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Miercoles, 3 de Junio de 2009

La Bella Durmiente tiene amnesia

Es domingo (es un decir) y la Bella Durmiente se hace una herida con la rueca y cae en la maldición. No es la del cuento, sino una versión especial. Antes de dormirse, la bruja echará una moneda al aire. Si sale cara, la Bella Durmiente se despertará de la maldición el lunes y ahí se acabará la historia. Si sale cruz, se despertará igualmente el lunes, pero se volverá a dormir para despertarse el martes otra vez y ya libre de la maldición. Por desgracia le quedará una pequeña secuela: el martes no se acordará si se despertó o no el lunes.

Así las cosas, la Bella Durmiente se despierta y, en lugar de preguntarse ¿dónde estoy?, como en las películas, se pregunta ¿cuándo estoy? o, con mejor gramática ¿qué día es hoy? En lugar de decirle el día, el Príncipe le cuenta toda la historia del primer párrafo que, por otra parte la Bella Durmiente ya sabía, pues la bruja le había contado las condiciones y secuelas de la maldición.
La Bella Durmiente no sabe en qué día está, pero puede asignar probabilidades al hecho de que sea lunes y al hecho de que sea martes. También puede asignar probabilidades al hecho de que la moneda cayera en cara y que cayera en cruz.
¿Qué probabilidades debe asignar?
(Esta vez hace falta argumentar bien para tener premio.)
Lunes, 1 de Junio de 2009

Si es que las visten como putas

El jefe de redacción de la revista de Rouco dice que, en estos tiempos en que las mujeres consienten en tener relaciones sexuales en mayor medida que lo que cabe en su prejuicio (el del jefe de redacción), la violación es menos delito.

El que la relación sexual consentida sea más frecuente no quiere decir que la no consentida sea menos dañina. No sé en qué cabeza cabe hacer un razonamiento en sentido contrario.

Quisiera reflexionar en esta entrada sobre cuál es el daño de la violación, para ver si entendemos la barbaridad de esas opiniones y nos vacunamos contra esa y otras que han surgido en otras ocasiones. Recuerdo cuando, no sé con qué vinculación con la liberación sexual en los setenta (llegaron tarde los sesenta a este país), se decían cosas como “contra la violación, su legalización” o “mujer, si te van a violar, relájate y goza”. O, como se disculpaba Torrente, “la culpa es de sus padres, que las visten como putas”.

En términos evolutivos, machos y hembras eligen con quien compartir genes, prefiriendo la perspectiva que, a priori, parezca maximizar el éxito de la descendencia. Pero machos y hembras no invierten de la misma manera en la progenie. Las hembras, por aquello del embarazo y la lactancia, invierten muchos meses por cada nuevo descendiente que no pueden invertir en otro. Los machos pueden, en ese tiempo, ir de flor en flor, o así quisieran. Como resultado, la hembra es muy exquisita a la hora de elegir. Se juega mucho. El macho puede permitirse la estrategia de la cantidad frente a la calidad.

Claro que hay más estrategias en juego, como que, cuando la madre hace de madre, al dedicar demasiados esfuerzos a la criatura tal vez pueda acceder a menos alimentos y tal vez se exponga más a los depredadores. Un padre que se preocupe de la madre y del hijo aumentará la probabilidad de supervivencia de la descendencia. En el caso del ser humano, esta estrategia es especialmente importante. En otros animales lo es menos y el macho se desentiende totalmente.

Una violación, para una hembra, significa un grave riesgo de perder muchos recursos con un descendiente con genes no adecuados, así que la evolución ha hecho de evitar la violación una de sus prioridades. Una psicología que interprete una violación como algo muy doloroso (además del dolor físico que conlleve la resistencia) ayudará mucho a intentar evitarla. Este dolor es tan real como el físico. Llámese humillación, impotencia, opresión o lo que sea, el dolor existe y puede ser extremadamente traumático.

Los machos no sienten este dolor. La violación a un macho no conllevará tanta carga de dolor como la violación a una hembra porque no hay tanto en juego.

Los machos sienten otro dolor, y es el de la infidelidad de la hembra. El riesgo en este caso es tener que invertir en una descendencia que no transporta los genes propios. He aquí un coste que se parece al riesgo de la violación. La infidelidad del macho no es tan preocupante para la hembra, a no ser que esto conlleve una dedicación del macho a la otra hembra más allá del acto sexual.

