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Lunes, 9 de Mayo de 2011

Crónica del Congo: Capítulo 1

Texto del Dr. Isaías A. Martínez Medina.


Antes de empezar…

Advierto de que la crónica incluye material multimedia (fotografía y vídeos), y que lo encontrarás haciendo clic en los enlaces.

Capítulo 1: Por poco nos matan.

Con mucha dificultad logré hacer el equipaje, ya que tenía muchos medicamentos y gafas que no quería dejar aquí, dado el gran beneficio que podían aportar en el Congo. Nos fuimos, Jose Antonio y yo,  en el avión de las líneas aéreas turcas, ya que era más barato, aunque, para sorpresa nuestra, te tratan mejor que en las europeas.
Al entrar en el avión de enlace que iba a Nairobi, oí hablar en ingles gritando, me resultó extraño, era un muchacho de unos 20 años que estaba al final del avión y movía lo brazos de arriba abajo, pensé que sería un predicador (ver comentario al final del mensaje), pero al acercarme más entendí lo que decía: “Mirad mis manos, me llevan esposado, no he cometido ningún delito, pero no quiero volver a mi país, no quiero volver a Somalia, lo único que tengo es mi vida y me van a matar” gritaba y lloraba, desesperado, rodeado por cuatro policías, yo no sabía como reaccionar y de hecho me quedé mirando con la boca abierta como un pazguato. Los demás viajeros se iban sentando cómodamente en sus asientos sin mover un ceja, entró una monja que hizo lo mismo y yo mismo me senté también como si nada. Parecía que el muchacho era el hombre invisible e inaudible, pues nadie pareció darse cuenta de que existía. El que más reaccionó de todos era yo, y lo único que hice fue quedarme con la boca abierta. Al sentarme en mi asiento, ensimismado, iba pensando: éste debe ser el nuestro tan famoso “prójimo” al que debemos amar y protejer, que podía yo hacer, aparte de sentirme miserable por pertenecer al género humano y caí en la cuenta de que llevaba 50 euros en el bolsillo, iba pensando, quizás si le hubiera dado el dinero que llevo, habría servido para que en su país sobornara a alguien y pudiera salvar su vida. Los 50 euros me estaban quemando en el pantalón, así es que me levanté y me fui a buscar al muchacho, una vez que habíamos despegado, para dárselos, pero no lo encontré, ya no estaba en el avión, se ve que lo habían sacado antes de despegar, para llevarlo en el avión que iría a Somalia, los 50 euros me siguen quemando cuatro meses después de que ocurriera, pero ahora es peor, ya no tengo posibilidad de dárselos.
Llegamos a Nairobi, donde tuvimos que esperar algunos días para obtener el visado, en la embajada del Congo. Nos alojamos en la residencia de estudiantes (YMCA). Es lo más barato y está bastante bien. Le expliqué a José Antonio (productor y realizador de documentales deAlcazaba Documental) que aprendí inglés en Nairobi. Hay algunas academias y  el precio oscila entre 60 a 100 euros al trimestre. Es más barato que irse a Londres o Estados Unidos, etc. y también más exótico.
Una vez resuelto el papeleo teníamos que coger un autobús de Nairobi (Kenia) a Kampala (Uganda). Cuando íbamos a comprar los billetes de autobús que teníamos concertados, vimos que habían quedado plazas libres en el primer autobús que iba a salir y decidimos tomar ese, con lo que llegaríamos antes.
Al día siguiente, en Kampala, leímos en el periódico que el autobús que decidimos no coger había sido atacado por Al Qaeda con granadas, y que los terroristas intentaron volarlo disparando al depósito. No lo lograron, pero aun así hubo 6 muertos y 20 heridos graves. Nos habíamos salvado por los pelos. José Antonio pensaba que nos habían oído hablar de que cogeríamos ese autobús y que iban a por nosotros, por ser europeos, para hacerse publicidad, yo verdaderamente no lo creo, pues no creo que seamos tan importantes. José Antonio argumenta a favor de su versión,  que a son de qué iban a matar personas de Kenia y Uganda, pues nadie VIP iba en el autobús en ese momento. Bueno, fuera como fuese el caso es que seguimos vivos, seguramente, mi Ángel de La Guarda, en el que no creo, está bien entrenado.
Yo pensaba que el atentado saldría en las noticias en España, y por ello envié un SMS para decir que no se preocuparan por la consulta, que el autobús, no era el nuestro y que seguíamos vivos. Pero por lo visto, lo único que logré fue preocuparlos, pues en los informativos españoles no se hizo el más mínimo comentario.



Predicador: En África existen mucho predicadores e iluminados de distintas religiones que predican a gritos en calles, plazas pública e incluso dentro de los autobuses, la mayoría suelen llevar una biblia en la mano derecha o izquierda según que sean diestros o siniestros y mientras predican, abren los brazos y los agitan como aspas de molino, que confundirían al mismo D. Quijote. Imagino a Sancho gritándole, ¡que nó,  mi señor, que no son gigantes!, ¡no los embista, ni acometa, que son predicadores!, ¡¿es que no ve las biblias al final de los brazos?!
Viernes, 6 de Mayo de 2011

Ya estoy en twitter

Me acabo de abrir una cuenta en twitter. Está enlazada a la derecha, donde pone twitter. La de Facebook la tengo muy abandonada, aunque en el Facebook academica.edu tengo colgadas unas cuantas de mis publicaciones. A ver qué si twitter tiene mejor suerte. De momento ya he intercambiado un par de mensajes, pero no lo veo, no lo veo. Soy más de dar la lata bastante en exceso de 140 caracteres.
Se admiten sugerencias de qué hacer, aunque no faltará quien diga que, siendo una red social, esto es como pedir sugerencias de cómo hablar con los amigos. Y a ese que no falta no le faltará razón, pero tampoco le sobrará mucha, así que insisto. ¿Qué diantres hago con twitter?

Rézale al nuevo beato

Una caricatura de Manel F. sobre el legado del nuevo beato de la Iglesia Católica.

Una "biblia" para ateos

Una referencia moral para ateos. Ese parece ser el propósito de “El buen libro” una obra del filósofo inglés Anthony Clifford Grayling , quien enseña en la Universidad de Londrés.

Sin referencia alguna a divinidades ni a almas inmortales Grayling se interna en la búsqueda de una moralidad sin dios, con el fin de hacer más llevadera la existencia humana. Por ejemplo, en lugar de los incompletos 10 mandamientos del Éxodo Grayling menciona como principios seculares:

1. Ama bien.
2. Busca lo bueno de todas las cosas.
3. No dañes a otros
4. Piensa por ti mismo
5. Asume tu responsabilidad
6. Respeta la naturaleza
7. Da lo mejor de ti
8. Infórmate.
9. Sé bondadoso.
10. Sé valiente.

Les comparto la entrada hecha por Graciela Campbell en su blog Lecturalia sobre esta obra

El filósofo británico A. C. Grayling ha despertado el interés de los lectores del mundo anglosajón gracias a su publicación de una biblia para ateos. Se trata de una recopilación, en un formato muy similar al de la biblia tradicional, de citas de filósofos, historiadores, científicos y grandes pensadores en general de la historia de la humanidad. Aunque todas las citas provienen de personajes reales, en su biblia humanista Grayling no hace mención de sus fuentes, pero son reconocibles algunos de los dichos más populares de grandes como Isaac Newton, Sócrates o Darwin. Grayling pretende compensar de esta manera la ausencia, en su opinión, de un libro de referencia moral para los no creyentes. El autor, que se ha especializado siempre en aspectos éticos relacionados con la búsqueda de la felicidad por parte del hombre contemporáneo, define su obra como un compendio de la búsqueda de lo bueno, de lo que nos hace felices.

Lejos de criticarlo por ello, algunos sectores religiosos incluso lo han apoyado. Algunas voces seculares han apuntado la necesidad de historias diferentes para los no creyentes, que también buscan las cosas buenas de la vida. Grayling apunta a una visión sorprendentemente benévola del ser humano, asegurando que hay más bondad que maldad en el hombre, y que todos debemos estar abiertos a encontrarla, algo para lo que serviría este tomo de versículos de sabiduría histórica. Grayling desconfía de los intentos de constituir una religión humanista, con rituales y formas semejantes a las de las grandes religiones monoteístas, como ya intentó hacer Auguste Comte en su momento, pero insiste en las ventajas de tener un libro semejante en formato a la Biblia cristiana, debido a su composición de pequeños textos, que nos permiten abrir el libro en cualquier página y encontrar una frase sobre la que meditar. A ello ha dedicado este filósofo anglosajón treinta años de su vida.

Y Grayling no es un filósofo cualquiera. Profesor de filosofía de la Universidad de Londres, educado en Oxford, ha publicado más de veinte libros sobre filosofía. Ha sido columnista de The Guardian y The Times, dos de los periódicos anglosajones más importantes, además de ser locutor en varias emisoras de radio. Es editor de varias publicaciones académicas y en 2003 fue miembro del jurado del Premio Man Booker, y fue miembro del Foro Económico Mundial, parte del grupo de mediación entre Occidente y el mundo islámico. También es miembro de la Sociedad Real de Literatura y de la Sociedad Real de las Artes, y fue durante diez años el Secretario Honorífico de la Sociedad Aristotélica, la asociación filosófica más relevante del Reino Unido. En resumen, si alguien iba a construir una biblia para no creyentes, este autor tiene todos los credenciales necesarios. Es curioso que, tal vez para no distraer al lector en su reflexión, estos versículos ateos no incluyan referencia alguna al autor de cada cita, por lo que varios críticos han comentado que su lectura es imposible sin tener una pantalla de ordenador al lado, convenientemente aparcada en Google o algún buscador similar.

¿Y usted qué opina?

Tribunal Declara Culpable De Explotación Sexual A Sacerdote De Melipilla

jueves 5 de mayo del 2011

El Tribunal Oral en lo Penal de Melipilla declaró culpable de cuatro delitos de explotación sexual de adolescentes y almacenamiento de material pornográfico infantil al ex párroco de esa ciudad Ricardo Muñoz Quintero, mientras que su pareja Pamela Ampuero Escobar, fue encontrada culpable de dos delitos de explotación sexual de adolescentes y uno reiterado de abuso sexual a una menor de nueve años.



La decisión de tribunal se tomó tras dos semanas de juicio oral en donde el Ministerio Público logró acreditar alguno de los delitos por los cuales acusó al sacerdote.

Para esto fue fundamental la confesión de la pareja del cura, quien reconoció al tribunal haber conseguido menores de edad para mantener relaciones con Muñoz Quintero en distintos moteles de la zona sur de la capital. Además que en estos lugares las niñas eran fotografiadas y que sus imágenes eran difundidas a través de internet.

Ambos fueron absueltos por los delitos de producción de material pornográfico infantil y del cargo de abuso sexual en contra de su pequeña hija de cuatro años.

El tribunal oral determinó que el próximo 13 de mayo se conocerá la sentencia en contra del clérigo y la mujer, para quienes la fiscalía pidió penas de 15 años de cárcel.

Durante el juicio el condenado reconoció haber mantenido relaciones sexuales con mujeres, pero dijo haber desconocido que se trataba de menores de edad, responsabilizando a su mujer de los hechos.

En total el Ministerio Público presentó ocho casos de relaciones sexuales con menores de 16 y 17 años, a quienes pagaba sumas entre $ 30 mil y $ 40 mil pesos. La investigación también determinó que hubo abuso a una niña de 4 años que finalmente resultó ser hija de los condenados, cargo que fue desestimado por el tribunal.

Fuente:
http://noticias.123.cl/noticias/20110505_2bf2038c56c10c5c3964d2c99815d4aa.htm

ESTO QUE HAS VISTO,  DIFÚNDELO…


Beatificando la pedofilia, la homofobia, la misoginia

miércoles 4 de mayo del 2011

Ese populista reaccionario, fanático e hipócrita que fue el Papa Juan Pablo II ya está un paso más cerca de su anunciada santificación. Ya es beato.
De nada ha servido las airadas denuncias de las victimas de su íntimo amigo Marcial Maciel, el pedófilo fundador de los Legionarios de Cristo, las evidencias de su febril persecución de cualquier intento de renovación dentro de la Iglesia que les alejase de los ricos y poderosos y les acercase a los pobres, su maníaco apoyo a toda una serie de nuevas sectas dentro de la Iglesia dirigidas al dinero, al poder, a la represión y a deshacer cualquier avance que su bestia negra, el Concilio Vaticano II, hubiese intentado conseguir. Juan Pablo II, adoctrinado por su mentor, el actual Papa Benedicto XVI, convirtió la destrucción de todo aquél que quisiese estar al lado de los pobres y enemistado con los ricos en su prioridad y buscó nuevos aliados en esa tarea. Como explica magníficamente Jesús Rodríguez, autor del libro La confesión. Las extrañas andanzas de Marcial Maciel y otros misterios de la Legión de Cristo (Debate), en este artículo oportunamente titulado El aliado oscuro de Juan Pablo II:
Un catolicismo de resistencia. Ese era el proyecto que ofrecía el nuevo Papa en un tiempo de incertidumbres. Para su batalla, necesitaba un ejército incondicional. Ya no le valían los franciscanos, dominicos o jesuitas. Estaban demasiado comprometidos con los pobres. Fronterizos con el marxismo. Enemistados con los poderosos. Wojtyla encontró sus nuevos reclutas en elOpus, los KikosLumen Dei, los carismáticosComunión y Liberación,SchoenstattSan Egidio y en la Legión de Cristo. Juntos se montaron en la máquina del tiempo y rebobinaron hasta los años cincuenta. Hasta una Iglesia con un poder centralizado, sin lugar para la disidencia. Y decidieron que esa era la Iglesia de fin de siglo; la que tenía que reevangelizar el planeta. Maciel sería uno de los mariscales de campo.
Gracias a Juan Pablo II la Iglesia volvió a ser una lucrativa empresa al servicio de los poderosos, junto a los poderosos, dirigiendo a los poderosos. Y si en el camino había que mirar hacia el otro lado mientras su “mariscal” Maciel abusaba de niño tras niño, pues se hacía.
Y eso que en su pontificado tuvo como prioridad perseguir a los homosexuales, el aborto o la libertad de las mujeres y el uso del condón o el sexo fuera del matrimonio.  Nunca lo hizo dentro de la Iglesia, donde tenía ingentes masas de usuarios y usuarias de los tres “pecadillos”. Juan Pablo II fue un Papa extraorinariamente hipócrita y populista. A pesar de las reiteradas denuncias contra su amigo e ídolo Marcial Maciel, bloqueó duramente cualquier investigación o proceso contra el pedófilo fundador de los Legionario de Cristo.
Así que hay que entender que esa es la dirección que la Iglesia quiere tomar. Corrupción sobre corrupción, basura sobre basura, arcada sobre arcada. Católicos, Apestólicos y Robamos.
P.D.: Para completar el retrato, recomiendo la lectura de esta columna de la periodistaNicole Thibon para la sección de opinión Dominio Público que titula El beato Juan Pablo II.

Fuente:
http://blogs.publico.es/shangaylily/2011/05/01/beatificando-la-pedofilia-la-homofobia-la-misoginia/

ESTO QUE HAS VISTO,  DIFÚNDELO….


Las brujas ¡vaya timo!

