hijo, que es un amor inconmensurable. Yo creo que cualquier madre darÃa la vida por su hijoâ€
Otro caso fue el de Maribel Paniagua, una colombiana que resultó embarazada y los doctores detectaron desde el inicio que tenÃa muy poco lÃquido amniótico en la matriz. Ella tuvo que esperar nueve meses a que el feto muriera dentro de suyo, ya que aunque el embrión no llegarÃa a nacer no podÃa poner fin al embarazo.
El ginecólogo Carlos Sarria afirma que de prosperar esta reforma constitucional se penalizarÃa salvar la vida de una mujer con un embarazo ectópico (en el que el embrión se implanta en un lugar diferente al útero –usualmente en las trompas de Falopio) “Si se opera a la señora (para extraer el embrión) y se considera que es un ser humano, entonces se comete un asesinato. Esto generarÃa incertidumbre y temores. Llevamos muchos años operando embarazos ectópicos. (…) A la luz de la ciencia, lo que hacemos es ayudar a las personas que por métodos naturales no han podido tener hijos y eso alcanza a ser hasta el 15 por ciento de las parejas que hay en el paÃsâ€, afirmó Sarria.
El doctor también comenta que se harÃa impracticable la fecundación in vitro, ya que este procedimiento consiste en extraer los óvulos de la mujer para fecundarlos con el esperma del hombre en el laboratorio y luego implantarlos. En el proceso se requiere entre 5 y 8 óvulos que se fertilizan fuera del cuerpo de la mujer, y de los cuales solo uno o dos serán aptos para transferirlos al útero de la futura mamá. La práctica quedarÃa prohibida porque los óvulos fecundados que se desechan serÃan catalogados como seres humanos.
Para Juan Mendoza Vega, presidente de la Fundación Pro Derecho a Morir Dignamente, de aprobarse la reforma se vetarÃa la eutanasia como alternativa para quienes se encuentren en el estado terminal de una enfermedad y deseen morir voluntariamente.
¿Igual que en Costa Rica?
El pasado junio la Cámara de diputados en Costa Rica prohibió la fecundación in vitro tras una apretada votación, 26 a 25, tras una larga presión por parte de la ICAR y otras confesiones cristianas. Los argumentos esgrimidos en el paÃs centroamericano son los mismos aducidos ahora en Colombia
A la Iglesia no le importó la vida de los que llamo herejes
Cuando se conoció la intención de la Iglesia de llevar la reforma al artÃculo 11 de la Constitución el columnista Alfredo Rangel pidió a la Iglesia no imponer a toda la sociedad sus dogmas
“Este es un enorme problema de salud pública que no se resuelve con discusiones teológicas y metafÃsicas sobre el momento del origen de la vida, ni con discursos sofÃsticos sobre la vida como un valor absoluto, intocable y sagrado. No lo es ni lo ha sido: la Iglesia católica no solo quemó vivos a miles de herejes en la hoguera e impulsó las cruzadas para matar infieles, sino que hoy tampoco protesta cuando el Estado, de manera legÃtima y como último recurso, da de baja a centenares y miles de enemigos violentos de la sociedad. Por ejemplo, nadie escuchó la condena de la Iglesia católica al bombardeo a la guarida del Mono Jojoy. Además, la sola existencia legal de ejércitos, con capellanes católicos que bendicen armas y soldados que se preparan para la guerra, o sea, para matar legÃtimamente por defender la libertad o la soberanÃa nacional cuando sea necesario, nos prueba que la vida es un valor social relativo, que se vuelve absoluto solo cuando se trata de defender un dogma religioso, como el rechazo al aborto.
Finalmente, un punto que sobra cuando se menciona y cuando no, hace falta: el aborto no es obligatorio. Las mujeres católicas que asà lo crean están en su derecho de no abortar jamás, y eso es muy respetable. Pero el Estado y la sociedad deben dar la posibilidad de hacerlo a quienes piensan distinto. Hacer de todo pecado religioso un delito ha llevado a la humanidad a momentos de crueldad, barbarie e intolerancia, ya casi superados. Casi, porque aún hay quienes se resisten a salir del Medioevo y admiran en secreto a los talibanes. Ellos no pasarán”.
¿Y usted qué opina?
