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Martes, 11 de Octubre de 2011

Las expectativas racionales de Sargent

Conozco más la obra de Sargent, aunque alguno de mis colegas macroeconomistas me dice que Sims ha sido todavía más influyente. Son los dos premiados con el Nobel de Economía, que, en realidad es el Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas en Memoria de Alfred Nobel, ya que no es parte de la Fundación Nobel. Pero me estoy yendo por las ramas.
En esta entrevista, Sargent explica su trabajo. Es especialmente interesante porque en ella se aprecia no sólo la descripción de sus modelos, sino también algo de su metodología y de sus valores. Es un buen resumen de lo que constituye la economía moderna, con su búsqueda de modelos y de evidencias empíricas para contrastar hipótesis y donde se distinguen las críticas fundadas de las infundadas. Es decir donde se muestra el avance en esta ciencia.
Entre otras cosas, en la entrevista Sargent habla del sempiterno problema de los bancos, que yo exponía por aquí (él lo hace mucho mejor, claro) y del desempleo en Europa y aún tiene tiempo para darles sendas collejas a Francia y Alemania, por haber facilitado la crisis de la deuda actual en Grecia.
Nótese que la entrevista es de hace más de un año.
Jueves, 6 de Octubre de 2011

Farewell, Bert Jansch

Ya sé que hay otras muertes, pero a mí la que me duele hoy es la de Bert Jansch, uno de los mejores guitarristas que en el mundo han sido. Solo, en dúo con John Renbourn, en el grupo Pentangle o, más recientemente, acompañado de algún artista amigo, nos ha legado una cantidad ingente de música y estilos. Casi siempre folk, a veces con virtuosismos barrocos, a veces sencillas adaptaciones de temas tradicionales, composiciones propias, baladas, fusiones con jazz, blues, qué sé yo. Mejor callarse y escuchar, y comprender por qué la muerte de un músico que le ha acompañado a uno en tantos momentos puede doler más que la muerte de tu escritor favorito.

Aquí el folk barroco con John Renbourn:

Lo que hacía con Pentangle cuando cantaba él…

… o acompañando a la maravillosa voz de Jacqui McShee:

Un tema de su último disco:

Miercoles, 5 de Octubre de 2011

Por qué sexo y por qué en parejas (2)

Hace unas cuantas semanas proponía este tema. Pueden verse los detalles en esa entrada, pero conviene resumir aquí la cuestión.
La reproducción sexual permite una variabilidad genética que aumenta la adaptación al medio, pero a su vez es costosa. Una explicación adecuada debe dar cuenta de por qué el balance entre ambas fuerzas da como resultado solamente el tener dos sexos y por qué cada individuo de una especie sexual proviene de la mezcla del material genético de únicamente dos individuos.
Podía haber sido de otra manera. Podíamos encontrar alguna especie con tres o más sexos. O, manteniendo los dos sexos, podíamos haber encontrado alguna especie en la que se mezcla el material genético de, por ejemplo, dos machos y una hembra (algo fácil de hacer si la hembra retiene el esperma de dos machos).
Motty Perry, Philip Reny y Arthur Robson, de las Universidades de Chicago y de Simon Fraser proponen una manera de abordar el problema que, si bien no ofrece una explicación completa, sí parece servir para eliminar algunas hipótesis.
Estos autores consideran las dos hipótesis más defendidas acerca de la ventaja de la reproducción sexual. La primera es la conocida como el determinismo mutacional (MD) según la cual la mezcla de material genético favorece la eliminación de mutaciones. La segunda es la hipótesis de la reina roja (RQ), donde la razón estriba en la mayor defensa frente a ataques de parásitos.
En sus simulaciones, encuentran que, cuando el sexo biparental es una ventaja en la primera hipótesis, sucede que una mezcla de 1/4, 1/4, 1/2 (dos machos y una hembra) sería todavía mejor. No hay mayor coste de mantener machos (ya que la proporción seguiría de machos y hembras seguiría siendo 50%-50%) y hay mayor variabilidad.
En cambio, según la hipótesis de la reina roja, la mezcla genética de dos individuos ofrece la misma defensa frente a parásitos que la obtenida por otras mezclas como la anterior 1/4, 1/4, 1/2. La razón es un poco complicada, pero tiene que ver con el hecho de que no hace falta tanto una gran variabilidad como una diferencia con respecto a lo que espera encontrar el parásito. La clave en esta dinámica está en la capacidad de regenerar el genotipo eliminado por el parásito. Para ello, la especie se compone de una variedad de genomas que se recombinan  entre ellos, sin que ninguno llegue a dominar la población. De nuevo, en sus simulaciones encuentran que la regeneración del genotipo eliminado es igual o más rápida con la mezcla de dos individuos que en otras posibilidades consideradas.
Sábado, 1 de Octubre de 2011

Lo confieso: Cada día tengo manías

Así empezaba, creo recordar, una vieja canción de Pi de la Serra. La manía de hoy es vieja, pero me ha vuelto al recolocar los libros de las estanterías. Vale también para los CDs. Sí, ya sé que con el tiempo estos trastos desaparecerán y mi manía con ellos.
Se trata de lo siguiente. Si ponemos libros editados en cualquier país anglófono como suelen ponerse uno al lado del otro en el estante observaremos que todo lo que está impreso en el lomo del libro o bien está horizontal (si el lomo es ancho) o bien está impreso de manera que podemos leerlo inclinando la cabeza un poco a la derecha. En ese caso, las letras impresas en el lomo quedarían horizontales y del derecho si depositamos el libro en una mesa de manera que su cubierta o tapa superior quede hacia arriba, como en la imagen de esta entrada.
Si, en cambio, uno pone en la estantería libros editados en países hispanos, observaremos que la impresión en los lomos no está tipificada. Para leer algunos tendremos que inclinar la cabeza a la derecha y para leer otros, a la izquierda, con gran incomodidad cuando uno busca un título en los anaqueles.
Fijarme en esto es mi manía, y colocar a veces del revés los libros o discos que tienen la impresión del lomo del lado equivocado para así no inclinar la cabeza continuamente, el resultado de ella.
No me entretengo más, ahora llaman a la puerta, debe de ser el horno que trae el pan.
Miercoles, 28 de Septiembre de 2011

