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Jueves, 14 de Mayo de 2026

¿Tiene sentido que haya dos asociaciones escépticas en España? 

¿Crees que tiene sentido que haya dos asociaciones escépticas en España? Me han hecho esta pregunta varias veces en los últimos meses. Siempre he respondido lo mismo: el Círculo Escéptico y ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico serán lo que sus socios quieran. Como, para bien y para mal, estoy en el movimiento escéptico español desde su nacimiento, hay quien piensa que la opinión de un veterano es importante. Y no, por lo menos la mía, no. No importa lo que yo piense, sino lo que piensen los socios de esas dos entidades. Sin embargo, como me temo que de vez en cuando me volverán a preguntar por el asunto, he decidido escribir estas líneas para contar de dónde venimos y, por qué no decirlo, dejar de tener que responder a la pregunta inicial una y otra vez. Cojan, eso sí, lo que escribo con pinzas porque uno tiene sus sesgos, sus filias y sus fobias.

Este año se cumplen cincuenta de la fundación en Estados Unidos del Comité para la Investigación Escéptica (CSI) -Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP) hasta 2006- y cuarenta del nacimiento del movimiento escéptico español. Al otro lado del Atlántico, el filósofo Paul Kurtz reunió en el CSICOP en 1976 a un grupo de intelectuales de gran valía, preocupados por el auge de la pseudociencia. Entre ellos, estaban Isaac Asimov, Martin Gardner, Philip Klass, James Randi y Carl Sagan. Aquí, fue un grupo de ufólogos del País Vasco, a los que no conocía nadie, el que a mediados de los años 80 creó, primero, un colectivo informal dedicado al análisis del fenómeno ovni y, luego, la primera asociación escéptica española. Lo sé porque yo estaba allí.

La década de 1970 fue la de las desapariciones del triángulo de las Bermudas, las cucharas dobladas de Uri Geller, los antiguos astronautas de Erich von Däniken, el comienzo de la desclasificación de informes oficiales sobre ovnis, la revista Mundo Desconocido, Fernando Jiménez del Oso en TVE… Una década llena de milagros que los medios de comunicación difundían con entusiasmo y que cautivaban a la opinión pública. Contra esa realidad se rebeló el CSICOP. Cuando entré en el mundillo ufológico, contacté, gracias al estudioso Vicente-Juan Ballester Olmos, con otros vascos interesados en el fenómeno ovni. Poco después, supe de la existencia del CSICOP por Luis Hernandez Franch (1908-1986), un publicista bilbaíno jubilado que estaba suscrito a The Skeptical Inquirer -la revista de esa organización estadounidense- y daba charlas sobre ovnis y parapsicología. Cuando le conocí, superaba los 70 años y estaba enfermo. El pegamento de aquel grupo de jóvenes era Félix Ares, ingeniero de telecomunicaciones, informático y entonces casi retirado de la ufología, a la que había hecho importantes aportaciones críticas como el Estudio de la oleada 1968-69 (1971), con David G. López, y el ensayo inédito OVNIS. Nuevas caras para los viejos dioses (1977).

Vinculados al colectivo de Cuadernos de Ufología, embrión de la Fundación Anomalía, los vascos decidimos en 1985 crear Alternativa Racional para la Investigación del Fenómeno Ovni (ARIFO) -nombre propuesto por Ares-, con el objetivo de encarar el enigma «sin apriorismos y con espíritu abierto», analizándolo «desde una perspectiva neutral» (Efe 1985). Éramos todavía ufólogos; no nos calificábamos de escépticos. Eso vino después, cuando nos fuimos a inscribir legalmente en 1986. Entonces, a propuesta mía, ARIFO se rebautizó como Alternativa Racional a las Pseudociencias (ARP), y los ovnis perdieron protagonismo. Ares estaba suscrito a The Skeptical Inquirer, y yo entré poco después en contacto con el CSICOP, empecé a recibir su revista y a ampliar mis campos de interés. Comenzamos a publicar La Alternativa Racional, y la asociación empezó a crecer. Poco a poco. 

Información sobre la creación de Alternativa Racional para la Investigación del Fenómeno Ovni (ARIFO).
Información sobre la creación de Alternativa Racional para la Investigación del Fenómeno Ovni (ARIFO).

