Archivos en la categoría religion

Lunes, 2 de Junio de 2014

Nuestros instintos primitivos pueden explicar la creencia en dios y en fantasmas

¿Por qué todos los pueblos han desarrollado ideas sobre dioses o seres sobrenaturales? ¿Por qué la mayoría de las personas se aferran a creencias en seres de los que no hay pruebas? La respuesta a estos interrogantes es el trabado de Steve Kelly prestigioso especialista en Psicología Cognitiva y Experiencia Religiosa.

El psicólogo investigador ha llegado a la conclusión que nuestros cerebros se forjaron bajo la premisa que el mundo está gobernado por fuerzas que no podemos controlar. 

Lo que nos recuerda una escena de CSI en la que un pastor cristiano le pregunta al científico ateo ateo Gil Grissom¿Cree usted en el exorcismo?, a lo que el investigador responde: “Usted es un hombre de la sabana; con el rabillo del ojo ve un movimiento, supone que es un león, y huye. Pero si supone que es el viento y se equivoca, muere. Tenemos los genes de los que huyen; hemos sobrevivido gracias a eso, y es por eso que estamos hechos para creer en fuerzas que no podemos controlar”.

Nuestros instintos primitivos pueden explicar la creencia en dios y en fantasmas

Texto de Steve Kelly
Original en inglés en The Conversation

Las nociones de dioses han surgido en todas las sociedades humanas, desde las deidades poderosas y omniscientes a los espíritus simples del bosque. Un método reciente de examinar el pensamiento religioso y la conducta vincula su ubicuidad y la similitud de nuestras creencias a las formas en que los procesos mentales humanos fueron adaptados para la supervivencia en tiempos prehistóricos.

Para un homínido ancestral tras escuchar un ruido en un matorral
lo mejor es salir huyendo. ¡Quizás sea un depredador!
Los genes que favorecían la formación de redes neuronales que
asumían que detrás de cada evento había un agente vivo causándolas fueron
las que sobrevivieron. Un enfoque escéptico tal como "¿qué causó ese
chasquido en el matorral? Hay dos hipótesis: Puede ser un depredador o puede
ser otra cosa, Iré a investigar" no podría habría prosperado. FYRV
Se basa en un par de observaciones sobre la psicología humana. En primer lugar, cuando un evento ocurre, tendemos a suponer que un ser vivo la causó. En otras palabras, se supone un agente detrás de ese evento. Si usted piensa en el tipo de eventos que podrían haber ocurrido en tiempos prehistóricos, es fácil ver por qué un sesgo hacia el agente causal resultaría útil. Un susurro de un arbusto o el chasquido de una rama podría ser causado por el viento. Pero es mejor asumir que es un león y salir corriendo.

Los sobrevivientes que tenían esta tendencia a atribuir más fácilmente a un agente pasaron sus genes de generación en generación, incrementando el cableado cada vez más intrincado de toma de decisiones rápidas en el cerebro. Esto no es algo que la gente necesita  aprender. Se produce de forma rápida y automáticamente.

Tendencias empáticas

El segundo rasgo es sobre cómo vemos a los demás. Mientras vivían juntas en una tribu habrían tenido muchas ventajas para la supervivencia en tiempos prehistóricos, llevarse bien con todo el mundo no ha sido siempre fácil. Comprender el comportamiento de los demás requiere que usted entienda sus pensamientos y creencias, especialmente cuando éstos pueden ser incorrectos debido a que alguien no puede conocer todos los hechos de una situación.

Esto se conoce como "teoría de la mente". Esta idea dice que asumimos automáticamente que hay razones detrás de la conducta de los otros con el fin de comprender mejor por qué se comportan como lo hacen. No tener esta facultad se ha propuesto como la base de trastornos del desarrollo como el autismo.

Usted puede preguntarse que tienen que ver estos dos procesos cableados con la creencia en los dioses. Imagínese una piedra que cae en el fondo de una cueva. Nuestro dispositivo de un agente causal nos dice que alguien hizo que sucediera. Con ninguna evidencia, ¿Podría ser una criatura invisible o un espíritu? Si es así, ¿por qué estaría husmeando? ¿Para conocer secretos sobre nosotros o para descubrir si somos personas buenas o malas?

Otro ejemplo podría ser una erupción volcánica. Ante la falta de conocimiento geológico, el sistema de agente causal de nuestros antepasados ​​tribales habría atribuido este evento a una persona - pero que sin duda tiene una capacidad sobrehumana. ¿Y por qué iban a querer causar tal destrucción ? Tal vez la erupción significó un castigo, tal vez porque la tribu no había actuado de acuerdo con los deseos de ese ser.

De fantasmas y dioses 

Los anteriores dos simples ejemplos nos deben ayudar a comprender cómo estos mecanismos cableados podrían haber llevado a los inicios de la creencia en los dioses, así como en los fantasmas y otras criaturas sobrenaturales. Nuestros antepasados ​​habrían llegado a conclusiones acerca de las apariciones sobrenaturales encajando estos instintos hacia el agente causal y la teoría de la mente.

Esto se aplica incluso al abrahámico, omnisciente y todopoderoso dios. Él puede parecer muy inhumano, a primera vista, pero se ha demostrado que nosotros razonamos sobre él de una manera muy humana. Procesos de razonamiento cableados ayudan a explicar cómo las ideas religiosas son tan duraderas, difundiéndose a través de los continentes y de generación en generación. 