Un titular que dice exactamente lo contrario de lo que debe decir

Leemos en un titular de El País que el IRPF en España supera la media de la Unión Europea.
Pero luego resulta que no es eso, que lo que supera la media de la Unión Europea es el tipo marginal más alto. Esto solo quiere decir que los que declaran más renta en España pagan un tanto por ciento de impuestos sobre sus últimos euros ganados una cantidad mayor que lo que hacen los más ricos de otros países. No quiere decir que los más ricos paguen más proporción de impuestos que en otros países. Para eso hace falta saber cuánto pagan en los primeros tramos de renta, cuántas desgravaciones tienen, a cuánta gente afecta el tipo marginal en cada país y algunas cosas más.
En lugar de ver qué pasa si vamos teniendo en cuenta cada una de esas variables es más ilustrativo si nos fijamos en la presión fiscal (la wikipedia viene en nuestra ayuda). Podemos ver que la española es de las más bajas de las europeas. Si, además, sabemos que el IVA es más de dos puntos más bajo que la media europea (lo dice el propio artículo de El País) y que, junto con el IRPF son la fuente principal de ingresos via impuestos, no queda otra que deducir que la presión fiscal por IRPF tiene que ser, por fuerza, bastante más baja que la media europea.
Es decir, que la realidad va en la dirección opuesta que lo que dice el titular. ¿Tan difícil era decir las cosas bien?
Viernes, 23 de Septiembre de 2011

Al monte se va con botas. La paradoja de Moore.


Nos recuerda Jesús, en su barco, la paradoja de Moore. Hela aquí en sus términos:

Considérense estas dos proposiciones, “Grecia saldrá del euro antes de 2015” y “Solbes cree que Grecia no saldrá del euro antes de 2012”. ¿Son estas dos proposiciones lógicamente contradictorias? No, porque AMBAS pueden ser verdaderas a la vez.  En cambio, supongamos que Solbes dice “Grecia saldrá del euro antes de 2015, pero yo creo que no”. Esto sí que suena a paradoja, o sea, a autocontradicción, ¿verdad? Pero, ¿Cómo puede uno cometer una contradicción afirmando dos proposiciones que no son contradictorias?

Esta es mi contestación:

Querer manejar saberes y creencias con solo lógica proposicional nos lleva a eso. Al monte se va con botas, y para manejar creencias hacen falta más cosas. Hay varias maneras, uno puede definir varios operadores, uno que signifique “saber” y otro “creer”, con axiomas distintos, pero eso es en general bastante insatisfactorio. En alguna parte debería entrar la incertidumbre que separe creencias de saberes. Si no, acaban siendo lo mismo y entonces las dos proposiciones primeras sí son contradictorias. Una vez que introducimos incertidumbre tenemos probabilidades y todo lo que eso conlleva (en particular el no liarse con la lógica proposicional para hacerle decir lo que no dice).

Una manera (no la única) de tener un modelo formal del asunto sería lo siguiente:

Ejemplo bayesiano de modelización: Antes de tener ninguna información, Grecia saldrá del euro o no con probabilidades 1/3, 2/3, respectivamente. En estas condiciones Sobes cree que no saldrá (la probabilidad es mayor).

Ahora puede haber una información que indique que la situación de Grecia es peor de lo que se pensaba, de manera que la probabilidad de que salga del euro antes de esa fecha es del 100%, pero Solbes ignora esa nueva información. Claramente se cumple que “Grecia saldrá del euro…” y que “Solbes cree que Grecia no saldrá del euro…”.

En cambio, si Solbes dice “Grecia saldrá … y yo creo que Grecia no saldrá…” estará incurriendo en contradicción, pues si tiene información para afirmar lo primero no puede afirmar también lo segundo. Por lo menos, no para cualquier sentido razonable que asignemos a esas proposiciones.

El verdadero problema es el de buscar una manera interesante y rigurosa de definir “saber” y “creer”. Sostengo que esa manera interesante debe incluir considerar probabilidades y que todas las discusiones desde la lógica proposicional que las ignore están abocadas a la confusión. Una vez tengamos esto podremos resolver la paradoja. También podremos tener definiciones que la mantengan, pero tal vez no sean las interesantes.
Miercoles, 21 de Septiembre de 2011

Asombrosos Amazings

Amazings Bilbao 2011 se celebrará durante los días 23 y 24 de septiembre, en los que desfilarán por el impresionante escenario del Paraninfo de la UPV, junto al Guggenheim en Bilbao, más de 70 colaboradores de Amazings para realizar charlas científicas entretenidas, interesantes y, por supuesto, divertidas.

EL formato de conferencia es muy dinámico, puesto que serán charlas de 10 minutos, el tiempo suficiente para explicar una buena idea, contar una historia apasionante o aclarar algún concepto científico. Nada de extensas y aburridas conferencias de dos horas, se busca agilidad y rápidez. Los colaboradores de Amazings se enfrentan al reto de conseguir captar la atención del público en ese breve espacio de tiempo y además explicar su idea sin sobrepasar ni un segundo ese límite.
Además, el evento se completará con multitud de actividades alternativas como exposiciones fotográficas, monólogos de humor, cineforum y hasta la actuación de un mago.

Todo gracias a Amazings, Juan Ignacio Pérez y su Cátedra de Cultura Científica en la Universidad del País Vasco, Igor Campillo, director de Euskampus y Félix Goñi presidente de la Fundación Biofisika Bizkaia.


