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Felices fiestas
En mi familia celebramos estas fiestas. Incluso las llamamos Navidad, aunque no creemos que naciera ningún salvador o mesÃas ni por estas ni por otras fechas. Sabemos que son, de muy antiguo, fiestas solsticiales, aunque desplazadas cuatro dÃas respecto del solsticio de invierno por los cambios de calendarios. Si mis hijas lo quieren, hasta les monto un belén. A mà me gusta el árbol, que parece más pagano.
Hay a quien no le gusta esta obligación de ser feliz. Yo mismo decÃa cosas de estas alguna vez, pero como no me siento obligado a ser feliz no tengo problemas con que los demás se lo pasen bien. Tampoco los tengo con quien no celebre especialmente estas cosas. ¿Qué cosas? No sé lo que celebrarán los demás. Yo celebro que son fechas vacacionales en las cuales, por diversas circunstancias históricas, sucede que familias y amigos están más propensos a reunirse.
Esto está bien. Es una convención social que funciona. Cada uno sabe que los demás harán un esfuerzo por reunirse mayor que en otras fechas y esto hace que uno mismo también encuentre beneficioso hacer el esfuerzo, puesto que el premio será mayor que en otras ocasiones (hay mayor probabilidades de ver a más familia y amigos). Este es el verdadero espÃritu de la Navidad. Un equilibrio en un juego de coordinación. Y este espÃritu no está decayendo. Otros espÃritus, la celebración de mitos y leyendas, cuyo abandono tanto lamentan a algunos, acabará perdiéndose (por mÃ, cuanto antes suceda, mejor para la salud mental de los mortales, pero esta es otra cuestión).
Otros hablan de que el espÃritu de la Navidad debe ir contra el materialismo consumista y a favor de invitar a un pobre a la mesa. Yo lucho contra el consumismo (entendiendo esto como el consumo a lo tonto de cosas demasiado superfluas y solo por seguir modas) el resto del año. No invito a pobres a mi mesa, pero intento apoyar opciones polÃticas que usen mis impuestos con algún criterio económico y social sensato, que incluya ayudar a los más pobres, asà que no me parece mal caer en estas auto indulgencias una vez al año. Que sea justo el único momento en que otros quieren pensar en los demás es tal vez irónico, pero esto no hace insensata mi postura.
El teorema de Dostoyevski y el libre albedrÃo
(Fiódor Dostoyevski, Memorias del subsuelo).
El altruismo
Una religión no se define por su moral
Copiar no es robar
El Gran Cañón del Colorado
El Gran Cañón del Colorado es una de las vistas más impresionantes sobre la faz de la Tierra. Es de las pocas cosas que, en la realidad, supera con creces las expectativas, incluso cuando uno ha visto fotos y pelÃculas sobre él e, incluso, cuando uno lo vio hace casi veinte años y solo tiene un recuerdo. En España, la mayorÃa de los cañones se forman en las partes altas de los rÃos (por ejemplo, los magnÃficos cañones del Sistema Ibérico), por el contrario, el Colorado forma su cañón en la parte media. Nace en las Montañas Rocosas, en su vertiente Este, pero, contra toda lógica, el Colorado se empeña en fluir hacia el Oeste, desafiando el destino que arrastra a los tributarios del Mississippi y al RÃo Grande.
La razón es que, en su vuelta hacia el Sur y luego al Oeste, pasa por donde las Rocosas dejan lugar a una llanura, pero una llanura que se ha ido elevando con el paso del tiempo hasta alcanzar más de 2.000 metros de altitud. El Colorado, más pertinaz que la tierra que se elevaba bajo su cauce, se abrÃa camino horadando el cañón más impresionante en toda la superficie terrestre. No es el más grande (el sistema de cañones de la Barranca del Cobre en el norte de México es bastante más grande), pero sà el de mayor impacto visual. Se acerca uno por terreno llano y, sin previo aviso, se encuentra con la enorme grieta que cubre todo el horizonte y más de lo que puede abarcar la vista.