España es menos católica
sà bado 6 de agosto del 2011
REPORTAJE: Ante la visita de Ratzinger
La proporción de creyentes baja al 71,7%, diez puntos menos que hace una década, y cae al 56% entre los más jóvenes – Cuanto mayor es la formación académica, menor es la religiosidad
Las cosas ya no son como Dios manda, creen Manuel y MarÃa. Se casaron por la iglesia a mediados del siglo pasado y bautizaron a sus tres hijos, educados en colegios religiosos. Dos tuvieron boda ante el altar en los ochenta y la última, en el juzgado y cuando vivÃa con el novio, ya en los noventa. Bautismo para los tres nietos y primera comunión solo para dos. De estas tres generaciones entre los 15 y los 82 años, los abuelos son los únicos que cada domingo van a misa. “Es lo que hay en estos tiempos”, resume la abuela MarÃa.
La religión como ‘gran movida’
Iglesia en cifras
FUENTE:
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Espana/catolica/elpepisoc/20110807elpepisoc_2/Tes
Condenan a dos sacerdotes por pedofilia
sà bado 6 de agosto del 2011. LA VELETA,
En los años 80 abusaron de varios niños
Dos sacerdotes malteses fueron condenados el martes por el tribunal de La Valeta a seis y cinco años de cárcel por actos de pedofilia, cometidos en un orfanato en los años 80.
Julia Klug: representando a sa-cerdotes frente a la catedral de Mèxico
El veredicto, pronunciado luego de ocho años de proceso, fue ante la sala de audiencia llena. Ambos sacerdotes anunciaron a través de sus abogados su intención de apelar.
Charles Pulis, reconocido culpable en nueve caso de abuso (de ellos seis en su residencia), fue condenado a seis años de prisión, mientras que Godwin Scerri fue condenado a una pena de cinco años por haber abusado de un número indeterminado de niños.
“Hicieron mucho daño. Afectaron nuestras vidas y las de nuestras familias. Algunas vÃctimas terminaron siendo adictos a las drogas y otras murieron después. Los daños que causaron no desaparecieron nunca”, dijo Lawrence Grech, una de las vÃctimas.
Grech dijo que espera que la iglesia tome medidas para poner fin a las funciones de ambos sacerdotes con aplicación inmediata.
El caso se inició en 2003, cuando Lawrence Grech y otras diez vÃctimas decidieron hacer públicos los abusos de que fueron vÃctimas entre 13 y 16 años en el orfanato Saint-Joseph de Santa Venera, cerca de La Valeta.
Un tercer sacerdote, Joe Bonett, también estuvo involucrado, pero murió en enero a los 63 años.
La iglesia de Malta habÃa indicado en octubre que las quejas de las vÃctimas de los sacerdotes pedófilos del orfanato Saint-Joseph eran “fundadas” y serÃan transmitidas al Vaticano.
Ocho vÃctimas se entrevistaron con el papa Benedicto XVI durante su visita a Malta en abril de 2010, en una entrevista muy conmovedora.
El Papa dijo entonces que la “Iglesia hará y seguirá haciendo todo lo posible” para investigar casos de abusos, hacer juzgar a los responsables y tomar medidas concretas para “proteger a los jóvenes en el futuro”.
Antes de la visita del Papa, la Iglesia maltesa habÃa revelado que una comisión instalada en 1999 para tratar los asuntos de pedofilia recibió acusaciones contra 45 sacerdotes, de los cuales la mitad se revelaron sin fundamento.
La reflexión del domingo

Anders Behring Breivik hijo de puta del mes de julio
Ismael Valladolid
Son muchas las ocasiones en las que nos permitimos elegir para este galardón personajes que no son exactamente los de mayor popularidad o actualidad. Éste último mes ha sido imposible. Anders Behring Breivik se eleva del resto de purria humana como uno de los mayores hijos de puta que haya conocido el recién estrenado siglo. Su condición de asesino de masas, desde luego, no es original. Sà lo es el atrevimiento de permitirse pasar ante la humanidad que le deplora como una especie de ideólogo definitivo de los nuevos tiempos. Esa confusión ideológica causada por su comportamiento deberÃa avergonzarnos a todos y recordarnos hasta qué punto es importante la preocupación por la ética, nunca manchada por catecismo alguno, ni religioso ni laico. Es un hecho, Breivik no responde al canon del integrista cristiano conocido (gracias a Sam Harris por recordárnoslo) y su odio por los musulmanes es puro racismo mal disimulado, y no nos deslegitima a los que consideramos al islamismo una forma inferior de civilización y a sus planteamientos religiosos (su desprecio hacia la mujer, su uso sistemático de la violencia) dignos de ser eliminados del planeta.