Tenía pendiente leer dos libros de la colección ¡Vaya timo! editado por Laetoli. Uno de ellos, del que ya he dado buena cuenta es “Las brujas ¡vaya timo!“.

El libro sigue el estilo que caracteriza la colección (aunque hay dos excepciones), es decir, libros amenos, cortos y contundentes en su argumentación. En este, caso el autor, Manuel Bear, nos propone un viaje por el mundo de las brujas.

El libro está claramente dividido en dos partes. Vaya por delante que el libro como reconoce el autor no pretende demostrar que las brujas no existen, porque esto es algo obvio(ya verás como viene alguien diciendo que sí que existen). En la primera de ellas, Manuel hace un recorrido por la historia de las brujas y la caza a las que se vieron sometidas. Lo cual nos lleva a los tiempos de la Inquisición y a sus “juicios”, una época oscura, en la que la acusación de alguien era suficiente para aceptar la culpabilidad de esa persona. Evidentemente los testimonios de los acusados difícilmente pueden probar nada sobre la realidad de las brujas puesto que todos fueron obtenidos bajo tortura. Se condenó a gente por las creencias retorcidas de la mayoría.

En la segunda parte del libro, lo que se nos ofrece es un recorrido para entender de donde sale la actual visión de las brujas que poco tienen que ver con la verdadera historia que se nos ha contado en la primera parte. Aquí los errores de bulto, la credulidad y la imaginación desbocada han sido los que han ido configurando este mito.

Resumiendo, un buen libro, ameno e interesante. Para los interesados en estos temas puede ser un primer punto para iniciarse en el mismo, si luego se quiere más se puede indagar a través de la bibliografía que propone el autor.

Ismael Pérez Fernández.

Martes, 3 de Mayo de 2011

La ilegalización de Bildu

Las candidaturas de Bildu han sido ilegalizadas por el Tribunal Supremo. Veremos qué dicen el Constitucional o Estrasburgo.
Los expertos pueden argumentar si la ilegalización es conforme o no a derecho, dadas las leyes que tenemos, ley de partidos incluida. Todos podremos argumentar si queremos o no leyes que tengan estas consecuencias.
Pero incluso los expertos no están de acuerdo. La sentencia del Tribunal Supremo salió por nueve votos a favor y seis en contra. Uno espera que decisiones de este calibre sean más unánimes. ¿Por qué no se deduce fácilmente de la ley de partidos que Bildu debe ser ilegalizada? ¿Por qué las posiciones de los jueces dependen, no de una interpretación virtuosa de la ley -como correspondería a jueces tan importantes- sino de su sabida tendencia ideológica?
El derecho al sufragio activo y pasivo es uno de los fundamentales en democracia. Sólo razones de peso, de mucho peso, pueden recortar tal derecho. Esto se podría garantizar, por ejemplo, pidiendo una mayoría de 2/3 entre los jueces del Tribunal Supremo, mayorías que se piden en el legislativo para temas de importancia semejante. Fuera de ese consenso debería regir el “in dubio pro reo”.
Para votar ideológicamente ya está el parlamento. El que no hayamos ganado nada por dejar esta cuestión en manos de los jueces dice algo acerca de lo mal que están separados los poderes en España.

El Universo no está hecho para nosotros

Desde que empezamos a preguntarnos sobre el Universo, el ser humano ha sentido el irrefrenable deseo de pensar que éste está hecho para nosotros, pero nada más lejos de la verdad, lo que hemos ido descubriendo ha ido refutando nuestras creencias una y otra vez. Dejemos que sea Carl Sagan el que hable de esto:

Ismael Pérez Fernández

Un silencio Inquietante

Estamos ante un libro tremendamente especulativo y a la par interesante. “Un silencio inquietante” trata sobre el proyecto SETI, que son las siglas en ingles de Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre.

El autor, Paul Davies, nos brinda en los primeros compases del libro un resumen del proyecto SETI, así como algunas críticas, para a continuación lanzarse al campo de la especulación. Davies propone que la búsqueda debe ampliarse y no quedarse sólo en el intento de encontrar señales de radio provenientes de otras civilizaciones. El primer dilema al que se enfrenta es a si el surgimiento de la vida es algo altamente improbable como pensaba Monod o un imperativo cósmico como afirma Christian de Duve. Normalmente se afirma que con lo grande que es el universo habrá innumerables planetas y por lo tanto la vida habrá surgido en otros mundos. En alguna ocasión ya he señalado que eso dependerá de lo probable que sea que surja la vida, o lo que es lo mismo, ese argumento confunde una causa necesaria con una causa suficiente. Davies propone buscar en la propia Tierra organismo que hubieran surgido en un proceso de biogénesis distinto al de resto de organismos que pueblan el planeta. Aunque el tema es muy especulativo, esta ha sido la parte que más me ha gustado del libro. Después de centrarse en la biología, Davies da el salto hacia la probabilidad de que surja la inteligencia en el cosmos, algo para lo que hay argumentos tanto en contra como a favor. Lo cierto es que si los temas son especulativos es porque precisamente no sabemos mucho al respecto.

Una vez que ha reflexionando sobre si la inteligencia es también un imperativo cósmico o no, Davies se dedica a proponer otras formas de buscar civilizaciones avanzadas, bueno, más bien superavanzadas, aquí todo se vuelve mucho más especulativo, y con las ideas y propuestas de Davies a veces se puede estar de acuerdo y a veces no, pero hay que reconocer que ayudan a plantear cuestiones que a lo mejor difícilmente nos plantearíamos.

Un libro especulativo, interesante y donde el autor escribe con honradez, es él mismo quien reconoce lo poco que se sabe del tema y que está dentro del campo de la especulación, aunque hace un esfuerzo por utilizar la información científica que se tiene hasta el momento ya que es la única manera de que la especulación pueda tener alguna, aunque sea mínima, validez.

Ismael Pérez Fernández.

Lunes, 2 de Mayo de 2011

Sí, Dios sanciona el genocidio en la Biblia.

“Pero en las ciudades de esos pueblos que el Señor, tu Dios, te dará como herencia, no deberás dejar ningún sobreviviente. Consagrarás al exterminio total a los hititas, a los amorreos, a los cananeos, a los perizitas, a los jivitas y a los jebuseos, como te lo ordena el Señor, tu Dios”
(Deuteronomio 20: 16-17)

Buscando información para una entrada sobre el libro de Josué (toda una oda al odio y la xenofobia inspirada por el “dios del amor”) me tope con la entrada de otro blog, vivificat, que me dejó tan estupefacto que esta va a ser más bien una respuesta a sus argumentos. El autor, al menos, es consciente de que lo que se narra en el Libro de Josué y muchas otras partes del Antiguo Testamento son auténticas barbaridades, el problema es que su intento de explicación es tan insatisfactorio que mientras sigamos afirmando que esos libros están inspirados por el creador del universo seguirán siendo una fuente de prejuicios y fanatismos. En primer lugar está bien recordar lo que dice el autor sobre que es la Biblia para la Iglesia Católica:
– Los libros recogidos en el canon exponen con CERTEZA y SIN NINGÚN ERROR lo que Dios quiere enseñarnos para nuestra salvación.
– Dios es el autor de estos libros y también lo es el hombre que redacta bajo la luz de Dios y según sus talentos y cualidades humanas.
A continuación os dejo unos fragmentos ilustrativos de esos libros inspirados por Dios y que nos exponen con certeza y sin error sus enseñanzas (traducción tomada de la página del Vaticano):
Números 25: 4-11El Señor dijo a Moisés: «Toma a todos los jefes del pueblo y cuélgalos (en otras traducciones dicen “empálalos”) públicamente delante del Señor, para que se aplaque la indignación del Señor contra Israel». Entonces Moisés dijo a los jueces de Israel: «Cada uno de ustedes matará a aquellos de sus hombres que se sometieron al Baal de Peor». Precisamente entonces, llegó un israelita trayendo una mujer madianita adonde estaban sus hermanos, a la vista de Moisés y de todos los israelitas, que lloraban a la entrada de la Carpa del Encuentro. Al ver esto, Pinjás, hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, se apartó de la comunidad y, tomando una lanza, siguió al israelita hasta la alcoba y allí los traspasó a los dos, al israelita y a la mujer, en pleno vientre. Entonces cesó la plaga que asolaba a los israelitas. Los que habían muerto a causa de la plaga fueron veinticuatro mil. Y el Señor dijo a Moisés: «Pinjás, hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, ha apartado mi ira de los israelitas, porque ha demostrado en medio de ellos un celo igual al mío. Por eso yo no acabé con los israelitas, dejándome llevar por mi celos.”
En este caso aparece como una orden directa de Dios a Moises (recordemos que se hablaban cara a cara en la tienda del encuentro e incluso algunos atribuyen al propio Moises la autoría del libro) la ejecución de los jefes de un pueblo extranjero con los que los israelitas habían tenido contacto, la causa es que este pueblo había contaminado a los israelitas con sus dioses y sus costumbres, para prevenir esa contaminación Dios había prohibido mantener relaciones ni pactos con ningún pueblo de la Tierra Prometida, había que condenar al exterminio a toda la población sin dejar supervivientes, como no se hizo así Dios castiga a los israelitas con una plaga. Gracias a que Pinjás atraviesa con su lanza a un israelita que mantenía relaciones con una extrajera Dios decide deponer su cólera, al menos eso es lo que dice el propio Dios a Moises.
Números 31: 14-18 “Moisés se irritó contra los comandantes del ejército y contra los oficiales de los regimientos de mil y cien soldados, que volvían de la expedición, y les dijo: «¿Por qué han perdonado la vida a todas las mujeres? Fueron ellas las que, por instigación de Balaam indujeron a los israelitas a ser infieles al Señor en el incidente de Peor, y por eso la comunidad del Señor fue azotada por la plaga. Por lo tanto, maten a todos los niños varones y a todas las mujeres que hayan tenido relaciones con un hombre. Perdonen, en cambio, a las jóvenes que no hayan tenido relaciones con un hombre.”
En la continuación de la historia, Moises, interlocutor directo de Dios, se irrita porque sus soldados no acabaron también con las mujeres de aquel pueblo “infiel”, tengamos en cuenta que las ordenes de Dios eran no dejar supervivientes, así que ordena acabar el trabajo exterminando a niños varones y mujeres no vírgenes, en ningún momento del libro la orden de Moises es desautorizada por Dios.
Deuteronomio 2: 31-34 “Entonces el Señor me dijo: «He decidido entregarte a Sijón con todo su país. Empieza la conquista apoderándose de su territorio». Sijón nos salió al paso con todas sus tropas, dispuesto a librarnos batalla en Iasá. Pero el Señor lo puso en nuestras manos y lo derrotamos, a él con sus hijos y todas sus tropas. Nos apoderamos de todas sus ciudades y las consagramos al exterminio, sacrificando a hombres, mujeres y niños, sin dejar ningún sobreviviente.”

Deuteronomio 3: 2-6 “Pero el Señor me advirtió: «No le tengas miedo, porque yo lo pondré en tus manos con todo su ejército y sus dominios. Trátalo de la misma manera que trataste a Sijón, el rey de los amorreos que habitaba en Jesbón». Efectivamente, el Señor, nuestro Dios, puso también en nuestras manos a Og, rey de Basán, con todo su ejército, y lo derrotamos hasta tal punto que no le quedó ni un sólo sobreviviente. Aquella vez nos apoderamos de todas sus ciudades. Las conquistamos todas, sin exceptuar ninguna: las sesenta ciudades del distrito de Argob, que pertenecía al reino de Og, en Basán. Todas ellas eran ciudades defendidas por altas murallas, puertas y cerrojos, sin contar las ciudades de los perizitas, que también eran muy numerosas. Y las consagramos al exterminio, como habíamos hecho con Sijón, rey de Jesbón, matando en cada ciudad a hombres, mujeres y niños.
De nuevo Dios ordena de forma directa a Moises que conquiste una serie de ciudades y que haga con ellas lo mismo que hizo en Sijón, es decir exterminar a toda la población, hombres, mujeres y niños.
Deuteronomio 13: 15-19 “Investiga el caso, examinalo e infórmate debidamente. Y si es verdad que la cosa es así, que se ha cometido semejante abominación (adorar a otros dioses), pasa sin compasión al filo de la espada a los habitantes de la ciudad, y conságrala al exterminio total con todo lo que hay en ella, incluido su ganado. Reúne luego todos sus despojos en medio de la plaza, e incendia la ciudad con todos esos despojos, como un holocausto para el Señor, tu Dios. Ella se convertirá para siempre en un montón de ruinas y nunca más será reconstruida. Y no retengas nada de lo que debe ser consagrado al exterminio. Así el Señor aplacará el ardor de su ira, se apiadará y tendrá misericordia de ti, y te multiplicará, como lo juró a tus padres, con tal que tú escuches la voz del Señor, tu Dios. observando los mandamientos que hoy te prescribo y haciendo lo que es recto a los ojos del Señor, tu Dios.
Esta se trata también de una orden directa de Dios que forma parte de una serie de leyes o mandamientos que Dios ha dictado a Moises ese día y le ha pedido poner por escrito y depositar junto al arca de la alianza, además de recogerlas en una roca erigida junto al Jordán. Entre los mandamientos que Dios les ha prescrito ese día, junto al exterminio de las ciudades paganas, está la condena a muerte a los adivinos e interpretes de sueños, matar a pedradas a los hijos rebeldes, libertinos y borrachos, matar a pedradas a las mujeres que se casan sin ser vírgenes, matar a pedradas a los secuestradores, matar a pedradas a los violadores y a la mujer violada si esta fue agredida en la ciudad y no gritó, regularización de la esclavitud, entre otras perlas divinamente inspiradas. Al final del Deuteronomio Moises muere pero es importante recordar como se insiste en este y los libros anteriores, repitiéndolo hasta el aburrimiento, que Dios le habla directamente a Moises, hablan cara a cara, son ordenes directas y parece que el Dios que inspira el texto esta especialmente interesado en que lo sepamos. Tras el Deuteronomio comienza el Libro de Josué, que se divide básicamente en dos partes, la primera es la descripción del genocidio de varios pueblos por parte de los israelitas y una segunda el reparto de las tierras conquistadas.
Josué 6: 17 “Ustedes consagrarán al Señor la ciudad (Jericó) con todo lo que hay en ella, exterminándola por completo. Quedarán con vida solamente Rajab, la prostituta, y todos los que estén con ella en su casa, porque ella ocultó a los emisarios que nosotros habíamos enviado.”

Josué 8:1-2, 24-27 “El Señor dijo a Josué: «¡No temas ni te acobardes! Reúne a todos los combatientes y prepárate para subir contra Ai. Yo te entrego al rey de Ai, a su pueblo, su ciudad y su territorio. Trátalos como trataste a Jericó y a su rey. Sin embargo, ustedes podrán retener como botín los despojos y el ganado. Además, tiende una emboscada detrás de la ciudad. […] Cuando Israel terminó de matar a los habitantes de Ai en campo abierto, en el desierto donde los habían perseguido, y cuando cayó hasta el último de ellos bajo los golpes de las espadas, todo Israel se volvió contra Ai y la pasó al filo de la espada. Los que murieron aquel día, entre hombres y mujeres, fueron doce mil, o sea, todos los habitantes de Ai. Y Josué no retiró la mano con que sostenía la jabalina hasta que consagró al exterminio a todos los habitantes de Ai. Israel retuvo como botín solamente el ganado y los despojos de la ciudad, según la orden que el Señor había dado a Josué.”