En la foto, una familia saltando de alegrÃa en la parte conocida como Grand Canyon West, al Oeste de la zona más turÃstica (the South Rim), dentro del territorio de los Hualapai, donde el cañón es algo más estrecho y las caÃdas más altas. Saltamos sobre una plataforma de cristal que sobresale por encima de una pared vertical de 500 metros. Hasta el rÃo hay 1.500 metros de desnivel. El viaje incluyó visita académica a Tucson, anochecer en Sedona, excursiones al Gran Cañón y al Gran Cañón Oeste, con final en Las Vegas para ver el musical del Rey León y dar un premio a las niñas.
Only in America.
La TeorÃa de los Juegos. La Historia Más Lúdica Jamás Contada. Parte 15.
La TeorÃa de los Juegos. La Historia Más Lúdica Jamás Contada. Parte 14.
Robert Aumann
El Positivismo y sus crÃticas
También se rechazarán apriorismos derivados de cualquier prejuicio o ideologÃa. En las ciencias médicas y sociales es más notable la influencia de esta corriente. La economÃa clásica, por ejemplo, partÃa de unos supuestos bastante razonables en principio sobre el comportamiento económico y aceptaba como verdades todas las deducciones lógicas a partir de esos supuestos sin necesidad de mayor contraste empÃrico. Esto es rechazable desde el Positivismo (y es rechazado en la EconomÃa moderna).
- Hace el supuesto de una realidad exterior comprensible.
- La inducción no establece deducciones lógicas.
- Usa el verificacionismo en lugar del falsacionismo.
- Cree que las teorÃas que formula y acepta la ciencia reflejan la estructura de la realidad.
Cuando ya sé lo que vas a decir
El secuestro del Alakrana
Ahora que se ha resuelto el secuestro y que se han liberado las tensiones a él asociadas, quisiera plantear un par de ideas.
Juan Urrutia ya nos advertÃa de la imposibilidad de tener la mejor de las soluciones posibles: liberar a los secuestrados, encarcelar a los culpables y no pagar el rescate. No voy a entrar en la conveniencia o la legalidad de pagar o no pagar para salvar la vida de los secuestrados para evitar futuros secuestros. Doy por hecho que se pagarán los rescates si no es posible la liberación por la fuerza.
Dada esta restricción, ¿cómo deben conducirse las negociaciones?
Los familiares de los secuestrados quieren que sean rápidas. El Estado no puede y no quiere evitar el pago del rescate por el gran coste que serÃa tener una tripulación muerta en su conciencia y en la de los electores, pero puede y debe querer que las negociaciones vayan muy despacio. Hay dos razones para ello.
La primera es que el que tiene más prisa en una negociación tiene más que perder. Si se negocia con prisas se acaba aceptando cualquier acuerdo.
La segunda es que, aunque se acabara pagando lo mismo tras 100 dÃas de secuestro que tras un sólo dÃa, el coste para los secuestradores serÃa mucho mayor en el primer caso. Si los secuestros se resuelven rápidamente podrán secuestrar un barco cada dos dÃas. Si se resuelven en tres meses, sólo podrán secuestrar tres o cuatro barcos al año. Menos secuestros implican menos beneficios. Más duración del secuestro implica más coste material y emocional de participar en el secuestro. Menos beneficios y más coste hace menos lucrativa la actividad del secuestro.
Ha habido, además, el lÃo de los dos piratas detenidos y trasladados a España. ¿Fue una buena idea?
Se dice que el haberlos traÃdo ha dificultado la negociación porque no habÃa manera fácil de devolverlos a Somalia, supuestamente a que penen allÃ. Creo que esta dificultad es lo que hace de haberlos traÃdo una buena idea, lÃos legales aparte. Los dos piratas eran una baza para España en las negociaciones y la dificultad de sacarlos del paÃs, una manera creÃble de alargar las negociaciones.
La pena de muerte
¨Alguien que ha cometido el crimen capital merece la pena capital¨ (palabras casi textuales de George Bush).
¨La vida es sagrada, incluso la de un criminal.
¿Tonto feliz o sabio desdichado?