Llevado al ser humano, esto quiere decir que, biológica y psicológicamente, el hombre aguanta mejor que su pareja se enamore platónicamente de un rival que no que se eche un polvo ocasional, aunque no hay amor de por medio. En la mujer, ocurre lo contrario por el contrario. Un amor platónico puede hacer que el hombre haga locuras (dedique recursos, tiempo, dinero) por intentar acostarse con el tal amor. Un desliz ocasional del hombre no es nada costoso para la mujer en términos evolutivos. Ninguno puede entender la postura del otro.

En las sociedades modernas, gracias a los anticonceptivos y al control de la cuenta corriente en el régimen de bienes compartidos, se pueden evitar los costes de estas infidelidades físicas o platónicas, pero nuestra psicología no se ha desarrollado en los últimos 50 años, sino en los últimos millones, donde no había nada de eso. Es posible que la psicología de la mujer, en lo que toca a esto, esté mejor preparada que la del hombre en la sociedad moderna.

Las mujeres no entenderán fácilmente que diga que el hombre tendrá más empatía con el dolor de la mujer violada si piensa en su dolor al ser engañado. No digo que sea el mismo dolor, digo que el hombre se acerca a entenderlo mejor así que si se imagina a sí mismo violado. La violación de la mujer propia, de una hermana, una hija o una madre son también dolores que puede sentir el hombre y que le acercan también a sentir el propio de la mujer. Claro que el dolor de la víctima directa será más profundo, pero no es poco el que pueden sentir los hombres cercanos a la víctima. Los violadores, lejos de ser tenidos como héroes o personas a las que envidiar (como se envidia al Don Juan que las enamora a todas y con todas se acuesta), son objeto del mayor de los desprecios entre el resto de los hombres. Una buena prueba de ello es que suelen acabar muertos o malheridos en la cárcel a manos de los otros internos.

Las mujeres entienden el dolor de la violación. Para los hombres que me lean, éste que he descrito es un atisbo del dolor de la mujer. Éste es el que trivializan los obispos.

Sábado, 30 de Mayo de 2009

El dormilón

De la ciudad A parten aviones hacia la ciudad B. La mitad van medio llenos (50 pasajeros) y la otra mitad van llenos (100 pasajeros). Esta información se conoce en A, pero no en B. Las autoridades de la ciudad B quieren saber cómo llegan los aviones, así que hacen una encuesta. En la terminal de llegadas preguntan aleatoriamente a los pasajeros que llegan de A cómo venía de lleno su vuelo.

El pasajero K hace el viaje de A a B, pero lo hace dormido y sin reparar en lo lleno que va su avión. Cuando le preguntan en el aeropuerto al llegar a B, no sabe qué contestar, pero sí que tendrá una idea acerca de cuál es la probabilidad de haber venido en un vuelo medio lleno o en un vuelo lleno. ¿Cuál es esta probabilidad?

Jueves, 28 de Mayo de 2009

El nombre de la cosa

Leo en El País la resolución judicial sobre el matrimonio homosexual en California. Al parecer no dicen que no pueda haber unos derechos de los homosexuales equivalentes a los del matrimonio, pero dice que no es ilegal el que no se llame matrimonio.
Me suena haber oído estos términos en las discusiones que hubo (y hay) en España a cuenta del matrimonio homosexual. Deberemos recordar que la palabra matrimonio podrá usarse de la manera que sea por quien sea, y que tendrá unos significados generales y otros de uso particular para algunos grupos de hablantes, pero que en la legislación la palabra se refiere a un tipo de contrato.
Pongamos que hasta una determinada fecha las mujeres de una sociedad no hubieran podido ser las legítimas propietarias de viviendas, empresas o lo que sea. Esto ha sido así toda la vida en esta hipotética sociedad. Supongamos que llega un movimiento a favor de la igualdad de derechos de las mujeres y que se les permite ser dueñas de sus casas y que algunos sectores dicen que de acuerdo, que puedan tener casas, pero que de ninguna manera se llame a eso contrato de propiedad, que eso de toda la vida era el contrato firmado por los hombres.
Pongamos que los negros (y negras) de una sociedad, después de siglos de esclavitud, son reconocidos como ciudadanos, y que se les permite, por tanto, trabajar en libertad. De nuevo, hay gente, grupos políticos y sociales que dicen que está bien eso del derecho a trabajar en libertad y cobrando, pero que a eso no se puede le llamar contrato laboral ya que, como todo el mundo sabe y es lo natural, siempre ser ha sido una relación entre blancos.
Pues eso, supongamos y concluyamos.