Josué 10: 28-40 “Aquel mismo día, Josué se apoderó de Maquedá y pasó al filo de la espada a la ciudad y a su rey, consagrándolos al exterminio junto con todos los seres vivientes que había en ella. No dejó a nadie con vida, y trató al rey de Maquedá como había tratado al rey de Jericó. Luego Josué, con todo Israel pasó de Maquedá a Libná y la atacó. El Señor puso a la ciudad y al rey en manos de Israel, que la pasó al fino de la espada con todos los seres vivientes que había en ella. No dejó a nadie con vida, y trató a su rey como había tratado al rey de Jericó. Después Josué, con todo Israel, pasó de Libná a Laquís, la asedió y la atacó. El Señor puso también a Laquís en manos de Israel, que la conquistó al segundo día, y la pasó al filo de la espada con todos los seres vivientes que había en ella, exactamente como había hecho con Libná. Mientras tanto, Horam, rey de Guézer, subió en ayuda de Laquís; pero Josué lo derrotó, a él y a su ejército, hasta no dejar ningún sobreviviente. Luego Josué, con todo Israel, subió de Eglón a Hebrón. La sitiaron, la atacaron, y ese mismo día la tomaron y la pasaron al filo de la espada. Aquel día Josué consagró al exterminio a todos los seres vivientes que había en la ciudad, exactamente como había hecho con Laquís. Después Josué, con todo Israel, subió de Eglón a Hebrón. La atacaron,
la tomaron, y pasaron al filo de la espada a la ciudad, a su rey, y a todos los seres vivientes que había en ella. Josué no dejó a nadie con vida, sino que hizo con ella lo mismo que había hecho con Eglón: consagró al exterminio a la ciudad y a todos los seres vivientes que había en ella. Luego Josué, con todo Israel, volvió atrás hasta Debir, la atacó, y se apoderó de la ciudad, de su rey y de todas sus otras ciudades. Los israelitas los pasaron al filo de la espada, y consagraron al exterminio a todos los seres vivientes que había en la ciudad, sin dejar a nadie con vida. Josué trató a Debir como había tratado a Hebrón y a su rey, y como había tratado a Libná y a su rey. Así Josué conquistó toda la región: la Montaña, con todos sus reyes. No dejó a nadie con vida, sino que consagró al exterminio a todos los seres vivientes, como el Señor, Dios de Israel, le había ordenado.

Josué 11: 10-15 “En aquel tiempo, Josué volvió atrás, se apoderó de Jasor y mató a su rey con la espada, porque Jasor había sido antiguamente la cabeza de todos aquellos reinos. También pasó al filo de la espada a todos los seres vivientes que había en ella, consagrándolos al exterminio total. No quedó nada con vida, y Jasor fue incendiada. Josué tomó asimismo todas las ciudades de aquellos reyes, y a estos últimos los capturó y los pasó al filo de la espada, consagrándolos al exterminio, como Moisés, el servidor del Señor, se lo había ordenado. Pero Israel no quemó ninguna de las ciudades que ahora vuelven a alzarse sobre sus ruinas, a excepción de Jasor, que fue la única incendiada por Josué. El botín de estas ciudades, incluido el ganado, se lo repartieron los israelitas; a las personas, en cambio, las pasaron al filo de la espada, hasta acabar con todos. No dejaron a nadie con vida. Josué se atuvo exactamente a las órdenes que le había dado Moisés –el servidor del Señor– órdenes que este, a su vez, había recibido del Señor. Y al ejecutarlas, no descuidó nada de lo que el Señor había ordenado a Moisés.
El final es muy ilustrativo, JOSUE SE ATUVO EXACTAMENTE A LAS ÓRDENES QUE LE HABÍA DADO MOISES, ÓRDENES QUE HABÍA RECIBIDO DEL SEÑOR. Recordemos que Dios y sus ángeles hablaban directamente con Josué, igual que hacían con Moises. Una vez conocido el contenido uno se pregunta ¿cómo hay que entender todo esto? y nuestro amigo de vivíficat nos da su solución:
En primer lugar nos recuerda que “la lectura de la Biblia, en la Iglesia Católica, se realiza bajo la guía del Papa y los obispos” y yo me pregunto ¿bajo la guía de que Papa en particular? ¿es más correcta la interpretación que de estos textos hace Benedicto XVI que la que podía hacer Lucio III o Sixto IV? al fin y al cabo el nuevo testamento estaba disponible para los tres ¿lo que Dios nos quiere enseñar es distinto en los tiempos anteriores al cristianismo, en el siglo I, el siglo XV y el siglo XXI? ¿estuvo equivocada la Iglesia desde que pasó de perseguida a perseguidora, es decir, desde el siglo IV hasta que se quemó al último hereje? (y eso supera de largo los mil años) ¿No será que la interpretación que hacemos del texto en cada momento evoluciona a medida que evolucionamos como sociedad y no al revés?
El autor del blog tiene al menos un párrafo que puedo suscribir totalmente, excepto en lo de considerar sagrado al autor:
“En el caso de la conquista de Jericó, el autor escoge el género de campaña militar, según la mentalidad de una época histórica en la que grupos humanos y tribus enteras pensaban que el derecho de conquista podría justificar la eliminación de las poblaciones vencidas. Además, el pueblo de Israel (y el autor sagrado es hijo de su pueblo) pensaba que ese derecho de conquista, como tantas otras tradiciones, venía directamente de Dios.”
¡Pues claro! este libro y el resto de la Biblia no deja de ser la obra de una o varias personas (normales y corrientes) que recoge una tradición oral en la que se mezcla la sombra de hechos del pasado lejano con sus supersticiones, creencias y prejuicios. Solo hay que leer a Heródoto o Tucídides para darse cuenta que el proceso seguido por el pueblo judío es igual al experimentado por el egipcio, el griego, el tracio, el persa o el escita. ¿que hace que la mitología judía deba tener una consdieración distinta a las mitologías del resto de la humanidad?
El autor continua diciendo que puesto que lo que aparece recogido es en ocasiones “simplemente eso, lo que pensaba y vivía un grupo humano en una etapa concreta de su historia”no debemos atenernos solo a la letra sino seguir otros criterios de interpretación.
– leer la Biblia a la luz de Cristo, que es el culmen de la revelación y centro del mensaje que Dios quiere transmitir a los hombres.
– Interpretar el texto del Antiguo Testamento, que contiene imperfecciones adaptadas a su tiempo, con la comprensión que recibe con el Nuevo Testamento.
Y yo me vuelvo a preguntar ¿Por que el Nuevo Testamento está exento de ser “simplemente lo que pensaba y vivía un grupo humano en una etapa concreta con imperfecciones adaptadas a su tiempo”? ¿por qué los milagros y la resurrección de Jesús no son también alegorías? ¿cuál es el argumento? ¿imperfecciones? ¿no habíamos quedado en que la Biblia recoge con certeza y sin NINGUN error lo que Dios quiere enseñarnos? ¿Por que Dios no envío a Jesús en lugar de a Moisés y dio el discurso de la montaña en el Sinaí y enseño a amar al enemigo, a no lapidar a la adúltera, etc, etc? Y es que tendrás que reconocer que con la primera versión lo del amor y la compasión no quedaba nada claro ¿tenían que pasar miles de años para darnos la clave que desencripta el primer mensaje? algo así como “eh chicos, que lo del genocidio era solo una metáfora poética referida al pecado, no me debí explicar con claridad, aquí os envío a mi muchacho, me lo torturais un poco, me lo ejecutais y así estais todos perdonados, a ver si así se entiende mejor”
Despues se dice que el cristianismo no es una “religión del libro” y por lo tanto no se puede sacar de un pasaje biblico una conclusión contraria a lo que entendemos en la lectura completa de la Biblia y de la Tradición. Aquí nos seguimos quedando con la duda de por qué el Nuevo Testamento tardó tanto en llegar y sobre todo como es posible que una vez que tenemos los dos Testamentos las conclusiones que las distintas generaciones han sacado al hacer la lectura completa han sido tan variadas. Desde las distintas doctrinas cristológicas de los primeros 400 años de cristianismo (que ya son años), homogeneizadas luego a sangre y fuego, eso sí, pasando por la inquisición, las cruzadas, el papel de la mujer en la sociedad, etc, etc… y de nuevo surge la pregunta ¿evoluciona la sociedad gracias a la religión o es esta la que se ve forzada a evolucionar a medida que lo hace la sociedad laica?
Aunque el cinismo envuelve cada párrafo este se lleva la palma:
“Desde la ayuda y la integración de otros pasajes bíblicos podemos llegar a una lectura correcta del libro de Josué. Si, además, vemos la Tradición viva de la Iglesia y las enseñanzas constantes de los Papas y de los obispos, aparece claramente que la Iglesia no ha defendido nunca un “derecho de conquista” que implique la destrucción completa de un pueblo, sino que más bien ha condenado siempre cualquier crimen de inocentes, también en tiempo de guerra, porque va contra el quinto mandamiento, y porque nadie debería apoyarse en la Biblia para justificar ninguna guerra de agresión ni, mucho menos, el exterminio de un pueblo.”
¿Que entiende el autor por “siempre”? porque yo estoy seguro de que este señor conoce las cruzadas, exterminio de hugonotes y otros herejes, torturas, hogueras, y guerras tachadas de “santas” por los pontífices de turno.
No hay nadie en su sano juicio que pueda dar por buenas las explicaciones que intentan dar un sentido al Antiguo Testamento, en el que las atrocidades no se limitan al libro de Josué, por cierto. Entiendo que los cristianos necesiten engañarse a ellos mismos pero ¿de verdad lo consiguen? Cuando uno lee el antiguo testamento el mensaje es claro, directo, no hay lugar para la duda, es xenofobia, opresión, una lista interminable de leyes injustas, amenazas constantes, castigos ejemplarizantes e indiscriminados, de rituales que rozan el chamanismo, sacrificio de toros, cabras, palomas, por la mañana, la tarde y la noche, sed de oro, plata, incienso y mucha sangre. ¿es todo una alegoría? ¿en serio el dios todopoderoso omnisciente creador del universo tenia un plan tan absolutamente torpe como para “inspirar” esos libros”?
A mi se me ocurre una explicación mucho más corta, ningún Dios inspiró esos libros, ni esos ni ninguno. Dios no existe y, sinceramente, no me siento en absoluto menos humano ni deshumanizante por pensar así, más bien todo lo contrario. ¿Que argumento, si es que hay al menos uno, se puede aducir para defender que el texto del Nuevo Testamento refleja una verdad histórica? ¿No es solo un acto de fe? que en lenguaje llano es igual a decir “porque me da la gana”. Mucha gente hace malabarismos por justificar la religión porque tiene pánico a que una sociedad sin dioses (y sobre todo sin sus amenazas) caiga en el caos. Creo que el número creciente de ateos y su comportamiento demuestra que eso no es así y que la construcción de una moral basada exclusivamente en el hombre es perfectamente posible.

La reflexión del domingo

Las convicciones son más enemigas de la verdad que las mentiras
~Friedrich Nietzsche~
Domingo, 21 de Agosto de 2011

Sí, Dios sanciona el genocidio en la Biblia.

"Pero en las ciudades de esos pueblos que el Señor, tu Dios, te dará como herencia, no deberás dejar ningún sobreviviente. Consagrarás al exterminio total a los hititas, a los amorreos, a los cananeos, a los perizitas, a los jivitas y a los jebuseos, como te lo ordena el Señor, tu Dios"
(Deuteronomio 20: 16-17)

Buscando información para una entrada sobre el libro de Josué (toda una oda al odio y la xenofobia inspirada por el "dios del amor") me tope con la entrada de otro blog, vivificat, que me dejó tan estupefacto que esta va a ser más bien una respuesta a sus argumentos. El autor, al menos, es consciente de que lo que se narra en el Libro de Josué y muchas otras partes del Antiguo Testamento son auténticas barbaridades, el problema es que su intento de explicación es tan insatisfactorio que mientras sigamos afirmando que esos libros están inspirados por el creador del universo seguirán siendo una fuente de prejuicios y fanatismos. En primer lugar está bien recordar lo que dice el autor sobre que es la Biblia para la Iglesia Católica:

- Los libros recogidos en el canon exponen con CERTEZA y SIN NINGÚN ERROR lo que Dios quiere enseñarnos para nuestra salvación.

- Dios es el autor de estos libros y también lo es el hombre que redacta bajo la luz de Dios y según sus talentos y cualidades humanas.

A continuación os dejo unos fragmentos ilustrativos de esos libros inspirados por Dios y que nos exponen con certeza y sin error sus enseñanzas (traducción tomada de la página del Vaticano):

Números 25: 4-11 "El Señor dijo a Moisés: «Toma a todos los jefes del pueblo y cuélgalos (en otras traducciones dicen "empálalos") públicamente delante del Señor, para que se aplaque la indignación del Señor contra Israel». Entonces Moisés dijo a los jueces de Israel: «Cada uno de ustedes matará a aquellos de sus hombres que se sometieron al Baal de Peor». Precisamente entonces, llegó un israelita trayendo una mujer madianita adonde estaban sus hermanos, a la vista de Moisés y de todos los israelitas, que lloraban a la entrada de la Carpa del Encuentro. Al ver esto, Pinjás, hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, se apartó de la comunidad y, tomando una lanza, siguió al israelita hasta la alcoba y allí los traspasó a los dos, al israelita y a la mujer, en pleno vientre. Entonces cesó la plaga que asolaba a los israelitas. Los que habían muerto a causa de la plaga fueron veinticuatro mil. Y el Señor dijo a Moisés: «Pinjás, hijo de Eleazar, hijo del sacerdote Aarón, ha apartado mi ira de los israelitas, porque ha demostrado en medio de ellos un celo igual al mío. Por eso yo no acabé con los israelitas, dejándome llevar por mi celos."

En este caso aparece como una orden directa de Dios a Moisés (recordemos que se hablaban cara a cara en la tienda del encuentro e incluso algunos atribuyen al propio Moisés la autoría del libro) la ejecución de los jefes de un pueblo extranjero con los que los israelitas habían tenido contacto, la causa es que este pueblo había contaminado a los israelitas con sus dioses y sus costumbres, para prevenir esa contaminación Dios había prohibido mantener relaciones ni pactos con ningún pueblo de la Tierra Prometida, había que condenar al exterminio a toda la población sin dejar supervivientes, como no se hizo así Dios castiga a los israelitas con una plaga. Gracias a que Pinjás atraviesa con su lanza a un israelita que mantenía relaciones con una extrajera Dios decide deponer su cólera, al menos eso es lo que dice el propio Dios a Moisés.

Números 31: 14-18 "Moisés se irritó contra los comandantes del ejército y contra los oficiales de los regimientos de mil y cien soldados, que volvían de la expedición, y les dijo: «¿Por qué han perdonado la vida a todas las mujeres? Fueron ellas las que, por instigación de Balaam indujeron a los israelitas a ser infieles al Señor en el incidente de Peor, y por eso la comunidad del Señor fue azotada por la plaga. Por lo tanto, maten a todos los niños varones y a todas las mujeres que hayan tenido relaciones con un hombre. Perdonen, en cambio, a las jóvenes que no hayan tenido relaciones con un hombre."