Reciben menciones Antonio Cañizares, Casimiro Curbelo, Francisco Camps, Bachar el Asad, Mercedes Alonso, Rick Perry, Rupert Murdoch, Jonathan Rhys-Meyers, Daniel Radcliffe y Teddy Bautista. Celebramos también retirar la mención recibida en su dÃa por nuestra admirada Marta DomÃnguez, declarada inocente de los cargos por tráfico de sustancias dopantes.
¡Ayudanos a elegir al hijo de puta del próximo mes! Simplemente vota por aquel personaje público cuyo deplorable comportamiento durante los últimos dÃas le haga merecedor del tÃtulo. El nominado puede residir y hacer públicas sus miserias en España o puede tratarse de un personaje internacional. Ser un hijo de puta no conoce fronteras.
Para emitir tu voto has de ser usuario de Facebook. Simplemente deja el nombre de tu elegido en el muro de la página Elige al hijo de puta del mes. Opcionalmente incluye un enlace a la noticia que para ti le hace merecedor de la mención. Todos los votos son tenidos en cuenta, si bien el editor se reserva la posibilidad de darle más importancia a unos que a otros, dependiendo de la vigencia y la importancia de la noticia que le hace merecedor, asà como para evitar la repetición de los premiados y aspirar a una clasificación final lo más variada y representativa posible. Si eres usuario de Twitter y utilizas en un momento dado el hashtag #hijoputa, es probable que tu mención también sea tomada en cuenta.
Cada mes la lista de nominados y el ganador serán publicados en el blog y compartida en el muro del grupo en Facebook.
Hablar es gratis
La fe no da respuestas, solo impide preguntas
“La fe no da respuestas. Solo impide preguntas” Es un mensaje de la primera campaña atea en Brasil, que se lanzó en la ciudad de Porto Alegre.
Evangélicos chilenos organizan marchas para oponerse a uniones civiles para homosexuales
Miles de evangélicos se manifestaron el pasado 29 de julio para manifestarse en contra del gobierno por la posibilidad de que se proteja legalmente a las parejas del mismo sexo por medio de las uniones civiles.
Los pastores evangélicos y sus feligreses se ubicaron en la Plaza de la Constitución frente al palacio de gobierno y pidieron a los polÃticos que se abstuvieran de aprobar las uniones civiles, porque lesionarÃa la familia y la sociedad, y que tras esto vendrÃa el matrimonio homosexual.
Los pastores también amenazaron con unirse para votar en contra de los legisladores que apoyen la propuesta. Cabe recordar que el presidente de Chile anunció el pasado mayo un proyecto de ley para uniones civiles, que cayó muy mal entre los conservadores.
Los evangélicos también se manifestaron en mayo de 2010 para protestar por una campaña contra la homofobia que era financiada por el gobierno de Holanda, y tres senadores evangélicos propusieron elevar a nivel constitucional la prohibición del matrimonio igualitario.
El dÃa sábado también trajo una manifestación contraria a los derechos de las parejas del mismo sexo, liderados por los movimientos Transforma Chile y Muévete Chile.
A su vez el Movimiento de liberación Homosexual (MOVILH) afirmó que durante las marchas hubo fuerte exhibición de discriminación e incluso se permitió la participación de grupos neonazis. “hubo incluso grupos neonazis que con gritos se refirieron a las personas homosexuales como invertidas, contando con el beneplácito de los organizadores a esta actividadâ€.
“Hoy la Alameda fue escenario de la intolerancia, del desprecio a la diversidad y la no discriminaciónâ€, apuntó el organismo junto con lamentar que una autoridad como la diputada MarÃa Angélica Cristi “se sumara a un evento donde claramente se daña la dignidad de personas sólo por amar a otras de su mismo sexoâ€.
El MOVILH enfatizó que “lamentamos que muchas de las personas asistentes a esta marcha fueran literalmente engañadas. La publicidad usada por los convocantes claramente fue de dos tipo, una de odio, lo cual felizmente logró ser conocido por muchas personas, y otra más masiva de tipo amable, que engañó y confundió a otrasâ€.
La marcha se realizó tras conocerse que el pasado jueves 28 de julio el Tribunal Constitucional inició las audiencias para analizar un requerimiento en el que el MOVILH aduce que la prohibición del matrimonio entre personas del mismo sexo es contraria a la Constitución. Les dejamos imágenes de la marcha evangélica:
¿Y usted qué opina?
Jesús resuelve como enviarnos un mensaje
Una viñeta de Alberto Montt de su blog Dosis diarias.
El economista astrólogo
¿Qué es la conciencia?
Ismael Pérez Fernández.

















Enlázanos!! :)