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Martes, 14 de Octubre de 2025

Juan José Benítez y los extraterrestres, en ‘La clave’

José Luis Babín, sobre un fotograma de 'Ultimátum a la Tierra'.
José Luis Babín, sobre un fotograma de ‘Ultimátum a la Tierra’.

El periodista Juan José Benítez hizo un revelación extraordinaria el 8 de febrero de 1976 en el programa La clave, del segundo canal de TVE. Dijo que su periódico, La Gaceta del Norte, tenía fotos que demostraban que los ovnis eran naves extraterrestres. Las habían sacado en Canarias, el 23 de octubre de 1975, «unos científicos» que habían concertado un encuentro con los tripulantes de esas «astronaves». Los testigos, añadió, eran de «toda confianza»: un astrónomo, ingenieros informáticos y electrónicos, fotógrafos, médicos… Él había visto las fotos. «Están en poder de mi periódico, en los archivos, y pueden disponer de ellas si mi periódico lo autoriza, por supuesto, en cualquier momento», invitó a los participantes en el programa.

Dirigida y presentada por José Luis Balbín, La clave se dedicaba cada semana a un tema de actualidad sobre el que se emitía una película y después había un coloquio. Aquella noche, el tema era «Los extraterrestres»; la película, Ultimátum a la Tierra (1951), de Robert Wise; y los invitados, John L. Acuff, Juan José Benítez, José María Casas-Huguet, Antonio Ribera, Fernando Sesma y Erich von Däniken. Tres ufólogos (Acuff, Casas-Huguets y Ribera), un periodista que escribía reportajes sobre platillos volantes (Benítez), un contactado (Sesma) y un autor de éxito que defendía que toda gran obra de una cultura antigua no europea se había hecho con ayuda extraterrestre (Von Däniken). 

No había ningún escéptico en el plató porque, por aquel entonces, nadie abogaba en España por el análisis crítico de las afirmaciones de lo paranormal.  Los más próximos a una postura racional eran Acuff y Casas-Huguet, pero ambos eran ufólogos creyentes: el primero dirigía el Comité Nacional de Investigaciones sobre Fenómenos Aéreos (NICAP) estadounidense y el segundo presidía el Centro de Estudios Interplanetarios (CEI) español.

La primera vez que Benítez sacó a colación las fotos canarias, la conversación derivó por otros derroteros. Pero, en cuanto tuvo oportunidad, el reportero insistió en que los citados «científicos» habían fotografiado en Canarias «con un material muy costoso, muy variado», cómo «del mar apareció algo» en respuesta una cita concertada con los visitantes, no especificó mediante qué sistema. Cuando Ribera le indicó que en aquel momento estaban hablando de si existían fotos de extraterrestres, Benítez dijo: «Yo tengo constancia de que en mi periódico hay tres fotografías concretas que pueden ser consultadas».

«Si tiene fotografías de seres extraterrestres que sean irrefutables, que no se puedan negar, que sean buenas fotografías, usted tiene el mejor reportaje desde que Jesucristo vino a la Tierra», comentó Acuff. Y preguntó: «¿Por qué no se ha publicado [esa historia] en todo el mundo? ¿Por qué está su periódico sentado encima del reportaje más importante de la historia?». Benítez dijo entonces que las fotos eran «muy recientes» y que habían sido analizadas en Madrid con resultados «altamente positivos», pero que su periódico era «muy serio» y se pronunciaría «definitivamente» cuando tuviera «las máximas garantías». «Lo que yo estoy diciendo -precisó- es que tenemos tres fotografías que consideramos que pudieran ser de seres extraterrestres, en pleno proceso de investigación. La procedencia es para nosotros de absoluta seguridad». De las fotos de marras, nunca más se supo. 

La carrera ufológica de Benítez ha sido una sucesión de afirmaciones asombrosas, seguidas, en cuanto se le han pedido pruebas, de recogidas de velas no menos asombrosas. Lleva diciendo tiene pruebas de que los ovnis son naves extraterrestres desde que en 1975 vio algo raro en el cielo de Perú durante una excursión nocturna con un grupo de iluminados que decía estar en contacto con extraterrestres de Ganimedes, Marte, Calisto, Europa y otros mundos. Contactados como los que disfrazaba de científicos en el coloquio de La clave. Cincuenta años han pasado y Benítez sigue sin enseñar las pruebas. Si alguien cree que en su próximo libro, Están aquí (2025), va a hacer alguna revelación con un mínimo fundamento, su ingenuidad merece premio.

Nota publicada en Magonia el 15 de octubre de 2025.

