CENSO Y APOYO A LAS VÃCTIMAS DE LA PEDERASTIA EN ESPAÑA
http://www.laicismo.org/PHP/p_documento.php?id=13298
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(C) Anahà Seri
«La fe religiosa es una creencia en contra de la realidad. La fe atea es una creencia basada en la realidad»
Paul Schulz
Una señora de 84 años ha concertado una cita con su párroco. Quiere hacerle una pregunta muy importante a la que desea que éste responda dándole su opinión personal. «De acuerdo, lo intentaré», asiente el pastor. La señora pregunta: «¿Cree usted en la vida después de la muerte?», y se da cuenta de que el pastor vacila. «No quiero explicaciones teológicas, quiero que me dé su opinión personal». «No, no creo en la vida después de la muerte».
Ambos siguen conversando durante dos horas sin que vuelva a salir el tema. Dos dÃas más tarde, el párroco recibe una llamada telefónica de la hija de la señora. «¿Qué le ha dicho usted a mi madre?». El párroco se estremece, se arrrepiente de haber sido tan directo. Su interlocutora le explica lo sucedido: «Ayer me llamó mi madre para que fuera a verla. HabÃa abierto una botella de vino, ella que nunca bebe, y querÃa que brindáramos. Me explicó: el pastor me ha dicho que no hay vida después de la muerte, que no hay juicio final ni infierno. Ahora puedo morir en paz».
Con esta anécdota comienza el segundo capÃtulo de Atheistischer Glaube (La fe atea), el segundo libro de Paul Schulz, quien en 2006 ya habÃa publicado Codex atheos. Die Kraft des Atheismus. Grundpositionen des abendländischen Denkens ohne Gott (Codex atheos. La fuerza del ateÃsmo. Las bases del pensamiento occidental sin Dios). 
Paul Schulz, nacido en 1937 en Francfort, se licenció en teologÃa y se doctoró con una tesis sobre los Manuscritos del Mar Muerto. En los años ’70, fue párroco en la iglesia de San Jacobo de Hamburgo. En 1975 la Iglesia luterana evangélica inició contra él un proceso por herejÃa, entre otras cosas, por haber afirmado, desde su púlpito, que la existencia de Dios es «una consoladora invención de la criatura humana» y que la oración sólo es «una reflexión personal». En 1979 se vio privado de su ordenación como sacerdote y trabajó entonces durante unos años en la empresa privada, pero cambió de rumbo en 1995 con la fundación de una «academia de la tercera edad» desde la cual, intentando seguir el ejemplo de Sócrates, promueve un ateÃsmo humanista y humano.
El libro Atheistischer Glaube (La fe atea) consta de siete capÃtulos, cada uno subdividido en cinco secciones, y estas 35 secciones corresponden a las 35 tesis de su Manifiesto ateo. El manifiesto parte de la idea de que el hombre debe rechazar a Dios para recuperar su autonomÃa como ser humano. Utiliza términos como «nacimiento racional» en relación con ese proceso de desprenderse de lo divino. Define la «fe atea» sobre tres niveles: el primer nivel consiste en aceptar la realidad como tal, sin Dios. El segundo nivel consiste en hallar la responsabilidad y el sentido de la vida de forma autónoma. El tercer nivel (meta nivel) apunta a una filosofÃa de la existencia más allá de la naturaleza. A lo largo del libro, se entra en más detalles relacionados con la vida, la muerte, la estética, el sentido de la vida. Cada capÃtulo comienza con una anécdota concreta como punto de partida para sus reflexiones. Lástima que los editores españoles no se hayan interesado por esta obra, que creo que podrÃa atraer bastante interés entre los lectores de lengua castellana.
Antes de empezar a medrar en la Iglesia Católica, Joseph Ratzinger era feliz cultivando su propio huerto en los campos de su Baviera natal. Probablemente era mucho más feliz entonces. La foto es un hallazgo de Raúl Bastida.
Es el problema con ciertos valores, que alcanzan mucho más allá de donde terminan los tuyos. Es una magnÃfica viñeta de Andrés Diplotti para La pulga snob.
