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Jueves, 13 de Febrero de 2014
Esta es la primera parte de una serie que estoy escribiendo para Mapping Ignorance.
Desde la primera mitad del siglo XIX, los filólogos e historiadores han examinado profundamente los datos que poseemos sobre los orÃgenes del judaÃsmo y el cristianismo, en particular estudiando los textos bÃblicos con los mismos métodos que se aplican a cualquier otro documento antiguo. Pese a que esta investigación cosechó grandes resistencias por parte de ambas religiones y de las capas más conservadoras de la sociedad occidental, hoy en dÃa es un lugar común (salvo, si acaso, para unas pocas sectas protestantes y judÃas, atrapadas en el dogma de la "inerrancia") asumir que la Biblia es una obra compuesta por seres humanos falibles y nada desinteresados, en general mucho tiempo después de los acontecimientos narrados en cada texto (p.ej., varios siglos en el caso del Pentateuco, y entre cuatro y ocho décadas en el caso del Nuevo Testamento). Contradicciones, mezclas de autores diferentes en el mismo texto, falsificaciones, o la mera recolección de viejas mitologÃas, todo ello es parte del conocimiento filológico establecido actualmente sobre la Biblia, con independencia del significado religioso y moral que cada uno quiera darle a esa obra fundamental.
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En cambio, en el caso del islam la situación es completamente distinta, y ello por dos razones que pueden parecer contrarias. Por una parte, la resistencia a tomar el Corán como un objeto de estudio cientÃfico ha sido y es mucho mayor en las sociedades en las que esta religión es dominante. P.ej., la persecución al filólogo Nasr Abu Zayd en Egipto, o el hecho de que los académicos musulmanes (o exmusulmanes, como Ibn Warraq) se vean obligados a escribir bajo un seudónimo cuando expresan opiniones crÃticas sobre la interpretación literal de las escrituras islámicas, son una prueba de lo difÃcil que es aún hacer avanzar la investigación cientÃfica sobre el Corán, no sólo en los paÃses musulmanes, sino también en el resto del mundo. Pero, por otra parte, existe la creencia tradicional de que, al contrario que en el caso de los Evangelios, escritos al menos una o dos generaciones tras la muerte de Jesucristo, el islam nació "bajo la plena luz de la historia" (para usar la famosa frase del filólogo francés Ernest Renan, de mediados del XIX): ¿no tenemos, al fin y al cabo, un registro casi diario de la vida de Mahoma, y de las circunstancias bajo las que las suras fueron transcritas, recopiladas y diseminadas por el mundo islámico en las siguientes décadas? Este conocimiento fue transmitido oralmente (o eso dice la tradición) mediante los llamados hadizs: dichos acerca del Profeta, recogiendo sus palabras o hechos, y supuestamente certificados por una cadena (isnad) de transmisores a partir de un testigo original.
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A pesar de esta aparente confianza histórica, la investigación cientÃfica contemporánea sobre los orÃgenes del islam está empezando, por asà decir, a "apagar la luz de la historia" a la que se referÃa Renan. Empecemos recordando algunas fechas clave. Se supone que el profeta Mahoma nació en la Meca (Arabia) hacia el 570 DC; el arcángel Gabriel habrÃa empezado a aparecérsele hacia el 610, transmitiéndole los versos del Corán bajo la forma de una "recitación" (eso es lo que significa la palabra "corán"), desde esa fecha hasta prácticamente la muerte de Mahoma, se supone que hacia el 632, poco después de haber recobrado la ciudad de la Meca tras su exilio forzoso (hégira) a Medina diez años antes, en 622, año que los musulmanes toman como inicio de su calendario. En lo que es probablemente el episodio de conquista más espectacular de la historia (sólo comparable a los de Alejandro Magno en la antigüedad, y a la conquista castellana de América), los seguidores de Mahoma tomaron en los treinta años siguientes (la época del llamado "Califato Ortodoxo", en la que los Califas eran familiares o conocidos directos de Mahoma) casi todo el Cercano Oriente desde Libia hasta la frontera de la India, excepto Anatolia. Y en las siguientes cinco décadas (el tiempo del Califato Omeya) el resto del norte de Ãfrica, la penÃnsula Ibérica y gran parte del Asia Central.
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El caso es que, de modo similar a como la inflación cosmológica del universo parece haber borrado casi todas las trazas de lo que sucedió antes que ella, haciendo la geometrÃa del espacio y del tiempo igual de plana en todos sitios, la expansión inflacionaria del islam durante sus dos primeros siglos produjo al final una visión de su propia historia que tampoco dejó casi ningún resto con el que contrastar su propio pedigrÃ. Y las pocas cosas que nos han quedado son ciertamente sorprendentes. Veamos en primer lugar lo que las fuentes cristianas contemporáneas dicen sobre el tema, y en las próximas entregas veremos lo que dicen las fuentes árabes y lo que puede inferirse del propio texto del Corán.
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1) La primera referencia escrita a un "profeta árabe" que puede ser considerada, con cierta probabilidad, como refiriéndose a Mahoma es ciertamente casi contemporánea con él. Se trata de un libro titulado Doctrina Jacobi, escrito en Palestina por un monje entre los años 634 y 640. Este libro se refiere a un "profeta" que comandaba el ejército árabe invasor, aunque el autor lo consideraba obviamente como un falso profeta, pues, según él, "los verdaderos profetas no vienen con una espada". El principal problema es que el libro se refiere a ese profeta como alguien que está vivo en el momento de escribirlo, mientras que se supone que Mahoma murió al menos años antes de la invasión árabe de Palestina. Además, el autor dice que ese profeta viene anunciando la llegada inminente del mesÃas (el judÃo, se supone), y que presume de ser quien "tiene en su poder las llaves del paraÃso", dos afirmaciones difÃcilmente encajables con las enseñanza islámicas posteriores.
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2) Otro libro, escrito unos diez años más tarde por un monje sirio llamado Tomás, se refiere al ejército invasor como los "tayyaye d'-Mhmt". "Tayayye" era una palabra sirÃaca con la que se designaba a los árabes, asà que la expresión puede querer decir "los árabes de Mahoma". Una dificultad menor es que el sirÃaco distingue la d y la t, de modo que lo "correcto" habrÃa sido escribir "Mhmd". Más grave para nosotros es el hecho de que el texto no dice absolutamente nada sobre ese tal "Mhmt", y ni siquiera permite inferir que la expresión sea el nombre de una persona; al fin y al cabo, "Mhmd" significa en árabe "alabado" (algo asà como "Benedictus" en latÃn), y por lo tanto, puede incluso tratarse de un término honorÃfico más que de un nombre propio.
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3) Otros textos cristianos de entre los años 640 y 670 describen a los invasores como "agarenos" (o sea, descendientes de Agar, la esclava de Abraham con la que tuvo a su hijo Ismael; "agareno" es sinónimo de "ismaelita"), y como aliados de los judÃos. Estos textos mencionan el hecho de que los invasores niegan la divinidad de Cristo, e incluso mencionan un tal "Mahmet" como un predicador ismaelita que enseñaba a sus discÃpulos a adorar al dios abrahámico. También afirman que uno de los generales árabes instó al emperador de Bizancio a convertirse a la fe de Abraham.
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4) El resto de las fuentes cristianas del siglo VII que se refieren a los conquistadores árabes no dan, obviamente, una visión muy positiva de ellos. Lo curioso es que muchas los describen como "ateos" o "paganos" (es decir, politeÃstas), y, salvo las crÃpticas y ambiguas referencias indicadas en los tres puntos anteriores, no hacen referencia alguna al supuesto hecho de que estos invasores tuviesen algo asà como una religión monoteÃsta, un libro sagrado, o siguieran cualesquiera otras prácticas religiosas que pudiéramos identificar como "islámicas". Por supuesto, es posible que esto sea una representación falsa por parte de los conquistados, o tal vez estos se fijaban en una parte del ejército árabe que aún no hubiera sido "convertida al islam".