A partir de 1989 y hasta mediados de la década siguiente, dejé todas mis responsabilidades en ARP para hacerme un hueco en el periodismo, mi profesión. Seguí siendo un socio activo, pero en segundo o tercer plano. Ares, presidía la asociación, que siguió creciendo, siempre poco a poco. Se incorporaron el astrofísico Javier Armentia, que luego fue presidente, y un grupo de universitarios aragoneses que asumieron la publicación de La Alternativa Racional y organizaron un par de congresos nacionales y uno europeo. Ya de vuelta a la actividad, cuando rebautizamos la entidad como ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico propuse también cambiar de nombre a la revista, que pasó a llamarse El Escéptico. La diseñé de la mejor manera que pude y la dirigí, junto con el informático Carlos Tellería, hasta el número 9 -correspondiente al verano de 2000- cuando, decepcionado por la falta de apoyo interno, dimití poco antes de darme de baja como socio.

Seguí escribiendo en la revista un tiempo, pero al final lo dejé porque pasaban muchos meses desde que mandaba un original hasta que se publicaba. Me convertí en un suscriptor más y todavía lo soy. En junio de 2003, abrí Magonia para tener un sitio donde reunir mis escritos y, dos años después, unos amigos -fundadores y miembros de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico- me dijeron que querían crear una asociación escéptica más volcada en la divulgación y me invitaron a unirme. Yo era feliz con mi blog y no tenía ninguna gana de volver a las andadas societarias; pero eran buenos amigos y cedí. Nació el Círculo Escéptico.

Pronto tuvimos oportunidad de organizar actos en Bilbao con la Universidad del País Vasco y el Ayuntamiento, como las jornadas Misterios a la luz de la ciencia y el Día de Darwin. Después, un compañero puso en marcha los encuentros Enigmas y birras (hoy, Enigmas y más) y celebramos jornadas temáticas con éxito de público. Todo lo que hemos hecho desde entonces lo tienen en la web del Círculo Escéptico, que incluye un listado de actividades realizadas desde 2006. ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, por su parte, ha hecho lo propio, y las dos asociaciones han organizado cursos universitarios sobre pseudociencia. Durante todos estos años, los socios de las dos entidades han compartido foros, y cada asociación ha invitado a sus actos como expertos a miembros de la otra. No podía ser de otro modo porque compartimos objetivos y también algunos socios; pero seguimos siendo dos asociaciones. Cuando, al margen del Círculo Escéptico, he organizado alguna actividad, me ha dado igual la filiación del invitado, con tal de que sea para mí el mejor experto.

Aunque desde la fundación de la asociación hasta 2024 forme parte de varias juntas, siempre lo hice sin cargos ejecutivos, sin significarme ni imponer mis puntos de vista. Nunca me han interesado los cargos; me gusta hacer cosas. Sin embargo, hace dos años mis compañeros me pidieron que, como ya me había liberado del día a día periodístico, encabezara una candidatura de junta. Por eso soy ahora el presidente del Círculo Escéptico y por eso he redoblado mis esfuerzos por hacer la asociación más fuerte. Mis compañeros -un equipo extraordinario- están hartos de oírme decir una y otra vez que necesitamos ser más para hacer más cosas y hacer más cosas para ser más. Estoy convencido de ello. Creo que los escépticos organizados podemos ser muchos más, hacer muchas más cosas y tener mucho más influencia social. 

El pensamiento crítico es hoy más necesario que nunca. El movimiento escéptico español tiene futuro, y este depende solo de las mujeres, pocas, y los hombres que lo integran. Nadie va a venir de fuera a sacarnos las castañas del fuego. Ni desde las instituciones, ni desde la Academia, ni desde la divulgación científica. Son los escépticos comprometidos quienes tienen que decidir su futuro, incluido si tiene sentido que haya dos asociaciones en España. ¿Lo tiene? Ustedes tienen la palabra.

Efe [1985]: «Investigadores de ‘ovnis’ denuncian la comercialización del fenómeno». El Diario Vasco (San Sebastióan). 18 de febrero.

Artículo publicado en Magonia el 14 de mayo de 2026.

Jueves, 7 de Mayo de 2026

El Gobierno español reconoce que la homeopatía no funciona. ¿Y ahora qué?