En la continuación de la historia, Moisés, interlocutor directo de Dios, se irrita porque sus soldados no acabaron también con las mujeres de aquel pueblo "infiel", tengamos en cuenta que las ordenes de Dios eran no dejar supervivientes, así que ordena acabar el trabajo exterminando a niños varones y mujeres no vírgenes, en ningún momento del libro la orden de Moisés es desautorizada por Dios.

Deuteronomio 2: 31-34 "Entonces el Señor me dijo: «He decidido entregarte a Sijón con todo su país. Empieza la conquista apoderándose de su territorio». Sijón nos salió al paso con todas sus tropas, dispuesto a librarnos batalla en Iasá. Pero el Señor lo puso en nuestras manos y lo derrotamos, a él con sus hijos y todas sus tropas. Nos apoderamos de todas sus ciudades y las consagramos al exterminio, sacrificando a hombres, mujeres y niños, sin dejar ningún sobreviviente."

Deuteronomio 3: 2-6 "Pero el Señor me advirtió: «No le tengas miedo, porque yo lo pondré en tus manos con todo su ejército y sus dominios. Trátalo de la misma manera que trataste a Sijón, el rey de los amorreos que habitaba en Jesbón». Efectivamente, el Señor, nuestro Dios, puso también en nuestras manos a Og, rey de Basán, con todo su ejército, y lo derrotamos hasta tal punto que no le quedó ni un sólo sobreviviente. Aquella vez nos apoderamos de todas sus ciudades. Las conquistamos todas, sin exceptuar ninguna: las sesenta ciudades del distrito de Argob, que pertenecía al reino de Og, en Basán. Todas ellas eran ciudades defendidas por altas murallas, puertas y cerrojos, sin contar las ciudades de los perizitas, que también eran muy numerosas. Y las consagramos al exterminio, como habíamos hecho con Sijón, rey de Jesbón, matando en cada ciudad a hombres, mujeres y niños.

De nuevo Dios ordena de forma directa a Moisés que conquiste una serie de ciudades y que haga con ellas lo mismo que hizo en Sijón, es decir exterminar a toda la población, hombres, mujeres y niños.

Deuteronomio 13: 15-19 "Investiga el caso, examinalo e infórmate debidamente. Y si es verdad que la cosa es así, que se ha cometido semejante abominación (adorar a otros dioses), pasa sin compasión al filo de la espada a los habitantes de la ciudad, y conságrala al exterminio total con todo lo que hay en ella, incluido su ganado. Reúne luego todos sus despojos en medio de la plaza, e incendia la ciudad con todos esos despojos, como un holocausto para el Señor, tu Dios. Ella se convertirá para siempre en un montón de ruinas y nunca más será reconstruida. Y no retengas nada de lo que debe ser consagrado al exterminio. Así el Señor aplacará el ardor de su ira, se apiadará y tendrá misericordia de ti, y te multiplicará, como lo juró a tus padres, con tal que tú escuches la voz del Señor, tu Dios. observando los mandamientos que hoy te prescribo y haciendo lo que es recto a los ojos del Señor, tu Dios.

Esta se trata también de una orden directa de Dios que forma parte de una serie de leyes o mandamientos que Dios ha dictado a Moisés ese día y le ha pedido poner por escrito y depositar junto al arca de la alianza, además de recogerlas en una roca erigida junto al Jordán. Entre los mandamientos que Dios les ha prescrito ese día, junto al exterminio de las ciudades paganas, está la condena a muerte a los adivinos e interpretes de sueños, matar a pedradas a los hijos rebeldes, libertinos y borrachos, matar a pedradas a las mujeres que se casan sin ser vírgenes, matar a pedradas a los secuestradores, matar a pedradas a los violadores y a la mujer violada si esta fue agredida en la ciudad y no gritó, regularización de la esclavitud, entre otras perlas divinamente inspiradas. Al final del Deuteronomio Moisés muere pero es importante recordar como se insiste en este y los libros anteriores, repitiéndolo hasta el aburrimiento, que Dios le habla directamente a Moisés, hablan cara a cara, son ordenes directas y parece que el Dios que inspira el texto esta especialmente interesado en que lo sepamos. Tras el Deuteronomio comienza el Libro de Josué, que se divide básicamente en dos partes, la primera es la descripción del genocidio de varios pueblos por parte de los israelitas y una segunda el reparto de las tierras conquistadas.

Josué 6: 17 "Ustedes consagrarán al Señor la ciudad (Jericó) con todo lo que hay en ella, exterminándola por completo. Quedarán con vida solamente Rajab, la prostituta, y todos los que estén con ella en su casa, porque ella ocultó a los emisarios que nosotros habíamos enviado."

Josué 8:1-2, 24-27 "El Señor dijo a Josué: «¡No temas ni te acobardes! Reúne a todos los combatientes y prepárate para subir contra Ai. Yo te entrego al rey de Ai, a su pueblo, su ciudad y su territorio. Trátalos como trataste a Jericó y a su rey. Sin embargo, ustedes podrán retener como botín los despojos y el ganado. Además, tiende una emboscada detrás de la ciudad. [...] Cuando Israel terminó de matar a los habitantes de Ai en campo abierto, en el desierto donde los habían perseguido, y cuando cayó hasta el último de ellos bajo los golpes de las espadas, todo Israel se volvió contra Ai y la pasó al filo de la espada. Los que murieron aquel día, entre hombres y mujeres, fueron doce mil, o sea, todos los habitantes de Ai. Y Josué no retiró la mano con que sostenía la jabalina hasta que consagró al exterminio a todos los habitantes de Ai. Israel retuvo como botín solamente el ganado y los despojos de la ciudad, según la orden que el Señor había dado a Josué."

Josué 10: 28-40 "Aquel mismo día, Josué se apoderó de Maquedá y pasó al filo de la espada a la ciudad y a su rey, consagrándolos al exterminio junto con todos los seres vivientes que había en ella. No dejó a nadie con vida, y trató al rey de Maquedá como había tratado al rey de Jericó. Luego Josué, con todo Israel pasó de Maquedá a Libná y la atacó. El Señor puso a la ciudad y al rey en manos de Israel, que la pasó al fino de la espada con todos los seres vivientes que había en ella. No dejó a nadie con vida, y trató a su rey como había tratado al rey de Jericó. Después Josué, con todo Israel, pasó de Libná a Laquís, la asedió y la atacó. El Señor puso también a Laquís en manos de Israel, que la conquistó al segundo día, y la pasó al filo de la espada con todos los seres vivientes que había en ella, exactamente como había hecho con Libná. Mientras tanto, Horam, rey de Guézer, subió en ayuda de Laquís; pero Josué lo derrotó, a él y a su ejército, hasta no dejar ningún sobreviviente. Luego Josué, con todo Israel, subió de Eglón a Hebrón. La sitiaron, la atacaron, y ese mismo día la tomaron y la pasaron al filo de la espada. Aquel día Josué consagró al exterminio a todos los seres vivientes que había en la ciudad, exactamente como había hecho con Laquís. Después Josué, con todo Israel, subió de Eglón a Hebrón. La atacaron,
la tomaron, y pasaron al filo de la espada a la ciudad, a su rey, y a todos los seres vivientes que había en ella. Josué no dejó a nadie con vida, sino que hizo con ella lo mismo que había hecho con Eglón: consagró al exterminio a la ciudad y a todos los seres vivientes que había en ella. Luego Josué, con todo Israel, volvió atrás hasta Debir, la atacó, y se apoderó de la ciudad, de su rey y de todas sus otras ciudades. Los israelitas los pasaron al filo de la espada, y consagraron al exterminio a todos los seres vivientes que había en la ciudad, sin dejar a nadie con vida. Josué trató a Debir como había tratado a Hebrón y a su rey, y como había tratado a Libná y a su rey. Así Josué conquistó toda la región: la Montaña, con todos sus reyes. No dejó a nadie con vida, sino que consagró al exterminio a todos los seres vivientes, como el Señor, Dios de Israel, le había ordenado.

Josué 11: 10-15 "En aquel tiempo, Josué volvió atrás, se apoderó de Jasor y mató a su rey con la espada, porque Jasor había sido antiguamente la cabeza de todos aquellos reinos. También pasó al filo de la espada a todos los seres vivientes que había en ella, consagrándolos al exterminio total. No quedó nada con vida, y Jasor fue incendiada. Josué tomó asimismo todas las ciudades de aquellos reyes, y a estos últimos los capturó y los pasó al filo de la espada, consagrándolos al exterminio, como Moisés, el servidor del Señor, se lo había ordenado. Pero Israel no quemó ninguna de las ciudades que ahora vuelven a alzarse sobre sus ruinas, a excepción de Jasor, que fue la única incendiada por Josué. El botín de estas ciudades, incluido el ganado, se lo repartieron los israelitas; a las personas, en cambio, las pasaron al filo de la espada, hasta acabar con todos. No dejaron a nadie con vida. Josué se atuvo exactamente a las órdenes que le había dado Moisés –el servidor del Señor– órdenes que este, a su vez, había recibido del Señor. Y al ejecutarlas, no descuidó nada de lo que el Señor había ordenado a Moisés.

El final es muy ilustrativo, JOSUE SE ATUVO EXACTAMENTE A LAS ÓRDENES QUE LE HABÍA DADO MOISES, ÓRDENES QUE HABÍA RECIBIDO DEL SEÑOR. Recordemos que Dios y sus ángeles hablaban directamente con Josué, igual que hacían con Moisés. Una vez conocido el contenido uno se pregunta ¿cómo hay que entender todo esto? y nuestro amigo de vivíficat nos da su solución:

En primer lugar nos recuerda que "la lectura de la Biblia, en la Iglesia Católica, se realiza bajo la guía del Papa y los obispos" y yo me pregunto ¿bajo la guía de que Papa en particular? ¿es más correcta la interpretación que de estos textos hace Benedicto XVI que la que podía hacer Lucio III o Sixto IV? al fin y al cabo el nuevo testamento estaba disponible para los tres ¿lo que Dios nos quiere enseñar es distinto en los tiempos anteriores al cristianismo, en el siglo I, el siglo XV y el siglo XXI? ¿estuvo equivocada la Iglesia desde que pasó de perseguida a perseguidora, es decir, desde el siglo IV hasta que se quemó al último hereje? (y eso supera de largo los mil años) ¿No será que la interpretación que hacemos del texto en cada momento evoluciona a medida que evolucionamos como sociedad y no al revés?

El autor del blog tiene al menos un párrafo que puedo suscribir totalmente, excepto en lo de considerar sagrado al autor:

"En el caso de la conquista de Jericó, el autor escoge el género de campaña militar, según la mentalidad de una época histórica en la que grupos humanos y tribus enteras pensaban que el derecho de conquista podría justificar la eliminación de las poblaciones vencidas. Además, el pueblo de Israel (y el autor sagrado es hijo de su pueblo) pensaba que ese derecho de conquista, como tantas otras tradiciones, venía directamente de Dios."

¡Pues claro! este libro y el resto de la Biblia no deja de ser la obra de una o varias personas (normales y corrientes) que recoge una tradición oral en la que se mezcla la sombra de hechos del pasado lejano con sus supersticiones, creencias y prejuicios. Solo hay que leer a Homero o a Heródoto para darse cuenta que el proceso seguido por el pueblo judío es igual al experimentado por el egipcio, el griego, el tracio, el persa o el escita. ¿que hace que la mitología judía deba tener una consideración distinta a las mitologías del resto de la humanidad?

El autor continua diciendo que puesto que lo que aparece recogido es en ocasiones "simplemente eso, lo que pensaba y vivía un grupo humano en una etapa concreta de su historia"no debemos atenernos solo a la letra sino seguir otros criterios de interpretación.

- leer la Biblia a la luz de Cristo, que es el culmen de la revelación y centro del mensaje que Dios quiere transmitir a los hombres.

- Interpretar el texto del Antiguo Testamento, que contiene imperfecciones adaptadas a su tiempo, con la comprensión que recibe con el Nuevo Testamento.

Y yo me vuelvo a preguntar ¿Por que el Nuevo Testamento está exento de ser "simplemente lo que pensaba y vivía un grupo humano en una etapa concreta con imperfecciones adaptadas a su tiempo"? ¿por qué los milagros y la resurrección de Jesús no son también alegorías? ¿cuál es el argumento? ¿imperfecciones? ¿no habíamos quedado en que la Biblia recoge con certeza y sin NINGUN error lo que Dios quiere enseñarnos? ¿Por que Dios no envío a Jesús en lugar de a Moisés y dio el discurso de la montaña en el Sinaí y enseño a amar al enemigo, a no lapidar a la adúltera, etc, etc? Y es que tendrás que reconocer que con la primera versión lo del amor y la compasión no quedaba nada claro ¿tenían que pasar miles de años para darnos la clave que desencripta el primer mensaje? algo así como "eh chicos, que lo del genocidio era solo una metáfora poética referida al pecado, no me debí explicar con claridad, aquí os envío a mi muchacho, me lo torturais un poco, me lo ejecutais y así estais todos perdonados, a ver si así se entiende mejor"

Despues se dice que el cristianismo no es una "religión del libro" y por lo tanto no se puede sacar de un pasaje biblico una conclusión contraria a lo que entendemos en la lectura completa de la Biblia y de la Tradición. Aquí nos seguimos quedando con la duda de por qué el Nuevo Testamento tardó tanto en llegar y sobre todo como es posible que una vez que tenemos los dos Testamentos las conclusiones que las distintas generaciones han sacado al hacer la lectura completa han sido tan variadas. Desde las distintas doctrinas cristológicas de los primeros 400 años de cristianismo (que ya son años), homogeneizadas luego a sangre y fuego, eso sí, pasando por la inquisición, las cruzadas, el papel de la mujer en la sociedad, etc, etc... y de nuevo surge la pregunta ¿evoluciona la sociedad gracias a la religión o es esta la que se ve forzada a evolucionar a medida que lo hace la sociedad laica?

Aunque el cinismo envuelve cada párrafo este se lleva la palma:

"Desde la ayuda y la integración de otros pasajes bíblicos podemos llegar a una lectura correcta del libro de Josué. Si, además, vemos la Tradición viva de la Iglesia y las enseñanzas constantes de los Papas y de los obispos, aparece claramente que la Iglesia no ha defendido nunca un “derecho de conquista” que implique la destrucción completa de un pueblo, sino que más bien ha condenado siempre cualquier crimen de inocentes, también en tiempo de guerra, porque va contra el quinto mandamiento, y porque nadie debería apoyarse en la Biblia para justificar ninguna guerra de agresión ni, mucho menos, el exterminio de un pueblo."

¿Que entiende el autor por "siempre"? porque yo estoy seguro de que este señor conoce las cruzadas, exterminio de hugonotes y otros herejes, torturas, hogueras, y guerras tachadas de "santas" por los pontífices de turno.

No hay nadie en su sano juicio que pueda dar por buenas las explicaciones que intentan dar un sentido al Antiguo Testamento, en el que las atrocidades no se limitan al libro de Josué, por cierto. Entiendo que los cristianos necesiten engañarse a ellos mismos pero ¿de verdad lo consiguen? Cuando uno lee el antiguo testamento el mensaje es claro, directo, no hay lugar para la duda, es xenofobia, opresión, una lista interminable de leyes injustas, amenazas constantes, castigos ejemplarizantes e indiscriminados, de rituales que rozan el chamanismo, sacrificio de toros, cabras, palomas, por la mañana, la tarde y la noche, sed de oro, plata, incienso y mucha sangre. ¿es todo una alegoría? ¿en serio el dios todopoderoso omnisciente creador del universo tenia un plan tan absolutamente torpe como para "inspirar" esos libros"?