Sin duda los libros sagrados son de gran soporte… especialmente para evitar que tus muebles de madera se dañen por las bebidas. Y es que como decÃa Shakespeare, la Biblia puede ser usada para defender cualquier idea. Incluso las más vengativas, como este versÃculo, que fue escrito mientras los judÃos eran cautivos del imperio babilonio:"Hija de Babilonia destruÃda, Bienaventurado el que te
Una viñeta sobre el cruzamiento que hubo entre nuestra especie (Homo sapiens) y los neanderthales (Homo neanderthalensis) en Oriente Medio.Tras análisis genéticos se logró conocer que nuestros antepasados sapiens que salieron de Ãfrica se hibridaron con los neanderales que ya se encontraban distribuidos en Europa, Asia occidental y oriente Medio.¿Cómo lo sabemos? Porque los humanos descendientes
Eduardo Robredo
Nadie como el misionero simboliza el valor del humanismo heroico, del altruÃsmo indiscutible basado en las convicciones mÃsticas, opuesto con frecuencia a la brutalidad y la inhumanidad de los conquistadores, los colonizadores, los capitalistas. Y nadie como Agnes Gonxha Bojaxhi —«Teresa de Calcuta», beatificada en 2003— para reunir el entusiasmo por la santidad, incluso entre las personalidades «laicas» occidentales. El aura de beatitud es tan poderosa que cualquier insinuación crÃtica parece casi tabú.
Pero en la misma India no todos comparten el fervor. Sanal Edamaruku —presidente de la Indian Rationalist Association; una asociación escéptica y racionalista con más de 100.000 afiliados— se queja, en la lÃnea de Christopher Hitchens, de que Madre Teresa «ha dado un mal nombre a Calcuta, pintando a la bella metropolis india, interesante, vialista y culturamente rica, con los colores de la suciedad, la miseria, la desesperanza y la muerte.»
La realidad es, sin embargo escandalosa. En las casas pequeñas, superpobladas y primitivas, muchos pacientes tienen que compartir la cama con otros. Aunque hay muchos que sufren tuberculosis, SIDA y otras enfermedades muy contagiosas, la higiene no preocupa. Los pacientes son tratados con buenas palabras y medicinas insuficientes —y a menudo caducadas—, aplicadas con viejas agujas, lavadas en agua turbia. Se pueden escuchar los gritos de la gente con terribles heridas abiertas sin que su dolor sea aliviado. De acuerdo con los principios, los analgésicos fuertes no se suministran ni en los casos más graves. Según la extraña filosofÃa de la Madre Teresa, «partitipar en los sufrimientos de Cristo es el regalo más hermoso que puede recibir una persona». En una ocasión intentó tranquilizar a un paciente que sufrÃa a gritos de este modo: «Estás sufriendo; esto significa que Jesús te está besando». El hombre enfureció y respondió gritando: «Entonces cuenta a tu Jesús que deje de besarme».
STOP The Missionaries of Charity aporta más información desde su grupo en Facebook. Este es el aspecto que presentarÃa, de acuerdo con esta página web, la «casa de los moribundos» dirigida por misioneros en Calcuta, una asociación que recibe millones de dólares cada año:
Visto en La revolución naturalista.
Es sólo una malvada ilusión óptica. Pero el efecto es devastador. Visto en el Tumbrl de Mediotic.
El cardenal pide que le mencionen un sólo caso que no haya sido castigado:
Entrevistadora: El caso del padre Maciel nunca fue procesado y se presentó ante el Vaticano en 1990.
Cardenal: No te respondo.
Esta parte de la conversación en la que la presentadora deja K.O. al cardenal se da al final del vÃdeo:
Desde el Observatorio de la Laicidad asistimos con estupor y enrome preocupación a las decisiones judiciales que se están dando ante el uso de sÃmbolos religiosos por parte de la Administración.
Un caso paradigmático es el del crucifijo en los Plenos municipales del Ayuntamiento de Zaragoza y el Reglamento de Protocolo del mismo Ayuntamiento, unos hechos denunciados por MUHEL por atentar al principio constitucional de aconfesionalidad del Estado, cuando un sÃmbolo religioso católico preside un acto de la vida polÃtica y ciudadana de Zaragoza.