Tanto estos y otros antiguos instintos se hacen evidentes a partir de observaciones en los los niños. Los niños muy pequeños parecen mostrar una comprensión muy precisa de las leyes físicas. Por ejemplo, se sabe que dos objetos sólidos no pueden combinarse en uno o que los caballos no tienen engranajes de metal en su interior. Los psicólogos del desarrollo han sugerido que los niños son biólogos, físicos y psicólogos intuitivos - utilizando la teoría de la mente.

¡Sumus rosaceae! 

Los conceptos que violan los entendimientos intuitivos parecen ser más memorables que otros. Una rosa que susurra en latín viola una comprensión intuitiva de que las plantas no tienen mentes o boca y por lo tanto no pueden susurrar en una lengua antigua - o cualquier otro idioma para el caso. 

Si un relato contiene un hecho contra-intuitivo tiene más probabilidades
de quedar en la memoria y de propagarse en la sociedad. Esto se conoce como
la teoría de la memoria contra-intuitiva.
Puede ser que la violación de un concepto intuitivo llame especialmente la atención y el interés, por lo que sirve para incorporar la idea en la memoria. Muchas historias religiosas contienen conceptos que parecen violar esta clase especial de intuición, como un hombre que camina sobre el agua o un arbusto en llamas que habla. Estos cuentos se aprovechan de esta característica de la memoria para propagarse con éxito a sí mismos y se resisten a caer en el olvido. 

Steve Kelly psicólogo investigador de los
mecanismos psicológicos que dieron origen
 a la creencia en dios y fantasmas.
Poner estas ideas juntas es una forma de explicar el pensamiento religioso y la conducta. Usted podría ir más allá y sugerir que, si estas ideas son correctas la religión no es más que un producto derivado del cerebro que procesa un error.

Pero esto supone que las experiencias religiosas/sobrenaturales no son ciertas. Si la mente humana fue capaz de experimentar un dios, entonces las teorías del agente causal, la de la mente y la de la memoria para la contra-intuitiva nos ayudan a darle sentido. Si eso llegara a suceder, las conclusiones no estarán en error. 

El Dr. Kelly presento estas ideas en una conferencia en Glasgow en la noche del Jueves 22 de mayo.
Miercoles, 21 de Mayo de 2014

Reseña de:"A manual to create atheists"

Tengo que reconocer que el título del libro nunca me gustó, y era muy reticente a comprar el libro, no me gustaba ese mensaje evangelizador del título del libro. Fue tras ver una entrevista a Peter Boghossian, autor del libro, cuando me animé a leerlo.

En realidad el título del libro es un poco desproporcionado, más que ateos lo que busca el autor es iniciar a la gente en el pensamiento crítico aprovechando cualquier oportunidad que se encuentre para ello. Lo que Boghossian busca es que la gente se dé cuenta de que pretende saber cosas que en realidad no sabe, esa de hecho es una de las definiciones de que el propio autor da. Lo primero que se necesita es conseguir que la persona tenga cierta apertura mental, en el sentido de que sea capaz de aceptar cuestiones sobre aquello que cree saber pero en realidad no sabe, el siguiente paso es que se lo cuestione el mismo, a partir de ahí es cuando se puede avanzar hacia la posición de que la persona abandone esa creencia.

Para conseguir esto lo que el autor propone no es más que utilizar el método socrático, método que el propio autor explica e ilustra con algunas conversaciones que el mismo ha tenido. La meta de las conversaciones y el método usado no es ganar la conversación como si de un debate se tratará sino de conseguir que el contertulio acabe por ser capaz de cuestionarse sus propias creencias.

El libro es sencillo y se lee del tirón, pero tampoco ofrece nada excesivamente nuevo. Simplemente unifica el método socrático con unos consejos sencillos para evitar que la persona, con la que se está dialogando no se sienta ofendida, lo cual es lógico si se siente ofendida nunca o casi nunca dará los pasos necesarios para cuestionarse sus creencias.
Lunes, 19 de Mayo de 2014

Escépticos en el pub:"El diseño inteligente ¡vaya timo!"

Aquí tenéis la charla que di en Escépticos en el Pub sobre El diseño inteligente ¡vaya timo! Espero que os guste y de paso os decidáis a háceros con el libro :D

Lunes, 12 de Mayo de 2014

Pensando Críticamente: "El diseño inteligente ¡vaya timo!"

Aquí os traigo la última entrega de Pensando Críticamente, el podcast de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico. En esta ocasión el entrevistado es un servidor y el tema no es otro que el estupendo libro “El diseño inteligente ¡vaya timo!”(lo siento, no tengo abuela). La entrevista es entretenida, e incluso, algo divertida, diría yo.

Os podéis suscribir al podcast de diferentes maneras: a través de iTunes, o en Yahoo, o directamente a su feed o con iGoogle.

Jueves, 8 de Mayo de 2014

Es mejor callar y parecer tonto que abrir la boca y confirmarlo

El pasado 22 de enero el popular científico Stephen Hawking hacía público un artículo donde sostenía que el horizonte de sucesos de un agujero negro no es, en realidad, esa superficie de no retorno.

Básicamente un agujero negro es un cuerpo cuya gravedad es tan intensa que ni siquiera la luz puede escapar de él. Cuanto más te acercas a un agujero negro más y más difícil es escapar de su tirón gravitatorio. El límite de no retorno es a lo que se le llama horizonte de sucesos, una vez que pasas ese límite, no hay nada que hacer, es imposible escapar, o al menos eso es lo que se pensaba hasta el nuevo trabajo de Hawking. El famoso científico propone que, al tener en cuenta los mecanismos de la mecánica cuántica, la situación es bien distinta y el horizonte de sucesos no sería tal, sino más bien un “horizonte aparente”.