Lunes, 29 de Septiembre de 2025

‘Nueva Dimensión’ y ‘Planète’, la ciencia ficción española y lo paranormal

Portadas de la revista 'Planète', de algunas de sus versiones internacionales y de 'Nueva Dimensión'. Colección Luis Alfonso Gámez.
Portadas de la revista ‘Planète’, de algunas de sus versiones internacionales y de ‘Nueva Dimensión’. Colección Luis Alfonso Gámez.

Hay cosas que durante años he dado por ciertas sin pruebas. Una es que el formato cuadrado de Nueva Dimensión (1968-1983), la considerada mejor revista española de ciencia ficción, fue una copia del de la francesa Planète (1961-1968), que mezclaba ocultismo, pseudohistoria, ciencia ficción y divulgación científica. Es algo que asumía sin haber hablado de ello nunca con nadie; solo por el peculiar formato de ambas publicaciones. Ahora sé que fue así, gracias a Mariano Villarreal y su Historia de la ciencia ficción española. Vol. 1. La era de los pioneros (1939-1969).

Planète nació a rebufo de El retorno de los brujos (1961), la obra de Louis Pauwels y Jacques Bergier que impulsó el llamado realismo fantástico, una realidad alternativa con visitas extraterrestres, civilizaciones desaparecidas y poderes paranormales. Dirigida por Pauwels, era una revista bimestral que llegó a vender en Francia más de 100.000 ejemplares y publicó cuentos de Isaac Asimov, Arthur C. Clarke, Ray Bradbury, Jorge Luis Borges y H. P. Lovecraft, entre otros. Fue tal su éxito que contó con ediciones en España –Horizonte (1968-1971), dirigida por el ufólogo Antonio Ribera– y Argentina. Además, se publicó una colección de libros de realismo fantástico, divulgación y ciencia ficción con el mismo formato.

A finales de la década de 1960, Sebastián Martínez, Domingo Santos y Luis Vigil eran tres aficionados a la ciencia ficción que querían poner en marcha una revista comercial. Para ello, cuenta Villarreal en su libro, constituyeron Ediciones Dronte con un capital social de 300.000 pesetas. Explica el experto vasco:

Acto seguido, se pusieron en contacto con José Manuel Vergara, responsable de editorial Pomaire y gran aficionado a la ciencia ficción, además de editor especializado en libros de temática OVNI. Le consultaron si estaría dispuesto a distribuir una revista de de estas características y aceptó con la condición de que el formato fuese similar al de la francesa Planète, consagrada al realismo fantástico y cuya edición en español gozaba de un enorme éxito en Sudamérica, un mercado en el que esperaban vender parte de la tirada. Así nació Nueva Dimensión. (Villarreal 2025, 172).

Pomaire fue el sello español que publicó clásicos de la ufología como Los misteriosos platillos volantes (1958), de Aimée Michel; Los humanoides (1966), coordinado por Charles Bowen; El gran enigma de los platillos volantes (1966), de Antonio Ribera; y Fenómenos insólitos del espacio (1966), de Jacques y Janine Vallée. Martínez, Santos y Vigil también tuvieron que aceptar del editor la sugerencia de que «las páginas de la sección informativa tuviesen otro color», como pasaba en Planète.

Josep Maria Armengou

En aquella época, toda revista debía tener como director a un profesional del periodismo que se hiciera responsable de los contenidos ante las autoridades franquistas. Para Nueva Dimensión, Martínez, Vigil y Santos «encontraron un periodista dispuesto a firmar como director responsable a un precio razonable y sin meterse demasiado en la confección de los números» (Villarreal 2025, 173). El elegido fue Josep Maria Armengou, que en 1969 asumió también la dirección de la revista Algo, de la que había sido redactor desde 1963.

Armengou fue director de Nueva Dimensión y de Algo hasta diciembre de 1971, cuando le despidieron de la segunda por el giro que había dado a esa cabecera de divulgación científica. Un año después, lo explicaba así: 

'Historia de la ciencia ficción española. Vol. 1. La era de los pioneros (1939-1969)', de Mariano Villarreal.
‘Historia de la ciencia ficción española. Vol. 1. La era de los pioneros (1939-1969)’, de Mariano Villarreal.

Mi entrada como director en funciones de Algo implicó el cambio de mentalidad de programación de la revista, y fue cuando di cabida primero a la sección de ufología, luego a la de parapsicología, posteriormente al hermetismo, sin olvidar el contacto con el lector a través de secciones como «Colabora el lector», «Cartas al director», etcétera. (Armengou 1972).