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5) Sólo hacia el año 730 (un siglo después de la muerte de Mahoma), en un libro titulado Sobre las HerejÃas, del teólogo Juan de Damasco, es mencionado algo muy próximo a las enseñanzas del Corán y comentado con algún detalle. De todas formas, el autor no da la impresión (sino más bien al contrario) de que esas enseñanzas estén recogidas en UN libro, sino que se refiere a (algunos de) los "textos" individuales que constituyen las suras del Corán como si fueran libros independientes unos de otros.
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Más:
Historia y leyenda en los orígenes del islam (1)
Esta es la primera parte de una serie que estoy escribiendo para Mapping Ignorance.
Desde la primera mitad del siglo XIX, los filólogos e historiadores han examinado profundamente los datos que poseemos sobre los orígenes del judaísmo y el cristianismo, en particular estudiando los textos bíblicos con los mismos métodos que se aplican a cualquier otro documento antiguo. Pese a que esta investigación cosechó grandes resistencias por parte de ambas religiones y de las capas más conservadoras de la sociedad occidental, hoy en día es un lugar común (salvo, si acaso, para unas pocas sectas protestantes y judías, atrapadas en el dogma de la "inerrancia") asumir que la Biblia es una obra compuesta por seres humanos falibles y nada desinteresados, en general mucho tiempo después de los acontecimientos narrados en cada texto (p.ej., varios siglos en el caso del Pentateuco, y entre cuatro y ocho décadas en el caso del Nuevo Testamento). Contradicciones, mezclas de autores diferentes en el mismo texto, falsificaciones, o la mera recolección de viejas mitologías, todo ello es parte del conocimiento filológico establecido actualmente sobre la Biblia, con independencia del significado religioso y moral que cada uno quiera darle a esa obra fundamental.
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En cambio, en el caso del islam la situación es completamente distinta, y ello por dos razones que pueden parecer contrarias. Por una parte, la resistencia a tomar el Corán como un objeto de estudio científico ha sido y es mucho mayor en las sociedades en las que esta religión es dominante. P.ej., la persecución al filólogo Nasr Abu Zayd en Egipto, o el hecho de que los académicos musulmanes (o exmusulmanes, como Ibn Warraq) se vean obligados a escribir bajo un seudónimo cuando expresan opiniones críticas sobre la interpretación literal de las escrituras islámicas, son una prueba de lo difícil que es aún hacer avanzar la investigación científica sobre el Corán, no sólo en los países musulmanes, sino también en el resto del mundo. Pero, por otra parte, existe la creencia tradicional de que, al contrario que en el caso de los Evangelios, escritos al menos una o dos generaciones tras la muerte de Jesucristo, el islam nació "bajo la plena luz de la historia" (para usar la famosa frase del filólogo francés Ernest Renan, de mediados del XIX): ¿no tenemos, al fin y al cabo, un registro casi diario de la vida de Mahoma, y de las circunstancias bajo las que las suras fueron transcritas, recopiladas y diseminadas por el mundo islámico en las siguientes décadas? Este conocimiento fue transmitido oralmente (o eso dice la tradición) mediante los llamados hadizs: dichos acerca del Profeta, recogiendo sus palabras o hechos, y supuestamente certificados por una cadena (isnad) de transmisores a partir de un testigo original.
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A pesar de esta aparente confianza histórica, la investigación científica contemporánea sobre los orígenes del islam está empezando, por así decir, a "apagar la luz de la historia" a la que se refería Renan. Empecemos recordando algunas fechas clave. Se supone que el profeta Mahoma nació en la Meca (Arabia) hacia el 570 DC; el arcángel Gabriel habría empezado a aparecérsele hacia el 610, transmitiéndole los versos del Corán bajo la forma de una "recitación" (eso es lo que significa la palabra "corán"), desde esa fecha hasta prácticamente la muerte de Mahoma, se supone que hacia el 632, poco después de haber recobrado la ciudad de la Meca tras su exilio forzoso (hégira) a Medina diez años antes, en 622, año que los musulmanes toman como inicio de su calendario. En lo que es probablemente el episodio de conquista más espectacular de la historia (sólo comparable a los de Alejandro Magno en la antigüedad, y a la conquista castellana de América), los seguidores de Mahoma tomaron en los treinta años siguientes (la época del llamado "Califato Ortodoxo", en la que los Califas eran familiares o conocidos directos de Mahoma) casi todo el Cercano Oriente desde Libia hasta la frontera de la India, excepto Anatolia. Y en las siguientes cinco décadas (el tiempo del Califato Omeya) el resto del norte de África, la península Ibérica y gran parte del Asia Central.
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El caso es que, de modo similar a como la inflación cosmológica del universo parece haber borrado casi todas las trazas de lo que sucedió antes que ella, haciendo la geometría del espacio y del tiempo igual de plana en todos sitios, la expansión inflacionaria del islam durante sus dos primeros siglos produjo al final una visión de su propia historia que tampoco dejó casi ningún resto con el que contrastar su propio pedigrí. Y las pocas cosas que nos han quedado son ciertamente sorprendentes. Veamos en primer lugar lo que las fuentes cristianas contemporáneas dicen sobre el tema, y en las próximas entregas veremos lo que dicen las fuentes árabes y lo que puede inferirse del propio texto del Corán.
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1) La primera referencia escrita a un "profeta árabe" que puede ser considerada, con cierta probabilidad, como refiriéndose a Mahoma es ciertamente casi contemporánea con él. Se trata de un libro titulado Doctrina Jacobi, escrito en Palestina por un monje entre los años 634 y 640. Este libro se refiere a un "profeta" que comandaba el ejército árabe invasor, aunque el autor lo consideraba obviamente como un falso profeta, pues, según él, "los verdaderos profetas no vienen con una espada". El principal problema es que el libro se refiere a ese profeta como alguien que está vivo en el momento de escribirlo, mientras que se supone que Mahoma murió al menos años antes de la invasión árabe de Palestina. Además, el autor dice que ese profeta viene anunciando la llegada inminente del mesías (el judío, se supone), y que presume de ser quien "tiene en su poder las llaves del paraíso", dos afirmaciones difícilmente encajables con las enseñanza islámicas posteriores.
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2) Otro libro, escrito unos diez años más tarde por un monje sirio llamado Tomás, se refiere al ejército invasor como los "tayyaye d'-Mhmt". "Tayayye" era una palabra siríaca con la que se designaba a los árabes, así que la expresión puede querer decir "los árabes de Mahoma". Una dificultad menor es que el siríaco distingue la d y la t, de modo que lo "correcto" habría sido escribir "Mhmd". Más grave para nosotros es el hecho de que el texto no dice absolutamente nada sobre ese tal "Mhmt", y ni siquiera permite inferir que la expresión sea el nombre de una persona; al fin y al cabo, "Mhmd" significa en árabe "alabado" (algo así como "Benedictus" en latín), y por lo tanto, puede incluso tratarse de un término honorífico más que de un nombre propio.
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3) Otros textos cristianos de entre los años 640 y 670 describen a los invasores como "agarenos" (o sea, descendientes de Agar, la esclava de Abraham con la que tuvo a su hijo Ismael; "agareno" es sinónimo de "ismaelita"), y como aliados de los judíos. Estos textos mencionan el hecho de que los invasores niegan la divinidad de Cristo, e incluso mencionan un tal "Mahmet" como un predicador ismaelita que enseñaba a sus discípulos a adorar al dios abrahámico. También afirman que uno de los generales árabes instó al emperador de Bizancio a convertirse a la fe de Abraham.