El artículo de Hawking, publicado en el sistema Arxiv, y de título Information preservation and weather forecastign for black holes(1) todavía no ha pasado por el peer review, es decir, no ha sido evaluado por otros expertos de forma anónima para ver la validez de su trabajo, de hecho, el saber que es del señor Hawking ya está minando el anonimato del peer review ya que este debe darse en ambos sentidos.

Hoy no quiero centrarme en el trabajo del señor Hawking si no en algunas de las inesperadas reacciones. No cabe duda que todo astrofísico interesado en los agujeros negros, a buen seguro, habrá leído el artículo en cuestión, nada extraño ni reseñable, algo lógico y normal cuando alguien realiza un trabajo que parece de importancia para tu campo de estudio.

Lo que resulta más sorprendente es que el trabajo del señor Hawking haya tenido repercusiones entre algunos políticos estadounidenses, ¿qué puede importar los agujeros negros en la arena política? En principio nada, lo que interesa a algunos es poder atacar a la ciencia, es decir, negar que la ciencia consiga un conocimiento objetivo del mundo. Michele Bachmann política miembro del Tea Party, ha realizado las siguientes declaraciones:



Pues si los agujeros negros ya no existen, probablemente haya otros ejemplos y teorías que vosotros, científicos, habéis intentado que nos tragáramos y que tampoco existen como la evolución y el calentamiento del planeta(2)




¿Resulta creíble verdad? Pues resulta que la señora Bachmann nunca ha dicho eso(3),(4),(5). Gracias a Iñaki Rodriguez he descubierto el gazapo, hay que reconocer que yo mismo me lo había tragado, aunque la fuente de donde lo saque no es la red, como está indicado en la cita. A pesar de la falsedad del testimonio, la reflexión puede seguir teniendo su valor, por lo que solo he realizado un par de cambios sobre el original, a fin de cuentas, no es difícil escuchar a politicos que "tienen primos que les dicen que no hay cambio climático" o ver como se promueven acciones contra alimentos transgénicos cuando nunca se ha probado científicamente todos los males que se les atribuyen. Estos ejemplos nos ponen de manifiesto como las ideologías pueden hacernos no aceptar la ciencia, negando su capacidad de generar conocimiento objetivo. Si la ciencia genera conocimiento objetivo entonces amenaza todas nuestras creencias, entendiendo por creencias aquellas afirmaciones sobre el mundo que aceptamos como verdaderas sin saber si en realidad lo son. Si creo que el cambio climático no existe, entonces, cuando la ciencia aporta sus evidencias, solo hay dos opciones; o aceptar las evidencias y cambiar mi creencia o, atacar la ciencia y negarla aquello que precisamente mejor hace, que es darnos conocimiento sobre el mundo. Si creo que Dios creó el mundo y a los seres humanos, entonces, la evolución por medio de la selección natural debe ser negada, y si la ciencia ha aportado evidencias de que la evolución es real, entonces que mejor que menospreciar la ciencia y negar su capacidad para decirnos cómo es el mundo, confundiendo el carácter perfectible del conocimiento científico con una supuesta incapacidad congénita de la ciencia para explicarnos el mundo. A pesar de la falsedad de las declaraciones de la señora Bachmann no es difícil encontrar negacionistas del cambio climático y crecionistas, no solo dentro de la política sino en casi cualquier otra esfera de la actividad humana.

Y aunque el ejemplo de Michele Bachmann corresponde a una parte del espectro político, no hay que olvidar que este problema sucede también en otras ideologías políticas. Volviendo a este caso en concreto, y por si hubiera algún despistado sobre lo que ha dicho o no el señor Hawking la declaración pone de manifiesto que no se ha entendido nada sobre le trabajo de Hawking, él no niega la existencia de los agujeros negros, sino que una propiedad de los mismos, el conocido horizonte de sucesos, no es cómo se pensaba hasta ahora. Por otro lado, en realidad, el trabajo de Hawking es una hipótesis, habrá que intentar comprobar observacionalmente si tiene razón o no. Además no hay que confundir los hechos con las explicaciones, por ejemplo, que la Tierra sea más o menos redonda se debe a que el campo gravitatorio tiene una simetría esférica, supongamos que mañana descubrimos que esta no es la razón por la que la Tierra tiene la forma que tiene, entonces sabríamos que esa explicación no es correcta, pero eso no implica que la Tierra no sea más o menos redonda, eso es un hecho que pide una explicación, las explicaciones pueden ir perfeccionándose según se avanza en la investigación. Otro ejemplo, si tuviéramos dos teorías para explicarnos el fenómeno de la gravedad, las manzanas no se quedarían levitando a la espera de que descubriéramos cual es la más correcta, las manzanas seguirían cayendo al suelo.

La disonancia cognitiva, el sesgo de confirmación, así como muchos otros sesgos, son las herramientas que nuestras ideologías usan para hacernos negar lo que no nos gusta. En última instancia son los culpables de que en muchas ocasiones abramos la boca para confirmar que somos tontos, cuando era mejor estar callados y no confirmarlo, y de esto, por desgracia, no estamos ninguno a salvo, de ahí la necesidad de ser escépticos y esforzarnos por evaluar a fondo nuestras creencias y opiniones para desechar aquellas que sean falsas o carezcan de justificación alguna.