Aquí está el programa completo.

Lunes, 19 de Septiembre de 2011

El impuesto sobre el patrimonio

Se han dicho varias críticas al impuesto sobre el patrimonio, y algunas bien razonables. De ellas no se deduce que poner ahora ese impuesto sea peor que no ponerlo.
Es un impuesto que grava el ahorro, la riqueza acumulada, y no la renta anual. Es una doble imposición. Se pagó al ganar la renta y se sigue pagando al mantenerla. Es, por tanto, injusto. ¿Sí? Si lo es no lo será por eso, sino porque permita que dos personas en iguales condiciones paguen distinto. O porque una persona con mayor nivel de vida pague menos que otra. O algo así, que creo que son esas las cosas pertinentes para hablar de justicia.
Impuestos dobles ya los conocemos. El IVA grava la renta cuando se consume, la misma renta que se gravó al ganarse. ¿Es injusto? No lo sé, pero al destacar esto, hemos destacado dos cosas:
1. Si el estado pudiera saber exactamente la renta de cada individuo, es posible que un impuesto sobre la renta fuera suficiente. En ausencia de esta omnisciencia, el estado hace lo que puede (o lo que sabe hacer) combinando varios impuestos. Por eso los tenemos de todo tipo.
2. El impuesto sobre el patrimonio no es doble imposición, sino triple imposición, porque ese patrimonio se compró pagando su IVA.
¿Por qué no gusta el impuesto del patrimonio? Parece ser que concurren varias cosas. La primera, ya apuntada, esa triple imposición. La segunda, que al parecer no permite recaudar demasiado. La tercera, que impone una distorsión demasiado alta en las decisiones de ahorro y consumo. Las demás razones se siguen de estas.
Todo eso puede ser cierto y son, tal vez, razones para diseñar un sistema impositivo que no lo incluya (y que sí incluya, también tal vez, un mayor escrutinio sobre las rentas que se ocultan).
Pero ahora estamos en crisis y hay que conjugar reformas (de las que vamos haciendo alguna que otra tarde y mal) con parches. España necesita (acháquese a la crisis, al mal gobierno, a los bancos, o a quien sea) dinero para no tener que pedir prestado a intereses cada vez más alto. Los recortes no bastan porque hay compromisos que vencen y hay que pagar o declarar suspensión de pagos. Este impuesto permite recaudar un poco más, y no nos va a hacer ver injusticias mucho más grandes de las que estamos viendo desde el comienzo de la crisis. Eso sí, cuando acabe la crisis quitamos el parche.
Suma y sigue.
Viernes, 16 de Septiembre de 2011

Nina Simone

Un interludio musical con una de las más grandes.

Domingo, 11 de Septiembre de 2011

La entrevista de Fuentes a Navarro

Hace unos días, Manel Fuentes entrevistó a Vicenç Navarro en Catalunya Ràdio (se puede oír aquí, está en catalán, pero se entiende bien aun sin ser catalano-hablante). El tema era la reforma de la Constitución para incluir la disciplina presupuestaria.
Fuentes le preguntaba a Navarro si estaba de acuerdo con la idea del déficit cero estructural. Navarro se iba por peteneras. En algún momento parecía que sí, pero en otros decía que eso puede limitar el gasto público. Fuentes insiste en que no se trata del gasto, sino de su financiación, endeudándose o con impuestos y que, de ambas maneras se acaba pagando, solo que la deuda implica pagar impuestos. Navarro sigue sin concretar por qué está en contra de limitar la deuda y se pone a hablar de lo bajos que son los impuestos en España, de lo poco que pagan los ricos y de lo poco que dedicamos al gasto social, todo ello comparado con otros países de nuestro entorno. Fuentes pierde la paciencia y le señala que ese no es el tema, que no estamos hablando de pagar más o menos impuestos o de querer más o mensos gasto social, sino de la deuda, vaya a la cuestión, señor Navarro. Navarro pide que no le interrumpan, que le dejen explicarse, pero como no acaba de hacer la conexión de lo que habla con su opinión de que es bueno no limitar la deuda, Fuentes pierde los papeles y le acaba colgando el teléfono.
Este episodio me lleva a dos reflexiones (tal vez tres).
Primero: Fuentes es un humorista y no se le conocen especiales competencias en economía. Navarro es un catedrático de sociología y, a pesar de que no se le conocen publicaciones en economía (en revistas científicas con evaluación anónima), es una voz muy oída en esta área (aquí y aquí he hablado de él). Lo curioso es que el humorista tenga un conocimiento mayor que el supuesto experto en una cosa tan sencilla como es distinguir la posibilidad de dedicar más recursos a gastos sociales del tema de la disciplina presupuestaria.
Segundo: En España, excepto en algunos programas humorísticos, no se suele dar demasiada caña al entrevistado. Estoy acostumbrado a las entrevistas a las que se someten políticos y expertos en los EEUU y, desde luego, el entrevistador no suele dejar escapar una contradicción o una respuesta evasiva e insiste en ella. Me gustaría ver esto más a menudo y me gustaría verlo no precisamente en programas de humor, donde no se busca la profundidad ni la claridad de ideas, precisamente.
Tercero: Navarro fue, a pesar de sus evasivas y contradicciones, más educado que Fuentes, sobre todo en el bochornoso final, en que Fuentes le manda, más o menos, a hacerse los deberes otra vez y le cuelga el teléfono de mala manera.