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4) El resto de las fuentes cristianas del siglo VII que se refieren a los conquistadores árabes no dan, obviamente, una visión muy positiva de ellos. Lo curioso es que muchas los describen como "ateos" o "paganos" (es decir, politeístas), y, salvo las crípticas y ambiguas referencias indicadas en los tres puntos anteriores, no hacen referencia alguna al supuesto hecho de que estos invasores tuviesen algo así como una religión monoteísta, un libro sagrado, o siguieran cualesquiera otras prácticas religiosas que pudiéramos identificar como "islámicas". Por supuesto, es posible que esto sea una representación falsa por parte de los conquistados, o tal vez estos se fijaban en una parte del ejército árabe que aún no hubiera sido "convertida al islam".
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5) Sólo hacia el año 730 (un siglo después de la muerte de Mahoma), en un libro titulado Sobre las Herejías, del teólogo Juan de Damasco, es mencionado algo muy próximo a las enseñanzas del Corán y comentado con algún detalle. De todas formas, el autor no da la impresión (sino más bien al contrario) de que esas enseñanzas estén recogidas en UN libro, sino que se refiere a (algunos de) los "textos" individuales que constituyen las suras del Corán como si fueran libros independientes unos de otros.
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Más:
Miercoles, 30 de Octubre de 2013
Los antiabortistas no creeen en realidad que el aborto sea un asesinato
Reposición de una entrada de hace 4 años, pero más necesaria hoy que entonces.
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Imaginemos que el Sr. Zapatero, esa bestia sedienta de sangre, se reúne con sus ministras de economÃa, sanidad y defensa, y los ministros de trabajo e interior, para proponer, a partir de mañana, una ley por la que las oficinas del paro incluirán unas bonitas cámaras de gas, en las que se dará una ducha de esas que les gustaban a los nazis (para los judÃos, se entiende, no para ellos mismos) a medio millón de parados al año.
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Cámbiese el ejemplo, si se quiere, pensando en una reivindicación herodiana en la que el gobierno decide matar cada año a medio millón de niños de tres años..
Es de imaginar que la reacción social ante esta medida no serÃa la de sacar lacitos color de moco en las procesiones de semana santa, ni la de unos cuantos mensajes publicitarios tipo "¿a mà quién me protege?", ni otras mariconadas por el estilo. No, la reacción de la inmensa mayorÃa de la gente (supongo que los de la CEP los primeros... bueno, no sé, ellos van los primeros a pocos sitios; en general mandan a alguien) serÃa la de levantarse en armas contra esa medida. ¡Santo Dios!, ¡estamos hablando de MEDIO MILLÓN de personas asesinadas al año mediante una acción orquestada desde el gobierno, y con los medios que las administraciones ponen a su disposición! Y el que no se levantara en armas, seguramente se refugiarÃa en algún paÃs más civilizado.
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Pues bien, el hecho de que a la inmensa mayorÃa de los antiabortistas (es decir, a casi todos los antiabortistas que, además de serlo, son personas razonables e inteligentes) no se les pase por la cabeza reaccionar asà ante el supuesto 'asesinato masivo de niños' que se comete en España cada año por culpa del aborto, el hecho de que no reaccionen igual es prueba más que suficiente de que no les parece igual.
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Esto no prueba, por supuesto, que el aborto les parezca "bien", ni mucho menos. Sólo prueba que les parece tan malo (o sea, tan poco malo) como las otras cosas para las que reaccionan de una forma igual de tibia.
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Ahora bien, si para los antiabortistas el aborto masivo es un problema mucho menor que un auténtico asesinato masivo orquestado desde el gobierno, tiene que ser por alguna razón. La razón, sospecho, es que, en el fondo de su corazoncito, están convencidos de que, aunque el embrión y el feto pueden tener cierta 'dignidad', NO TIENEN REALMENTE tanta dignidad como una persona ya nacida.
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Ellos sabrán por qué.
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[Eso sÃ, no me empecéis a decir lo de "no des idea"... las malas ideas no hace falta que nadie las dé].
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Otras entradas:
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Viernes, 13 de Mayo de 2022
Los antiabortistas no creen en realidad que el aborto sea un asesinato
Reposición de una entrada de hace 4 años, pero más necesaria hoy que entonces.
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Imaginemos que el Sr. Zapatero, esa bestia sedienta de sangre, se reúne con sus ministras de economía, sanidad y defensa, y los ministros de trabajo e interior, para proponer, a partir de mañana, una ley por la que las oficinas del paro incluirán unas bonitas cámaras de gas, en las que se dará una ducha de esas que les gustaban a los nazis (para los judíos, se entiende, no para ellos mismos) a medio millón de parados al año.
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Cámbiese el ejemplo, si se quiere, pensando en una reivindicación herodiana en la que el gobierno decide matar cada año a medio millón de niños de tres años.
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Es de imaginar que la reacción social ante esta medida no sería la de sacar lacitos color de moco en las procesiones de semana santa, ni la de unos cuantos mensajes publicitarios tipo "¿a mí quién me protege?", ni otras mariconadas por el estilo. No, la reacción de la inmensa mayoría de la gente (supongo que los de la CEP los primeros... bueno, no sé, ellos van los primeros a pocos sitios; en general mandan a alguien) sería la de levantarse en armas contra esa medida. ¡Santo Dios!, ¡estamos hablando de MEDIO MILLÓN de personas asesinadas al año mediante una acción orquestada desde el gobierno, y con los medios que las administraciones ponen a su disposición! Y el que no se levantara en armas, seguramente se refugiaría en algún país más civilizado.
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Pues bien, el hecho de que a la inmensa mayoría de los antiabortistas (es decir, a casi todos los antiabortistas que, además de serlo, son personas razonables e inteligentes) no se les pase por la cabeza reaccionar así ante el supuesto 'asesinato masivo de niños' que se comete en España cada año por culpa del aborto, el hecho de que no reaccionen igual es prueba más que suficiente de que no les parece igual.
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Esto no prueba, por supuesto, que el aborto les parezca "bien", ni mucho menos. Sólo prueba que les parece tan malo (o sea, tan poco malo) como las otras cosas para las que reaccionan de una forma igual de tibia.
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Ahora bien, si para los antiabortistas el aborto masivo es un problema mucho menor que un auténtico asesinato masivo orquestado desde el gobierno, tiene que ser por alguna razón. La razón, sospecho, es que, en el fondo de su corazoncito, están convencidos de que, aunque el embrión y el feto pueden tener cierta 'dignidad', NO TIENEN REALMENTE tanta dignidad como una persona ya nacida.
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Ellos sabrán por qué.
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[Eso sí, no me empecéis a decir lo de "no des idea"... las malas ideas no hace falta que nadie las dé].
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Miercoles, 3 de Abril de 2013
¿Te puedes curar si alguien reza por ti?
De unos años a esta parte ha surgido un cierto interés, sobre todo en el mundo anglosajón, por intentar determinar si el acto de rezar por personas enfermas ayuda o mejora de alguna manera el estado de las mismas.
Esta disputa se encuadra en lo que se a dado en conocer como las guerras de Dios. Básicamente “estas guerras†surgen debido a movimientos como el creacionismo y el diseño inteligente, mismo lobo con distinta piel de cordero. El objetivo de estos movimientos es hacer pasar por ciencia lo que no es y, al mismo tiempo, afirmar que la ciencia ha encontrado pruebas de que Dios ha creado y/o diseñado el universo. La respuesta por parte de muchos cientÃficos, divulgadores y filósofos no se ha hecho esperar. Según los defensores del diseño inteligente hay estudios cientÃficos serios que han encontrado que rezar por personas enfermas hace que mejore de alguna forma su estado de salud. Por otro lado sus crÃticos dicen que hay estudios cientÃficos serios que prueban lo contrario.