- (1) Hawking, Stephen. Information Preservation and Weather Forecasting for Black Holes 
- (2) Filosofía Hoy, nº31
- (3) Michele Bachmann's Stephen Hawking quotes are fake, people
- (4) No, Stephen Hawking Did Not Say Black Holes Don't Exist
- (5) STEPHEN HAWKING’S BLUNDER ON BLACK HOLES SHOWS DANGER OF LISTENING TO SCIENTISTS, SAYS BACHMANN (Columna satírica, fuente original de la "cita" de Bachmann)
- Zeeya, Merali. There are no black holes. Nature.
Miercoles, 30 de Abril de 2014

Convocatoria de Escépticos en el Pub

Este próximo día 10 de mayo, habrá un nuevo Escépticos en el pub, en esta ocasión es un poco especial, bueno, en realidad es como cualquier otro, la diferencia estriba en que es especial para mí, porque seré yo el que de la charla. ¿Y de que va a ir el tema de la charla? Pues sobre El diseño inteligente ¡vaya timo!:

En la oscuridad de la noche, cuando las estrellas tachonan el cielo, la mente humana se enfrenta al infinito, a lo insondable, al misterio de los misterios: el universo. Las preguntas nos llenan la cabeza ¿de dónde ha venido el universo? ¿Cómo apareció? ¿Es eterno? Muchos afirman que el universo ha sido creado o diseñado por un dios todopoderoso y que hay pruebas científicas de que así es. Esto es lo que vamos a someter a examen. Saber cómo es, cómo ha sido y cómo será el universo es una de las cuestiones más profundas que nos podemos plantear. ¿Fue creado? ¿Está diseñado para que existamos los seres humanos? ¿Hay datos científicos que avalen esas creencias? Preguntas difíciles, pero a las que podemos acercarnos gracias a los avances que ha experimentado la ciencia y, haciendo uso del pensamiento crítico, podemos conseguir separar el grano de la paja.


Solo recordaros que será donde siempre, en el pub Irish Corner(Calle Arturo Soria nº6), a las 19:30h y completamente gratuito. Espero que nos veamos todos por allí.
 
Martes, 8 de Abril de 2014

Twitgénesis


Twitgénesis


Miercoles, 5 de Marzo de 2014

¿Por qué hay algo en lugar de nada?

El libro afronta esta famosa cuestión filosófica, ¿cómo es que hay algo en lugar de nada? Y lo hace de forma rigurosa, adentrándose en conceptos filosóficos y analizándolos en profundidad. El texto, aunque ilustrativo no es de lectura fácil, tienes que tener paciencia y un gran interés en el tema para que el libro te sea de provecho.

Bede Rundle analiza los conceptos de causa, de necesidad, de agencia, de tiempo, el de explicación, etc. Para ver como deben ser aplicados a la hora de intentar abordar la cuestión que da título a su libro. Tradicionalmente la respuesta a esta pregunta ha sido la de postular la existencia de un ser necesario y trascendente, que se ha tendido a identificar con Dios. Para Rundle ese intento de “respuesta” en realidad no supera el análisis filosófico, es más, dar esa respuesta no aclara nada el asunto, sino que lo único que hace es complicarlo más, además, esa respuesta, como bien muestra Rundle carece de sentido, pues retuerce los conceptos de tal manera que, aunque gramaticalmente es correcta, en realidad, no tiene sentido hablar de que un ser trascendente es la causa del universo.

En resumen, el libro es interesante pero como comenté más arriba no es una lectura fácil ni ligera, debes tener un gran interés en el tema para que el texto te resulte interesante.
Domingo, 11 de Mayo de 2014

El Evangelio y el Corán: entre el mito y el documento histórico







Ése es el título de la charla que daré el próximo sábado 8 de marzo en el ciclo de "Escépticos en el Pub" de Madrid.
.
Prometo hablar sólo un poquito sobre Regalo de Reyes (que se lanza en Ediciones Click -y con ello en Amazon y todas las plataforams- sólo 3 días después; aprovechad para comprarla en Ediciones Tagus ahora que todavía cuesta un euro menos).
.














Espero poder colgar dentro de unos días el vídeo de la charla. De momento, os dejo las diapositivas y alguna foto.


El Evangelio y el Corán: entre el mito y el documento histórico







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El Evangelio y el Corán: entre el mito y el documento histórico







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Martes, 25 de Febrero de 2014

Debate entre el Cardenal George Pell y Richard Dawkins

Miercoles, 19 de Marzo de 2014

La dificultades de un Dios creador

William L. Craig es uno de los defensores de que el universo ha sido diseñado. En mi libro, “El diseño inteligente ¡vaya timo!” dedico algo de espacio al argumento kalam que él mismo ha defendido en sus obras.