La entrevista de Fuentes a Navarro

Hace unos días, Manel Fuentes entrevistó a Vicenç Navarro en Catalunya Ràdio (se puede oír aquí, está en catalán, pero se entiende bien aun sin ser catalano-hablante). El tema era la reforma de la Constitución para incluir la disciplina presupuestaria.
Fuentes le preguntaba a Navarro si estaba de acuerdo con la idea del déficit cero estructural. Navarro se iba por peteneras. En algún momento parecía que sí, pero en otros decía que eso puede limitar el gasto público. Fuentes insiste en que no se trata del gasto, sino de su financiación, endeudándose o con impuestos y que, de ambas maneras se acaba pagando, solo que la deuda implica pagar impuestos. Navarro sigue sin concretar por qué está en contra de limitar la deuda y se pone a hablar de lo bajos que son los impuestos en España, de lo poco que pagan los ricos y de lo poco que dedicamos al gasto social, todo ello comparado con otros países de nuestro entorno. Fuentes pierde la paciencia y le señala que ese no es el tema, que no estamos hablando de pagar más o menos impuestos o de querer más o mensos gasto social, sino de la deuda, vaya a la cuestión, señor Navarro. Navarro pide que no le interrumpan, que le dejen explicarse, pero como no acaba de hacer la conexión de lo que habla con su opinión de que es bueno no limitar la deuda, Fuentes pierde los papeles y le acaba colgando el teléfono.
Este episodio me lleva a dos reflexiones (tal vez tres).
Primero: Fuentes es un humorista y no se le conocen especiales competencias en economía. Navarro es un catedrático de sociología y, a pesar de que no se le conocen publicaciones en economía (en revistas científicas con evaluación anónima), es una voz muy oída en esta área (aquí y aquí he hablado de él). Lo curioso es que el humorista tenga un conocimiento mayor que el supuesto experto en una cosa tan sencilla como es distinguir la posibilidad de dedicar más recursos a gastos sociales del tema de la disciplina presupuestaria.
Segundo: En España, excepto en algunos programas humorísticos, no se suele dar demasiada caña al entrevistado. Estoy acostumbrado a las entrevistas a las que se someten políticos y expertos en los EEUU y, desde luego, el entrevistador no suele dejar escapar una contradicción o una respuesta evasiva e insiste en ella. Me gustaría ver esto más a menudo y me gustaría verlo no precisamente en programas de humor, donde no se busca la profundidad ni la claridad de ideas, precisamente.
Tercero: Navarro fue, a pesar de sus evasivas y contradicciones, más educado que Fuentes, sobre todo en el bochornoso final, en que Fuentes le manda, más o menos, a hacerse los deberes otra vez y le cuelga el teléfono de mala manera.
Viernes, 9 de Septiembre de 2011

Mejor rendirse tarde al mercado que nunca

Allá por abril dediqué una entrada a criticar la política del Banco Central Europeo, que veía riesgos de inflación no se sabe dónde, y que abogaba por subir el tipo de interés. Estaba entonces en el 1% y en estos meses lo ha subido un par de veces hasta dejarlo en el 1,5%.
En vez de apostar por la decisión de menor coste y riesgo, cual era mantener bajos los tipos dado que gran parte de la eurozona todavía no acababa de crecer y tenía falta de liquidez, apostó por la de mayor coste, subir los tipos por temor a la inflación. ¿Por qué era la de mayor coste? Porque el coste de equivocarse si mantenía o bajaba los tipos era mínimo. La inflación, como ya decía en la entrada, era muy baja entonces y, aunque creciera, se mantendría en valores que no iban a hacer daño a nadie. El coste de equivocarse con la decisión tomada ha sido no favorecer o agravar la recuperación de varios países de la zona euro.
Como a la fuerza ahorcan, Trichet, el presidente del BCE, por fin se entera de cómo está el mercado y da su brazo a torcer. Lo hace tarde y lo hace mal porque no se atreve a bajar aunque sea un cuartillo.
Martes, 6 de Septiembre de 2011

La economía de la discriminación 9



Repasemos los distintos modelos de causas de la discriminación y sus implicaciones en la eficiencia económica.


En el modelo de Becker no hay pérdida de eficiencia si se respetan las preferencias de los individuos en la economía. Sí la habrá, en cambio, en la medida que estas preferencias sean deploradas por parte de la sociedad. En este caso las preferencias discriminatorias causan una externalidad negativa. El criterio de eficiencia requiere que estas externalidades sean internalizadas, tal vez subvencionando la contratación del grupo discriminado por el grupo discriminante. La dificultad de detectar a este último grupo y los problemas de riesgo moral que esta política supondría son obvios, pero puede apuntar una dirección en la actuación pública.