Lo primero que cabe señalar es que dichos estudios difÃcilmente pueden servir para probar la existencia de Dios, aquà hay que entender por Dios la concepción juedocristiana del mismo, ya que este es el marco de referencia principal donde se están desarrollando estas “guerras de Diosâ€. Supongamos que el resultado de dichos estudios es afirmativo, esto es, que el rezar ayuda a los enfermos, ¿demuestra esto que Dios existe? Obviamente no, puede haber otras explicaciones iguales o más plausibles, por seguir en el terreno de lo fantasioso, bien podrÃa ser debido a algún efecto paranormal. El caso contrario tampoco servirÃa para refutar la existencia de Dios, por ejemplo, puede que existiera pero que simplemente pase de lo que suceda aquà en al Tierra, o que simplemente no sea tan benevolente como piensan algunos. No obstante, lo interesante de la cuestión de si rezar ayuda a los enfermos es, que es una cuestión empÃrica, y por lo tanto, se pueden diseñar los ensayos clÃnicos para determinar si rezar ayuda o no, asà pues ¿cuál es el estado de la cuestión?
Hay que ser consciente de que los estudios son como las amapolas, una no hace primavera. Escoger un estudio o varios que apoyan tu creencia no te permite saber qué es verdad, simplemente pone de manifiesto lo fácil que te has dejado llevar por tus sesgos cognitivos. Para conocer el estado de la cuestión lo que habrá que hacer es seleccionar todos los estudios cuya metodologÃa es apropiada y que además se han realizado con todas las garantÃas cientÃficas, luego analizar en conjunto los resultados de todos estos estudios, y sacar las conclusiones pertinentes.
Afortunadamente esto se ha hecho, el trabajo se lo debemos a The Cochrane Collaboration(1), que en 2011 realizó ese análisis. El trabajo de la Cochrane es siempre muy metódico. Por ejemplo, en el análisis previo señalan alguna de las problemáticas inherentes a este tipo de estudios. Lo ideal entre otras cosas es que se disponga de un grupo de control, es decir, debemos tener un grupo de pacientes por los que se está rezando y otro grupo por el que no se reza, de tal modo que al final podamos comparar ambos resultados. Ahora bien, ¿cómo controlar que alguien en algún otro lugar no está rezando por algunos de los pacientes ya estén en el grupo de control o no? Obviamente este hecho podrÃa desvirtuar los resultados. La solución a esta problemática viene de la mano de la aleatorización, es decir, si los participantes en el estudio se escogen con un protocolo que garantice que han sido elegidos al azar. De este modo, esos rezos adicionales que pueden recibir los pacientes estarán distribuidos de forma aleatoria y de forma semejante entre ambos grupos, el de control y el otro, de este modo su efecto no intervendrÃa en los estudios.
Otro de los requisitos indispensables en todo ensayo clÃnico que se precie es que dichos estudios sean ciegos, de hecho lo suyo es que sean de “doble ciegoâ€. El doble ciego, en este caso, consiste en que los pacientes no saben si están rezando por ellos o no, independientemente de si estos forman parte del grupo de control o no, y por otro lado las personas que rezan por los pacientes tampoco saben si en realidad están rezando por alguien real o por alguien que no existe. Además los médicos encargados de hacer el seguimiento de los pacientes tampoco tienen que saber si se está rezando o no por sus pacientes. Esto se puede conseguir de varias maneras, algunos de los estudios que se incluyen en la revisión de Cochrane utilizaron un sencillo mecanismo para conseguir esto y es que nadie sabÃa, ni enfermos ni las personas que rezaban, que estaban participando en un estudio. Cabe señalar que no todos los estudios en la revisión eran de doble ciego, la mayorÃa sÃ, pero no todos. Por último, la comparación de los resultados se hacÃa entre el grupo de control y el que recibe el rezo. Ambos grupos reciben el mismo tratamiento médico apropiado para su dolencia, la diferencia es que por los pacientes del grupo de control no reza nadie y por los otros sÃ.
Entre los estudios revisados se pueden encontrar algunos casos curiosos, por ejemplo, el estudio de Benson 20062 informó de forma deliberada, a algunos de los pacientes participantes, de que se estaba rezando por ellos, el resultado no pudo ser más sorprendente. Las condiciones de aquellos que eran conscientes de que se estaba rezando para ayudarles empeoraron respecto a la de los demás.
Una vez que se sopesan los resultados de todos los estudios que se han recogido para esta revisión se alcanza la siguiente conclusión:
Los datos obtenidos de esta revisión sugieren que no hay ningún efecto real del rezo sobre la salud de los pacientes por los que se estaba rezando.
Ya tenemos la respuesta a la pregunta empÃrica que nos habÃamos planteado más arriba. A dÃa de hoy podemos concluir que el rezar no va a mejorar la salud de aquellos por los que se reza. Al menos eso es lo que se desprende de las mejores pruebas de las que se dispone hasta el momento.
-(2) Study of the therapeutic effects of Intercessory prayer(STEP) in cardiac bypass patients: A multicenter randomized trial of uncertainty and certainty of receiving intercessory prayer Otro de los requisitos indispensables en todo ensayo clÃnico que se precie es que dichos estudios sean ciegos, de hecho lo suyo es que sean de “doble ciegoâ€. El doble ciego, en este caso, consiste en que los pacientes no saben si están rezando por ellos o no, independientemente de si estos forman parte del grupo de control o no, y por otro lado las personas que rezan por los pacientes tampoco saben si en realidad están rezando por alguien real o por alguien que no existe. Además los médicos encargados de hacer el seguimiento de los pacientes tampoco tienen que saber si se está rezando o no por sus pacientes. Esto se puede conseguir de varias maneras, algunos de los estudios que se incluyen en la revisión de Cochrane utilizaron un sencillo mecanismo para conseguir esto y es que nadie sabÃa, ni enfermos ni las personas que rezaban, que estaban participando en un estudio. Cabe señalar que no todos los estudios en la revisión eran de doble ciego, la mayorÃa sÃ, pero no todos. Por último, la comparación de los resultados se hacÃa entre el grupo de control y el que recibe el rezo. Ambos grupos reciben el mismo tratamiento médico apropiado para su dolencia, la diferencia es que por los pacientes del grupo de control no reza nadie y por los otros sÃ.
Entre los estudios revisados se pueden encontrar algunos casos curiosos, por ejemplo, el estudio de Benson 20062 informó de forma deliberada, a algunos de los pacientes participantes, de que se estaba rezando por ellos, el resultado no pudo ser más sorprendente. Las condiciones de aquellos que eran conscientes de que se estaba rezando para ayudarles empeoraron respecto a la de los demás.
Una vez que se sopesan los resultados de todos los estudios que se han recogido para esta revisión se alcanza la siguiente conclusión:
Los datos obtenidos de esta revisión sugieren que no hay ningún efecto real del rezo sobre la salud de los pacientes por los que se estaba rezando.
Ya tenemos la respuesta a la pregunta empÃrica que nos habÃamos planteado más arriba. A dÃa de hoy podemos concluir que el rezar no va a mejorar la salud de aquellos por los que se reza. Al menos eso es lo que se desprende de las mejores pruebas de las que se dispone hasta el momento.