Recientemente,  en un número de la revista Philosophy Now dedicado a Dios, ha aparecido un artículo de Craig donde da ocho razones para creer en Dios. En una de ellas, el señor Craig dice basarse en los trabajos de los cosmólogos y matemático Vilenkin, Guth y Borde. Según él,  en el teorema que presentan en su trabajo Inflationary spacetimes are not past-complete(1) se defiende que el universo tuvo que tener un principio. Lo primero que cabe decir es que el señor Craig no parece haber entendido dicho artículo. El propio Vilenkin, en una correspondencia mantenida con el físico Victor Stenger(2), niega que eso sea lo que su teorema dice. Según Vilenkin lo que dice su trabajo es que el universo tuvo que empezar a expandirse en algún momento determinado del pasado. Como se puede apreciar, eso es algo muy distinto a que el universo haya tenido un principio. Es más, ante la pregunta directa de si su teorema demuestra que el universo debió haber tenido un principio, Vilenkin responde categóricamente(2):

No. Pero demuestra que la expansión del universo sí debió tener un principio. Puedes evadir el resultado del teorema si postulas un universo que estuvo en contracción en un tiempo anterior.
Por lo tanto, estamos una vez más ante una argumentación pseudocientífica, se dice que la ciencia dice determinada cosa cuando en realidad no es así. No obstante, supongamos por un momento que Craig estaba en lo cierto. Entonces caben varias críticas a su postura. Por un lado, que algo tenga un principio, entendido como que empezó a existir en algún determinado momento del pasado, no implica que tenga que haber sido creado. Esto es un error muy extendido, se confunde el tener un principio, un origen, con el haber sido creado, se tratan ambos conceptos como casi sinónimos cuando en realidad no los son.

Aun así, concedamos también que el hecho de tener un principio es porque fue creado. En este punto Craig da una vuelta de tuerca más y afirma que la causa del universo, el ente creador del universo, debe ser un ser transcendental, inmaterial, una mente descarnada. Craig argumenta como sigue(3):

La causa del universo físico debe ser un ser inmaterial. Ahora, solo hay dos tipos de cosas inmateriales que podrían encajar en esa descripción: o un objeto abstracto como los números, o una mente descarnada. Pero los objetos abstractos no entran en relaciones causales con los objetos físicos. El número 7, por ejemplo, no tiene efecto sobre nada. Por lo tanto la causa del universo es una mente descarnada. Así de nuevo no solo nos vemos conducidos a una causa transcendente del universo sino a su Creador Personal.

Este tipo de argumentación, por llamarlo así, cae dentro de lo que he llamado el problema de la información(4). De forma resumida, la información, para ser almacenada, transmitida o para hacer algo con ella, necesita sí o sí de un soporte físico, por lo tanto una mente descarnada no puede almacenar ni tener información, y por lo tanto es imposible que sepa como hacer el universo pues por su propia naturaleza no puede contener nada de información.

Por otro lado, hablar de mentes descarnadas carece de sentido. La mente, con el conocimiento actual en la mano es algo que esta ligado al cerebro, es el producto del cerebro, cualquier neurólogo dirá esto, y esto es extensible no solo a la mente humana, sino a la mente o protomentes que pueden tener otros animales. Hablar de mente descarnada no es que sea una concepción falsa, es que es peor aún, ni siquiera parece tener sentido.

Otro problema añadido es que el señor Craig no explica como es que lo no-físico, lo inmaterial, puede actuar sobre lo material, sencillamente esto parece ser imposible, solo lo físico puede actuar sobre lo físico.

Por último, cabe señalar que el señor Craig tiene un problema filosófico tremendo y que parece obviar. Y es que el concepto de causa no tiene sentido aplicarlo como él lo hace. El concepto de causa es un concepto que tiene que ver con lo físico. Cuando hablamos de la causa de algo, estamos hablando de un evento que sucede en el tiempo y que tiene una determinada duración y que tiene como consecuencia, o al menos hasta ahora siempre ha tenido, otro evento determinado. ¿Cómo sacar el concepto de causa que es físico y aplicarlo en sentido metafísico? Afirmar que un ser inmaterial y transcendental es la causa del universo, es decir que ese ser llevó a cabo un acto creador. Un acto, una vez más, es algo que sucede en el tiempo y que tiene una duración determinada, algo que por la propia naturaleza del ser transcendente no puede ser, pues estaría fuera de todo espacio y tiempo. Así pues, lo que se está haciendo es despojar de la dimensión temporal al concepto de causa, y por lo tanto nos quedamos con un sin sentido. El concepto de causa no puede entenderse fuera del tiempo, por lo tanto decir que  "un ser divino, inmaterial y transcendente ha creado el universo", es como la frase "el coche desayunó un tazón de cereales", que serán gramaticalmente correctas, pero no es que sean falsas, es que, como ya he afirmado más arriba, es mucho peor, ni siquiera tiene sentido. 

Para pensar más:
Viernes, 14 de Febrero de 2014

La inmortalidad ¡vaya timo!


La genial serie de libros ¡Vaya timo! cuenta con un título maravilloso: La inmortalidad ¡Vaya timo!

En este libro podremos encontrar una reflexión amena, franca y racional de porque la creencia en la inmortalidad es algo sin sentido. Más que una apuesta por la desazón es una mirada sensata que invita a disfrutar la vida y que salvaguarda de los timadores que se lucran con base en esta idea.

Gabriel Capote, autor de esta obra responde a continuación una entrevista de Radio Campus. Compartimos esta entrevista.

Escrito por Luis Javier Capote Pérez

¿Cómo surge la idea de hacer un libro como "La inmortalidad ¡vaya timo!" (Laetoli)?