Si la discriminación se basa en creencias erróneas por parte de algún agente o grupo de agentes y la situación es tal que ningún agente encuentra razones para abandonar sus creencias, se hace necesaria una acción por parte de algún otro agente externo a ellos que pueda alterar este sistema de creencias. Como se observó en la discusión de este tipo de discriminación, un agente concreto no tendrá el incentivo necesario para alterar su conducta en un sentido no discriminatorio, a pesar de que como colectivo todos los agentes quisieran que una sistema de creencias no discriminatorio fuera de conocimiento común. Hay, por lo menos, tres mecanismos para abandonar un sistema de creencias erróneo. El primero a través de cambios individuales en las actitudes discriminatorias (inversiones individuales), otro de coordinación en un nuevo equilibrio sin discriminación y un tercero de aprendizaje de las verdaderas preferencias de los demás agentes. Estos tres mecanismos, o bien no se ponen en marcha con los incentivos individuales o bien presentan un proceso de convergencia a la situación no discriminatoria demasiado lento.
La discriminación estadística sólo justificará una intervención pública si el problema de información puede ser resuelto más fácilmente por el sector público. Si es posible mejorar la manera de obtener información sobre los candidatos, en la medida que la información tiene carácter de bien público, podría justificarse una intervención. Los incentivos de cada empresa en particular por mejorar la obtención de información son de la misma naturaleza que los de mejorar cualquier otra etapa del proceso productivo. Para justificar una acción pública habría que justificar que las externalidades generadas por esta mejora son significativas en el margen (en el punto de decisión individual de la empresa). Un tipo de externalidades posible se refiere no tanto a la difusión de la tecnología que permite recabar información más precisa de los candidatos, sino a los efectos de la discriminación estadística (y de cualquier otro tipo) sobre las decisiones de inversión en capital humano, pero este aspecto se tratará más adelante. De momento, estas decisiones se han tomado como exógenas, para aislar los efectos característicos de estos modelos de discriminación.
En el modelo de Spence, la señal que permite en algunos equilibrios distinguir entre los candidatos de alta y baja cualificación representa, en sí misma, una pérdida de eficiencia con respecto a la situación ideal de información perfecta. Como la información simplemente no está disponible, la comparación debería ser con la de cualquier otro mecanismo (o equilibrio) que permita el mínimo gasto posible en la señalización de la cualificación. En el caso analizado, se trataría de encontrar el menor nivel de educación que permite al empleador tratar, en equilibrio, a aquéllos que lleguen a ese nivel como trabajadores hábiles y como de baja habilidad a los demás. Cambiar el equilibrio prevaleciente (en principio arbitrario) por este otro supone un problema semejante al generado por las falsas creencias. Es necesaria una gran coordinación para lograrlo. Un aspecto que sí se puede resolver fácilmente en el modelo analizado es el de la diferencia entre el nivel de educación exigido para los hombres y las mujeres. A falta de especificar una dinámica concreta, podría bastar con prohibir que se exijan distintos niveles de educación para una misma tarea a individuos de distintos colectivos.
En cuanto a los modelos de inversión en capital humano, si las decisiones sobre distribución de tiempo entre actividades en el hogar y fuera de él son personales y no están mediatizadas por factores discriminantes, no hay lugar para una intervención pública en aras de conseguir una asignación más eficiente. Si las razones que motivan estas decisiones son debidas a la existencia de alguna discriminación en el mercado laboral que genera ineficiencia, las repercusiones se multiplican al considerar la cualificación profesional como variable de elección endógena. En aquellos casos donde ya se apuntaba como posiblemente necesaria un acción pública, ahora se vuelve más justificada (por ejemplo, la corrección de las falsas creencias). Casos que antes no ofrecían argumentos para tal intervención, pueden ofrecerlo ahora. Por ejemplo, en la discriminación estadística, incentivar la contratación femenina puede ser una manera de hacer más atractiva para las mujeres la inversión en capital humano. Si al incrementar el número de mujeres en cargos de responsabilidad se consigue eliminar la discriminación estadística (porque cada vez hay un mejor conocimiento de la calidad del trabajo femenino directamente, al contratar a más mujeres e, indirectamente, al tomar más mujeres decisiones de contratación) se produce una mejora que, individualmente, cada empresa no tenía incentivos en realizar. Esta actuación no está exenta de posibles problemas de riesgo moral, si las mujeres anticipan un trato de favor en algunas contrataciones y encuentran más provechoso invertir menos en su preparación. Que se llegue o no a esta situación dependerá del nivel concreto al que se establezca la política de incentivos a la contratación femenina. Está por hacerse un estudio exhaustivo de las consecuencias de las políticas que en este sentido se han llevado a cabo en distintos países.
Por último, decisiones involuntarias que influyen en la inversión en capital humano pueden ser consideradas por la sociedad como susceptibles de ser aseguradas con argumentos del tipo del “velo de la ignorancia”. La dificultad de este argumento en el caso concreto es que, cuando los individuos de la sociedad pudieran llevar a cabo un contrato social de este tipo, ya están encarnados en sus tipos; es decir, ya conocen su sexo. Los pertenecientes al grupo no discriminado no tendrán, en general, los incentivos adecuados para preferir una situación de seguro universal contra la discriminación. Solo en la medida que se identifique con el otro grupo, por ejemplo, por querer legar a sus descendientes (cuyo sexo no conoce) un mundo sin discriminación. Este argumento no depende de que la discriminación se concrete en diferencias en la inversión de capital humano; es igual de válido para cualquier otro tipo de discriminación.
Sábado, 3 de Septiembre de 2011

En un planeta cuadrado

¿Cómo sería estar en un planeta cuadrado?

Sorprendentemente, esta simple pregunta evoca una de las más fascinantes visiones de ciencia ficción que he leído últimamente.
Un planeta cuadrado (debería decir cúbico, lo sé) es una imposibilidad astronómica. Por definición, un planeta ha de ser tal que la gravedad ha obligado la forma redonda. Tenemos que imaginar que, por ejemplo, una civilización adelantadísima ha conseguido pulir un planeta hasta hacerlo cuadrado. Para que ello sea posible, el planeta no puede tener sino un manto y núcleo pequeños y ser casi todo corteza. De otra forma, al empezar a pulirlo saldría todo el magma del interior, arruinando el trabajo. Con un poco de suerte, el planeta se mantendrá así unos cuantos millones de años.
Si estamos en el centro de una de las caras y comenzamos un largo viaje a uno de los vértices observaremos lo siguiente. Primero de todo, el horizonte es bastísimo. En la Tierra uno puede abarcar unos cinco kilómetros. En cubilandia uno podrá, si nada le limita la vista, ver las cuatro aristas que le rodean a miles de kilómetros de distancia. Lo segundo que observamos es que, a medida que avanzamos hacia el vértice de nuestra elección es como si subiéramos una montaña cada vez más empinada. El vértice deja de estar en el horizonte para parecerse al pico de la montaña más alta jamás vista. Si el Everest tiene casi nueve kilómetros de altura, aquí estaríamos hablando de una montaña de miles de kilómetros. El centro de la cara y el vértice opuesto, siguen estando detrás, pero ahora, además, están debajo, muy debajo de nosotros.
¿Qué ha ocurrido?
Debemos recordar que la fuerza de gravedad nos atrae hacia el centro del planeta. La dirección hacia el centro es perpendicular a la cara solamente en el centro. A medida que nos acercamos al vértice, la línea que nos une con el centro del planeta está inclinada con respecto a la cara sobre la que caminamos, y cada vez lo está más. Nuestra posición vertical (la natural, la medida respecto a la gravedad) nos coloca inclinados respecto a lo que ahora es la madre de todas las cuestas.