A mi se me ocurre una explicación mucho más corta, ningún Dios inspiró esos libros, ni esos ni ninguno. Dios no existe y, sinceramente, no me siento en absoluto menos humano ni deshumanizante por pensar así, más bien todo lo contrario. ¿Que argumento, si es que hay al menos uno, se puede aducir para defender que el texto del Nuevo Testamento refleja una verdad histórica? ¿No es solo un acto de fe? que en lenguaje llano es igual a decir "porque me da la gana". Mucha gente hace malabarismos por justificar la religión porque tiene pánico a que una sociedad sin dioses (y sobre todo sin sus amenazas) caiga en el caos. Creo que el número creciente de ateos y su comportamiento demuestra que eso no es así y que la construcción de una moral basada exclusivamente en el hombre es perfectamente posible.
Domingo, 1 de Mayo de 2011

Juan Pablo II cerró el infierno pero mantuvo al demonio Marcial Maciel

En momentos donde se habla de la beatificación de Juan Pablo II muchos recuerdan que este papa, contrariando a muchos anteriores afirmó que el infierno no existe.

Afrima el columnista colombiano Julio César Londono en El Espectador:

“En lo referente al dogma, introdujo una novedad más trascendente que la aceptación de la fabilidad papal, debida al innovador Juan XXXIII, al declarar urbi et orbi que el cielo y el infierno eran estados de conciencia, no lugares físicos.

La pregunta que nos hemos hecho todos estos años los teólogos y los columnistas es: ¿qué fue, entonces, del alma de Juan Pablo II después de su muerte? Cerrados ya el cielo y el infierno, es lícito suponer que su alma vagó como un barco en un mar sin orillas, como la pobre Marie Simon en los difusos laberintos del parkinson, hasta que SS Benedicto volvió a abrirlos en un súbito rapto de lucidez. Una grey sin infierno, debió pensar, es tan peligrosa como un país sin cárceles.

¿Dónde estará Juan Pablo II ahora? Quizá purga sus herejías en un limbo de escarnio. O se arrellana a la diestra de un Padre que ya perdonó sus errores. O gira per secula seculorum en la rueda del eterno retorno. O canta, reencarnado en almuecín, la magnificencia de Alá. O acata, humildísimo y orgánico, las leyes de la materia corruptible.”

Pero sin duda el aspecto más oscuro de Juan Pablo II fue el encubrimiento del sacerdote pederasta Marcial Maciel.

El lado oscuro de Juan Pablo II

Por: Jesús Rodríguez

‘Y a usted, padre, ¿cuándo le vino la idea de crear la Legión?’, le preguntó Juan Pablo II a Marcial Maciel la primera vez que cenaron juntos en el comedor privado del Santo Padre. La respuesta de Maciel fue inmediata: ‘Santidad, a los 15 años ya tenía claro que quería crear una congregación de sacerdotes para instaurar el reino de Cristo en la sociedad’. El Papa reflexionó y continuó: ‘Pues sabe usted, padre Maciel, yo a los 15 años aún no había sido ordenado y no se me pasaba por la cabeza llegar a ser Papa’. Según un religioso que presenció la conversación, tras esa frase del Papa los dos rompieron a reír. El Papa siempre admiró a Maciel esa seguridad absoluta que tenía en su misión. Sabía que iba ser de una fidelidad absoluta.

Cuando Wojtyla accedió al papado en 1978, Maciel ya era pederasta. Ya había tenido relaciones con mujeres; ya sufría una adicción a los opiáceos y llevaba décadas de manejos económicos. Controlaba con mano férrea a sus chicos presos en su particular voto de silencio; era señor de mentes y haciendas en la Legión de Cristo. Pero todo su poder poco tenía que ver con lo que conseguiría de la mano del nuevo pontífice. En 1978, la Legión de Cristo era apenas una congregación profundamente conservadora creada por un ambicioso sacerdote mexicano, que aún no tenía aprobadas sus Constituciones, secretista, poderosa en México y con presencia entre las élites reaccionarias de España, Italia, Irlanda y EE UU. Con Juan Pablo II, Marcial Maciel conseguiría una influencia que nunca pudo imaginar.

Y más aún arrastrando su oscuro pasado del que nadie al parecer se percató. Maciel era un genio como recaudador, sus seminarios estaban llenos y presumía de no ir ni un paso atrás ni delante del Papa. Y, por si fuera poco, apoyaba económicamente a Solidaridad, el sindicato católico creado en Polonia en 1980 y dirigido por Lech Walesa que estaba minando los cimientos del régimen comunista de parte del nuevo Papa.

Durante el papado de Wojtyla, la Legión sería la congregación católica de mayor crecimiento. Cuando Wojtyla llegó al Vaticano, contaba con 100 sacerdotes. A su muerte tenía 800 y más de 2.000 seminaristas repartidos en 124 casas por todo el mundo. Universidades en México, Chile, Italia y España; facultades de Teología, Filosofía y Bioética. Más de 130.000 alumnos. Y 20.000 empleados en su grupo económico Integer. La cifra que más se ha repetido sobre el valor de los activos de la Legión en los últimos años es de 25.000 millones de euros.

Después de un Papa de dudas como Pablo VI, llegó en 1978 Karol Wojtyla, un Papa de certezas. Procedente de la siempre fiel Polonia. Como México. Un catolicismo de resistencia. Ese era el proyecto que ofrecía el nuevo Papa en un tiempo de incertidumbres. Para su batalla, necesitaba un ejército incondicional. Ya no le valían los franciscanos, dominicos o jesuitas. Estaban demasiado comprometidos con los pobres. Fronterizos con el marxismo. Enemistados con los poderosos. Wojtyla encontró sus nuevos reclutas en el Opus, los Kikos, Lumen Dei, los carismáticos, Comunión y Liberación, Schoenstatt, San Egidio y en la Legión de Cristo. Juntos se montaron en la máquina del tiempo y rebobinaron hasta los años cincuenta. Hasta una Iglesia con un poder centralizado, sin lugar para la disidencia. Y decidieron que esa era la Iglesia de fin de siglo; la que tenía que reevangelizar el planeta. Maciel sería uno de los mariscales de campo.

Sus trayectorias eran casi gemelas. Habían nacido en 1920, con dos meses de diferencia, en el seno de familias conservadoras, rurales y de clase media. Criados en un catolicismo piadoso, vigoroso, excluyente, muy de resistencia política y unido al sentimiento nacional de México y Polonia. Vivirían momentos de opresión religiosa durante su niñez que les educaría en un catolicismo de batalla. Las madres de ambos, Emilia y Maurita, serían el amor de su vida; la clave de su adoctrinamiento religioso, su modelo. Las mujeres tenían que ser para ellos madres y esposas. Y transmisoras del catecismo. Como sus madres.

Según Maciel en su libro Mi vida es Cristo, Juan Pablo II y él se conocieron en enero de 1979, dos meses después de que Wojtyla fuera elegido sucesor de san Pedro. Al nuevo Papa se le metió en la cabeza que su primer acto de masas fuera de Italia tenía que ser en México, un país con más de 80 millones de católicos en las puertas de EE UU y la Centroamérica de la Teología de la Liberación. Había que arrebatar América a las garras del comunismo.

En enero de 1979, Wojtyla estaba decidido a realizar ese viaje. Pero el Gobierno mexicano no lo tenía tan claro. México y la Santa Sede no mantenían relaciones diplomáticas. México era un Estado profundamente laico con una constitución anticlerical. Pero a la vez contaba con un catolicismo muy emocional, de sangre. Su legislación implicaba que en el caso de que Juan Pablo II visitara México, no lo podría hacer como jefe de Estado, sino como un ‘turista ilustre’; no sería invitado oficialmente por el presidente José López Portillo. No podría celebrar la misa en espacios abiertos. Con su apuesta de visitar México, Wojtyla se la jugaba. Justo al comienzo de su pontificado.

En esto apareció Maciel. Dentro de la red de amistades que el fundador de los legionarios había tejido en México estaban Rosario Pacheco y Margarita y Alicia López Portillo. Católicas, ricas y madre y hermanas del presidente mexicano, José López Portillo. Maciel era el confesor de doña Rosario. Habló con ellas. Y ellas con el presidente. Se obró el milagro. López Portillo invitaría al Papa y le recibiría en el aeropuerto. Juan Pablo estaría autorizado a decir misa al aire libre ante cientos de miles de fieles. Y la visita sería transmitida por televisión.

Wojtyla nunca olvidaría aquel fino trabajo. A nadie en Roma le importó que corrieran los rumores contra el superior de los legionarios; que en algún rincón de la curia se escondiera un grueso dossier sobre sus andanzas. Juan Pablo II las ignoró. Y durante casi tres décadas no dejó de recompensar la lealtad de Maciel.

En los años siguientes, Wojtyla aprobaría las Constituciones de la Legión sin cambiar una coma, ordenaría en el Vaticano a 59 legionarios e invitaría a Maciel a fiscalizar varios sínodos de obispos en Europa y Latinoamérica. Favoreció la creación de la universidad pontificia de los legionarios en Roma y la implantación de la congregación en Chile. Y llegó a definir a Maciel como ‘guía eficaz para la juventud’.

Y cuando las cosas se comenzaron a poner mal para Maciel tras la publicación en The Hartford Courant de las primeras denuncias por abusos sexuales, en febrero de 1997, el Papa hizo oídos sordos. En uno de los últimos actos de la Legión que presidió al final de su vida, Wojtyla aún homenajearía a los miembros de la Legión de Cristo elevando la voz y sobreponiéndose a su enorme debilidad: ‘Se nota, se siente, los legionarios están presentes’.

Cuando el obispo mexicano Carlos Talavera entregó en 1999 una carta al cardenal Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y hoy Papa, que detallaba los abusos de Maciel sobre el exsacerdote legionario Juan Manuel Fernández Amenábar, la respuesta de Ratzinger fue concluyente, según declaró después ese mismo obispo: ‘Lamentablemente, no podemos abrir el caso del padre Maciel porque es una persona muy querida del santo padre, ha ayudado mucho a la Iglesia y lo considero un asunto muy delicado’.

Tendría que morir Juan Pablo II en abril de 2005 para que el affaire Maciel se reactivase. Y ya nada podría salvarle de la condena. El fuego eterno lo tenía asegurado.

¿A dónde ascendió Jesús?

Después de la improbable resurrección vino la muy improbabale ascención (hagan los cálculos de las probabilidades de ambos eventos y multipliquénlos).

Esta viñeta aparecida en el blog Tierra Sucia nos pregunta a dónde ascendió Jesús.

El mayor milagro de Juan Pablo II

Viernes 29 de abril del 2010

El mayor milagro de Juan Pablo II


Ateísmo lógico

Lo que yo tampoco creo

Para mis alumnos (*)

© Alfonso Fernández Tresguerres
Publicado en El Catoblepas

Decía Tierno Galván que la diferencia entre el ateo y el agnóstico estriba en que el primero no quiere, en realidad, que Dios exista, en tanto que el segundo se limita a «no echar de menos a Dios», conformándose con «vivir en la finitud» y con la vida que le ha sido dada en este mundo. Y yo, que no me considero autorizado a ser portavoz de nadie, y tampoco del ateo, no dudo en sostener que tal afirmación es una solemne majadería. Al menos, en lo que a mí respecta, estaría encantado de que Dios existiera y no vivir en la finitud, porque a mí, como a Unamuno, no me da la gana morirme. El problema es que Dios no existe, y que lo que yo quiera o deje de querer en lo más mínimo le importa a este Universo que continuará su expansión hasta muchísimo tiempo después de yo me haya ido. Y añadiré, además, que no echo de menos a Dios, mas no por ser buen agnóstico, sino porque ¿cómo añorar a quien jamás se ha conocido? Y naturalmente que me conformo con la vida que tengo, inmersa en la finitud, pero, una vez más, no por agnóstico, sino porque no me queda otro remedio: de no conformarme, el resultado sería el mismo. Así que, mira por dónde, siendo ateo, poseo las características que Tierno demanda a un sano y sensato agnosticismo, e incumplo la que, según él, resulta esencial al ateo.
No. Las diferencias entre el ateo y el agnóstico estriban en que el segundo es escéptico en este asunto, y el primero, no. Si el agnóstico se mantiene en un estado de duda teórica (lo que es una redundancia, porque nunca la duda puede ser práctica: en último término, uno está obligado a decantarse por una cosa u otra; y en el caso que nos ocupa, el agnóstico, si en verdad lo es, no es posible que actúe en su diario acontecer más que como ateo, quiero decir que es de imaginar que vivirá como si Dios no existiera); y se mantiene en ese estado de duda a costa, seguramente, como sospecha Hanson, de infringir las normas del razonamiento lógico más elemental, el ateo sostiene, en cambio, que Dios no existe. Así de simple.

El diagnóstico que hace Tierno acerca de la diferencia entre el agnóstico y el ateo parece apoyarse, entre otras cosas, en Sartre, quien habría dicho que aunque Dios existiera, habría que ser ateo. Mas yo creo que el uso que hace de las palabras del filósofo francés es debido o a una mala interpretación o a una auténtica mala fe. Al menos, yo siempre he entendido que lo que en verdad Sartre quiere decir es que aunque Dios existiera, habría que renegar de Él, es decir, habría que ser antidios, oponerse a Él, del mismo modo que se puede ser anti muchas otras cosas y oponerse a ellas. Y el motivo, no es otro, seguramente que el problema del mal, incompatible, sin duda, con un Dios Omnipotente y Bueno que habiendo podido evitarlo, no lo ha hecho. Y de nada sirven los intentos agustinianos al respecto, argumentando, por ejemplo, que del mal obtiene Dios beneficios mayores («Dios escribe recto en renglones torcidos»), o que el mal es, en verdad, nada, no es una entidad o una sustancia, y, por tanto, algo que en modo alguno Dios haya podido crear, puesto que no es nada, sino mera apariencia, vacío, ausencia de bien (argumentos de defendidos antes por los estoicos; el segundo de ellos con un más que evidente anclaje en la participación platónica), o, por último, que el mal depende de la libertad humana; ninguno de tales intentos, repito, resuelven de forma convincente tal problema. Pero, a fin de cuentas, cuando nos metemos en esos vericuetos, tales como que si Dios ha podido evitar el mal y no ha querido hacerlo, entonces no es Bueno, y si ha querido y no ha podido, no es Omnipotente, y, finalmente, que si no ha querido ni ha podido, entonces ni en Bueno ni Omnipotente, no hay más que una solución lógica: sencillamente, Dios no existe.