La TeorÃa de los Juegos. La Historia Más Lúdica Jamás Contada. Parte 13.
Los juegos repetidos
Durante la guerra de trincheras , en la Primera Guerra Mundial, sucedieron algunos episodios memorables. No hablo de hazañas bélicas, sino de todo lo contrario, de hazañas pacÃficas, de ejemplos de cooperación en el marco menos cooperativo que se puede imaginar, como es una guerra. Si la cooperación puede surgir con cierta estabilidad en un escenario bélico, y si puede ser explicada de manera racional, apelando al interés no de una colectividad que comprende facciones enemigas, sino al interés individual, algo habremos ganado en su comprensión.
El episodio más famoso es sin duda el denominado “Tregua de Navidad â€. El 24 de diciembre de 1914 las tropas alemanas comenzaron a decorar sus trincheras y a cantar villancicos. Los ingleses respondieron con sus propias canciones navideñas. Al cabo de un rato, los soldados enemigos estaban intercambiándose pequeños regalos. Fue también el comienzo de la extensión de la tradición del árbol de Navidad y del villancico Stille Nacht (Noche de Paz). La tregua duró varias semanas. A lo largo de toda la lÃnea de trincheras, desde los Alpes hasta el mar, y de los casi cuatro años que duró hubo muchos más casos de treguas no declaradas.
El Papa Benedicto XV habÃa llamado a una tregua tiempo antes, pero nadie le hizo el menor caso. Los generales y oficiales eran contrarios a este tipo de treguas hasta el punto de considerar poco menos que desertores o traidores, juicio sumarÃsimo incluido, a quienes estuvieran involucrados en ellas. ¿Cuáles eran, entonces, las circunstancias que permitieron la evolución de la cooperación?
Para los soldados enfrentados la guerra tiene una perspectiva muy distinta que para los generales. En una situación de gran igualdad como era la guerra de trincheras, un batallón aliado y otro alemán pueden luchar o no luchar. Si ambos luchan, habrá muchas bajas por ambas partes, con pocas probabilidades de lograr una mejora en las posiciones (o, por lo menos, una mejora que le merezca la pena al soldado del batallón). Si ninguno lucha, no habrá bajas y la vida en la trinchera puede hacerse llevadera. El problema es que si uno no lucha está invitando al enemigo a que sà lo haga y gane la posición sin bajas. Tenemos un dilema del prisionero. Es la guerra.
Pero es un dilema del prisionero repetido. DÃa tras dÃa, mes tras mes, año tras año, sin un final claro. Un juego repetido es muy distinto a uno jugado solo una vez, sobre todo si no es un juego de suma cero, como este caso. Con la repetición del juego aparecen nuevas estrategias y nuevos equilibrios.
Consideremos la siguiente estrategia:
“Nosotros, los de esta trinchera, no dispararemos y seguiremos sin disparar mientras vosotros, los de la trinchera de enfrente, hagáis lo mismo. Pero en cuanto oigamos un disparo, volveremos a la carga.â€
Si ambos batallones siguen la misma estrategia tendremos un equilibrio. No está en el interés de nadie comenzar a disparar. La ganancia que se puede obtener con unos primeros disparos por sorpresa (ganar una posición, causar unas cuantas bajas,…) no compensa ante la perspectiva de un posterior enfrentamiento que será inevitable.
Se cuenta que, para disimular, se hacÃan algunos disparos con mortero o cañón, pero siempre a la misma hora y siempre apuntando al mismo objetivo irrelevante. Se cuenta también que, a veces se escapaba un tiro y que enseguida salÃa alguien a la tierra de nadie a pedir perdón, exponiéndose al fuego enemigo para hacer creÃble la disculpa.
Los mandos, para impedir esta confraternización con el enemigo ordenaban ataques sin mayor interés táctico y, sobre todo, ordenaban cambiar los emplazamientos de los batallones, evitando asà que el juego en cada punto de la trinchera fuera un juego repetido.
Robert Axelrod nos cuenta estas batallas reales junto con otras virtuales en su gran libro The Evolution of Cooperation.