Casi todo el mundo tiene curiosidad respecto a qué ocurre después de la muerte, y esto es precisamente lo que ha incentivado la enorme cantidad de mitos y religiones que intentan dar respuesta a esta incógnita. No obstante, no todos los intentos de respuesta proceden de mitos y religiones. Ha habido alguna gente que ha intentado demostrar con argumentos supuestamente racionales y con evidencia, que hay un más allá. Ha habido fundamentalmente dos disciplinas encargadas de esto: la parapsicología y la filosofía. Quizás a algunas personas estos argumentos les parezcan convincentes. Mi intención en el libro ha sido evaluar con cierto detenimiento estos argumentos, y al final, concluyo que ninguno en realidad es muy contundente. Creo, en todo caso, que los argumentos filosóficos a favor de la inmortalidad tienen acaso más poder persuasivo que las supuestas pruebas procedentes de la parapsicología.
En mi caso, me considero una persona egoísta. No veo el egoísmo como un vicio; antes bien, considero que ser egoísta es una postura perfectamente racional y aceptable. Y, puesto que me preocupa tanto mi propio bienestar, tengo la inquietud de saber qué será de mí cuando llegue el momento de mi muerte. Hay muchas preguntas religiosas que el hombre se ha hecho: ¿de dónde venimos?, ¿existe Dios?, etc. Para una persona egoísta como yo, esas preguntas no son tan importantes como la pregunta central: ¿se acabará en un momento mi existencia? De ahí surge la idea para escribir este libro.


¿Es realmente un timo la inmortalidad o es simplemente una excusa para vender cierto tipo de productos en la forma de esperanza?

En todas las creencias, hay diversos grados de certeza. Yo estoy absolutamente seguro de que existo, por aquello que señalaba Descartes (pienso, luego existo). Yo estoy casi absolutamente seguro de que la Tierra gira alrededor del sol (pero, es posible que esté equivocado, pues un genio maligno puede estar engañándome). No estoy muy seguro de que haya habido una guerra de Troya; estoy casi absolutamente seguro de que Jesús no resucitó, y estoy absolutamente seguro de que los círculos cuadrados no existen. Pues bien, respecto a la inmortalidad, estoy casi seguro de que es un timo, pero dejo un espacio de duda. Creo que, para afirmar la existencia de algo, debe proveerse evidencia a su favor. Y, me temo de que no hay ninguna evidencia a favor de la inmortalidad. Ahora bien, el hecho de que no haya evidencia a favor de la existencia de algo no prueba que no exista. Pero, en virtud de la ausencia de evidencia, debemos tentativamente (nunca definitivamente) asumir su inexistencia. De manera tal que, hasta que no aparezca alguna evidencia significativa, debemos asumir que la inmortalidad es un timo.

Respecto a la venta de productos en forma de esperanza, creo que, en efecto, a veces la creencia en la inmortalidad funciona de esa manera. Aunque, para ser franco, creo que las personas que deliberadamente mienten y manipulan a los demás con creencias sobre la inmortalidad son minoría. Ciertamente, ha habido en la historia episodios tan lamentables como la venta de indulgencias por parte de la Iglesia Católica. Pero, honestamente, opino que la creencia en la inmortalidad es más bien espontánea en la mayoría de la gente, sin necesidad de que haya una elite de explotadores que se aprovechen de esto.


En algunos analistas se ha percibido la idea de una vida ultraterrena como una forma de controlar la vida terrena, en el sentido de una recompensa futura a cambio de pasarlas canutas en este valle de lágrimas ¿está de acuerdo con esta idea?


Ésa es la conocida tesis de Marx: la religión (y la creencia en la inmortalidad) es el opio del pueblo. De hecho, es la misma tesis de Diderot, Voltaire y otros grandes de la Ilustración: hubo una conspiración de sacerdotes que, con sus enseñanzas religiosas, lograban controlar al pueblo y los mantenía en condiciones de opresión. Yo creo que esta tesis no es muy adecuada. La creencia en la inmortalidad es mucho más compleja, y no obedece estrictamente a una conspiración de los sacerdotes. No dudo de que, en algún momento, algún obispo, rabino o mulá ha usado la amenaza del fuego infernal para controlar a su feligresía, pero creo que, aun sin esta amenaza, la gente igualmente creería en la inmortalidad. Por otra parte, no deja de ser cierto que en los países con mejores condiciones de vida en el mundo (Noruega, Dinamarca, Suecia, Japón), el número de personas que cree en la inmortalidad es cada vez menor.



La historia de la humanidad está llena de mitos en torno a la inmortalidad: desde el mito del retorno artúrico hasta el tratamiento criogénico de Walt Disney, pasando por la reencarnación ¿es un mito que se resiste a desaparecer? ¿hay siempre un espacio en nuestras cabezas para que anide el deseo de vivir eternamente o vivir más allá de la muerte?


Muchos psicólogos evolucionistas opinan que, en efecto, nuestro cerebro está programado para tener una tendencia a creer en la inmortalidad. Por razones evolutivas, tenemos una tendencia a atribuir agencia a fenómenos desprovistos de agencia. En la sabana africana, sobrevivían en mayor proporción aquellos homínidos que, ante una ráfaga de viento, o una sombra, o cualquier movimiento, huyeran. Esta tendencia, si bien propicia paranoias, también permite escapar frente a los peligros, especialmente de los depredadores. Y, en este sentido, tenemos la tendencia a atribuir agencia y propósito a fenómenos desprovisto de ello: vemos caras en las nubes, oímos voces en las olas del mar, etc. Ahora bien, el atribuir agencia termina por propiciar la idea de que existe algo que hace que las cosas inanimadas tengan vida propia, y ese algo es, por supuesto, el alma. Así, tenemos una tendencia natural a creer en las almas, y esto, eventualmente, conduce a las personas a creer en una forma de inmortalidad.