Por supuesto, no hay experiencia alguna ni evidencia de ningún tipo que demuestre la existencia de Dios, ni tampoco argumento alguno capaz de hacerlo. Ni el de san Anselmo, quien, partiendo de la Idea de Dios como la del ser que reúne todas las perfecciones y dando por supuesto que la existencia en la realidad es una perfección, concluirá afirmando que negar a Dios tal perfección supone incurrir en una contradicción. Argumento que, en efecto, nada prueba, porque es lo cierto que ni la existencia es una perfección (algo que perfeccione una esencia) ni aun admitiendo que lo fuese, existe contradicción alguna en afirmar que el Ser Perfectísimo únicamente existe como Idea, puesto que si se le niega la existencia no se está negando un solo atributo, sino todos, es decir, se está afirmando, sencillamente, que no existe un ser que posea las perfecciones que se atribuyen a Dios, o lo que es lo mismo, que Dios sólo existe como Idea. Ni tampoco las conocidas vías tomistas, en las que, establecido que el Universo en su conjunto es contingente, se sostiene que su existencia únicamente puede explicarse mediante la de un Ser Necesario, que, gratuitamente, se identifica con Dios (mas no un Dios cualquiera, claro, sino, justamente, el Dios del cristianismo), como si repugnara más a la razón la existencia de una materia eterna que la de un Ser personal igualmente eterno, siendo así que más bien sucede al contrario, no pudiendo hacerse la identificación que el Doctor Angélico sugiere más que apelando a la fe (Más aún: recientemente, Stephen Hawking ha argumentado que el Universo ha podido muy bien generarse a partir de la nada). O estableciendo, igualmente (siguiendo la causa eficiente de Aristóteles), que todas las cosas de este mundo, y el mundo en su conjunto, forzosamente han de tener una causa, hasta llegar a defender una excepción: la existencia de una Causa Incausada, que de nuevo, sin razón alguna, se identifica con Dios, que se convierte así en causa sui, lo que Santo Tomás considera absurdo referido a cualquier otra cosa, ya que por fuerza, si es causa sui, necesariamente ha de ser anterior a sí misma, mas no en el caso de Dios.

Immanuel Kant (1724-1804)

Lo cierto es que derruidas por Kant las pretensiones de la Ontoteología, muy pocos son los que han vuelto a defender argumentos, supuestamente demostrativos, de este tipo, y los que desde entonces maneja el teísmo discurren por otros cauces; alguno de los cuales es abierto, precisamente, por el propio Kant. Me refiero a aquello de que es necesario postular la existencia de Dios como una exigencia del mundo moral (lo que, dicho sea entre paréntesis, resulta incongruente, me parece a mí, con su propia doctrina de la moralidad), o afirmando, como harán otros, que si Dios no existe, la vida no tiene el menor sentido, &c. Argumentaciones, a lo que yo entiendo, de una extremada debilidad, puesto que para actuar moralmente me basta y me sobra con el dictado de mi racionalidad, y el que la vida tenga o no tenga sentido es cuestión tan confusa como metafísica, porque a saber qué es eso del sentido de la vida, y porque, en cualquier caso, cada cual puede hallarlo en las ocupaciones más variopintas.

De manera que si no existe la menor evidencia de la existencia de Dios, al no existir experiencia alguna que la constate ni argumento de ninguna clase que lo demuestre, lo más lógico es concluir que Dios no existe. Creo que en esto Hanson tiene razón. E incluso puedo estar de acuerdo con él en que el que no existan razones sólidas para pensar que una afirmación es verdadera, es en sí misma una buena razón para pensar que es falsa, y, por tanto, una vez examinadas todas las pruebas que se han propuesto para demostrar la existencia de Dios poniendo de relieve que ninguna de ellas es convincente, eso mismo es prueba suficiente de que Dios no existe. Pero creo que se puede ir algo más allá.

Norwood Russell Hanson (1924-1967)

Según Hanson (son sobradamente conocidos sus escritos El dilema del agnóstico y Lo que yo no creo) la proposición «Dios existe» no es analítica, sino sintética y de hecho, y, en consecuencia, no puede ser probada por la mera reflexión ni tampoco ser lógicamente demostrada. Pero eso significa que tampoco puede ser demostrado lo contrario, a saber: que Dios no existe. De tal manera, que la no existencia de Dios sólo cabe ser deducida de la imposibilidad del creyente para probar su existencia (tiene que demostrar quien afirma, y del hecho de que no pueda hacerlo se puede concluir que lo que afirma es falso). Tal es, si yo he entendido bien, la esencia de la recusación que hace Hanson del teísmo.

Mas, ¿por qué asegura que no se puede demostrar que Dios no existe? Veamos.

Una proposición del tipo Todo A es B puede ser falsada (bastaría con encontrar un A que no lo fuese), pero nunca plenamente verificada. En cambio, otra del tipo Algún A es B podría ser verificada (bastaría hallar un A que lo fuese), pero no puede ser falsada. Pues bien, la proposición «Existe Dios» posee el formato lógico de Algún A es B. Y es precisamente el hecho de que el creyente no haya logrado probar que es verdadera lo que permite concluir que es falsa. Mas nunca podrá el ateo, por sí mismo, demostrar que lo sea. Por eso resulta falaz, en opinión de Hanson, que tras mostrar el ateo la ausencia de prueba de que Dios exista, se le pida, a su vez, una prueba de que no existe, ya que tal prueba es imposible, como lo es probar que sea falsa la proposición Algún A es B. Y una prueba de ese tipo es, justamente, la que piden al ateo tanto el teísta como el agnóstico, sin advertir (y en ocasiones sin advertirlo, para su desconcierto, el ateo mismo) que la prueba de que Dios no existe es que no hay prueba ni evidencia alguna de que exista. Si la evidencia es prueba de que existe, la no evidencia lo es de que no existe.

Y en concreto, el agnóstico es, en opinión de Hanson, absolutamente incongruente. Enfrentado al teísta, trata la proposición «Dios existe» como una cuestión de hecho, pero no probada, y por eso rehúsa adherirse a ella. Mas enfrentado al ateo, la aborda como una cuestión lógica del tipo Algún A es B, y, en consecuencia, le pide una prueba lógica de que Dios no existe; prueba que no puede darse, del mismo modo que no puede falsarse la proposición Algún A es B. Ahora bien, en estricta racionalidad habría que exigirle que jugara a lo mismo en los dos casos: si se decide por ser un coleccionista de hechos (como dice Hanson), entonces tiene que admitir que hay razones para negar la existencia de Dios (a saber: que no hay evidencia alguna de que exista); y si opta por actuar como un lógico, deberá admitir que si nunca se podrá establecer definitivamente que Dios no exista, entonces tampoco se podrá establecer definitivamente que exista. En ambos casos, si es coherente y usa su razón, se verá abocado al ateísmo, puesto que ni el ámbito de los hechos ni en el de la lógica existen sólidos fundamentos para sostener que Dios existe.

No es mi intención en erigirme aquí en defensor del agnóstico (más bien al contrario), pero me parece que si es incongruente tratando la proposición «Dios existe» de forma distinta, según se enfrente al teísta o al ateo, no acabo de entender por qué lo sería si decidiendo actuar como lógico en los dos casos concluyera que no se puede demostrar definitivamente ni la existencia ni la no existencia de Dios. Como quiera que sea, a mí me parece que la incongruencia del agnóstico estriba en no pedir a ambos (teísta y ateo) pruebas de los dos tipos, es decir, en el ámbito de los hechos y en el de la lógica. Así las cosas, es obvio que en el primero de ellos el teísta no dispone de prueba alguna que confirme la existencia de Dios, mas tampoco el ateo de que no exista. Si estamos tratando con un conjunto finito de elementos es posible falsar la proposición Algún A es B (simplemente mirando: por ejemplo demostrar que es falso que alguno de mis alumnos sea de Aragón), de igual modo que se podría verificar que Todo A es B (que todos mis alumnos tienen dos orejas). Pero es claro que si tratamos con un conjunto potencialmente infinito, ni cabe verificar Todo A es B ni falsar Algún A es B. Así, yo nunca podría falsar la afirmación de que hay un ser que es Dios, de la misma manera que no podría falsar que en mi casa vive una familia de duendes invisibles. La batalla contra el teísta no se puede librar en el terreno de los hechos. Ni el primero tiene prueba empírica alguna de la existencia de Dios ni el ateo podría probar que no existe un ser que es Dios, máxime cuando se trata de un ente que comienza por ser declarado invisible. Aun así, estoy de acuerdo con Hanson en que la ausencia de prueba empírica es prueba suficiente de su no existencia (de igual modo que del hecho de que no haya prueba alguna de que en mi casa habite una familia de duendes es prueba suficiente de que nos hay tales duendes). Pero creo que el ateo puede ir un poco más lejos. Porque pasando el terreno de la lógica (que es donde verdaderamente ha de librarse tal batalla), no es menos evidente que el teísta no puede demostrar que Dios exista, pero sostengo, en cambio, que el ateo puede demostrar que no existe. Es decir, sostengo que sí es posible falsar una proposición del tipo Algún A es B; falsarla no en el terreno de los hechos, pero sí en el de la lógica. Tratada como una cuestión que sólo pudiera resultar falsada o verificada en la experiencia, es claro que el ateo nunca podrá demostrar que no existe Dios, del mismo modo que no cabe falsar la proposición Algún A es B, y sólo le queda el recurso de argüir que la no existencia de Dios se deduce de la imposibilidad del teísta para confirmarla. Tratada como una cuestión lógica, así como es obvio que el teísta no puede demostrar la existencia de Dios, creo que el ateo sí puede demostrar su no existencia. Es lo que en alguna ocasión he denominado ateísmo lógico.

La clave de tal ateísmo estriba en mostrar que la Idea de Dios es lógicamente contradictoria y configura la imagen de un ser imposible.

Hablando en términos de Hanson: lo que sostengo (lo señalaba antes) es que sí es posible falsar la proposición Algún A es B (en el caso que nos ocupa: hay un ser que es Dios) siempre que la esencia misma designada por B sea imposible o lógicamente contradictoria. Dicho de otro modo, ahora con Aristóteles, lo que dice Hanson es que una proposición universal afirmativa (A) puede ser falsada, más no definitivamente verificada, en tanto que una proposición particular afirmativa (I) puede ser verificada, pero no falsada. Ahora bien, ¿cómo falsamos una proposición universal afirmativa del tipo Todo A es B? Evidentemente, encontrando un A que no lo sea, es decir, probando la verdad de su contradictoria, esto es, la particular negativa (O): Algún A no es B. Paralelamente, entiendo que podemos falsar una proposición particular afirmativa, Algún A es B, probando la verdad de su contradictoria, es decir, la universal negativa (E), esto es, probando que Ningún A es B. Probando, por tanto, que ningún ser puede existir que posea la esencia denotada por B, o llevado el asunto a la cuestión de la que tratamos, que ningún ser puede existir que posea la esencia designada por la Idea Dios, por ser imposible y lógicamente contradictoria. Demostrado que Ningún A es (ni puede ser) B, queda igualmente probado que es falso que algún A lo sea, esto es, queda probada la falsedad de la proposición «Existe Dios», o lo que es lo mismo, queda probada la proposición «No existe Dios». ¿Y eso es posible? Yo creo que sí.

La esencia de la que hablamos, la denotada por la Idea Dios, es la de un ser que reúne todas las perfecciones, la de un Ser Perfectísimo. Pero tal Idea es lógicamente contradictoria, y tal contradicción se advierte en el momento en que se comparan los atributos inherentes a tal Idea, es decir, las perfecciones que se le atribuyen, tratando de mantenerlas todas a ellas a un tiempo. Pero si bien la contradicción puede percibirse en la comparación de diversos atributos entre sí, resulta, desde luego, clamorosamente evidente (y con sólo este argumento me basta) cuando se compara cada uno de ellos separadamente o en conjunto, es decir, la Idea misma de perfección, con otro de los atributos divinos: la Omnipotencia. Este atributo no sólo se considera, de hecho, parte de la esencia divina, sino que por fuerza ha de ser considerado, si en verdad entendemos la Idea de Dios como la Idea del Ser Perfectísimo. Pero ocurre que un Ser Perfectísimo no puede ser, a la vez, Omnipotente, y si no lo es, no es Perfectísimo.

Sucede que la perfección que entraña cada uno de los atributos individualmente considerados (y la Perfección en conjunto) exige que permanezcan esencialmente invariables, es decir, que ninguno de ellos pueda experimentar aumento ni disminución de aquello a lo que se refiere. Y otro tanto puede decirse si en lugar de considerarlos de manera individual, nos referimos a ellos en conjunto, es decir, a la Perfección misma: es absurdo pensar que tal Perfección pueda crecer o mermar, porque entonces no sería Perfección, si es que puede hacerse aún más perfecta, ni lo sería tampoco si fuese susceptible de hacerse menos perfecta. Ahora bien, cualquiera de tales alternativas entraría en flagrante contradicción con la Omnipotencia y obligaría a negarla. Si Dios no puede ser más ni menos Justo, Omnisciente, Misericordioso… si no puede, en suma, ser más Perfecto ni tampoco menos, entonces no es Omnipotente. Y si puede serlo, entonces no es Perfecto. La contradicción, pues, nace de la Idea misma del Ser Perfectísimo, al que necesariamente es preciso atribuirle la Omnipotencia, que acaba por comprometer la Idea misma de Perfección, ya que ésta no puede aumentar ni disminuir en un Ser Perfecto, pero si no puede hacerlo, entonces, también necesariamente, es obligado negar en él la Omnipotencia.. La Perfección exige la plenitud y excluye el cambio, pero tales exigencias niegan la Omnipotencia.

Aun podemos insistir en ello, nuevamente con Aristóteles: un Ser Perfecto ha de ser Acto Puro, sin potencialidad alguna, pero la ausencia de tal potencialidad supone excluir de su esencia la Omnipotencia.

Es más: con que hubiera únicamente algo que Dios se viera incapacitado de hacer, eso sería suficiente para negar su Omnipotencia. Así que aún en el supuesto de que fuera verdad aquello que decía Agatón (citado, precisamente, por Aristóteles):

De sólo esto se ve privado hasta Dios:
de poder hacer que no se haya producido lo que ya está hecho,

eso bastaría para probar la imposibilidad de la Omnipotencia.

La Idea de Dios es, así, lógicamente contradictoria y denota la Idea de un ser imposible. Es falso, pues, que existe Algún A que es B, un ser que es Dios, puesto que es verdad que Ningún A es B, ningún ser es Dios, dada la imposibilidad de la esencia designada por B, es decir por la Idea de Dios. En consecuencia, la proposición «Dios existe» es falsa y la que sostiene que «Dios no existe» es necesariamente verdadera.

Decía Leibniz [Monadología, § 45] que si Dios es posible, existe. Pues bien, si Dios no es posible, no existe. Y no es posible. Luego no existe. Tal es, en esencia, lo que sostiene el ateísmo lógico.

Sin duda, el ateo dispone de otros importantes argumentos, además de éste. Yo no reniego de modo pleno (lo repetiré una vez más) del argumento de abogado de Hanson, a saber: que, en último término, tiene que demostrar quien afirma, y de la imposibilidad de hacerlo, cabe concluir que lo que sostiene es falso, máxime después de que el ateo haya puesto de relieve lo no concluyente de los argumentos o pruebas esgrimidos por el teísta. Ni, por supuesto, del que sostiene la incompatibilidad del mal con la existencia de un ser Bueno y Todopoderoso; problema al que hacíamos alusión al comienzo de estas notas, y del que decíamos que ninguno de los ensayos que se han hecho para hacer compatible la Bondad y el Poder de Dios con la existencia del mal convencen en modo alguno. Más me inclino yo a estar de acuerdo con Mark Twain, cuando afirma que

«El nuestro es con mucho el peor Dios que la genialidad del hombre ha hecho brotar de su imaginación demente» [Reflexiones sobre la religión, Tercero].