El nombre de la cosa

Leo en El País la resolución judicial sobre el matrimonio homosexual en California. Al parecer no dicen que no pueda haber unos derechos de los homosexuales equivalentes a los del matrimonio, pero dice que no es ilegal el que no se llame matrimonio.
Me suena haber oído estos términos en las discusiones que hubo (y hay) en España a cuenta del matrimonio homosexual. Deberemos recordar que la palabra matrimonio podrá usarse de la manera que sea por quien sea, y que tendrá unos significados generales y otros de uso particular para algunos grupos de hablantes, pero que en la legislación la palabra se refiere a un tipo de contrato.
Pongamos que hasta una determinada fecha las mujeres de una sociedad no hubieran podido ser las legítimas propietarias de viviendas, empresas o lo que sea. Esto ha sido así toda la vida en esta hipotética sociedad. Supongamos que llega un movimiento a favor de la igualdad de derechos de las mujeres y que se les permite ser dueñas de sus casas y que algunos sectores dicen que de acuerdo, que puedan tener casas, pero que de ninguna manera se llame a eso contrato de propiedad, que eso de toda la vida era el contrato firmado por los hombres.
Pongamos que los negros (y negras) de una sociedad, después de siglos de esclavitud, son reconocidos como ciudadanos, y que se les permite, por tanto, trabajar en libertad. De nuevo, hay gente, grupos políticos y sociales que dicen que está bien eso del derecho a trabajar en libertad y cobrando, pero que a eso no se puede le llamar contrato laboral ya que, como todo el mundo sabe y es lo natural, siempre ser ha sido una relación entre blancos.
Pues eso, supongamos y concluyamos.
Lunes, 25 de Mayo de 2009

El intercambio de modelos

Cada ciencia tiene sus propios modelos, que son su manera de aprehender la realidad. De vez en cuando una parcela de la realidad que se estudiaba con un modelo encuentra en otro un medio que permite una perspectiva mejor o, simplemente, una perspectiva complementaria.
Así, por ejemplo, algunos temas de ciencias políticas se han podido encajar de manera natural en la Teoría de los Juegos, como los modelos de votaciones. Las matemáticas han ofrecido, de manera sistemática, modelos en los que acomodar la Física. La Biología y la Teoría de la Evolución han permitido el desarrollo de la Psicología Evolutiva. Existe un Análisis Económico del Derecho y existe una invasión de la Psicología en la Economía del  Comportamiento.  En alguna entrada anterior he mostrado cómo la Economía puede ayudar a formular con precisión conceptos desarrollados por algún filósofo. 
La Teoría de los Juegos permite calcular equilibrios estáticos y dinámicos, la Teoría de la Evolución ofrece el concepto de selección natural, las matemáticas ofrecen soluciones y así sucesivamente. De esta manera, en cada una de estas relaciones interdisciplinares se consigue un avance en nuestro conocimiento.
Ocurre que, de vez en cuando, alguien postula que cierto concepto o hipótesis de alguna ciencia se puede entender como una metafísica. Es posible que así sea, depende mucho de lo que se defina por metafísica. Pero lo que de verdad importa no es poner nombre a las cosas, sino acomodarlas en un modelo que permita la mejor comprensión del tema de estudio de que se trate. Hasta donde yo sé, eso nunca ha ocurrido con ninguna de las intromisiones de la metafísica en la ciencia o en la moral.
Domingo, 24 de Mayo de 2009

Los científicos se lo montan con modelos

La importancia de tener un modelo para pensar sobre la realidad nunca debe ser desdeñada. De otra manera es difícil saber de qué estamos hablando. Véase, si no, esta entrada en el Otto Neurath o esta otra mía semanas atrás. Uno de los ejemplos más sencillos, a la vez que ilustrativo, es la paradoja de Monty Hall.