El Rey CarmesÃ
(Escúchese en un buen equipo con buenos altavoces para bajos).
La TeorÃa de los Juegos. La Historia Más Lúdica Jamás Contada. Parte 12.
Un abogado y un fiscal han acudido a la misma Facultad de Derecho. Han conocido las leyes y han sabido de las experiencias de los mismos profesores. Han leÃdo los mismos tratados y los mismos estudios sobre la tasa de incidencia de los distintos tipos de crÃmenes, delitos y faltas. Saben lo que constituye evidencia suficiente para declarar culpable a un acusado y lo que constituyen dudas razonables sobre la autorÃa de un acto punible.
Cuando se enfrentan en un juicio cada uno tiene una evidencia distinta sobre el acusado. El fiscal conoce todos los indicios, pruebas y testimonios que han llevado a formular la acusación. El abogado conoce, a su vez, unas cuantas circunstancias acerca del acusado que le permiten establecer su propia opinión. Pongamos que la información que tiene el fiscal le permite aseverar que el acusado es culpable con cierta probabilidad P, mientras que su información de indica al abogado que la probabilidad es Q.
Por separado, tienen opiniones distintas. Supongamos ahora que se juntan y cada uno revela al otro cuál es su estimación (sin revelar la información que les lleva a esa conclusión). No hay engaños. Los dos son amigos y amantes de la verdad. Luego, en el juicio, cada uno defenderá su causa, pero ahora quieren saber la verdad. La pregunta es:
Después de que las probabilidades P y Q son reveladas, ¿pueden el fiscal y el abogado seguir discrepando?
La sorprendente respuesta es que no. Después de su reunión, ambos tienen que tener la misma opinión acerca de la probabilidad de que el acusado sea culpable.
La demostración matemática de este teorema es debida a Robert Aumann , premio Nobel de EconomÃa en 2005. Una vez que se sabe, lo sorprendente a veces se vuelve trivial. A continuación presento un sencillo argumento verbal.
Si fiscal y abogado compartieran su información, es fácil comprender que deberÃan opinar igual después de hablarse. Ambos tienen la misma información a priori (antes de conocer al acusado) y no hay nada que sepa uno y no el otro ahora que han compartido la información privada de cada uno. Con la misma información deben llegar a la misma conclusión.
Hay un caso en que esto no ocurre, y se da cuando uno de ellos tiene una creencia a priori igual a uno o a cero. Con creencias tan dogmáticas no hay información que haga cambiar de punto de vista. Cualquier información contraria será desdeñada con cualquier excusa, que por improbable que parezca a cualquier persona sensata, a la insensata le parecerá más probable que el admitir una probabilidad de que su creencia a priori sea falsa.
¿A quién le importa el tamaño?
Gazapos de estos abundan en la prensa, y uno ha aprendido a ser tolerante con ellos. Sobra la palabra millones, no pasa nada. Pero por curiosidad me he puesto a leer los comentarios de los lectores, a ver si alguno se habÃa dado cuenta, y me he encontrado los siguientes:
El comentario 21 (as) encuentra el número bastante extraño y se pregunta
Vaya manera de corregir el error. Pero he aquà que viene el comentarista 28 (patur) a poner su guinda:
Disparate sobre disparate.
Por fin el comentarista 30 (GermanQR) puso las cosas en su sitio
La noticia nos da una city del tamaño de seis Españas. Un comentarista nos da una España del tamaño de Ibiza, mientras que otro no se sabe muy bien lo que dice, pero parece ser que reprocha al anterior que donde dice “metros cuadrados” hay que poner “kilómetros cuadrados”, y que entonces España abarcarÃa toda la superficie terrestre. RÃete tú del imperio donde no se ponÃa el Sol.
La muestra estadÃstica nos da que, de cuatro personas que se atreven a hablar de números, tres no dan pie con bola.
Concierto para vascos. Tercer movimiento.
Tras la breve historia recogida en la entrada anterior de este Concierto para vascos hemos llegado al presente con un Estatuto de AutonomÃa para el PaÃs Vasco que reconoce la figura del Concierto Económico de cada una de las provincias vascas. ¿En qué consiste exactamente?