Según él, convirtió Algo en una revista «única en España» y triplicó su tirada, pero «a alto nivel empresarial» su enfoque disgustaba y, por eso, fue despedido, con todo su equipo. Meses después, lanzó Karma.7 (1972-2001), una revista centrada en lo que había desagradado a sus anteriores jefes. «Karma.7 no tiene ninguna relación con Algo. Ni como editorial, ni como dirección, ni como publicidad. Es más, en el campo profesional, en el periodístico, combatiremos a Algo hasta el límite de nuestras fuerzas», prometió en el número 1. Será la revista esotérica de referencia hasta el nacimiento de Mundo Desconocido (1976-1982) y aguantará en los quioscos hasta 2001.

Desde junio de 1972 –cuando se publica un número cero de Karma.7–, Armengou compatibiliza las direcciones de la revista esotérica y de Nueva Dimensión, aunque todo indica, como apunta Villarreal, que en la segunda se limita a poner el nombre. Respalda esta idea que no menciona a Nueva Dimensión ni en la presentación de Karma.7 a sus lectores ni en su libro Extrañas historias de un periodista (1974), donde solo hay una referencia a la revista de ciencia ficción en la contraportada y de pasada. Armengou siguió al frente de las dos publicaciones hasta enero de 1977, cuando fue relevado en ambas.

Los platillos volantes y Charles Fort

La de Nueva Dimensión y su primer director no es ni la primera ni la única conexión de la ciencia ficción española con lo paranormal. Ya en los años 50, el género -en especial, los bolsilibros- sufre la invasión de los platillos volantes con títulos como Los platillos voladores (1950), de J. M. Díez Gómez; Platillos volantes (1951), de Peter Debry (Pedro Víctor Debrigode Dugi); y El secreto de los platillos volantes (1953), de Juan Antonio de la Iglesia. Autores como Antonio Ribera y Juan García Atienza acabaran siendo más conocidos por sus devaneos con lo oculto que como pioneros de la ciencia ficción: al primero se le considera el padre de la ufología española, y el segundo es un referente de la historia mágica nacional.

Libros españoles de ciencia ficción y sobre el fenómeno de los platillos volantes de la década de 1950. Colección Luis Alfonso Gámez
Libros españoles de ciencia ficción y sobre el fenómeno de los platillos volantes de la década de 1950. Colección Luis Alfonso Gámez

Domingo Santos, a quien se considera «el padre de la moderna ciencia ficción española» (Villarreal 2025, 378), ya tenía relación con Planète de tiempos de Anticipación (1966-1967), un primer intento fallido de revista comercial de ciencia ficción que codirigió con Vigil y contó con una sección dedicada a lo paranormal. Anticipación, indica Villarreal, incluyó «un importante espacio» al realismo fantástico y publicó tres largos artículos sobre el fenómeno ovni «cuya autoría no fue acreditada, pero que se da por supuesto que fue obra del tándem Santos-Vigil» (Villarreal 2025, 152).

Además, Santos fue el traductor de la primera versión española de El libro de los condenados (1919) de Charles Fort, que publicó Rumeu en 1969 dentro de la colección «Esoterismo», que dirigía él mismo. «Charles Fort ha sido un precursor al hablar por primera vez, cuando aún nadie pensaba en ellos, de una serie de temas malditos que hoy ocupan las primeras páginas de muchas revistas y periódicos: platillos volantes, civilizaciones desaparecidas, visitantes extraterrestres», escribió Santos en el prólogo, un texto en el que reivindica la vigencia de la obra que estableció el canon paranormal (Santos 1969, 15).

Cien años después de la publicación de El libro de los condenados, su influencia en la cultura popular es incuestionable. Sin Fort, el primer ufólogo, no hubieran existido ni El retorno de los brujos –Pauwels y Bergier le tenían por uno de sus «más queridos maestros» (Bergier y Pauwels 1960, 151)-, ni revistas como Fate, ni series como Expediente X (1993-2018), ni programas de televisión como el Más allá de Fernando Jiménez el Oso, ni todos los productos culturales y del mundo del espectáculo que han seguido esa línea.

Referencias

Armengou, Josep Maria [1972]: «Ninguna relación con ‘Algo’». Karma.7 (Barcelona), núm. 1 (noviembre), pág. 5.

Bergier, Jacques; y Pauwels, Louis [1960]: El retorno de los brujos [Le matin des magiciens]. Traducción de J. Ferrer Aleu. Plaza & Jaés (Colección «Otros Mundos»). Barcelona 1972. 282 páginas.

Santos, Domingo [1969]: «Introducción». En Fort, Charles [1919]: El libro de los condenados [The book of the damned]. Traducción de Domingo Santos. Romeu, Editor (Colección «Esoterismo»). Barcelona 1969. 399 páginas.

Villarreal, Mariano [2025]: Historia de la ciencia ficción española. Vol. 1. La era de los pioneros (1939-1969). Dolmen Books. Palma de Mallorca. 416 páginas.

Nota publicada en Magonia el 29 de septiembre de 2025.