Monty Hall es el presentador de un concurso televisivo. Una de las situaciones en las que se suelen ver inmerso el concursante es la siguiente. Debe elegir entre tres puertas, una de las cuales tiene tras ella un premio. Las otras dos no guardan nada. El concursante elige la puerta A y, a contiuación Monty Hall abre una de las otras dos puertas, pongamos que sea la B, y se ve que no hay premio. Monty Hall le da la oportunidad al concursante de cambiar y elegir la C, si quiere. ¿Debe el concursante cambiar de puerta?

Esta es una vieja paradoja y no es mi intención elaborar sobre ella. Sólo la tomo de referencia para ilustrar la necesidad de los modelos. Tal como yo he descrito la historia, nos falta saber cómo se ha llegado a la situación descrita. En particular, es necesario saber si Monty Hall sabía dónde estaba el premio y si, sabiéndolo, deliberadamente escoge la puerta en que sabe que no está.

Si Monty Hall abre una puerta al azar y sucede que no hay premio, las probabilidades a priori de que el premio esté tras A o tras C siguen siendo iguales (el 1/3 de probabilidad de B se pasa a medias a A y a C, quedando en 1/2 cada una) y el concursane no gana nada por cambiar.

Si, en cambio, Monty Hall sabe dónde está el premio y abre una puerta donde sabe que no está, la probabilidad de 1/3 de B se va toda a C, de manera que al concursante le conviene cambiar.

El modelo lo es todo. Intentar responder a la cuestión sin especificar qué caso tenemos en mente solo nos puede llevar a un gran dolor de cabeza tras una larga discusión.

Aclaro dos cosas. La formulación original de la paradoja narraba el segundo escenario. Sin embargo, mucha gente pensaba que la solución seguía siendo 1/2 y que no hacía falta cambiar. No me molesto en hacer los cálculos y las explicaciones de cómo se llegan a estas conclusiones porque está en cualquier página dedicada al asunto, incluidas las entradas en la wikipedia y en la ilustración que abre esta entrada. Pinchad sobre ella para verla completa.

Viernes, 22 de Mayo de 2009

El velo de la ignorancia a largo plazo

En las entradas sobre Rawls y sobre la igualdad he intentado mostrar la importancia de usar definiciones que sabemos lo que significan. Eso no las hace buenas definiciones, pero las hace tratables y ser susceptibles de ser sustituidas por otras definiciones mejores.

Así, el criterio del velo de la ignorancia de Rawls puede hacerse tratable y dar una contestación precisa a qué sociedad es mejor a nada que tengamos información, aunque sea cualitativa acerca de las preferencias de los individuos. Los economistas manejan continuamente modelos en donde es perfectamente aplicable el criterio de eficiencia ex-ante, que corresponde al criterio del velo de la ignorancia.
Obsérvese que el criterio no dice cómo se llega a esa situación mejor, solo dice cómo comparar entre varias situaciones para definir la mejor (según ese criterio). El criterio del velo de la ignorancia dice, por ejemplo, que la sociedad igualitaria es preferible a la desigual, siempre y cuando las medias sean las mismas. Lo que no dice es cómo conseguir la sociedad igualitaria. Tal vez las opciones realistas sean optar entre una sociedad igualitaria con una renta baja, frente a una desigual con una renta media más alta. Por seguir con nuestro ejemplo de una sociedad de cinco habitantes, ¿qué sería preferible, una con rentas (4,4,4,4,4) o una con rentas (3,3,5,5,5)? El criterio del velo de la ignorancia con felicidad proporcional al logarítmo de la riqueza hace que la segunda sea preferible (como vimos en la entrada de Rawls, basta ver que el producto de las rentas es mayor en la segunda).
Una crítica al criterio del velo de la ignorancia es que muchas de las decisiones que tomamos para decidir qué tipo de sociedad queremos se realizan cuando ya los individuos saben su papel en el gran teatro del mundo, así que no tienen por qué sentirse vinculados por este principio.
Con todo, es posible que poco a poco vayamos yendo en esa dirección. Por ejemplo, pongamos que tenemos que decidir sobre medidas contrarias a la discriminación de las mujeres. Estas medidas se tomarán por quienes ya saben su sexo y si, sucede que los hombres tienen más poder en la toma de decisiones, tal vez se muestren reacios a esas medidas. Pero sucederá que unos cuantos hombres no se sientan amenazados (ya tienen una posición en la sociedad, por ejemplo) y, en cambio, quieran asegurarse de que, si tienen hijas o nietas, éstas vivan en ausencia de discriminación. Estos hombres encontrarán atractivo el criterio del velo de la ignorancia.
No estoy seguro, pero es posible que este criterio sea el que prevalezca a largo plazo y que sea gracias a él que las sociedades avanzan en justicia e igualdad.
Miercoles, 20 de Mayo de 2009