Imagen: Luis Alfonso Gámez.
Imagen: Luis Alfonso Gámez.

No hay ninguna prueba de que la homeopatía funcione más allá del placebo y, por eso, si alguien sustituye un tratamiento médico por uno homeopático, pone en peligro su salud. Estas son las conclusiones de un informe del Ministerio de Sanidad español cuyos autores han hecho «una revisión sistemática» de la literatura científica y han consultado «los documentos oficiales de los organismos competentes de los países a nivel internacional» (AEMPS 2026, 4).

Los expertos concluyen que:

  • No existe evidencia científica publicada que avale la eficacia de la homeopatía como un instrumento terapéutico eficaz.
  • Se ha constatado en los trabajos publicados que la eficacia observada para los productos homeopáticos es comparable al placebo.
  • Los ciudadanos deben conocer, cuando escogen iniciar o mantener tratamientos basados en la homeopatía, que esta carece de evidencia científica y que pueden poner en peligro su salud si rechazan o sustituyen los tratamientos que la medicina basada en la evidencia les propone (AEMPS 2026, 7)

Comienzo del artículo publicado en «¡Paparruchas!», en la web del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), el 6 de mayo de 2026.

Sigue en «El Gobierno español reconoce que la homeopatía no funciona. ¿Y ahora qué?».

Domingo, 19 de Abril de 2026

Los ovnis demoniacos de J. D. Vance

Fotos: Gage Skidmore y Northrop Grumman. Montaje: Luis Alfonso Gámez.
Fotos: Gage Skidmore y Northrop Grumman. Montaje: Luis Alfonso Gámez.

«No creo que sean extraterrestres, creo que son demonios», dijo J. D. Vance sobre los ovnis el 28 de marzo en el pódcast conservador The Benny Show. Tal excentricidad no chirría en el Gabinete de Donald Trump y encaja perfectamente en la mentalidad de la derecha cristiana, a la que pertenece el vicepresidente de Estados Unidos. 

Católico desde 2019, Vance nació y se crio como cristiano evangélico en Middletown (Ohio), una pequeña ciudad del Cinturón de la Biblia. Su reciente conversión a la Iglesia de Roma se debió en parte a la influencia del tecnoligarca Peter Thiel, financiador de su campaña a la vicepresidencia y que a mediados de marzo alertaba en Italia, en unas conferencias de acceso restringido, de la próxima llegada del anticristo. Los ovnis demoniacos de Vance nacieron en la confluencia de corrientes marginales de la ufología y de la teología fundamentalista. 

Comienzo del reportaje publicado en el diario El Correo el 19 de abril de 2026.

Sigue en «Los ovnis demoniacos de J. D. Vance».

Miercoles, 4 de Marzo de 2026

«La conspiración alienígena», el vídeo de mi charla en ‘100 enigmas y más’

Aquí tienen el vídeo de mi charla «La conspiración alienígena», que di en el Club Deportivo Bilbao el 21 de febrero de 2026 dentro de la jornada 100 enigmas y más, una celebración del centenar de charlas del ciclo Enigmas y más organizadas por el Círculo Escéptico en la capital vizcaína.

Nota publicada en Magonia el 4 de marzo de 2026.

Jueves, 12 de Febrero de 2026

Los vendedores de aceite de serpiente siempre estarán ahí

Gráfico: Fundación BBVA.
Gráfico: Fundación BBVA.

Dos de cada cinco españoles (42 %) creen que la homeopatía es una disciplina científica, según el Estudio Fundación BBVA de cultura científica en España (1), cuyos resultados se hicieron públicos el viernes. Para uno de esos españoles (20 %), la homeopatia es «muy científica»; para el otro (22 %), «bastante científica». En una escala de 0 a 10, «donde 0 significa que la disciplina no es científica en absoluto y 10 significa que es muy científica», los primeros dan a la homeopatía de 8 a 10 puntos y los segundos, de 6 a 7. Un 13 % de la población le da 5 puntos («moderadamente científica»); un 14 %, de 3 a 4 («moderadamente científica»); un 25 %, entre 0 y 2 («nada científica»); y un 7 %, no sabe o no contesta.