¿Y si el planeta tuviera océanos y atmósfera? Pasaría que el agua se concentraría en el centro de las caras, formando una cúpula sobre ellas, como en la figura de arriba, pero con una cúpula mucho más pequeña, apenas sobresaliendo por el centro de la cara. Uno puede pulir el planeta para hacerlo cúbico, pero el agua se concentrará esféricamente para obedecer la ley de la gravedad. La atmósfera sería una fina capa de pocos kilómetros por encima de esta cubierta de agua. A la orilla del océano de una de las caras veríamos el mar como lo vemos en la Tierra, pues en la orilla estaríamos perpendiculares a la superficie del mar en ese lugar, mientras que la parte seca sería ya un terreno ascendente. El océano nos impediría ver la arista y los vértices del otro lado.
Quiere decir también esto que, a medida que nos alejáramos en nuestro viaje al vértice, subiendo siempre, enseguida dejaríamos atrás la atmósfera. Se hace imperativo llevar un traje de astronauta. Podría haber vida en el planeta, quién sabe, pero estaría recluida al centro de cada una de las caras. Serían seis mundos sin contacto entre ellos. El viaje de una cara a otra se antoja una hazaña casi tan difícil como el viaje a la luna.
Cuando lleguemos finalmente al vértice será como estar en la cima de una pirámide de base triangular y pesaremos la mitad de lo que pesábamos al comienzo del viaje sin haber adelgazado un gramo. Desde allí podremos ver los tres mundos en los centros de cada una de las tres caras adyacentes. Cuidado, un resbalón y perderíamos el equilibrio para caer rodando hasta uno de ellos. Es lo que habrán hecho todas las piedras, rocas y arena que hemos soltado de la montaña. Es lo que hará la montaña-vértice durante millones de años hasta que hayan rodado todas las piedras y el planeta sea redondo, como manda la ley de la gravedad.
Martes, 30 de Agosto de 2011

¿Quién entiende a Vargas Llosa?

Me ha sorprendido muy negativamente el último artículo de Vargas Llosa en El País sobre las recientes jornadas católicas en Madrid, visita papal incluida (comenté sobre ellas aquí y aquí, y no pensaba hablar más, pero no me resisto). Vargas Llosa suele argumentar sus posturas con buenos razonamientos, o por lo menos lo intenta, pero esta vez no veo un solo argumento por ninguna parte.
Vayamos por párrafos:
1. Presentación. A Vargas Llosa le gusta el espectáculo de las JMJ.

2. Descripción. Vargas Llosa aprecia la paz y corrección con que se ha desarrollado el acontecimiento.

3. Presentación de dos hipótesis. (i) Son jóvenes que aprovechan las jornadas para hacer turismo. (ii) Son una prueba de la pujanza y vitalidad de la iglesia católica.

4. Presenta unos datos: Los católicos declarados en España son el 70%. Entre los jóvenes, el 51%, pero solo  practican el 12%.

5. Propone una nueva hipótesis: (iii) “esta paulatina declinación del número de fieles de la Iglesia católica, en vez de ser un síntoma de su inevitable ruina y extinción es, más bien, fermento de la vitalidad y energía que lo que queda de ella.”

6. Compara el estilo y preparación de los dos últimos papas, Benedicto XVI y Juan Pablo II.

7. Presenta un argumento para explicar la actitud de los últimos papas: (iv) “Probablemente, la razón de ello (la vuelta a posiciones conservadoras) sea la sospecha o convicción de que, si continuaba haciendo las concesiones que le pedían los fieles, pastores y teólogos progresistas, la Iglesia terminaría por desintegrarse desde adentro, por convertirse en una comunidad caótica, desbrujulada, a causa de las luchas intestinas y las querellas sectarias.” A continuación apunta que (v) “el catolicismo está más unido que en años anteriores.”

8. Se pregunta si esto es bueno o malo para la cultura de la libertad. No se sabe si se refiere a (iv) o a (v). Parece que es a (v).

9. Dice cómo el avance del conocimiento y de la cultura no ha acabado con las creencias religiosas. Entre otras cosas, argumenta que la cultura se desdobla entre una parte que es divertimento y otra que es elitista.

10. Vaticina (vi) que la cultura solo podrá reemplazar a la religión para minorías marginales, mientras que el gran público la seguirá necesitando. Concluye que esto es bueno.

11. Hay que alegrarse por todo lo anterior.

En resumidas cuentas, Vargas Llosa parece argumentar que siempre habrá gentes que necesiten el consuelo de sentirse trascendentes y que mejor si están organizados en una iglesia, que por necesidad ha de ser conservadora.

Es posible que siempre tengamos gente así, pero, por lo que se ve con los propios datos que da Vargas Llosa, cada vez son menos y van camino de ser minoría en España (como ya lo son en otros países como Francia, Suecia, Holanda, Chequia o Japón).

Lo siguiente es todavía peor: ¿por qué habrá de ser mejor que estén organizados? ¿por qué en una iglesia? ¿por qué ha de ser conservadora?

Mucha de la gente que se siente católica, pero no practicante o practicante a su manera está, de hecho, fuera de la iglesia, a la que apenas sigue en sus consignas y doctrinas. Mucha gente tiene creencias en una vida más allá de la muerte sin pasar por una religión en particular.