Cada provincia (su Diputación Foral) recauda los impuestos en su territorio. Los impuestos los decide el Gobierno Central (bueno, los propone al Parlamento), pero cada Diputación tiene la potestad de alterar algo estas disposiciones estatales. No es mucho en los impuestos importantes (IRPF, p.e.), pero sà en otros como los de sucesiones.
Una vez que cada Diputación recauda, da al Gobierno Vasco una cantidad, que corresponde a los gastos del Gobierno Vasco en cada territorio. A su vez, hay que calcular un cupo que el Gobierno vasco paga al Estado por sus gastos en la Comunidad Autónoma.
En este esquema destacan dos aspectos. El primero es que las Diputaciones tienen cierta atribución sobre la legislación impositiva. Esto hace que las disposiciones de una provincia pueda tener repercusiones en los territorios limÃtrofes, sobre todo en lo que toca al impuesto de sociedades. El segundo es el cálculo del cupo.
Sobre el primer aspecto tenemos, a menor escala, el mismo problema de armonización de impuestos que en Europa. Es deseable que los impuestos no sean muy dispares a lo ancho de un territorio que quiere formar una unidad económica, social y polÃtica. No sé si la uniformidad total es la mejor solución. Algo de variedad en las leyes permite algo de experimentación y de aprendizaje mutuo, lo que es bueno. Además, la historia y el cariño hacia o la confianza en las instituciones propias hacen que la consecuencia de imponer rápidamente una misma regla para todos sin margen de variación habrÃa sido la no formación de la Unión Europea. La convergencia paulatina ha sido más eficaz. Son los inconvenientes de formar una unión voluntariamente en lugar de hacerlo con invasiones napoleónicas o nazis.
En el caso del PaÃs Vasco, que cada uno saque sus conclusiones. España puede ver el celo de los vascos por sus cosas como Europa el del Reino Unido por las suyas o puede intentar imponer una mayor homogeneidad. Yo soy partidario de que, dadas las competencias de las Comunidades Autónomas (establecidas mal o bien), lo mejor es que las distintas experiencias en cada comunidad y cada área guÃen las posibles tendencias para una mejor coordinación, de manera que esta venga construida con el acuerdo de las partes y no con la imposición. Recordemos que las partes pueden acordar la imposición de la norma (véase la parte 10 de la Historia más lúdica jamás contada).
El segundo aspecto, el del cupo, es más simple. Casi todo lo que se puede alabar o criticar al sistema de Concierto tiene su razón de ser en el cupo, aparte de la disparidad fiscal (nunca muy grande). Si se piensa que el PaÃs Vasco contribuye poco, auméntese el cupo. Si se piensa que contribuye demasiado, redúzcase.
Por eso me parece un suicidio polÃtico que UPyD plantee en el Parlamento Vasco la derogación del Concierto, al considerar que el PaÃs Vasco se beneficia excesivamente con el sistema. Les bastarÃa con proponer un incremento del cupo. TendrÃa las mismas consecuencias y se respetarÃa la institución.
Lo que se ha votado en el Parlamento español es que las normativas de las Diputaciones en materia tributaria tengan rango de ley, como las normativas generales que decide el Estado. Curiosamente, hoy en dÃa pueden tenerlo si el Parlamento Vasco hace suyas las normativas forales cada vez que se formulan, pero el PNV dice que no, que no debe hacer falta este paso, que las Diputaciones tienen la competencia y que debe ser automático el reconocimiento de las normas como ley. Los juristas dirán si todo esto tiene sentido o no, pero se me antoja que es el menos importante de los temas. Tanto si se hubiera decidido en un sentido o en otro. El “blindaje†legal se puede conseguir en el Parlamento Vasco. La denuncia de las normas, si se juzgan ilegales, puede seguir haciéndose desde gobiernos autonómicos de las regiones limÃtrofes que se sientan perjudicadas, vÃa recurso constitucional. Es más costoso, pero no creo que sea menos efectivo.




















Enlázanos!! :)