Este próximo sábado: Escépticos en el Pub
Este próximo sábado habrá una nueva entrega de Escépticos en el Pub(Madrid). Apuntad bien la fecha, 6 de abril a las 19:30h, como de costumbre el evento tendrá lugar en el pub Irish Corner(Calle de Arturo Soria, 6). El evento es completamente gratuito. Tras la charla y debate suele ser costumbre que muchos nos quedemos a cenar en el mismo pub. La cena es un buen momento para seguir debatiendo tranquilamente ya sea sobre el tema de la charla o sobre otros distintos.
Pasemos ahora a presentados al ponente de esta semana. La charla correrá a cargo de Miguel Ãngel Sabadell, doctor en ciencias, Editor de Ciencia de Muy Interesante y reconocido escéptico. Dado que la Semana Santa está reciente, pensamos que era una buena ocasión para traer algún tema religioso, en concreto la charla tratará sobre Jesús, ¿existió una persona sobre la que se creó el mito o no? ¿Se parece en algo esa posible persona a lo que nos cuentan sobre Jesús desde las fuentes oficiales de la Iglesia? Como podéis observar el tema promete. Os dejo con el resumen que nos ha enviado el propio Miguel Ãngel:
En 1985 Robert W. Funk creaba el Jesus Seminar, un grupo formado por un centenar de académicos neotestamentarios con el objetivo de elucidar, utilizando la antropologÃa, la historia y el análisis textual, qué pudo y qué no pudo decir Jesús. Y la polémica, que se habÃa encontrado latente a lo largo de todo el siglo XX, estalló. La razón es obvia: además de sesudos artÃculos y libros, los miembros del seminario se dedicaron de manera consistente a sacar su postura en los medios de comunicación una visión de Jesús muy diferente a la por todos conocida. El tranquilo mundo de la investigación neotestamentaria, en manos de católicos y protestantes, se vio sacudido por el terremoto mediático de la década de los 90. Nuevas imágenes de Jesús aparecieron por autores no vinculados a ninguna iglesia y las viejas posturas recibieron un fuerte impacto bajo la acusación de haber entorpecido y enmascarado al verdadero Jesús.
Una idea debemos tener presente: la investigación histórica del Nazareno, el que realmente vivió y murió en Galilea, está y estará siempre en la cuerda floja. “No existe una Suiza neutral en el investigación sobre Jesúsâ€, afirma el sacerdote católico John P. Meier, profesor de Nuevo Testamento en la Universidad de Notre-Dame en Indiana, EE UU. No es lo mismo que estudiar a Sócrates o a Alejandro Magno. En rarÃsimas ocasiones se ha dado el caso que un historiador confesional haya llegado a conclusiones distintas a las que soporta su fe. Y si no es asÃ, se puede prever qué sucederá: como le ocurrió a la teóloga Uta Ranke-Heinemann, autora del polémico libro No y amén, compañera de estudios del anterior Papa y la primera mujer en ser profesora de teologÃa en una universidad católica, de donde fue separada de su cargo al interpretar la virginidad de MarÃa en un sentido únicamente teológico y no biológico.
La vida de Jesús, tal y como nos ha llegado, es totalmente sobrenatural: nacido de una virgen, autor de portentosos milagros y, sobre todo, resucitado de la muerte. Ya lo dijo Pablo de Tarso: “si no resucitó Cristo, vana es nuestra predicación, vana también vuestra feâ€. En este sentido, la historicidad de la resurrección, que el Catecismo de la Iglesia Católica sostiene en base al testimonio recogido en los evangelios, es clave para entender las peleas y debates que en la última mitad del siglo XX se han producido en el ámbito universitario y que se conocen como The Jesus Wars, las Guerras de Jesús.
Por eso “el estudio histórico de Jesús es un cómodo lugar para hacer teologÃa y llamarlo historiaâ€, comenta uno de los más polémicos estudiosos neotestamentarios, John Dominique Crossan.
El Jesús histórico no se resolverá jamás. Cada cual arrima el ascua a su sardina e intenta ajustarlo a su propia ideologÃa. Cualquier investigación histórica adolece de suficientes lagunas para poder bailar con los hechos hasta acomodarlos a nuestras concepciones previas. Si existen personas capaces de negar el holocausto nazi, ¿qué no puede hacerse con una figura de hace 2.000 años del cual la única información que se tiene es la que proporcionan sus propios seguidores? La investigación sobre el Jesús histórico presenta una clara falla: la escasa investigación antropológica y psicológica de cómo se construyen las historias mÃticas y religiosas. Entender porqué aparecieron y triunfaron movimientos más modernos, con un origen netamente sobrenatural, como el espiritismo –a los dos años de su nacimiento en 1848 aglutinaba a más de 8 millones de seguidores– o el más reciente de los contactos con extraterrestres, quizá proporcionen alguna luz sobre el nacimiento de las religiones y sobre la fiabilidad de las fuentes. De todas formas, en Jesús se hace cierto lo que el fÃsico teórico Werner Heisenberg dijo en broma de su propia especialidad: “cuando los hechos no concuerdan con la teorÃa, es un problema exclusivo de los hechosâ€.
Lunes, 25 de Marzo de 2013
La religión ¡vaya timo!
TenÃa pendiente leer este volumen de la colección ¡Vaya timo! El libro es interesante, se puede decir que es un resumen de las tesis que Puente Ojea mantiene sobre la religión. Ahora bien, hay que reconocer que en cuanto al estilo se aparta un poco de lo que viene siendo la norma de la colección, y es que el estilo de Ojea, no es, precisamente sencillo.
La primera parte del libro es la más dura de leer y requiere un mayor esfuerzo por parte del lector, esfuerzo que merece la pena hacer. Ojea es uno de los intelectuales más importantes que tenemos, aunque no sea quizás de los más conocidos. Leer y comprender sus tesis solo puede enriquecernos el pensamiento.
Ojea asume el titulo de la colección literalmente, es decir, afirma que la religión es un timo y como es normal en él, no se conforma con afirmarlo, sino que analiza el asunto con perspicacia, profundidad y con unos vastos conocimientos que van desde la antropologÃa hasta el estudio de la Biblia.
Una lectura recomendable a pesar de la dificultad que puede entrañar. Aprovechando que nos encontramos en una semana de fuertes connotaciones religiosas, no estarÃa de más leer el punto de vista contrario al que nos rodea estos dÃas.
Jueves, 14 de Marzo de 2013
Las profecÃas de San MotaquÃas
Si es que el tÃo lo clavó (aunque tal vez falló un poquito en cuanto al hemisferio).
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Aunque, por supuesto, siempre es preferible el original.
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Aunque, por supuesto, siempre es preferible el original.
Miercoles, 30 de Octubre de 2013
Las profecías de San Motaquías
Si es que el tío lo clavó (aunque tal vez falló un poquito en cuanto al hemisferio).
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Aunque, por supuesto, siempre es preferible el original.
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Aunque, por supuesto, siempre es preferible el original.
El polígrafo absoluto
(Continúa la conversación en Opus Prima).
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Imagina que hubiera una máquina capaz de detectar, para cada proposición que escribamos en ella, si la proposición es verdadera o falsa. Esa máquina, además, puede proporcionarnos cosas muy valiosas para nosotros (p.ej., la cura de una grave enfermedad de un familiar nuestro). La única condición para que la máquina nos suministre la medicina que curará con seguridad a nuestro familiar es que escribamos con su teclado una frase verdadera. Yo no sé tú, pero en mi caso, habría millones y millones de frases que, en esa circunstancia, yo escribiría en el teclado antes de tener que poner “el universo tiene un fundamento último que le da sentido moral a la existencia y que además es de naturaleza personal”; vamos, que no me jugaría la salud de mis hijos (pongamos) si su salud tuviera que depender exclusivamente de que esa frase fuese verdadera o falsa, pudiendo hacerla depender de otras cosas.