Finalmente, es posible que una iglesia católica no conservadora esté abocada a la desaparición. Pero eso solo implicaría la desaparición de la iglesia católica, no la imposibilidad de ser sustituida por otra iglesia más acorde con los tiempos modernos y que no se obceque con el sexo y con meter almas en cigotos. Algunas religiones, incluso algunas iglesias cristianas ya son, hoy día, mucho más avanzadas que la católica en ese sentido.

El caso es que Vargas Llosa no necesita el falso consuelo de la religión (falso según él mismo, que se reconoce agnóstico) y, como buen liberal que es, tampoco acepta esas posiciones conservadoras de la iglesia en temas morales.

¿Por qué, a pesar de eso, se alegra de que la iglesia católica tenga una gran capacidad de movilización y de adoctrinamiento entre muchos jóvenes? ¿A alguien le queda claro?
Viernes, 26 de Agosto de 2011

Deuda y déficit

El déficit de las cuentas públicas se va a limitar por ley. En la Constitución se establecerán los principios y una ley orgánica recogerá los detalles, entre ellos la cuantía del límite.
Será así: el déficit estructural no puede superar el 0,4% del PIB. Eso del déficit estructural lo que hace es decir que no es el déficit de cada año, sino el de un ciclo económico (que incluye unos años de boom y otros de recesión, por ejemplo). Aquí se discuten más detalles con muy buen juicio.
No está mal un poco de disciplina en los presupuestos. Fijémonos en que la regla permite tener déficits en épocas de crisis mientras se compensen con superávits en épocas de bonanza (también permite lo contrario, pero esto no parece estar en la cabeza de nadie). ¿Cómo de bueno es esto? ¿Qué habría pasado en la crisis actual de haber seguido esta regla?
Recordemos que, ante la crisis actual, ha habido quien abogaba por aumentar el gasto público, en plan keynesiano, para activar la economía y que había también quien proponía ser austeros para no estar pillados con la deuda. En España, la razón parece haber caído del lado de estos últimos. España no puede gastar más sin emitir deuda, pero los intereses se dispararían todavía más, asfixiando los presupuestos. Buena parte de la razón es que el nivel de deuda anda ya por el 70% del PIB. En sí mismo esto no es mucho en comparación con otros países, pero la política de expansión del gasto, junto con la incertidumbre acerca de si el estado acabará inyectando grandes cantidades de dinero a la banca y las bajas previsiones de crecimiento, pondrán nerviosos a los compradores de deuda.
En EEUU esto no pasa. Incluso con niveles de deuda altos, el país sigue ofreciendo confianza a los prestamistas y sigue pagando intereses bajísimos por la deuda que coloca, así que no debe extrañar que haya voces que digan que allí bien se puede seguir gastando dinero por parte de la cosa pública para, por ejemplo, arreglar carreteras y educación.
¿Por qué tenemos un 70% de deuda en España? Por la misma razón que tienen deuda los demás países, porque, a pesar de los años de bonanza que hemos tenido, los distintos gobiernos no la han conseguido eliminar (a decir verdad, en España se bajó del 80% en 1998 al 40% justo antes de la crisis, algo que no ocurría en otros países). Si hubiéramos reducido a cero esa deuda (aprovechando el crecimiento económico y con la norma de presentar superávits en años de crecimiento) y si nos comprometiéramos ahora a no rescatar un solo banco podríamos pedir prestado a intereses bajos grandes cantidades de dinero para mover recursos que ahora están ociosos en la economía.
Con altos niveles de deuda las políticas de expansión del gasto tienen muy poco recorrido, sobre todo si uno no es EEUU o Alemania, como bien ha aprendido ZP a su pesar.

Deuda y déficit

El déficit de las cuentas públicas se va a limitar por ley. En la Constitución se establecerán los principios y una ley orgánica recogerá los detalles, entre ellos la cuantía del límite.
Será así: el déficit estructural no puede superar el 0,4% del PIB. Eso del déficit estructural lo que hace es decir que no es el déficit de cada año, sino el de un ciclo económico (que incluye unos años de boom y otros de recesión, por ejemplo). Aquí se discuten más detalles con muy buen juicio.
No está mal un poco de disciplina en los presupuestos. Fijémonos en que la regla permite tener déficits en épocas de crisis mientras se compensen con superávits en épocas de bonanza (también permite lo contrario, pero esto no parece estar en la cabeza de nadie). ¿Cómo de bueno es esto? ¿Qué habría pasado en la crisis actual de haber seguido esta regla?
Recordemos que, ante la crisis actual, ha habido quien abogaba por aumentar el gasto público, en plan keynesiano, para activar la economía y que había también quien proponía ser austeros para no estar pillados con la deuda. En España, la razón parece haber caído del lado de estos últimos. España no puede gastar más sin emitir deuda, pero los intereses se dispararían todavía más, asfixiando los presupuestos. Buena parte de la razón es que el nivel de deuda anda ya por el 70% del PIB. En sí mismo esto no es mucho en comparación con otros países, pero la política de expansión del gasto, junto con la incertidumbre acerca de si el estado acabará inyectando grandes cantidades de dinero a la banca y las bajas previsiones de crecimiento, pondrán nerviosos a los compradores de deuda.
En EEUU esto no pasa. Incluso con niveles de deuda altos, el país sigue ofreciendo confianza a los prestamistas y sigue pagando intereses bajísimos por la deuda que coloca, así que no debe extrañar que haya voces que digan que allí bien se puede seguir gastando dinero por parte de la cosa pública para, por ejemplo, arreglar carreteras y educación.
¿Por qué tenemos un 70% de deuda en España? Por la misma razón que tienen deuda los demás países, porque, a pesar de los años de bonanza que hemos tenido, los distintos gobiernos no la han conseguido eliminar (a decir verdad, en España se bajó del 80% en 1998 al 40% justo antes de la crisis, algo que no ocurría en otros países). Si hubiéramos reducido a cero esa deuda (aprovechando el crecimiento económico y con la norma de presentar superávits en años de crecimiento) y si nos comprometiéramos ahora a no rescatar un solo banco podríamos pedir prestado a intereses bajos grandes cantidades de dinero para mover recursos que ahora están ociosos en la economía.
Con altos niveles de deuda las políticas de expansión del gasto tienen muy poco recorrido, sobre todo si uno no es EEUU o Alemania, como bien ha aprendido ZP a su pesar.
Miercoles, 24 de Agosto de 2011