No es posible una justificación de Dios, esto es, una teodicea, al menos de carácter racional, por mucho que Leibniz, que es quien acuña el término, se haya empeñado en probar lo contrario. Al igual que en el caso de la Ontoteología, es Kant quien ha mostrado el fracaso inevitable de tal empresa: no es posible, sostiene, una teodicea doctrinal o especulativa, sino, a lo sumo, una auténtica o práctica, que, renunciando a las pretensiones de alzarse como conocimiento, se base exclusivamente en la fe. Así lo afirma expresamente:

«la teodicea no es tanto un asunto de ciencia, cuanto, mucho más, de fe» [Sobre el fracaso de todo ensayo filosófico en la teodicea. Observación final].

Ni renuncio tampoco de la fuerza que para la posición del ateo supone el propio relato bíblico: Dios nos crea débiles, sabedor de que vamos a pecar, y para ayudarnos a ello, nos coloca delante tentaciones a cada paso (por ejemplo, nos hace sexualmente activos todo el año, y, al mismo tiempo, el hacer uso de tal capacidad se convierte en uno de los pecados más horrendos, o eso dicen sus intérpretes y vicarios en la Tierra), y luego nos castiga, incluso por toda la eternidad, con un Infierno que dicen ser algo espantoso. Y esto un ser de Bondad y Misericordia infinitas Como de nuevo señala Mark Twain en la obra mencionada (cuya publicación no quiso él hacer en vida y que únicamente 54 años después de su redacción fue autorizada por su hija, en 1960):

«Dios, hábilmente, formó al hombre de tal manera que no pudiese evitar obedecer las leyes de sus impulsos, sus apetitos y sus diversas cualidades desagradables e indeseables. Dios lo ha hecho así a fin de que todas sus salidas y entradas estén obstruidas por trampas que posiblemente no pueda eludir y que le obliguen a cometer lo que se llama pecados –y entonces Dios lo castiga por hacer estas mismas cosas que desde el comienzo de los tiempos Él siempre se había propuesto que hiciera» [Reflexiones, QUINTO].

Absurdo, sin duda. Pero luego resulta que luego se hace hombre, ya que envía a su hijo Jesús, que no es otro que Él mismo, para que nos redima del pecado y del mal. Pero resulta que Cristo muere en la cruz sin que nadie, ni siquiera sus más allegados discípulos, sepan muy bien quién era ni a qué vino, hasta que san Pablo ve la luz y hace, al parecer, la interpretación correcta de la figura de Cristo y su misión… Y entretanto, el Diablo, que también fue credo por Dios, sabedor perfectamente de lo que iba a hacer, continúa haciendo de las suyas, sin que el Señor Todopoderoso se decida a pararle los pies de una vez por todas… En fin, absurdos todos ellos de los que en algunas otras ocasiones ya me he ocupado.

Digamos, finalmente, que el hecho de que a duras penas se hallará cultura alguna en la que no se dé algún tipo de creencia religiosa, es argumento que, en ocasiones, el creyente utiliza para probar que «algo habrá», cuando es lo cierto que la posición que verdaderamente tales circunstancias viene a reforzar es, precisamente, la del ateo: el Dios del monoteísmo es una creación tan humana (nacida, seguramente, de la propia filosofía) como puedan serlo los dioses egipcios o los aztecas.

Aun así, el creyente es muy libre de creer lo que estime oportuno. Yo ya lo sabía sin que hiciera falta que me lo dijera Mark Twain:

«No hay algo tan grotesco y tan increíble que el hombre corriente no pueda creer» [Reflexiones, Tercero].

Y de creerlo, justamente, porque, acaso de tan absurdo como resulta, quizá sea verdad. O de apelar a la autoridad de Tomás de Aquino y argumentar que no existen tales absurdos ni contradicciones, sino únicamente un entendimiento limitado como el nuestro que no es capaz de entender. Y a mí, particularmente, su creencia me trae enteramente sin cuidado y me resulta del todo respetable, siempre que, a mí vez, pueda esperar de él un respeto similar. Pero, en lo que a mí respecta, incluso dejando otros argumentos a un lado, el ateísmo lógico que he tratado de exponer, me sobra y me basta para convencerme de la falsedad de aquello en lo que yo tampoco creo.

Un espacio para dudar. Ateos, agnósticos, escépticos. Reflexión, ensayo, debate. Arte y literatura. Humanismo secular.
Martes, 9 de Agosto de 2011

Ateísmo lógico


Lo que yo tampoco creo

Para mis alumnos (*)

© Alfonso Fernández Tresguerres
Publicado en El Catoblepas


Decía Tierno Galván que la diferencia entre el ateo y el agnóstico estriba en que el primero no quiere, en realidad, que Dios exista, en tanto que el segundo se limita a «no echar de menos a Dios», conformándose con «vivir en la finitud» y con la vida que le ha sido dada en este mundo. Y yo, que no me considero autorizado a ser portavoz de nadie, y tampoco del ateo, no dudo en sostener que tal afirmación es una solemne majadería. Al menos, en lo que a mí respecta, estaría encantado de que Dios existiera y no vivir en la finitud, porque a mí, como a Unamuno, no me da la gana morirme. El problema es que Dios no existe, y que lo que yo quiera o deje de querer en lo más mínimo le importa a este Universo que continuará su expansión hasta muchísimo tiempo después de yo me haya ido. Y añadiré, además, que no echo de menos a Dios, mas no por ser buen agnóstico, sino porque ¿cómo añorar a quien jamás se ha conocido? Y naturalmente que me conformo con la vida que tengo, inmersa en la finitud, pero, una vez más, no por agnóstico, sino porque no me queda otro remedio: de no conformarme, el resultado sería el mismo. Así que, mira por dónde, siendo ateo, poseo las características que Tierno demanda a un sano y sensato agnosticismo, e incumplo la que, según él, resulta esencial al ateo.
No. Las diferencias entre el ateo y el agnóstico estriban en que el segundo es escéptico en este asunto, y el primero, no. Si el agnóstico se mantiene en un estado de duda teórica (lo que es una redundancia, porque nunca la duda puede ser práctica: en último término, uno está obligado a decantarse por una cosa u otra; y en el caso que nos ocupa, el agnóstico, si en verdad lo es, no es posible que actúe en su diario acontecer más que como ateo, quiero decir que es de imaginar que vivirá como si Dios no existiera); y se mantiene en ese estado de duda a costa, seguramente, como sospecha Hanson, de infringir las normas del razonamiento lógico más elemental, el ateo sostiene, en cambio, que Dios no existe. Así de simple.

El diagnóstico que hace Tierno acerca de la diferencia entre el agnóstico y el ateo parece apoyarse, entre otras cosas, en Sartre, quien habría dicho que aunque Dios existiera, habría que ser ateo. Mas yo creo que el uso que hace de las palabras del filósofo francés es debido o a una mala interpretación o a una auténtica mala fe. Al menos, yo siempre he entendido que lo que en verdad Sartre quiere decir es que aunque Dios existiera, habría que renegar de Él, es decir, habría que ser antidios, oponerse a Él, del mismo modo que se puede ser anti muchas otras cosas y oponerse a ellas. Y el motivo, no es otro, seguramente que el problema del mal, incompatible, sin duda, con un Dios Omnipotente y Bueno que habiendo podido evitarlo, no lo ha hecho. Y de nada sirven los intentos agustinianos al respecto, argumentando, por ejemplo, que del mal obtiene Dios beneficios mayores («Dios escribe recto en renglones torcidos»), o que el mal es, en verdad, nada, no es una entidad o una sustancia, y, por tanto, algo que en modo alguno Dios haya podido crear, puesto que no es nada, sino mera apariencia, vacío, ausencia de bien (argumentos de defendidos antes por los estoicos; el segundo de ellos con un más que evidente anclaje en la participación platónica), o, por último, que el mal depende de la libertad humana; ninguno de tales intentos, repito, resuelven de forma convincente tal problema. Pero, a fin de cuentas, cuando nos metemos en esos vericuetos, tales como que si Dios ha podido evitar el mal y no ha querido hacerlo, entonces no es Bueno, y si ha querido y no ha podido, no es Omnipotente, y, finalmente, que si no ha querido ni ha podido, entonces ni en Bueno ni Omnipotente, no hay más que una solución lógica: sencillamente, Dios no existe.

Por supuesto, no hay experiencia alguna ni evidencia de ningún tipo que demuestre la existencia de Dios, ni tampoco argumento alguno capaz de hacerlo. Ni el de san Anselmo, quien, partiendo de la Idea de Dios como la del ser que reúne todas las perfecciones y dando por supuesto que la existencia en la realidad es una perfección, concluirá afirmando que negar a Dios tal perfección supone incurrir en una contradicción. Argumento que, en efecto, nada prueba, porque es lo cierto que ni la existencia es una perfección (algo que perfeccione una esencia) ni aun admitiendo que lo fuese, existe contradicción alguna en afirmar que el Ser Perfectísimo únicamente existe como Idea, puesto que si se le niega la existencia no se está negando un solo atributo, sino todos, es decir, se está afirmando, sencillamente, que no existe un ser que posea las perfecciones que se atribuyen a Dios, o lo que es lo mismo, que Dios sólo existe como Idea. Ni tampoco las conocidas vías tomistas, en las que, establecido que el Universo en su conjunto es contingente, se sostiene que su existencia únicamente puede explicarse mediante la de un Ser Necesario, que, gratuitamente, se identifica con Dios (mas no un Dios cualquiera, claro, sino, justamente, el Dios del cristianismo), como si repugnara más a la razón la existencia de una materia eterna que la de un Ser personal igualmente eterno, siendo así que más bien sucede al contrario, no pudiendo hacerse la identificación que el Doctor Angélico sugiere más que apelando a la fe (Más aún: recientemente, Stephen Hawking ha argumentado que el Universo ha podido muy bien generarse a partir de la nada). O estableciendo, igualmente (siguiendo la causa eficiente de Aristóteles), que todas las cosas de este mundo, y el mundo en su conjunto, forzosamente han de tener una causa, hasta llegar a defender una excepción: la existencia de una Causa Incausada, que de nuevo, sin razón alguna, se identifica con Dios, que se convierte así en causa sui, lo que Santo Tomás considera absurdo referido a cualquier otra cosa, ya que por fuerza, si es causa sui, necesariamente ha de ser anterior a sí misma, mas no en el caso de Dios.


Immanuel Kant (1724-1804)

Lo cierto es que derruidas por Kant las pretensiones de la Ontoteología, muy pocos son los que han vuelto a defender argumentos, supuestamente demostrativos, de este tipo, y los que desde entonces maneja el teísmo discurren por otros cauces; alguno de los cuales es abierto, precisamente, por el propio Kant. Me refiero a aquello de que es necesario postular la existencia de Dios como una exigencia del mundo moral (lo que, dicho sea entre paréntesis, resulta incongruente, me parece a mí, con su propia doctrina de la moralidad), o afirmando, como harán otros, que si Dios no existe, la vida no tiene el menor sentido, &c. Argumentaciones, a lo que yo entiendo, de una extremada debilidad, puesto que para actuar moralmente me basta y me sobra con el dictado de mi racionalidad, y el que la vida tenga o no tenga sentido es cuestión tan confusa como metafísica, porque a saber qué es eso del sentido de la vida, y porque, en cualquier caso, cada cual puede hallarlo en las ocupaciones más variopintas.

De manera que si no existe la menor evidencia de la existencia de Dios, al no existir experiencia alguna que la constate ni argumento de ninguna clase que lo demuestre, lo más lógico es concluir que Dios no existe. Creo que en esto Hanson tiene razón. E incluso puedo estar de acuerdo con él en que el que no existan razones sólidas para pensar que una afirmación es verdadera, es en sí misma una buena razón para pensar que es falsa, y, por tanto, una vez examinadas todas las pruebas que se han propuesto para demostrar la existencia de Dios poniendo de relieve que ninguna de ellas es convincente, eso mismo es prueba suficiente de que Dios no existe. Pero creo que se puede ir algo más allá.

Norwood Russell Hanson (1924-1967)

Según Hanson (son sobradamente conocidos sus escritos El dilema del agnóstico y Lo que yo no creo) la proposición «Dios existe» no es analítica, sino sintética y de hecho, y, en consecuencia, no puede ser probada por la mera reflexión ni tampoco ser lógicamente demostrada. Pero eso significa que tampoco puede ser demostrado lo contrario, a saber: que Dios no existe. De tal manera, que la no existencia de Dios sólo cabe ser deducida de la imposibilidad del creyente para probar su existencia (tiene que demostrar quien afirma, y del hecho de que no pueda hacerlo se puede concluir que lo que afirma es falso). Tal es, si yo he entendido bien, la esencia de la recusación que hace Hanson del teísmo.

Mas, ¿por qué asegura que no se puede demostrar que Dios no existe? Veamos.

Una proposición del tipo Todo A es B puede ser falsada (bastaría con encontrar un A que no lo fuese), pero nunca plenamente verificada. En cambio, otra del tipo Algún A es B podría ser verificada (bastaría hallar un A que lo fuese), pero no puede ser falsada. Pues bien, la proposición «Existe Dios» posee el formato lógico de Algún A es B. Y es precisamente el hecho de que el creyente no haya logrado probar que es verdadera lo que permite concluir que es falsa. Mas nunca podrá el ateo, por sí mismo, demostrar que lo sea. Por eso resulta falaz, en opinión de Hanson, que tras mostrar el ateo la ausencia de prueba de que Dios exista, se le pida, a su vez, una prueba de que no existe, ya que tal prueba es imposible, como lo es probar que sea falsa la proposición Algún A es B. Y una prueba de ese tipo es, justamente, la que piden al ateo tanto el teísta como el agnóstico, sin advertir (y en ocasiones sin advertirlo, para su desconcierto, el ateo mismo) que la prueba de que Dios no existe es que no hay prueba ni evidencia alguna de que exista. Si la evidencia es prueba de que existe, la no evidencia lo es de que no existe.

Y en concreto, el agnóstico es, en opinión de Hanson, absolutamente incongruente. Enfrentado al teísta, trata la proposición «Dios existe» como una cuestión de hecho, pero no probada, y por eso rehúsa adherirse a ella. Mas enfrentado al ateo, la aborda como una cuestión lógica del tipo Algún A es B, y, en consecuencia, le pide una prueba lógica de que Dios no existe; prueba que no puede darse, del mismo modo que no puede falsarse la proposición Algún A es B. Ahora bien, en estricta racionalidad habría que exigirle que jugara a lo mismo en los dos casos: si se decide por ser un coleccionista de hechos (como dice Hanson), entonces tiene que admitir que hay razones para negar la existencia de Dios (a saber: que no hay evidencia alguna de que exista); y si opta por actuar como un lógico, deberá admitir que si nunca se podrá establecer definitivamente que Dios no exista, entonces tampoco se podrá establecer definitivamente que exista. En ambos casos, si es coherente y usa su razón, se verá abocado al ateísmo, puesto que ni el ámbito de los hechos ni en el de la lógica existen sólidos fundamentos para sostener que Dios existe.

