Miércoles 29 de agosto del 2012
27 AGO 2012
Los vecinos radicales de la comunidad religiosa Nueva Jerusalén ignoran al poder público y prohÃben la educación formal de los niños
Un niño durante una misa el domingo en Nueva Jerusalén (México). /
ALAN ORTEGA
En un pueblo ensimismado llamado Nueva Jerusalén, en
el Estado mexicano de Michoacán,
los niños y los adolescentes no han podido empezar el curso escolar
como el resto de muchachos de su paÃs. Una secta apocalÃptica que
acaudilla esta villa rural ha prohibido la enseñanza oficial. Su cúpula
sacerdotal, liderada por un misterioso individuo que nunca aparece en
público y se autodenomina MartÃn de Tours, considera que la educación
formal es una violación de sus creencias (para ellos certezas absolutas)
y de sus severas costumbres.
“No queremos modas ni drogas ni bebidas embriagantesâ€, dice Cruz
Cárdenas, un tipo fornido con bigote de herradura que se presenta como
encargado del orden del pueblo. Tampoco permiten que las mujeres vistan
pantalones vaqueros o que lleven el pelo al aire o que muestren sus
brazos o sus piernas. Los hombres no pueden tener el pelo largo ni tener
un aspecto “extravaganteâ€.
Las mujeres no pueden llevar el pelo al aire ni mostrar los brazos o las piernas
Una decena de santones señorean a unos 2.000 vecinos, que asumen con
obediencia ciega que la educación pública es un veneno moral, pero otros
500, religiosos moderados, rechazan sus órdenes y reclaman el derecho
de sus hijos a ir a una escuela normal. La pugna se encuentra
desnivelada por la fuerza a favor de los integristas: el lunes pasado
empezaba el curso e impidieron con agresividad que los maestros entrasen
al pueblo para empezar las clases; después de una semana de diálogo
estéril entre el Gobierno michoacano y los bandos del pueblo
enfrentados, los niños siguen en casa.
El ejemplo del poder contumaz de la secta de MartÃn de Tours es la
destrucción de la escuela pública que habÃa en Nueva Jerusalén. El 6 de
julio una cuadrilla de fieles varones la demolió con picos y mazos
rodeados por un cordón de seguridad de mujeres que entonaban alabanzas a
la Virgen del Rosario con los brazos entrelazados. Era el único centro
de enseñanza formal que ha tenido el pueblo desde su fundación (1973),
el gran logro de los padres laicos, a los que los fundamentalistas
llaman turulatos, porque “se han rebelado a las normas, se han turbadoâ€,
según dice el capataz de seguridad Cruz Cárdenas.
Niños de Nueva Jerusalén. / PABLO DE LLANO
Mientras los fieles de MartÃn de Tours imponen su orden, retirándole
un derecho constitucional a los niños que no pueden ir a la escuela, el
Estado de Michoacán calibra cómo solucionar un problema que lleva casi
40 años enquistado, sin que el poder público le hinque el diente. El
secretario de Gobernación, Jesús Reyna, dice que están buscando una
solución “provisional†con los padres moderados.
El domingo, su administración comunicó que habÃan llegado a un
acuerdo con ellos para que los crÃos empezasen el curso este lunes en
una escuelita cercana al pueblo, pero cuando llegó la hora, las aulas
estaban vacÃas. Los padres aseguraban que no sabÃan nada de ese pacto,
que ni siquiera aceptan, porque dicen que no cabrán ni por asomo los dos
centenares largos de muchachos sin escuela de Nueva Jerusalén.
El 6 de julio una cuadrilla demolió con picos y mazos la escuela pública que habÃa en Nueva Jerusalén
Los padres arrinconados critican al Gobierno por dejarse doblegar por
la voluntad divina de los integristas. “No podemos permitir que una
secta religiosa se ponga por encima del Estadoâ€, reflexionaba un
portavoz de los padres, Emiliano Juárez Damián, en un granero
acondicionado como oficina. El lunes por la mañana, su grupo organizó
una manifestación por las calles del pueblo pidiendo “justicia y
educación†contra el imperio de MartÃn de Tours y sus acólitos, que
consideran más que suficiente los servicios de una escuela parroquial
donde monjas locales, ordenadas por la propia secta, enseñan
fundamentalmente a los muchachos a leer, escribir y orar.
Los disidentes reclamaron derechos civiles por los caminos embarrados
de un pueblo premoderno, en el que los vecinos se trasladan en burro y
no en coche, donde el género femenino vive envuelto de arriba abajo por
piadosas combinaciones de faldas y pañuelos. La minorÃa de los turulatos
pidió que el Estado garantice la educación de los niños. 17 unidades de
la policÃa federal con 60 agentes armados llegaron a la una de la tarde
al pueblo, un despliegue de seguridad inédito en la extraña historia de
este lugar.
A media tarde del lunes, un comandante dialogaba con representante
del pueblo, pero no se conoce el resultado de las conversaciones ni lo
que pasará en los próximos dÃas en Nueva Jerusalén, un islote tan
desconectado del mundo que los niños no saben quienes son Leo Messi o
Cristiano Ronaldo y
juegan al fútbol americano porque el fútbol
ordinario está prohibido por razones teológicas, como explica un fiel:
“Lo esférico representa el mundo, y la Virgen del Rosario nos dijo en
una aparición que quien patea la pelota de fútbol está pateando el
mundo, obra sagrada de Dios. Obra sagrada de Dios†repite mecánicamente.
“Por eso preferimos el fútbol americano, porque la pelota es ovaladita y
no se parece al mundo. Eso sà se permite aquÃ, en la Nueva Jerusalénâ€
Fuente:
http://internacional.elpais.com/internacional/2012/08/27/mexico/1346102704_592416.html