Según el mismo trabajo, la acupuntura es «muy científica» para el 19 % de los consultados y «bastante científica» para otro 24 %, mientras que la quiropráctica es «muy científica» para el 23 % y «bastante científica» para otro 25 %. El psicoanálisis -«muy científico» para el 41 % y «bastante científico» para otro 27 %- supera en la clasificación popular de cientificidad a la historia, la economía y la sociología.

En los últimos meses, varios amigos científicos me han transmitido su satisfacción por el descrédito de la homeopatía en España. Para ellos, es poco menos que un capítulo cerrado en la lucha contra la pseudociencia en nuestro país. En todos los casos he replicado lo mismo, que puede parecer eso, pero que no por eso tenemos que relajarnos. Es lo que tiene haber alcanzado una edad: uno ha visto muchas veces cómo creencias irracionales se desinflan en un momento dado para recuperarse con fuerza años después. Más sabe el diablo por viejo que por diablo.

Recuerden las caras de Bélmez, uno de los fenómenos más cutres de la historia de la parapsicología. En el verano de 1971, unos pícaros presentaron unas caras pintadas en el suelo de cemento de una cocina jienense como imágenes del más allá. El pueblo de Bélmez de la Moraleda se llenó de parapsicólogos que cebaron el misterio y lo envolvieron con palabras rimbombantes. Los medios vieron el negocio, explotaron la historia y, una vez exprimida totalmente, denunciaron el fraude. Las caras de Bélmez cayeron en el olvido a comienzos de 1972 y, cuando ya casi nadie las recordaba fuera del circo paranormal, Iker Jiménez las resucitó en 1997 y las rentabilizó como nadie antes. Desde 2013, las caras de Bélmez tienen su propio museo, levantado gracias a más de medio millón de euros de fondos europeos.

Recuerden cómo el carbono 14 dictaminó en 1988 que el sudario de Turín se había confeccionado entre 1260 y 1390, por lo que no pudo envolver el cadáver de Jesús de Nazaret. Aunque nadie ha refutado ese análisis científico, publicado en la revista Nature, periódicamente sale de la sacristía del misterio un creyente que, vestido con su sotana de laboratorio, reivindica la autenticidad de la reliquia. Algunos han echado mano de imaginativas alteraciones químicas de la tela que la habrían rejuvenecido; otros se han inventado declaraciones de científicos. Así, Celestino Cano, presidente del Centro Español de Sindonología (CES), aseguró en 1989 que Willard Libby, galardonado en 1960 con el Nobel por el descubrimiento del método del carbono 14, había dicho que el análisis se había hecho mal y, por consiguiente, los resultados no eran válidos. Libby había muerto en 1980, así que no habido podido decir nada de una prueba hecha en 1988, a no ser que lo hiciera a través de la güija; pero todo vale. Da igual el dictamen de la ciencia, la próxima Semana Santa, o la siguiente, la sábana de Turín tendrá su enésimo titular milagroso.

El profesor Thaddeus Schmidlap (interpretado por Ross Nelson), el vendedor ambulante del rancho Enchanted Springs y del parque temático Old West. Foto: Carol M. Highsmith / Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.
El profesor Thaddeus Schmidlap (interpretado por Ross Nelson), el vendedor ambulante del rancho Enchanted Springs y del parque temático Old West. Foto: Carol M. Highsmith / Biblioteca del Congreso de Estados Unidos.

Recuerden cómo Uri Geller fue puesto en evidencia por James Randi en Estados Unidos en 1973 y, dos años después, por el ilusionista José Luis Ballesteros y el parapsicólogo Ramos Perera tras salir en Directísimo (TVE) junto a un entregado José Maria Íñigo. Desde su primera aparición en España, y a pesar de que ya entonces quedó claro que era un prestidigitador, Geller dejó con la boca abierta a Eduard Punset en TVE (1998), Concha Velasco en TVE (2001), Ana García-Siñeriz y Boris Izaguirre en Cuatro (2007) y Pablo Motos en Antena 3 (2013), entre otros.