Sobre el número de gilipollas

Sucede que donde vivo hay atascos de vez en cuando. Los fines de semana entre las dos y las tres de la tarde salen coches del centro de la ciudad hacia las amenidades de la Casa de Campo. Durante las obras de la M-30 también hubo atascos que, por temporadas, y según se cerraban o abrían tramos de calles y carreteras, podían ser hasta diarios en las horas punta de salida.
Desde mi ventana podía contar varias decenas de coches esperando pacientemente en los cruces y en los semáforos. A veces esperaban la luz verde, a veces a que se apartaran los coches a medio cruzar que interrumpían el tráfico. Las varias decenas podían superar fácilmente el centenar. Tengo una vista muy amplia desde mis ventanas.
A veces me asomaba a la terraza y echaba una cuenta rápida del número de coches. A cada cambio de los semáforos echaba también una cuenta de cuántos cláxones distintos se oían. Me pregunto cuántas veces habrán conseguido despejar el tráfico gracias al invento del claxon. El resultado es que el número de gilipollas está bastante exactamente entre el 5 y el 7%.
Nota: El vídeo está tomado de The Onion, está en inglés, pero es muy gráfico y se entiende bien.
Lunes, 18 de Mayo de 2009

Rawls, su velo de la ignorancia

John Rawls (1921-2002) fue un filósofo interesado en la filosofía moral y política. A pesar de seguir un enfoque contractualista y ser, por tanto, consistente con el relativismo moral, o precisamente por eso, logró ser uno de los filósofos que más ha avanzado en cimentar de una manera razonable sus posturas en moral y política.

Voy a referirme a dos de los conceptos por los que es más famoso. En primer lugar, Rawls se planteó el problema de elegir entre dos órdenes sociales y propuso el criterio de elección tras el velo de la ignorancia. Según este criterio, se tomaría por más justo o mejor, el sistema social que los individuos eligieran antes de saber qué papel les tocaría representar en ese gran teatro del mundo. Dicho de otra manera, si uno no sabe quién de los millones de habitantes del país A o quién de los del país B le tocaría ser, ¿en qué país querría nacer?

Rawls pensaba que la consecuencia de la aplicación de este criterio sería que, enfrentados a esta incertidumbre, los individuos preferirían aquella sociedad en la que el peor tratado de los individuos estuviera mejor tratado. Este es el segundo concepto, que llamaremos criterio rawlsiano. Comparemos, por ejemplo, el 1% más pobre del país A y el 1% más pobre del país B. El país en que mejor estén estos individuos será la sociedad más justa.

El principio del velo de la ignorancia es interesante porque es posible formalizarlo con mucha precisión. En Economía corresponde al criterio de eficiencia ex-ante, es decir, al criterio de eficiencia antes de ser revelada la información que puedan obtener los individuos. Este criterio se puede aplicar para varios momentos en los que se revela información (sobre la salud, la habilidad para un oficio, …). Coincidirá con el criterio del velo de la ignorancia cuando la información se refiera a la propia identidad.

El criterio rawlsiano de escoger la sociedad que mejor trate al más desfavorecido también se puede formalizar fácilmente. Pero ocurre que no se deduce del criterio del velo de la ignorancia. Pongamos un ejemplo. Intentemos comparar las tres sociedades de la entrada anterior según Rawls. Recordemos que había cinco individuos y tenían de rentas (4,4,5,6,6), (3,4,5,6,7) y (4,4,4,4,9) respectivamente en cada una de las sociedades.

Según el criterio del más desfavorecido, las sociedades primera y tercera serían preferibles a la segunda.