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Imagínate también que la máquina no te deja poner la frase que quieras, sino que cada vez te da dos frases distintas a elegir; de algunas estarás más seguro que de otras, pero lo racional será elegir siempre aquella de la que estás más seguro que es verdad. Podemos plantearnos entonces hacer una ordenación de todas las proposiciones según lo más o menos seguros que estemos de si son verdaderas. En mi caso particular, la frase "existe un fundamento último del universo, que tiene naturaleza personal, que es omnisciente y omnipotente, y que le da un sentido moral a la historia y a nuestras vidas", no sería de las que estarían más arriba en esa ordenación según la mayor o menor certeza. Es más, para mí, personalmente, tiene una probabilidad muy baja. Pero cada quien puede plantearse en su fuero interno qué proposiciones considera MÁS seguras que esa frase, cuáles IGUAL de seguras, y cuáles MENOS seguras. .
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Sigue a bordo:
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Argumentos ateológicos
¿Creen en dios los creyentes?
Lecciones para vivir como si dios no existiera
El reto de dios
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Imagina que hubiera una máquina capaz de detectar, para cada proposición que escribamos en ella, si la proposición es verdadera o falsa. Esa máquina, además, puede proporcionarnos cosas muy valiosas para nosotros (p.ej., la cura de una grave enfermedad de un familiar nuestro). La única condición para que la máquina nos suministre la medicina que curará con seguridad a nuestro familiar es que escribamos con su teclado una frase verdadera. Yo no sé tú, pero en mi caso, habría millones y millones de frases que, en esa circunstancia, yo escribiría en el teclado antes de tener que poner “el universo tiene un fundamento último que le da sentido moral a la existencia y que además es de naturaleza personal”; vamos, que no me jugaría la salud de mis hijos (pongamos) si su salud tuviera que depender exclusivamente de que esa frase fuese verdadera o falsa, pudiendo hacerla depender de otras cosas.
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Imagínate también que la máquina no te deja poner la frase que quieras, sino que cada vez te da dos frases distintas a elegir; de algunas estarás más seguro que de otras, pero lo racional será elegir siempre aquella de la que estás más seguro que es verdad. Podemos plantearnos entonces hacer una ordenación de todas las proposiciones según lo más o menos seguros que estemos de si son verdaderas. En mi caso particular, la frase "existe un fundamento último del universo, que tiene naturaleza personal, que es omnisciente y omnipotente, y que le da un sentido moral a la historia y a nuestras vidas", no sería de las que estarían más arriba en esa ordenación según la mayor o menor certeza. Es más, para mí, personalmente, tiene una probabilidad muy baja. Pero cada quien puede plantearse en su fuero interno qué proposiciones considera MÁS seguras que esa frase, cuáles IGUAL de seguras, y cuáles MENOS seguras. .
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Sigue a bordo:
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Argumentos ateológicos
¿Creen en dios los creyentes?
Lecciones para vivir como si dios no existiera
El reto de dios
Viernes, 15 de Febrero de 2013
El polÃgrafo absoluto
(Continúa la conversación en Opus Prima).
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Imagina que hubiera una máquina capaz de detectar, para cada proposición que escribamos en ella, si la proposición es verdadera o falsa. Esa máquina, además, puede proporcionarnos cosas muy valiosas para nosotros (p.ej., la cura de una grave enfermedad de un familiar nuestro). La única condición para que la máquina nos suministre la medicina que curará con seguridad a nuestro familiar es que escribamos con su teclado una frase verdadera. Yo no sé tú, pero en mi caso, habrÃa millones y millones de frases que, en esa circunstancia, yo escribirÃa en el teclado antes de tener que poner “el universo tiene un fundamento último que le da sentido moral a la existencia y que además es de naturaleza personalâ€; vamos, que no me jugarÃa la salud de mis hijos (pongamos) si su salud tuviera que depender exclusivamente de que esa frase fuese verdadera o falsa, pudiendo hacerla depender de otras cosas.
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ImagÃnate también que la máquina no te deja poner la frase que quieras, sino que cada vez te da dos frases distintas a elegir; de algunas estarás más seguro que de otras, pero lo racional será elegir siempre aquella de la que estás más seguro que es verdad. Podemos plantearnos entonces hacer una ordenación de todas las proposiciones según lo más o menos seguros que estemos de si son verdaderas. En mi caso particular, la frase "existe un fundamento último del universo, que tiene naturaleza personal, que es omnisciente y omnipotente, y que le da un sentido moral a la historia y a nuestras vidas", no serÃa de las que estarÃan más arriba en esa ordenación según la mayor o menor certeza. Es más, para mÃ, personalmente, tiene una probabilidad muy baja. Pero cada quien puede plantearse en su fuero interno qué proposiciones considera MÃS seguras que esa frase, cuáles IGUAL de seguras, y cuáles MENOS seguras. .
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Sigue a bordo:
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Argumentos ateológicos
¿Creen en dios los creyentes?
Lecciones para vivir como si dios no existiera
El reto de dios
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Imagina que hubiera una máquina capaz de detectar, para cada proposición que escribamos en ella, si la proposición es verdadera o falsa. Esa máquina, además, puede proporcionarnos cosas muy valiosas para nosotros (p.ej., la cura de una grave enfermedad de un familiar nuestro). La única condición para que la máquina nos suministre la medicina que curará con seguridad a nuestro familiar es que escribamos con su teclado una frase verdadera. Yo no sé tú, pero en mi caso, habrÃa millones y millones de frases que, en esa circunstancia, yo escribirÃa en el teclado antes de tener que poner “el universo tiene un fundamento último que le da sentido moral a la existencia y que además es de naturaleza personalâ€; vamos, que no me jugarÃa la salud de mis hijos (pongamos) si su salud tuviera que depender exclusivamente de que esa frase fuese verdadera o falsa, pudiendo hacerla depender de otras cosas.
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ImagÃnate también que la máquina no te deja poner la frase que quieras, sino que cada vez te da dos frases distintas a elegir; de algunas estarás más seguro que de otras, pero lo racional será elegir siempre aquella de la que estás más seguro que es verdad. Podemos plantearnos entonces hacer una ordenación de todas las proposiciones según lo más o menos seguros que estemos de si son verdaderas. En mi caso particular, la frase "existe un fundamento último del universo, que tiene naturaleza personal, que es omnisciente y omnipotente, y que le da un sentido moral a la historia y a nuestras vidas", no serÃa de las que estarÃan más arriba en esa ordenación según la mayor o menor certeza. Es más, para mÃ, personalmente, tiene una probabilidad muy baja. Pero cada quien puede plantearse en su fuero interno qué proposiciones considera MÃS seguras que esa frase, cuáles IGUAL de seguras, y cuáles MENOS seguras. .
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Sigue a bordo:
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Argumentos ateológicos
¿Creen en dios los creyentes?
Lecciones para vivir como si dios no existiera
El reto de dios
Miercoles, 30 de Octubre de 2013
Sobre el fundamento último de la moral y de todo lo demás
Fragmento de una discusión en el blog Opus Prima.
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Joan
el cristianismo ha sido incapaz durante más de dieciocho siglos de darse cuenta de que la dignidad de las personas implica muchas de las cosas recogidas en los derechos humanos (libertad de expresión, derecho a la educación, no discriminación por motivos de raza, sexo o religión, etc., etc.).
No niego que la noción de los derechos universales tiene PARTE de influencia del pensamiento y la cosmovisión cristiana, pero han hecho falta también otras influencias (como, por otro lado, el propio cristianismo las recibió de la filosofía helénica) para que la humanidad (o, al menos, occidente) SUPERASE la camisa de fuerza que los dogmas cristianos (y en especial, católicos… los protestantes estaban más avanzados en esas cuestiones) habían puesto al desarrollo moral de la sociedad.