Sin embargo, la tutela jurÃdica del juzgado, no sólo no se hace efectiva, sino que el juez entra en valoraciones ideológicas personales o de intenciones, y no se centra en los hechos objetivos que deben ser el motivo de su resolución.
Asà nos encontramos que la laicidad del Estado se ve empañada no sólo por las decisiones arbitrarias y anticonstitucionales de los polÃticos, sino que la justicia se alinea con ellas en un intento de defender posturas personales y creencias particulares.
Por ello desde el Observatorio de la Laicidad nos unimos a la convocatoria de MHUEL para afirmar el laicismo como única garantÃa para la convivencia democrática.
Manuel Navarro
Costa Rica es la única nación de Latinoamérica que aún mantiene como oficial la religión católica en su constitución.En las pasadas elecciones la ICAR hizó ua clara intervención en campaña electoral al pedirle a sus feligreses que no votaran por candidatos que se opusieran a que la Iglesia Católica mantenga los priveligios de religión estatal. Esto llevó a la Asociación Costarricense de
Las declaraciones escadalosas del prelado brasileño Dadeus Grings no son nuevas. Antes de las declaraciones recientes en las que afirmó que la sociedad es pedófila, y de las que el Blog Sin dioses comunicó, se habÃa referido al holocausto como un hecho exagerado. Incluso llegó a decir que el la Segunda Guerra Mundial murieron más católicos que judÃos.Para mantener viva la memoria he aquà la nota
El arzobispo de Porto Alegre, Dadeus Grings generó polémica al afirmar que la sociedad es pedófila, además de señalar que los adolescentes son espontáneamente homosexuales.Nota del diario argentino El PerÃodico Austral: Aseguró que "la sociedad es pedófila", apuntó que los abusadores serán “aceptados†como los homosexuales. En el dÃa 48 de la Asamblea de la Conferencia Nacional de Obispos de
Por Hernán Toro
http://www.escepticoscolombia.org
El “dios judeocristiano” es un término incorrecto. A lo largo de la historia, este vocablo ha representado diversas concepciones teológicas mutuamente excluyentes. Aunque los cristianos modernos muestran sus escrituras como un bloque monoteista estricto, en realidad el dios hebreo primitivo era muy distinto del Dios Padre adorado actualmente por los protestantes, católicos y ortodoxos.
Los hebreos primitivos no creÃan en un único dios. Su teologÃa no era monoteÃsta sino henoteÃsta: creÃan que existÃan varios dioses, pero sólo adoraban uno.
El motivo era supersticioso: si no adoraban al dios con el que “se aliaban”, éste los aplastarÃa inmisericordemente. Las evidencias textuales del henoteÃsmo hebreo inicial son patentes para quienes no se dejan cegar por la “sana hermenéutica” de los mercaderes espirituales modernos.
AsÃ, textos como “Dios se levanta en la reunión de los dioses; en medio de los dioses juzga” presentan a Yahvé-Jehová como la deidad principal en una asamblea de dioses menores. En la misma lÃnea, y a pesar de los intentos de los traductores modernos para camuflarlo, el primer mandamiento tiene una perspectiva perfectamente henoteÃsta: “No tendrás dioses ajenos DELANTE de mÔ.
Un Dios todopoderoso e inteligente que hubiera pretendido dar un mensaje monoteÃsta en vez de uno monolátrico, hubiera dicho algo como: “yo soy el único dios real” o “no existen más dioses que yo”. Pero su mandato real es ser adorado por delante de los demás dioses ajenos que no descarta.
En la misma lÃnea está: “No vayáis detrás de dioses ajenos, de los dioses de los pueblos que están en vuestros contornos, porque Yahve-Jehová, tu Dios, que está en medio de ti, es un Dios celoso; su furor se inflamarÃa contra ti y te harÃa desaparecer de sobre la tierra”.
Aquà no sólo no enseña la inexistencia de otros dioses, sino que los acepta pero advierte sobre no seguirlos pues Yahvé-Jehova es celoso y vengativo… actitud divina bastante imbécil esa de sentir celos de seres inexistentes.