El extraño viaje del líder a Madrid

Hace unos años Madrid recibió la visita de un jefe de estado extranjero, pero no de uno cualquiera. Se trataba de un líder ideológico y hasta espiritual para muchos madrileños y españoles.
Es cierto que había y hay más agrupaciones marxistas, socialistas y comunistas, pero este líder lo era de una de sus facciones más ortodoxas y contaba con muchos seguidores y simpatizantes. Dueño absoluto de su pequeña isla caribeña, su influencia llegaba mucho más allá y se extendía por el mundo.
La visita no tenía ningún carácter oficial, en el sentido de discutir acerca de relaciones bilaterales entre los dos países. Ningún intercambio comercial, ninguna declaración conjunta acerca de la situación política internacional, ninguna resolución de estrategias conjuntas en el seno de la diplomacia mundial, la visita era única y exclusivamente para que el mandatario extranjero pudiera ejercer de líder ideológico.
El gobierno de la nación, la presidencia de la comunidad y el alcalde dieron toda clase de facilidades. Además, algunos de estos mandatarios son o fueron educados en el marxismo, ideología de gran tradición en España y estaban contentos con la visita. Se otorgaron visas con gran facilidad para que pudieran llegar decenas de miles de jóvenes pioneros de las distintas células y partidos socialistas y comunistas de todo el mundo que acudieron a las jornadas de adoctrinamiento marxista, se habilitaron escuelas para acogerlos, se les dio transporte y tickets de comida a precios subvencionados, se paralizó la ciudad, se montaron unas casetas en el parque de El Retiro para que pudieran hacer sus autocríticas e, incluso, se colocaron consignas revolucionarias en algunos edificios públicos.
El jefe de estado, que, en privado, se dice, profesa esta ideología e incluso adoctrina a sus hijos en ella desde pequeños, rindió pleitesía al líder. El alcalde, viejo profesor marxista, estaba encantado. Otros eran más pragmáticos y se dejaban llevar, no era cosa de molestar al líder. Incluso se conculcó la libertad de expresión y de manifestación para minimizar las protestas que pudiera haber.
Los mensajes del líder fueron los ya consabidos (no hacía falta tanto viaje para unas alforjas tan vacías): que si no hay salvación fuera de la revolución, que si no se puede ser buen marxista fuera del partido y otras afirmaciones acerca de la bondad del monopolio ideológico.
El líder se fue finalmente. Por fortuna, cada año los adeptos a tanta ideologización fueron disminuyendo en número y en influencia y hoy en día daría vergüenza y no se toleraría tanto desatino por parte de la cosa pública hacia una ideología particular.

El extraño viaje del líder a Madrid

Hace unos años Madrid recibió la visita de un jefe de estado extranjero, pero no de uno cualquiera. Se trataba de un líder ideológico y hasta espiritual para muchos madrileños y españoles.
Es cierto que había y hay más agrupaciones marxistas, socialistas y comunistas, pero este líder lo era de una de sus facciones más ortodoxas y contaba con muchos seguidores y simpatizantes. Dueño absoluto de su pequeña isla caribeña, su influencia llegaba mucho más allá y se extendía por el mundo.
La visita no tenía ningún carácter oficial, en el sentido de discutir acerca de relaciones bilaterales entre los dos países. Ningún intercambio comercial, ninguna declaración conjunta acerca de la situación política internacional, ninguna resolución de estrategias conjuntas en el seno de la diplomacia mundial, la visita era única y exclusivamente para que el mandatario extranjero pudiera ejercer de líder ideológico.
El gobierno de la nación, la presidencia de la comunidad y el alcalde dieron toda clase de facilidades. Además, algunos de estos mandatarios son o fueron educados en el marxismo, ideología de gran tradición en España y estaban contentos con la visita. Se otorgaron visas con gran facilidad para que pudieran llegar decenas de miles de jóvenes pioneros de las distintas células y partidos socialistas y comunistas de todo el mundo que acudieron a las jornadas de adoctrinamiento marxista, se habilitaron escuelas para acogerlos, se les dio transporte y tickets de comida a precios subvencionados, se paralizó la ciudad, se montaron unas casetas en el parque de El Retiro para que pudieran hacer sus autocríticas e, incluso, se colocaron consignas revolucionarias en algunos edificios públicos.
El jefe de estado, que, en privado, se dice, profesa esta ideología e incluso adoctrina a sus hijos en ella desde pequeños, rindió pleitesía al líder. El alcalde, viejo profesor marxista, estaba encantado. Otros eran más pragmáticos y se dejaban llevar, no era cosa de molestar al líder. Incluso se conculcó la libertad de expresión y de manifestación para minimizar las protestas que pudiera haber.
Los mensajes del líder fueron los ya consabidos (no hacía falta tanto viaje para unas alforjas tan vacías): que si no hay salvación fuera de la revolución, que si no se puede ser buen marxista fuera del partido y otras afirmaciones acerca de la bondad del monopolio ideológico.
El líder se fue finalmente. Por fortuna, cada año los adeptos a tanta ideologización fueron disminuyendo en número y en influencia y hoy en día daría vergüenza y no se toleraría tanto desatino por parte de la cosa pública hacia una ideología particular.