Como pasa con las enfermedades infecciosas, las creencias pseudocientíficas pueden remitir real o aparentemente en un momento dado para recuperarse con fuerza después. Siempre están ahí, esperando el momento idóneo para resurgir. El horóscopo sigue vivo en las páginas de los periódicos. No en vano, uno de cada tres españoles (30 %) cree en la astrología, según el Estudio de la Fundación BBVA sobre creencias y prácticas alternativas de 2025 (2). Los extraterrestres nos visitan y los gobiernos nos lo ocultan, sostiene también un tercio de la población (28 %), según el trabajo de este año (3), que apunta que, cuanto menor es el conocimiento científico, mayor cientificidad se otorga a la acupuntura y la homeopatía.

Relación entre el conocimiento científico y la ‘científicidad’ que se otorga a la acupuntura y la homeopatia. Gráfico: Fundación BBVA.
Relación entre el conocimiento científico y la ‘científicidad’ que se otorga a la acupuntura y la homeopatia. Gráfico: Fundación BBVA.

Los datos de la Fundación BBVA demuestran que la homeopatía sigue vivita y coleando en el imaginario colectivo, al igual que la acupuntura, la quiropráctica y el psicoanalisis. En 2022, entrevisté a Diana Morant, ministra de Ciencia a Innovación, para el diario El Correo. Le pregunté cuándo se iba a pasar a la acción en el plan gubernamental contra las pseudoterapias, anunciado a bombo y platillo en noviembre de 2018, y la ministra respondió: «Creo que la ciencia ha ganado al negacionismo y a las pseudociencias. Hemos vivido una pandemia, una crisis sin precedentes en la que hemos mirado a la ciencia para obtener respuestas. En este país, la ciencia ha ganado de manera aplastante al negacionismo. Ahí está el altísimo porcentaje de vacunados» (4). Ante esa respuesta y como no compartía su triunfalismo, volví a preguntar a la ministra cuándo se iba a empezar «a combatir a quienes venden remedios mágicos disfrazados de medicina», y me respondió: «Nuestra obligación es acercar la ciencia a la ciudadanía para que esté mejor informada y tenga comportamientos individuales que nos ayuden a combatir grandes crisis como el cambio climático. El secreto no es tanto poner el foco en quien niega la ciencia como acercar esta a la ciudadanía».

La guerra contra las pseudoterapias, y contra las pseudociencias en general, está lejos de ser ganada. Hace falta más pensamiento crítico, pero ¿cómo se consigue? Creo, sinceramente, que podemos avanzar exponiendo a la población a los virus del anticonocimiento, presentándolos como son, desvelando los trucos de quienes los transmiten y enseñando a buscar los agujeros en sus argumentaciones. Creo que, si hacemos eso, habrá ciudadanos que acabarán desarrollando una suerte de sentido arácnido que les hará desconfiar cuando una nueva superchería entre en escena o un político les intente llevar al huerto con bulos. ¿Hace falta buena divulgación? Siempre. Pero la promoción del pensamiento crítico no debe quedarse en la pizquita de escepticismo científico a añadir a unas jornadas o a un programa de radio o de televisión de divulgación para darle más sabor.

El movimiento escéptico lleva décadas alertando del peligro que supone para nuestro futuro una sociedad dominada por la sinrazón. Carl Sagan lo advirtió hace treinta años en El mundo y sus demonios:

Preveo cómo será la América de la época de mis hijos o nietos: Estados Unidos será una economía de servicio e información; casi todas las industrias manufactureras clave se habrán desplazado a otros países; los temibles poderes tecnológicos estarán en manos de unos pocos y nadie que represente el interés público se podrá acercar siquiera a los asuntos importantes; la gente habrá perdido la capacidad de establecer sus prioridades o de cuestionar con conocimiento a los que ejercen la autoridad; nosotros, aferrados a nuestros cristales y consultando nerviosos nuestros horóscopos, con las facultades críticas en declive, incapaces de discernir entre lo que nos hace sentir bien y lo que es cierto, nos iremos deslizando, casi sin darnos cuenta, en la superstición y la oscuridad. (5)

¿Qué proponía él?