Además, la evolución también hizo que desarrollemos una capacidad para sentir empatía y colocarnos en la mente de los demás. De nuevo, en la sabana africana, los homínidos que lograsen anticipar lo que sus compañeros o algún depredador pensase, tuvieron más oportunidad de sobrevivir. Esta tendencia, eventualmente, conduce a la idea de que hay una misteriosa sustancia que permite a las personas salirse de su cuerpo y ocupar el cuerpo de los demás. Y, eventualmente, esta idea lleva a la conclusión de que la muerte del cuerpo no significa la muerte de la persona, pues esa misteriosa sustancia persiste.

De manera tal que la evolución ha hecho que tengamos una tendencia a creer en la inmortalidad. Ahora bien, esa tendencia es reversible con la educación. Nuestro cerebro nos condiciona a tener muchos sesgos y creer cosas irracionales, pero no nos impide del todo aplicar criterios de racionalidad y comprender que, aquello que muchas veces creemos por intuición, en realidad es erróneo.

Respecto al tratamiento criogénico de Walt Disney, en efecto, es un mito. Pero, no es un mito que otros personajes (entre ellos el popular jugador de béisbol Ted Williams) sí están congelados con técnicas criogénicas. La inmortalidad no es enteramente un timo, pues existe la posibilidad de que, en un futuro, los científicos puedan ofrecernos algún tipo de inmortalidad. Revivir a los cuerpos que ya se han descompuesto es prácticamente una misión imposible. Revivir a los cuerpos preservados es difícil, pero los científicos no desechan del todo esa esperanza. Ahora bien, hay más entusiasmo en otras alternativas. El científico Aubrey de Grey, por ejemplo, está trabajando duro para detener, e incluso, revertir, los procesos de envejecimiento, y esto, en teoría, podría suspender indefinidamente la muerte. Los científicos Raymund Kurzweil y Hans Moravec han planteado la posibilidad de que, en un futuro, nuestras mentes sean emuladas en un ordenador, y esto garantizará una forma de inmortalidad. El movimiento filosófico conocido como el ‘transhumanismo’ considera seriamente estas alternativas. Y, si bien por ahora son ciencia ficción, tienen un mayor halo de plausibilidad que las fantasías tradicionales de la religión. Lamentablemente, por cuestiones de espacio, no pude discutir en el libro las promesas científicas respecto a la inmortalidad, pero es un tema que no debe descuidarse.


¿Qué le diría a aquellas personas que leen esta entrevista para animarles a leer el libro?

Les diría que es un libro escrito por un filósofo, pero dirigido a todo tipo de gente. No hay tecnicismos, ni argumentos complicados. Hay un recorrido por apariciones fantasmales, sesiones de médiums, supuestos casos de reencarnación, experiencias cercanas a la muerte, y otras cosas que, seguramente los jóvenes han visto en la televisión, pero que tienen buenas explicaciones racionales. Hay, además, preguntas más intrigantes como, por ejemplo: ¿cómo puedo estar seguro de que la persona que va al cielo (o al infierno) es la misma persona que vivió en la Tierra? Y, también, trata de ofrecer alguna perspectiva de madurez respecto a cómo podemos vivir tranquilamente sin tener que creer en la inmortalidad.

Las preguntas respecto a la inmortalidad han mortificado a mucha gente desde los inicios de nuestra especie. En el libro, trato de presentar con humor y sencillez un tema que genera muchas inquietudes.


La colección ¡Vaya timo!

La colección de Editorial Laetoli consta hasta el momento de los títulos siguientes:

1. El creacionismo ¡vaya timo! - Ernesto Carmena. 

2. Los ovnis ¡vaya timo! - Ricardo Campo.

3. La sábana santa ¡vaya timo! - Félix Ares.

4. El yeti y otros bichos ¡vaya timo! - Carlos Chordá.

5. La parapsicología ¡vaya timo! - Carlos J. Álvarez.

6. Las abducciones ¡vaya timo! - Luis R. González.

7. El psicoanálisis ¡vaya timo! - Carlos Santamaría y Ascensión Fumero.

8. Los vampiros ¡vaya timo! - Jordi Ardanuy.

9. La religión ¡vaya timo! - Gonzalo Puente Ojea.

10. La conspiración lunar ¡vaya timo! - Eugenio Fernández Aguilar.

11. El tarot ¡vaya timo! - Javier Cavanilles.

12. La homeopatía ¡vaya timo! - Víctor-Javier Sanz.

13. Las brujas ¡vaya timo! - Manuel Bear.

14. Las pseudociencias ¡vaya timo! - Mario Bunge.

15.Los productos naturales ¡vaya timo!  J. M. Mulet.

16. La inmortalidad ¡vaya timo! - Gabriel Andrade.

17. El nacionalismo ¡vaya timo! - Roberto Augusto.

18. La acupuntura ¡vaya timo! - Victor-Javier Sanz.

19. El posmodernismo ¡vaya timo! - Gabriel Andrade.

20. El diseño inteligente ¡vaya timo! - Ismael Pérez Fernández.

Cómo cambió con Darwin nuestra visión del mundo

Reproduzco el articulín (¡que no me entere yo de que ese articulito pasa hambre!) que me sacaron ayer en DivulgaUNED, con motivo del aniversario de Darwin.
.