No es mi intención en erigirme aquí en defensor del agnóstico (más bien al contrario), pero me parece que si es incongruente tratando la proposición «Dios existe» de forma distinta, según se enfrente al teísta o al ateo, no acabo de entender por qué lo sería si decidiendo actuar como lógico en los dos casos concluyera que no se puede demostrar definitivamente ni la existencia ni la no existencia de Dios. Como quiera que sea, a mí me parece que la incongruencia del agnóstico estriba en no pedir a ambos (teísta y ateo) pruebas de los dos tipos, es decir, en el ámbito de los hechos y en el de la lógica. Así las cosas, es obvio que en el primero de ellos el teísta no dispone de prueba alguna que confirme la existencia de Dios, mas tampoco el ateo de que no exista. Si estamos tratando con un conjunto finito de elementos es posible falsar la proposición Algún A es B (simplemente mirando: por ejemplo demostrar que es falso que alguno de mis alumnos sea de Aragón), de igual modo que se podría verificar que Todo A es B (que todos mis alumnos tienen dos orejas). Pero es claro que si tratamos con un conjunto potencialmente infinito, ni cabe verificar Todo A es B ni falsar Algún A es B. Así, yo nunca podría falsar la afirmación de que hay un ser que es Dios, de la misma manera que no podría falsar que en mi casa vive una familia de duendes invisibles. La batalla contra el teísta no se puede librar en el terreno de los hechos. Ni el primero tiene prueba empírica alguna de la existencia de Dios ni el ateo podría probar que no existe un ser que es Dios, máxime cuando se trata de un ente que comienza por ser declarado invisible. Aun así, estoy de acuerdo con Hanson en que la ausencia de prueba empírica es prueba suficiente de su no existencia (de igual modo que del hecho de que no haya prueba alguna de que en mi casa habite una familia de duendes es prueba suficiente de que nos hay tales duendes). Pero creo que el ateo puede ir un poco más lejos. Porque pasando el terreno de la lógica (que es donde verdaderamente ha de librarse tal batalla), no es menos evidente que el teísta no puede demostrar que Dios exista, pero sostengo, en cambio, que el ateo puede demostrar que no existe. Es decir, sostengo que sí es posible falsar una proposición del tipo Algún A es B; falsarla no en el terreno de los hechos, pero sí en el de la lógica. Tratada como una cuestión que sólo pudiera resultar falsada o verificada en la experiencia, es claro que el ateo nunca podrá demostrar que no existe Dios, del mismo modo que no cabe falsar la proposición Algún A es B, y sólo le queda el recurso de argüir que la no existencia de Dios se deduce de la imposibilidad del teísta para confirmarla. Tratada como una cuestión lógica, así como es obvio que el teísta no puede demostrar la existencia de Dios, creo que el ateo sí puede demostrar su no existencia. Es lo que en alguna ocasión he denominado ateísmo lógico.

La clave de tal ateísmo estriba en mostrar que la Idea de Dios es lógicamente contradictoria y configura la imagen de un ser imposible.

Hablando en términos de Hanson: lo que sostengo (lo señalaba antes) es que sí es posible falsar la proposición Algún A es B (en el caso que nos ocupa: hay un ser que es Dios) siempre que la esencia misma designada por B sea imposible o lógicamente contradictoria. Dicho de otro modo, ahora con Aristóteles, lo que dice Hanson es que una proposición universal afirmativa (A) puede ser falsada, más no definitivamente verificada, en tanto que una proposición particular afirmativa (I) puede ser verificada, pero no falsada. Ahora bien, ¿cómo falsamos una proposición universal afirmativa del tipo Todo A es B? Evidentemente, encontrando un A que no lo sea, es decir, probando la verdad de su contradictoria, esto es, la particular negativa (O): Algún A no es B. Paralelamente, entiendo que podemos falsar una proposición particular afirmativa, Algún A es B, probando la verdad de su contradictoria, es decir, la universal negativa (E), esto es, probando que Ningún A es B. Probando, por tanto, que ningún ser puede existir que posea la esencia denotada por B, o llevado el asunto a la cuestión de la que tratamos, que ningún ser puede existir que posea la esencia designada por la Idea Dios, por ser imposible y lógicamente contradictoria. Demostrado que Ningún A es (ni puede ser) B, queda igualmente probado que es falso que algún A lo sea, esto es, queda probada la falsedad de la proposición «Existe Dios», o lo que es lo mismo, queda probada la proposición «No existe Dios». ¿Y eso es posible? Yo creo que sí.

La esencia de la que hablamos, la denotada por la Idea Dios, es la de un ser que reúne todas las perfecciones, la de un Ser Perfectísimo. Pero tal Idea es lógicamente contradictoria, y tal contradicción se advierte en el momento en que se comparan los atributos inherentes a tal Idea, es decir, las perfecciones que se le atribuyen, tratando de mantenerlas todas a ellas a un tiempo. Pero si bien la contradicción puede percibirse en la comparación de diversos atributos entre sí, resulta, desde luego, clamorosamente evidente (y con sólo este argumento me basta) cuando se compara cada uno de ellos separadamente o en conjunto, es decir, la Idea misma de perfección, con otro de los atributos divinos: la Omnipotencia. Este atributo no sólo se considera, de hecho, parte de la esencia divina, sino que por fuerza ha de ser considerado, si en verdad entendemos la Idea de Dios como la Idea del Ser Perfectísimo. Pero ocurre que un Ser Perfectísimo no puede ser, a la vez, Omnipotente, y si no lo es, no es Perfectísimo.

Sucede que la perfección que entraña cada uno de los atributos individualmente considerados (y la Perfección en conjunto) exige que permanezcan esencialmente invariables, es decir, que ninguno de ellos pueda experimentar aumento ni disminución de aquello a lo que se refiere. Y otro tanto puede decirse si en lugar de considerarlos de manera individual, nos referimos a ellos en conjunto, es decir, a la Perfección misma: es absurdo pensar que tal Perfección pueda crecer o mermar, porque entonces no sería Perfección, si es que puede hacerse aún más perfecta, ni lo sería tampoco si fuese susceptible de hacerse menos perfecta. Ahora bien, cualquiera de tales alternativas entraría en flagrante contradicción con la Omnipotencia y obligaría a negarla. Si Dios no puede ser más ni menos Justo, Omnisciente, Misericordioso… si no puede, en suma, ser más Perfecto ni tampoco menos, entonces no es Omnipotente. Y si puede serlo, entonces no es Perfecto. La contradicción, pues, nace de la Idea misma del Ser Perfectísimo, al que necesariamente es preciso atribuirle la Omnipotencia, que acaba por comprometer la Idea misma de Perfección, ya que ésta no puede aumentar ni disminuir en un Ser Perfecto, pero si no puede hacerlo, entonces, también necesariamente, es obligado negar en él la Omnipotencia.. La Perfección exige la plenitud y excluye el cambio, pero tales exigencias niegan la Omnipotencia.

Aun podemos insistir en ello, nuevamente con Aristóteles: un Ser Perfecto ha de ser Acto Puro, sin potencialidad alguna, pero la ausencia de tal potencialidad supone excluir de su esencia la Omnipotencia.

Es más: con que hubiera únicamente algo que Dios se viera incapacitado de hacer, eso sería suficiente para negar su Omnipotencia. Así que aún en el supuesto de que fuera verdad aquello que decía Agatón (citado, precisamente, por Aristóteles):

De sólo esto se ve privado hasta Dios:
de poder hacer que no se haya producido lo que ya está hecho,

eso bastaría para probar la imposibilidad de la Omnipotencia.

La Idea de Dios es, así, lógicamente contradictoria y denota la Idea de un ser imposible. Es falso, pues, que existe Algún A que es B, un ser que es Dios, puesto que es verdad que Ningún A es B, ningún ser es Dios, dada la imposibilidad de la esencia designada por B, es decir por la Idea de Dios. En consecuencia, la proposición «Dios existe» es falsa y la que sostiene que «Dios no existe» es necesariamente verdadera.

Decía Leibniz [Monadología, § 45] que si Dios es posible, existe. Pues bien, si Dios no es posible, no existe. Y no es posible. Luego no existe. Tal es, en esencia, lo que sostiene el ateísmo lógico.

Sin duda, el ateo dispone de otros importantes argumentos, además de éste. Yo no reniego de modo pleno (lo repetiré una vez más) del argumento de abogado de Hanson, a saber: que, en último término, tiene que demostrar quien afirma, y de la imposibilidad de hacerlo, cabe concluir que lo que sostiene es falso, máxime después de que el ateo haya puesto de relieve lo no concluyente de los argumentos o pruebas esgrimidos por el teísta. Ni, por supuesto, del que sostiene la incompatibilidad del mal con la existencia de un ser Bueno y Todopoderoso; problema al que hacíamos alusión al comienzo de estas notas, y del que decíamos que ninguno de los ensayos que se han hecho para hacer compatible la Bondad y el Poder de Dios con la existencia del mal convencen en modo alguno. Más me inclino yo a estar de acuerdo con Mark Twain, cuando afirma que

«El nuestro es con mucho el peor Dios que la genialidad del hombre ha hecho brotar de su imaginación demente» [Reflexiones sobre la religión, Tercero].


No es posible una justificación de Dios, esto es, una teodicea, al menos de carácter racional, por mucho que Leibniz, que es quien acuña el término, se haya empeñado en probar lo contrario. Al igual que en el caso de la Ontoteología, es Kant quien ha mostrado el fracaso inevitable de tal empresa: no es posible, sostiene, una teodicea doctrinal o especulativa, sino, a lo sumo, una auténtica o práctica, que, renunciando a las pretensiones de alzarse como conocimiento, se base exclusivamente en la fe. Así lo afirma expresamente:

«la teodicea no es tanto un asunto de ciencia, cuanto, mucho más, de fe» [Sobre el fracaso de todo ensayo filosófico en la teodicea. Observación final].


Ni renuncio tampoco de la fuerza que para la posición del ateo supone el propio relato bíblico: Dios nos crea débiles, sabedor de que vamos a pecar, y para ayudarnos a ello, nos coloca delante tentaciones a cada paso (por ejemplo, nos hace sexualmente activos todo el año, y, al mismo tiempo, el hacer uso de tal capacidad se convierte en uno de los pecados más horrendos, o eso dicen sus intérpretes y vicarios en la Tierra), y luego nos castiga, incluso por toda la eternidad, con un Infierno que dicen ser algo espantoso. Y esto un ser de Bondad y Misericordia infinitas Como de nuevo señala Mark Twain en la obra mencionada (cuya publicación no quiso él hacer en vida y que únicamente 54 años después de su redacción fue autorizada por su hija, en 1960):

«Dios, hábilmente, formó al hombre de tal manera que no pudiese evitar obedecer las leyes de sus impulsos, sus apetitos y sus diversas cualidades desagradables e indeseables. Dios lo ha hecho así a fin de que todas sus salidas y entradas estén obstruidas por trampas que posiblemente no pueda eludir y que le obliguen a cometer lo que se llama pecados –y entonces Dios lo castiga por hacer estas mismas cosas que desde el comienzo de los tiempos Él siempre se había propuesto que hiciera» [Reflexiones, QUINTO].


Absurdo, sin duda. Pero luego resulta que luego se hace hombre, ya que envía a su hijo Jesús, que no es otro que Él mismo, para que nos redima del pecado y del mal. Pero resulta que Cristo muere en la cruz sin que nadie, ni siquiera sus más allegados discípulos, sepan muy bien quién era ni a qué vino, hasta que san Pablo ve la luz y hace, al parecer, la interpretación correcta de la figura de Cristo y su misión… Y entretanto, el Diablo, que también fue credo por Dios, sabedor perfectamente de lo que iba a hacer, continúa haciendo de las suyas, sin que el Señor Todopoderoso se decida a pararle los pies de una vez por todas… En fin, absurdos todos ellos de los que en algunas otras ocasiones ya me he ocupado.

Digamos, finalmente, que el hecho de que a duras penas se hallará cultura alguna en la que no se dé algún tipo de creencia religiosa, es argumento que, en ocasiones, el creyente utiliza para probar que «algo habrá», cuando es lo cierto que la posición que verdaderamente tales circunstancias viene a reforzar es, precisamente, la del ateo: el Dios del monoteísmo es una creación tan humana (nacida, seguramente, de la propia filosofía) como puedan serlo los dioses egipcios o los aztecas.

Aun así, el creyente es muy libre de creer lo que estime oportuno. Yo ya lo sabía sin que hiciera falta que me lo dijera Mark Twain:

«No hay algo tan grotesco y tan increíble que el hombre corriente no pueda creer» [Reflexiones, Tercero].


Y de creerlo, justamente, porque, acaso de tan absurdo como resulta, quizá sea verdad. O de apelar a la autoridad de Tomás de Aquino y argumentar que no existen tales absurdos ni contradicciones, sino únicamente un entendimiento limitado como el nuestro que no es capaz de entender. Y a mí, particularmente, su creencia me trae enteramente sin cuidado y me resulta del todo respetable, siempre que, a mí vez, pueda esperar de él un respeto similar. Pero, en lo que a mí respecta, incluso dejando otros argumentos a un lado, el ateísmo lógico que he tratado de exponer, me sobra y me basta para convencerme de la falsedad de aquello en lo que yo tampoco creo.
Viernes, 29 de Abril de 2011

El alemán inefable

El pasado martes acudí a una tertulia en la que fui testigo de unas manifestaciones curiosas por parte de uno de los asistentes, no ya porque no tenían nada que ver con el tema, sino por lo que decía.
En esencia, esta persona estaba empeñada en que no podía entenderse la filosofía de Husserl a no ser que se le leyera en alemán. Cualquier intento de escepticismo ante esta afirmación venía contestada con la pregunta: ¿acaso has leído a Husserl en alemán?
¿Cómo reaccionar ante una afirmación de este estilo? Indudablemente, siempre es mejor leer a cada autor en su propia lengua, si es que uno puede. En la traducción se pierden matices, rimas, ritmos, tonos, juegos de palabras, ironías y otras sutilezas. ¿Pero será posible que haya ideas, grandiosas ideas, que sean exclusivas de un idioma?
No me imagino que una teoría científica no pueda ser expresada más que en un idioma y que sea misión imposible hacerlo en los demás. No me lo imagino porque todo lo que sé acerca de la comunicación humana y de la traducción entre idiomas es contrario a esa posibilidad y todo lo que sé la contradice. Modestamente, he leído libros en varios idiomas tan distintos entre sí como el gallego y el euskera y no me he topado con ninguna idea intraducible entre ellos y modestamente he hablado de ciencia, economía, política, filosofía,… en lenguas como el inglés y el castellano sin encontrarme ejemplos de tal incomunicación.
¿Es la filosofía de Husserl una rima que se pierda en la traducción? Mala, muy mala filosofía sería si su entendimiento dependiera de eso. Pero eso es justamente lo que se nos estaría diciendo. (Donde he puesto rima póngase ritmo, ironía, juegos de palabras,…)
Claro que hay otra posibilidad, que el alemán tenga palabras para expresar ideas complejas donde otros idiomas no tienen palabras semejantes. Eso no es un argumento a favor de la inefabilidad de esas ideas en los demás idiomas, que siempre podrán expresarse mediante varias palabras que la expliquen. ¿No es suficiente? Que me diga entonces ese contertulio cómo aprendió él alemán suficiente para leer a Husserl sino a fuerza de que se le explicaran las cosas complejas. ¿Acaso hay sensaciones, emociones, intuiciones que solo se sienten en alemán?