El escepticismo tiene por función ser peligroso. Es un desafío a las instituciones establecidas. Si enseñamos a todo el mundo, incluyendo por ejemplo a los estudiantes de educación secundaria, unos hábitos de pensamiento escéptico, probablemente no limitarán su escepticismo a los ovnis, los anuncios de aspirinas y los profetas canalizados de 35.000 años. Quizá empezarán a hacer preguntas importantes sobre las instituciones económicas, sociales, políticas o religiosas. Quizá desafiarán las opiniones de los que están en el poder. ¿Dónde estaremos entonces? (6)

Es lo que persigue desde hace cincuenta años el movimiento escéptico organizado: que los ciudadanos de las democracias liberales dispongamos de las herramientas mentales para ser más críticos y decidir lo que queremos ser sin dejarnos llevar por vendedores de aceite de serpiente, predicadores, miedos irracionales y prejuicios. Si cree que hay que hacer algo, únase a nosotros.

Notas

(1) Fundación BBVA [2026]: «La mayoría de los ciudadanos españoles valora la ciencia como la fuente más fiable de conocimiento y como solución a retos fundamentales, y distingue el conocimiento científico de prácticas pseudocientíficas». 6 de febrero.

(2) Fundación BBVA [2025]: «Frente al ruido de la posverdad, el relativismo y negacionismo científico de algunas élites políticas y culturales, en la gran mayoría de la sociedad española está vigente una apreciación cultural y práctica de la ciencia y la racionalidad». 4 de febrero.

(3)  Fundación BBVA [2026]: «La mayoría de los ciudadanos españoles tiene un nivel alto de interés por la ciencia y un nivel medio de conocimiento científico». 27 de enero.

(4) Gámez, Luis Alfonso [2022]: «Estamos en un momento revolucionario para la ciencia española». El Correo (Bilbao). 2 de junio.

(5) Sagan, Carl [1995]: El mundo y sus demonios [The demon-haunted world]. Traducción de Dolors Udina. Planeta (Colección «La línea del conocimiento). Barcelona, 1997. Págs. 43-44.

(6) Sagan, op. cit., pág. 448.

Artículo publicado en Magonia el 12 de febrero de 2026.

Lunes, 2 de Febrero de 2026

Extraterrestres, brujas, médiums y divulgación científica

Fotograma de la serie ‘Cielo negro’ (1996-1997), alternativa de la NBC a ‘Expediente X’.
Fotograma de la serie ‘Cielo negro’ (1996-1997), alternativa de la NBC a ‘Expediente X’.

¿Cuántos estáis convencidos de que el hombre pisó la Luna en 1969? Cada año hago esta pregunta a un grupo de graduados universitarios. ¿Convencidos?, ¿en 1969?, me suelen preguntar. Tras aclararles que quiero saber cuántos están convencidos de que Neil Armstrong y Buzz Aldrin se pasearon por el mar de la Tranquilidad el 21 de julio de 1969, entre un tercio y la mitad no levanta la mano. En alguna ocasión, los partidarios de la conspiración lunar son mayoría.

Mi experiencia, sin ningún valor científico y que repito desde hace veinticinco años, no cuadra con los resultados del Estudio de la Fundación BBVA sobre creencias y prácticas alternativas de 2025 (1) ni con los del Estudio Fundación BBVA de cultura científica en España hecho público hace unos días (2). Según el primero, un 17 % de los españoles mayores de 18 años niega la realidad de los alunizajes. Según el segundo, lo hace el 22 %. Que uno de cada cinco ciudadanos niegue los alunizajes me parece preocupante, aunque sospecho que pueden ser más. Me explico.

Sospecho que el elevado negacionismo lunar entre mis graduados se debe a que les pido que estén convencidos y sitúo la hazaña en 1969, mientras que en el estudio sociológico de la Fundación BBVA preguntan si los humanos hemos llegado a la Luna. Así, sin ninguna fecha. Sé, por experiencia, que hay quienes niegan los alunizajes entre 1969 y 1972, pero no que haya habido misiones similares exitosas después, aunque no precisen cuándo ni sean capaces de presentar una prueba de lo que dicen. Mi sondeo informal entre graduados carece de valor científico. Sin embargo, creo que estaría bien que futuras encuestas de cultura científica plantearan la pregunta sobre la llegada del hombre a la Luna en términos parecidos a los que yo uso en clase.