Según el criterio del velo de la ignorancia necesitamos una estimación de lo que preferirían los individuos antes de saber quiénes serán en cada sociedad. Si sólo les interesa la renta media, estarán indiferentes entre las tres, pues en todas la renta media es de 5. Si, en cambio, tienen preferencias del tipo “más dinero es mejor, pero cantidades adicionales incrementan la felicidad cada vez menos” podrían elegir sociedades más igualitarias. Por ejemplo, si la felicidad es proporcional, no a la riqueza, sino a su logaritmo (algo no tan descabellado como pueda sonar, dado lo que nos dice la psicología), tendríamos que, en una sociedad con rentas (a,b,c,d,e) los individuos tendrían una felicidad media calculada así (la x es el signo de multiplicación):

Felicidad media = 1/5 x log(a) + 1/5 x log(b) + 1/5 x log(c) +1/5 x log(d) + 1/5 x log(e)

Como todas las sociedades tienen 5 individuos, en lugar de la felicidad media, podemos trabajar con la felicidad total, que es más fácil:

Felicidad total = log(a) + log(b) + log(c) + log(d) + log(e)

Si repasamos nuestras matemáticas y recordamos que el logaritmo del producto es la suma de logaritmos, podremos reescribir la fórmula así:

Felicidad total = log(a x b x c x d x e)

Si seguimos repasando nuestras matemáticas, recordaremos que el logaritmo de un número es mayor cuanto mayor sea ese número, así que para encontrar la sociedad que tiene una mayor felicidad basta encontrar cuál tiene un producto de las rentas mayor. En nuestros ejemplos, los productos son:

Sociedad 1: 4 x 4 x 5 x 6 x 6 = 2880

Sociedad 2: 3 x 4 x 5 x 6 x 7 = 2520

Sociedad 3: 4 x 4 x 4 x 4 x 9 = 2304

Según el criterio del velo de la ignorancia, la sociedad primera es mejor que la segunda y ésta mejor que la tercera. Este ordenamiento es distinto al que hace el criterio rawlsiano y que hemos visto antes.

Domingo, 17 de Mayo de 2009

La razón moral en pie de igualdad

Consideremos tres países, con cinco habitantes cada uno. En el primero, las rentas de sus habitantes, ordenadas de más a menos, son (4,4,5,6,6), en el segundo son (3,4,5,6,7) mientras que en el tercero son (4,4,4,4,9).

¿Cuál es más igualitario? Parece obvio que el primero es más igualitario que el segundo, puesto que el más pobre en el primero es más rico que el más pobre del segundo, y el más rico del primero es menos rico que el más rico del segundo, mientras que los demás están igual. No es inmediato comparar el primero con el tercero. Por un lado, hay menos dispersión en el primero, pero en el segundo todos menos el más rico ganan exactamente lo mismo.

Se han intentado definir índices que, basados en principios satisfactorios de lo que significa la igualdad, puedan responder a esta pregunta. He aquí algunos de estos principios o axiomas:

1.     Independencia de escala: El indicador no debe variar ante cambios proporcionales de los ingresos.

2.     Independencia del tamaño de la población: La desigualdad debe mantenerse si se agrega un número proporcional de individuos a todos los niveles de ingreso.

3.     Anonimidad: Si dos individuos intercambian su posición, el índice no debe cambiar.

4.     Principio debil de transferencias: La desigualdad debe disminuir ante una transferencia de un rico a un pobre.

5.     Principio fuerte de transferencias: La desigualdad debe disminuir más ante una transferencia de un rico a un pobre cuanto más diferencia haya entre estos.

6.     Descomposición aditiva: Si se divide a la población en varias sub-poblaciones según su renta (p.e., en una subpoblación están los pobres y la clase media baja y en la otra la clase media alta y los ricos), el índice aplicado a la población debe ser igual a la suma de los índices aplicados a las subpoblaciones.

Podríamos seguir añadiendo propiedades interesantes, pero resulta que es imposible encontrar un índice que las cumpla todas, así que tenemos que escoger entre índices imperfectos. Unos tenderán a medir la desigualdad haciendo hincapié en un aspecto y otros en otro aspecto. No hay una respuesta objetiva a la pregunta de cuál es mejor. No hay razón moral tampoco para este problema.

Todo se complica enormemente si, además de desigualdad, hablamos de pobreza, de polaridad o de unidades familiares en lugar de individuos. Podéis haceros una primera idea de la variedad de índices echando un vistazo a la wikipedia en inglés.