La monolatrÃa hebrea primitiva con el tiempo evolucionó en un monoteismo estricto, que consideraba falsos a los demás dioses que otrora reconocÃa. Esta fase del concepto hebreo de Dios es popular pues es la más publicitada actualmente y hay centenares de textos que la demuestran.
Esta Divinidad era todopoderosa: todo ocurrÃa según su deseo; bien y mal eran creados por él.
Un residuo textual “fósil” de esta fase teológica se encuentra en un texto de IsaÃas muchas veces “suavizado” por los traductores modernos: “Que formo la luz y crÃo las tinieblas, que hago la paz y crÃo el mal. Yo Yahve-Jehová que hago todo esto”. A partir de esta fase, la religión judÃa y sus descendientes cristianas e islámicas, han buscado constantemente explicar el bien y el mal en el mundo. Siguiendo los lineamientos básicos de Bart Ehrman, las fases siguientes de este proceso explicativo quedaron plasmados en la Torá y la Biblia Cristiana.
Tras sus triunfos militares iniciales con David, el pueblo de Israel creÃa que una deidad todopoderosa los habÃa elegido como protegidos y los habÃa librado de su esclavitud en Egipto.
Después de asentarse en la “tierra prometida”, establecieron su reino alrededor del Templo en la época de Salomón, pero con el paso del tiempo, Israel fue vÃctima de tremendos reveses militares, siendo el Exilio en Babilonia tal vez el mayor de ellos. Al buscar explicación de por qué el pueblo elegido era vÃctima de sus enemigos, apareció otra fase de desarrollo teológico: el movimiento profético.
En esta ridÃcula concepción, los males experimentados por Israel eran el resultado de su idolatrÃa: al abandonar la fe verdadera, Yahvé-Jehova mismo habrÃa enviado castigos para regresar a su pueblo por el camino recto. A esta mentalidad, poco importaba que niños inocentes fueran estrellados contra el piso, que mujeres embarazadas fueran asesinadas haciéndolas abortar a punta de espada, que bebés de pecho murieran de inanición y sed, y que mujeres justas del pueblo idólatra terminaran cocinando y comiéndose sus propios hijos… la “bondad” de Yahvé-Jehova era incuestionable, pues lo que a primera vista “parecÃan” actos abominables enviados por un demonio celeste aborrecible e injusto, en realidad eran “Justicia Divina” para corregir la idolatrÃa de su pueblo.
Luego de la deportación, los hebreos comenzaron a experimentar otro tipo de mal: adversidades terribles debidas a su observancia de la Ley de Dios.
Por ejemplo, dos siglos antes del nacimiento de Jesús, el gobernador Sirio de Palestina persiguió a los hebreos por seguir la Ley de Yahvé-Jehova.
¿Cómo era posible entonces que siguieran sufriendo, si cumplÃan con su parte del pacto, y si Dios habÃa prometido bendiciones por ello? La respuesta por primera vez fue medianamente inteligente y dio origen a una nueva fase teológica: el movimiento Sapiencial.
En éste se reconoció que el mal del mundo no siempre era un castigo sino que era inherente a la existencia: los ricos abusaban de los pobres, los ejércitos extranjeros aniquilaban pueblos, la adversidad diezmaba sin contemplaciones.
¿Pero cómo se podÃa entender esto si Yahvé-Jehova era bueno? La respuesta aún subsiste en nuestra cultura: el mundo estaba en guerra debido a un ser malvado, opositor a Yahvé-Jehova: Satán.
Esto limpió la faceta negativa de Dios como creador de la maldad pero puso un nuevo aprieto teológico: ¿Cómo podrÃa ser que Dios permitiera estos males si era justo? La respuesta fue una evasiva desesperada: seguro la situación injusta de ese entonces no iba a durar para siempre… Yahvé-Jehova intervendrÃa muy, muy pronto para acabar para siempre el mal y restaurar la perfección en la Creación, arruinada por el Opositor.
Ese fue el origen del pensamiento apocalÃptico, del cual Jesús de Nazaret fue el exponente más famoso. De las pocas predicciones atribuibles con seguridad a él, están los pequeños apocalipsis sinópticos en los que pronosticó fallidamente un fin inmediato. Pablo hizo eco a estas ideas apocalÃpticas del Nazareno y garantizó incluso en “Palabra de Dios” que él no morirÃa antes del fin.