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Tienes razón en que los derechos universales (en plural) se basan en el reconocimiento de la dignidad del individuo; pero ni hace falta ser cristiano para aceptar esta dignidad como fundamento de los derechos.
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el mensaje cristiano es simple y básico: Jesucristo
Admitirás que eso, más que un mensaje, es un test de Rorschach: cada uno (empezando por cada apóstol y cada evangelista) ha entendido ese mensaje como le ha parecido.
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si la dignidad incondicional del hombre no se fundamenta en una realidad absoluta que es nuestra causa eficiente y respecto del cual dependemos ontológicamente cualquier ética basada en la dignidad del hombre, pienso en la Kantiana por ejemplo, no supone ninguna garantia último ni fundamento para guardar respeto a esa supuesta dignidad.
Bueno, no hay nada que nos pueda dar garantía última de nada. Tal vez la dignidad humana tenga un fundamento último más allá de ella, tal vez ella sea la realidad absoluta que es su propio fundamento último (al fin y al cabo, nadie tiene ni pajolera idea realmente de qué significa eso, así que, ¿por qué no iba a ser así?), o tal vez no haya nada que tenga un "fundamento último" y no haya una "realidad absoluta". El caso es que, aunque tuvieras razón y hubiera una "realidad absoluta" que es el "fundamento último" de la dignidad humana (pero, insisto, nadie sabe lo que significan en realidad las expresiones entrecomilladas, si es que significan algo más allá de una forma de designar metafóricamente ciertos sentimientos nuestros), no habría manera de saber cuál es esa realidad ni si realmente lo fundamenta o no (a lo mejor la "realidad absoluta" es que todo da igual, y estamos equivocados al asumir la dignidad humana como valor supremo)... pues como es imposible de todo punto averiguar esas cosas para nosotros, el caso es que, en la práctica, tenemos que tomar la dignidad humana como fundamento último para nosotros, es decir, es aquello que fundamenta toda nuestra moral y nuestra vida, pero no lo podemos fundar con certeza racional en ninguna otra cosa. Tú dirás tal vez que no se trata de certeza racional, sino de fe, y estoy de acuerdo en llamar a eso fe (en el sentido de confianza no fundamentada en la razón, y por lo tanto, sin NINGUNA garantía de que sea verdadero lo que creemos), pero lo que digo es que, puestos a fundamentarlo en la fe, no veo diferencia en dirigir nuestra "fe última" a la dignidad humana, y dirigirla a una cábala incomprensible e incognoscible llamada "realidad absoluta". Al contrario, lo primero me parece más honesto desde el punto de vista intelectual (pues, aunque la fe es necesaria, también es necesario minimizarla).
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si hay una realidad más absoluta, sólo cabe suponer un Impsum esse subsistens, es decir, metafísicamente hablando sólo puede haber un ser que posea en esencia el ser Lo siento, pero a mí eso me parecen meros juegos de palabras. No tenemos absolutamente NINGUNA manera de saber si esas palabras tienen un significado objetivo, o si esos conceptos son sólo un subproducto indeseable del funcionamiento habitual de nuestro sistema nervioso.
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Joan
el cristianismo ha sido incapaz durante más de dieciocho siglos de darse cuenta de que la dignidad de las personas implica muchas de las cosas recogidas en los derechos humanos (libertad de expresión, derecho a la educación, no discriminación por motivos de raza, sexo o religión, etc., etc.).
No niego que la noción de los derechos universales tiene PARTE de influencia del pensamiento y la cosmovisión cristiana, pero han hecho falta también otras influencias (como, por otro lado, el propio cristianismo las recibió de la filosofía helénica) para que la humanidad (o, al menos, occidente) SUPERASE la camisa de fuerza que los dogmas cristianos (y en especial, católicos… los protestantes estaban más avanzados en esas cuestiones) habían puesto al desarrollo moral de la sociedad.
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Tienes razón en que los derechos universales (en plural) se basan en el reconocimiento de la dignidad del individuo; pero ni hace falta ser cristiano para aceptar esta dignidad como fundamento de los derechos.
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el mensaje cristiano es simple y básico: Jesucristo
Admitirás que eso, más que un mensaje, es un test de Rorschach: cada uno (empezando por cada apóstol y cada evangelista) ha entendido ese mensaje como le ha parecido.
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si la dignidad incondicional del hombre no se fundamenta en una realidad absoluta que es nuestra causa eficiente y respecto del cual dependemos ontológicamente cualquier ética basada en la dignidad del hombre, pienso en la Kantiana por ejemplo, no supone ninguna garantia último ni fundamento para guardar respeto a esa supuesta dignidad.
Bueno, no hay nada que nos pueda dar garantía última de nada. Tal vez la dignidad humana tenga un fundamento último más allá de ella, tal vez ella sea la realidad absoluta que es su propio fundamento último (al fin y al cabo, nadie tiene ni pajolera idea realmente de qué significa eso, así que, ¿por qué no iba a ser así?), o tal vez no haya nada que tenga un "fundamento último" y no haya una "realidad absoluta". El caso es que, aunque tuvieras razón y hubiera una "realidad absoluta" que es el "fundamento último" de la dignidad humana (pero, insisto, nadie sabe lo que significan en realidad las expresiones entrecomilladas, si es que significan algo más allá de una forma de designar metafóricamente ciertos sentimientos nuestros), no habría manera de saber cuál es esa realidad ni si realmente lo fundamenta o no (a lo mejor la "realidad absoluta" es que todo da igual, y estamos equivocados al asumir la dignidad humana como valor supremo)... pues como es imposible de todo punto averiguar esas cosas para nosotros, el caso es que, en la práctica, tenemos que tomar la dignidad humana como fundamento último para nosotros, es decir, es aquello que fundamenta toda nuestra moral y nuestra vida, pero no lo podemos fundar con certeza racional en ninguna otra cosa. Tú dirás tal vez que no se trata de certeza racional, sino de fe, y estoy de acuerdo en llamar a eso fe (en el sentido de confianza no fundamentada en la razón, y por lo tanto, sin NINGUNA garantía de que sea verdadero lo que creemos), pero lo que digo es que, puestos a fundamentarlo en la fe, no veo diferencia en dirigir nuestra "fe última" a la dignidad humana, y dirigirla a una cábala incomprensible e incognoscible llamada "realidad absoluta". Al contrario, lo primero me parece más honesto desde el punto de vista intelectual (pues, aunque la fe es necesaria, también es necesario minimizarla).
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si hay una realidad más absoluta, sólo cabe suponer un Impsum esse subsistens, es decir, metafísicamente hablando sólo puede haber un ser que posea en esencia el ser Lo siento, pero a mí eso me parecen meros juegos de palabras. No tenemos absolutamente NINGUNA manera de saber si esas palabras tienen un significado objetivo, o si esos conceptos son sólo un subproducto indeseable del funcionamiento habitual de nuestro sistema nervioso.
Miercoles, 13 de Febrero de 2013
Sobre el fundamento último de la moral y de todo lo demás
Fragmento de una discusión en el blog Opus Prima.
.
Joan
el cristianismo ha sido incapaz durante más de dieciocho siglos de darse cuenta de que la dignidad de las personas implica muchas de las cosas recogidas en los derechos humanos (libertad de expresión, derecho a la educación, no discriminación por motivos de raza, sexo o religión, etc., etc.).
No niego que la noción de los derechos universales tiene PARTE de influencia del pensamiento y la cosmovisión cristiana, pero han hecho falta también otras influencias (como, por otro lado, el propio cristianismo las recibió de la filosofÃa helénica) para que la humanidad (o, al menos, occidente) SUPERASE la camisa de fuerza que los dogmas cristianos (y en especial, católicos… los protestantes estaban más avanzados en esas cuestiones) habÃan puesto al desarrollo moral de la sociedad.