La concepción del mundo que nuestros antepasados tenían durante la Edad Media y la Antigüedad entendía la historia universal como un relato, cuyos protagonistas eran los seres humanos (por supuesto, algunos más que otros) y ciertos seres sobrenaturales, que cambiaban según la religión de cada grupo o sociedad. La naturaleza sería, en esa concepción, poco más que un mero escenario de la tragedia o tragicomedia en la que consistía la historia humana, un escenario construido por dios o por los dioses según el plan de la obra que se representaba en él.
En la Edad Moderna, esta concepción se fue modificando hasta comprender la naturaleza como un sistema que obedecía ciegamente, pero de forma determinista, un puñado de leyes, seguramente establecidas por dios en la creación del universo, y que el ser humano era capaz de descubrir mediante su razón. Este elemento, la razón era lo único que podía verse como algo no natural, y que seguía conectando al hombre con una realidad trascendente; algo que seguía, por lo tanto, estableciendo un sentido a la existencia y a la historia humana, aunque dicho sentido ya no pudiera ser considerado como un relato literario al modo de los mitos clásicos o medievales sino, más bien, como algún otro tipo de fórmula filosófica.
El descubrimiento darwiniano de la evolución mediante selección natural fue el golpe de gracia a estas cosmovisiones: independientemente de si el origen del universo y de sus leyes son o dejan de ser fruto de una mente divina (algo que la ciencia y la filosofía han terminado considerando básicamente indemostrable), el caso es que la evolución del hombre hay que dejar de verla como resultado de un “plan”, y nuestra racionalidad hay que comprenderla como una mera capacidad biológica más, desarrollada por modificación y selección a partir de las capacidades de nuestros antepasados no humanos.
En cierto sentido, la aceptación de la teoría de Darwin (y no la mera llegada de la Ilustración, como quería el filósofo Immanuel Kant) es lo que ha supuesto verdaderamente la entrada de la especie humana en su mayoría de edad, al hacernos comprender que no tenemos a nadie que nos lleve de la mano, ni hay un plan trascendente ni sobrenatural marcado en ningún sitio (o en un no-sitio) que establezca adónde tenemos que llegar y por dónde tenemos que ir, sino que estamos completamente solos en la naturaleza (salvo el resto de la naturaleza, animales y plantas incluidas, por supuesto), y todo lo que hagamos es pura responsabilidad nuestra. Pero, sobre todo, que no hay nadie más que nosotros para juzgar nuestras acciones. La historia, ni la humana ni la natural, no tiene algo así como un sentido, y hemos de acostumbrarnos a vivir con esa nueva certeza.

Cómo cambió con Darwin nuestra visión del mundo

Reproduzco el articulín (¡que no me entere yo de que ese articulito pasa hambre!) que me sacaron ayer en DivulgaUNED, con motivo del aniversario de Darwin.
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La concepción del mundo que nuestros antepasados tenían durante la Edad Media y la Antigüedad entendía la historia universal como un relato, cuyos protagonistas eran los seres humanos (por supuesto, algunos más que otros) y ciertos seres sobrenaturales, que cambiaban según la religión de cada grupo o sociedad. La naturaleza sería, en esa concepción, poco más que un mero escenario de la tragedia o tragicomedia en la que consistía la historia humana, un escenario construido por dios o por los dioses según el plan de la obra que se representaba en él.
En la Edad Moderna, esta concepción se fue modificando hasta comprender la naturaleza como un sistema que obedecía ciegamente, pero de forma determinista, un puñado de leyes, seguramente establecidas por dios en la creación del universo, y que el ser humano era capaz de descubrir mediante su razón. Este elemento, la razón era lo único que podía verse como algo no natural, y que seguía conectando al hombre con una realidad trascendente; algo que seguía, por lo tanto, estableciendo un sentido a la existencia y a la historia humana, aunque dicho sentido ya no pudiera ser considerado como un relato literario al modo de los mitos clásicos o medievales sino, más bien, como algún otro tipo de fórmula filosófica.
El descubrimiento darwiniano de la evolución mediante selección natural fue el golpe de gracia a estas cosmovisiones: independientemente de si el origen del universo y de sus leyes son o dejan de ser fruto de una mente divina (algo que la ciencia y la filosofía han terminado considerando básicamente indemostrable), el caso es que la evolución del hombre hay que dejar de verla como resultado de un “plan”, y nuestra racionalidad hay que comprenderla como una mera capacidad biológica más, desarrollada por modificación y selección a partir de las capacidades de nuestros antepasados no humanos.
En cierto sentido, la aceptación de la teoría de Darwin (y no la mera llegada de la Ilustración, como quería el filósofo Immanuel Kant) es lo que ha supuesto verdaderamente la entrada de la especie humana en su mayoría de edad, al hacernos comprender que no tenemos a nadie que nos lleve de la mano, ni hay un plan trascendente ni sobrenatural marcado en ningún sitio (o en un no-sitio) que establezca adónde tenemos que llegar y por dónde tenemos que ir, sino que estamos completamente solos en la naturaleza (salvo el resto de la naturaleza, animales y plantas incluidas, por supuesto), y todo lo que hagamos es pura responsabilidad nuestra. Pero, sobre todo, que no hay nadie más que nosotros para juzgar nuestras acciones. La historia, ni la humana ni la natural, no tiene algo así como un sentido, y hemos de acostumbrarnos a vivir con esa nueva certeza.
Jueves, 6 de Febrero de 2014

De los 10 mandamientos, el diablo y las libertades religiosas

Viernes, 31 de Enero de 2014

Algunas ideas del porqué organizaciones religiosas son hervidero de abusadores