Según el último estudio de la Fundación BBVA, uno de cada tres españoles (28 %) cree que nos han visitado extraterrestres. El sondeo de 2025 revelaba, además, que también uno de cada tres (30 %) cree que las estrellas y los planetas influyen en nuestra vida; uno de cada cuatro (24 %), que es posible comunicarse con los muertos; uno de cada cinco (18 %), en la magia; y uno de cada siete (14 %), en las brujas. Según ese mismo trabajo, casi la mitad de los españoles (48 %) cree en la existencia de un dios; uno de cada tres, en que un dios creó el universo (33 %), en la vida después de la muerte (35 %) y en el paraíso (30 %); y uno de cada cinco, en el demonio (21 %) y el infierno (19 %). No sabemos –no se han publicado datos al respecto– cómo se solapan entre sí las creencias pseudocientíficas ni cómo lo hacen con las religiosas.

La nota de prensa de la Fundación BBVA sobre el sondeo de 2025 destacaba que «la gran mayoría de los ciudadanos» rechaza la astrología, y que la creencia en la magia y las brujas tiene «una aceptación muy baja». Es cierto, pero que uno de cada tres españoles crea en la astrología y uno de cada siete, en las brujas es como para preocuparse. La nota de prensa de este año indica que «la creencia en teorías conspirativas contrarias a la evidencia científica es globalmente minoritaria, aunque se registran porcentajes significativos a propósito de algunas cuestiones específicas». Los autores ven la botella bastante llena; yo no puedo.

El ilusionista francés Henry Robin, con un espectro. Foto de Eugène Thiébault (1863).
El ilusionista francés Henry Robin, con un espectro. Foto de Eugène Thiébault (1863).

Si damos por buenos los datos de la Fundación BBVA -no hay razones para lo contrario-, más de 12 millones de adultos españoles creen en la influencia de los astros y en las visitas extraterrestres; casi 10 millones, en el espiritismo; más de 9 millones niegan los alunizajes; y más de 7 millones creen en la magia. Este año no se ha preguntado por ello, pero, según la encuesta de 2025, el 21 % de los españoles usa productos homeopáticos, y el 19 % confía poco o nada en las vacunas. Me pregunto cómo casan estos datos con que el 93 % los encuestados otorgue «mucha o bastante importancia a la comprobación experimental», y el 72 % comprenda «los mecanismos institucionales de aceptación del conocimiento científico como conocimiento público validado a través de su publicación en revistas científicas». ¿Que consideran comprobación experimental los creyentes en la astrología, las visitas extraterrestres, el espiritismo, la magia, las brujas y la homeopatía? ¿En qué revistas científicas han visto validadas esas ideas? ¿Se guían por criterios similares a la hora de votar? 

En las elecciones generales de julio de 2023, el PP obtuvo 8.160.837 votos y el PSOE, 7.821.718. Así que respaldaron a cada partido menos votantes que los españoles que niegan los alunizajes y menos también que los que creen en la astrología, en que nos visitan extraterrestres y en el espiritismo. Hay una España sobrenatural, convencida de la realidad de cosas increíbles, y pocas veces se habla en los medios de comunicación de ello con la seriedad que el asunto merece. Es más, lo habitual es que, a la menor oportunidad, algunos grandes medios alimenten creencias disparatadas en pos de la audiencia. 

¿Qué futuro nos espera si los ciudadanos se tragan cualquier cosa? Me temo que el del Brexit y el del trumpismo. El de la vuelta del sarampión –y quién sabe si la polio– y el del negacionismo del cambio climático, en nuestro país con un fuerte componente político, según el Estudio Fundación BBVA de cultura científica en España. Porque, lo mismo que hay una izquierda que, frente a los antibióticos y la quimioterapia, prefiere la lejía y el reiki, hay una derecha para la cual el cambio climático es un invento de los científicos. En España, con una media de negacionistas del calentamiento global del 15 %, «el 29 % de las personas que se ubican ideológicamente en la derecha da por verdadera la tesis de que el cambio climático no existe, mientras que solo el 6 % de quienes se sitúan en la izquierda lo hace». Hay una derecha, que ya gobierna en muchas comunidades autónomas y ciudades, que se opone al descenso del uso de combustibles fósiles, a recuperar las calles para los peatones y a que el aire sea respirable y no masticable.