La imagen que abre la entrada presenta el resultado de aplicar el índice de Gini. Además, usa un mapa que presenta un compromiso entre el respeto a las formas de los países y el respeto a su área, que espero sea del gusto de BioTay.

Los poderes sobrenaturales de Tamariz

Imaginemos la siguiente situación. Ana va con una amiga, Bea, a ver un espectáculo de magia, por ejemplo, el de ese gran genio que es Juan Tamariz. Ana es una aficionada a la magia y sabe cómo hace algunos trucos. Sabe un par de maneras en que se pueden hacer otros, pero no sabe exactamente cuál es la que usa Tamariz en su espectáculo. Hay otros números de los que barrunta más o menos cuál es el truco, pero le faltan detalles y no está del todo segura. Finalmente, de otros trucos no tiene ni idea sobre cómo se hacen, aunque algunos se los ha visto hacer a otros magos, otros los podría hacer ella misma (sin saber si usa el mismo método que Tamariz) y otros, sencillamente, se le escapan. Estos últimos pueden ser, incluso, la mayoría.

Bea tiene menos nociones de magia que Ana e insiste en que Tamariz hace magia de verdad. Es decir, que tiene poderes sobrenaturales que le permiten hacer fácilmente su espectáculo. Ana intenta convencerla de que no es así, y le explica algunos de los trucos. Da igual. Bea admite que puede ser que alguno lo haga, efectivamente, usando esos trucos mundanos, pero que otros números del espectáculo los hace con sus poderes, prueba de ello es que ni Ana ni ella misma tienen ni idea de cómo los podía haber hecho, y le pone algunos ejemplos a Ana. Ana intenta ofrecer una explicación plausible, pero le faltan detalles, así que su amiga le reprocha querer inventarse las explicaciones y de ser poco científica. Ana responde que la explicación natural da cuenta de algunos trucos y que no hay razón para que no dé cuenta de todos. Bea replica que esto son imaginaciones de Ana, que tanto puede ser así (y lo duda, por la espectacularidad de algunos números) como de la otra forma, y que no tenga la soberbia de pretender saberlo todo, y que los poderes de Tamariz pueden ser tan reales y, por tanto, naturales, como los trucos. Ana intenta convencerla de que, para algunos números, han visto el truco natural en acción, y que nunca han visto la intervención sobrenatural ni ningún tipo de poderes especiales, afirma también que no es soberbia, sino todo lo contrario, puesto que admite que no sabe todos lo trucos y que está dispuesta a seguir investigando. Sigue dando igual. Bea solo ve dificultades en las explicaciones de Ana, no entiende cómo pueden hacerse los trucos, Ana no sabe explicar todos y Bea no ve cómo Tamariz pueda tener tanta habilidad con las manos. Ana le responde que la ignorancia de Bea o la de ella misma no es argumento a favor de los poderes sobrenaturales y le insta a que desarrolle su hipótesis de tales poderes. Bea no desarrolla su hipótesis e insiste en que Ana nunca sabrá todos los trucos y nunca llegará a tener total confianza en su hipótesis, de la que empieza a decir que es una metafísica, igual que lo es la suya de la intervención sobrenatural o de los poderes.

Llegados a este punto, la conversación empieza a ser irritante. Ni Ana ni Bea pueden entender que la otra sea tan obcecada y terminan por no hablar más del tema o por enemistarse.

Cuando uno defiende una opinión o una teoría, convendría que pensara si está usando argumentos parecidos a los de Ana o a los de Bea. Conviene también pararse a pensar qué papel quiere representar en la discusión y si sus argumentos le colocan a uno, efectivamente, en el lugar que quiere.

Lo que no puede ser es decir que uno acepta la posición naturalista de Ana y luego usar los argumentos de Bea. Esto es lo que hacen los proponentes del Diseño Inteligente frente a la Teoría de la Evolución. Podéis ver un ejemplo de ello en este blog. Otros ejemplos son los astrólogos frente a los astrónomos y los homeópatas frente a los médicos.

Yo elijo la posición de Ana y constantemente vigilo mis argumentos para ver que, efectivamente, estoy donde quiero estar. ¿Y tú?