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Tienes razón en que los derechos universales (en plural) se basan en el reconocimiento de la dignidad del individuo; pero ni hace falta ser cristiano para aceptar esta dignidad como fundamento de los derechos.
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el mensaje cristiano es simple y básico: Jesucristo
Admitirás que eso, más que un mensaje, es un test de Rorschach: cada uno (empezando por cada apóstol y cada evangelista) ha entendido ese mensaje como le ha parecido.
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si la dignidad incondicional del hombre no se fundamenta en una realidad absoluta que es nuestra causa eficiente y respecto del cual dependemos ontológicamente cualquier ética basada en la dignidad del hombre, pienso en la Kantiana por ejemplo, no supone ninguna garantia último ni fundamento para guardar respeto a esa supuesta dignidad.
Bueno, no hay nada que nos pueda dar garantÃa última de nada. Tal vez la dignidad humana tenga un fundamento último más allá de ella, tal vez ella sea la realidad absoluta que es su propio fundamento último (al fin y al cabo, nadie tiene ni pajolera idea realmente de qué significa eso, asà que, ¿por qué no iba a ser asÃ?), o tal vez no haya nada que tenga un "fundamento último" y no haya una "realidad absoluta". El caso es que, aunque tuvieras razón y hubiera una "realidad absoluta" que es el "fundamento último" de la dignidad humana (pero, insisto, nadie sabe lo que significan en realidad las expresiones entrecomilladas, si es que significan algo más allá de una forma de designar metafóricamente ciertos sentimientos nuestros), no habrÃa manera de saber cuál es esa realidad ni si realmente lo fundamenta o no (a lo mejor la "realidad absoluta" es que todo da igual, y estamos equivocados al asumir la dignidad humana como valor supremo)... pues como es imposible de todo punto averiguar esas cosas para nosotros, el caso es que, en la práctica, tenemos que tomar la dignidad humana como fundamento último para nosotros, es decir, es aquello que fundamenta toda nuestra moral y nuestra vida, pero no lo podemos fundar con certeza racional en ninguna otra cosa. Tú dirás tal vez que no se trata de certeza racional, sino de fe, y estoy de acuerdo en llamar a eso fe (en el sentido de confianza no fundamentada en la razón, y por lo tanto, sin NINGUNA garantÃa de que sea verdadero lo que creemos), pero lo que digo es que, puestos a fundamentarlo en la fe, no veo diferencia en dirigir nuestra "fe última" a la dignidad humana, y dirigirla a una cábala incomprensible e incognoscible llamada "realidad absoluta". Al contrario, lo primero me parece más honesto desde el punto de vista intelectual (pues, aunque la fe es necesaria, también es necesario minimizarla).
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si hay una realidad más absoluta, sólo cabe suponer un Impsum esse subsistens, es decir, metafÃsicamente hablando sólo puede haber un ser que posea en esencia el serLo siento, pero a mà eso me parecen meros juegos de palabras. No tenemos absolutamente NINGUNA manera de saber si esas palabras tienen un significado objetivo, o si esos conceptos son sólo un subproducto indeseable del funcionamiento habitual de nuestro sistema nervioso.
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Joan
el cristianismo ha sido incapaz durante más de dieciocho siglos de darse cuenta de que la dignidad de las personas implica muchas de las cosas recogidas en los derechos humanos (libertad de expresión, derecho a la educación, no discriminación por motivos de raza, sexo o religión, etc., etc.).
No niego que la noción de los derechos universales tiene PARTE de influencia del pensamiento y la cosmovisión cristiana, pero han hecho falta también otras influencias (como, por otro lado, el propio cristianismo las recibió de la filosofÃa helénica) para que la humanidad (o, al menos, occidente) SUPERASE la camisa de fuerza que los dogmas cristianos (y en especial, católicos… los protestantes estaban más avanzados en esas cuestiones) habÃan puesto al desarrollo moral de la sociedad.
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Tienes razón en que los derechos universales (en plural) se basan en el reconocimiento de la dignidad del individuo; pero ni hace falta ser cristiano para aceptar esta dignidad como fundamento de los derechos.
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el mensaje cristiano es simple y básico: Jesucristo
Admitirás que eso, más que un mensaje, es un test de Rorschach: cada uno (empezando por cada apóstol y cada evangelista) ha entendido ese mensaje como le ha parecido.
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si la dignidad incondicional del hombre no se fundamenta en una realidad absoluta que es nuestra causa eficiente y respecto del cual dependemos ontológicamente cualquier ética basada en la dignidad del hombre, pienso en la Kantiana por ejemplo, no supone ninguna garantia último ni fundamento para guardar respeto a esa supuesta dignidad.
Bueno, no hay nada que nos pueda dar garantÃa última de nada. Tal vez la dignidad humana tenga un fundamento último más allá de ella, tal vez ella sea la realidad absoluta que es su propio fundamento último (al fin y al cabo, nadie tiene ni pajolera idea realmente de qué significa eso, asà que, ¿por qué no iba a ser asÃ?), o tal vez no haya nada que tenga un "fundamento último" y no haya una "realidad absoluta". El caso es que, aunque tuvieras razón y hubiera una "realidad absoluta" que es el "fundamento último" de la dignidad humana (pero, insisto, nadie sabe lo que significan en realidad las expresiones entrecomilladas, si es que significan algo más allá de una forma de designar metafóricamente ciertos sentimientos nuestros), no habrÃa manera de saber cuál es esa realidad ni si realmente lo fundamenta o no (a lo mejor la "realidad absoluta" es que todo da igual, y estamos equivocados al asumir la dignidad humana como valor supremo)... pues como es imposible de todo punto averiguar esas cosas para nosotros, el caso es que, en la práctica, tenemos que tomar la dignidad humana como fundamento último para nosotros, es decir, es aquello que fundamenta toda nuestra moral y nuestra vida, pero no lo podemos fundar con certeza racional en ninguna otra cosa. Tú dirás tal vez que no se trata de certeza racional, sino de fe, y estoy de acuerdo en llamar a eso fe (en el sentido de confianza no fundamentada en la razón, y por lo tanto, sin NINGUNA garantÃa de que sea verdadero lo que creemos), pero lo que digo es que, puestos a fundamentarlo en la fe, no veo diferencia en dirigir nuestra "fe última" a la dignidad humana, y dirigirla a una cábala incomprensible e incognoscible llamada "realidad absoluta". Al contrario, lo primero me parece más honesto desde el punto de vista intelectual (pues, aunque la fe es necesaria, también es necesario minimizarla).
.
si hay una realidad más absoluta, sólo cabe suponer un Impsum esse subsistens, es decir, metafÃsicamente hablando sólo puede haber un ser que posea en esencia el serLo siento, pero a mà eso me parecen meros juegos de palabras. No tenemos absolutamente NINGUNA manera de saber si esas palabras tienen un significado objetivo, o si esos conceptos son sólo un subproducto indeseable del funcionamiento habitual de nuestro sistema nervioso.
Miercoles, 23 de Enero de 2013
El éxtasis de la autotrascendencia
El psicólogo Jonathan Haidt se pregunta por la trascendencia, esa experiencia "mÃstica" que han experimentado distintos religiosos y mÃsiticos a lo largo de toda la historia. Para abordar el tema, Haidt recurre al selección grupal, la cual no deja de tener su controversia, ya que no todos los biólogos la aceptan. Una charla interesante que da bastante para reflexionar:















Enlázanos!! :)