Estos estudios son siempre interesantes y pintan un paisaje social que no debemos ignorar, aunque no descubran nada sustancialmente nuevo. No creemos hoy en más cosas raras que ayer, aunque haya algunas que antes no existían, como el negacionismo climático, y otras que se ignoraban por su escasa implantación, como el terraplanismo. A finales de la década de 1980, uno de cada tres españoles creía en la astrología. A mediados de la década de 1990, un tercio de la población creía en los espíritus, y la mitad de los jóvenes, en que los ovnis eran naves extraterrestres. En 2005, uno de cada cinco jóvenes confiaba en poder comunicarse con los muertos y en el horóscopo, y, para uno de cada cuatro, los ovnis eran ingenios alienígenas. En los países de nuestro entorno, pasaba y pasa lo mismo.

Eduard Punset con Uri Geller, en 'Redes' en 1998.
Eduard Punset con Uri Geller, en ‘Redes’ en 1998.

Tampoco hay que considerar a quienes profesan esas creencias unos ignorantes, gente sin formación que se traga cualquier bobada. Nadie es inmune a creer cosas infundadas, incluidos los genios de la ciencia; incluido usted, incluido yo. A ninguno nos han enseñado a pensar críticamente ni a ser conscientes de nuestros sesgos. Kary Mullis, nobel de química por el invento de la PCR,  negaba el cambio climático y que el VIH cause el sida, y aseguraba que una noche se había encontrado con un mapache extraterrestre brillante y parlanchín en un bosque californiano. El naturalista Alfred Russel Wallace, codescubridor de la teoría de la evolución, era espiritista y antivacunas. Arthur Conan Doyle creía en el espiritismo y las hadasSteve Jobs y Peter Sellers murieron prematuramente por ponerse en manos de terapeutas alternativos. Y el economista Eduard Punset estaba convencido de que Uri Geller tenía poderes paranormales, creía en la acupuntura y dio bola en Redes -su programa de divulgación científica en TVE- a Deepak ChopraRupert SheldrakeMasaru Emoto y el propio Geller.

¿Vamos a hacer algo contra la pseudociencia y la superstición a escala nacional? ¿Se puede hacer algo? ¿Merece la pena?

No creo que con más divulgación científica vayamos a conseguir nada que no hayamos conseguido ya. Nunca ha habido en España tanta divulgación tan buena como ahora, y eso no ha supuesto en los últimos años un retroceso del anticonocimiento. La divulgación científica es una cosa y fomentar el espíritu crítico, otra. Un movimiento escéptico fuerte, bien organizado y con medios, podría plantar cara a la pseudociencia, el pensamiento mágico y la superstición, explicando a nuestros conciudadanos la realidad, las tergiversaciones, las mentiras y los intereses comerciales que les sirven de combustible, como hicimos en el caso de la homeopatía. No creo que sea fácil ni que pueda conseguirse sin un fuerte apoyo institucional en el que confío casi tan poco como en el horóscopo. (Ahí está el plan gubernamental contra las pseudoterapias, cuyo único fruto en ocho años han sido unos anuncios en televisión). Pero quiero creer –como Fox Mulder– que la exposición a la crítica racional puede, entre los creyentes no fanáticos, afectar al virus del anticonocimiento lo mismo que la luz solar a Drácula.

Volviendo al ejemplo de mis graduados universitarios, su respuesta a la pregunta sobre los alunizajes me lleva a darles una larga charla sobre la conspiración lunar. Es larga porque hay muchas cosas que contar y, además, el guion ha crecido año a año. Al final, vuelvo a hacerles la pregunta de marras: ¿cuántos estáis convencidos de que el hombre pisó la Luna en 1969? Se levantan más manos que la primera vez, y siento cada una de las nuevas como una pequeña victoria. No sé si algo así es el camino, pero por ahora es mi camino.

[1] Fundación BBVA [2025]: «Frente al ruido de la posverdad, el relativismo y negacionismo científico de algunas élites políticas y culturales, en la gran mayoría de la sociedad española está vigente una apreciación cultural y práctica de la ciencia y la racionalidad». 4 de febrero.

[2] Fundación BBVA [2026]: «La mayoría de los ciudadanos españoles tiene un nivel alto de interés por la ciencia y un nivel medio de conocimiento científico». 27 de enero.

Artículo publicado en Magonia el 2 de febrero de 2026.