Es claro que el fin inminente no llegó, y que el falso profeta de Nazaret y su émulo de Tarso estaban equivocados. Entonces… ¿cómo se podrÃa interpretar esto? ¿Por qué el buen Dios no arreglaba su creación perfecta? Una actitud fue la que siguió el cristianismo actual: estableció Iglesias, mantuvo su adoración, deificó a Jesús, y siguió creyendo que algún dÃa llegará el Reino de Dios, asà sea post-mortem.
La otra respuesta fue sorprendente y brillante: Tal vez Yahvé-Jehova no era un dios bueno y perfecto; tal vez era inepto, indiferente o malo. Si se juzga un árbol según sus frutos, ¿cómo se podrÃa juzgar al creador de un mundo repleto de sufrimiento y de mal?
La respuesta de la última fase judeocristiana fue la aceptación de un universo inherente malo, creación de un dios inferior, un “demiurgo” incompetente, y que por primera vez en la historia, el verdadero Dios Supremo, Trascendente e Inefable, se habÃa comunicado con los hombres por medio de Jesús para despertar en ellos la consciencia de su naturaleza real.
Al reconocer que éramos chispas divinas del Dios Supremo, y que estábamos atrapados en un mundo denso, imperfecto, el hombre se liberarÃa y se salvarÃa a sà mismo. Este fue el surgimiento del gnosticismo cristiano: una respuesta radical ante el fracaso estrepitoso de la apocalÃptica, y el anquilosamiento mediocre de las corrientes cristianas paulinas.
El verdadero Gnosticismo Cristiano se conoce ahora muy bien gracias a los textos descubiertos cerca de la población egipcia de Nag Hammadi, en 1945. Es una serie de códices escritos en copto copiados cerca al 320 EC, que después de Qumrán, es el hallazgo arqueológico más importante del siglo XX. Esta biblioteca incluÃa entre otros textos paganos, judÃos, y cristianos, apócrifos tan importantes como El Evangelio de Tomás y el de Felipe.
A partir de este punto, las especulaciones gnósticas comenzaron a generarse a ritmo creciente: incorporando elementos del platonismo medio, retornando en ocasiones a elementos de sus raÃces judÃas, y con elucubraciones febriles, los gnósticos empezaron a tratar de justificar la imposible Teodicea: cómo a partir de un ser inefable y perfecto, pudo surgir el mal del mundo.
Las respuestas con diversos matices, van en la lÃnea de señalar la perfección de las cualidades divinas: por su perfección estas cualidades deberÃan tener existencia por sà mismas, y emanarÃan desde la Divinidad Inefable. A estas emanaciones se las llamaba “Eones”; entre ellos se encontraban el Silencio de Dios, la Soledad y la SabidurÃa Divina (SofÃa).
Al parecer, tras la emanación inicial del Pleroma (conjunto de todos los eones divinos) se habrÃa producido una catástrofe que en algunas ramas del gnosticismo, se debÃan al anhelo de algún Eón (a veces Logos, a veces SabidurÃa) de conocer antes de tiempo la Naturaleza Divina.
Este anhelo justo y bueno, pero en un momento erróneo, hizo que el Eón saliera del Pleroma a la manera de una especie de Pecado Original. SerÃa este Eón caÃdo el que después de complejas interacciones habrÃa creado la materia y el cosmos. Este Eón, en algunas corrientes gnósticas, serÃa identificado con el imperfecto Demiurgo o creador del Universo, y se igualarÃa al dios inferior, incompetente y necio de las escrituras JudÃas.
La parte final de esta historia es bien conocida: a punta de sangre y fuego, las facciones cristianas originales lucharon por posicionarse, y la versión triunfadora del mito declaró “hereje” a las versiones restantes (la historia la escriben los triunfadores), los gnósticos terminaron exterminados en la hoguera por sus “amorosos “hermanos cristianos a lo largo de todo el medioevo.
La promesa de Jesús de un reino de Dios con justicia, paz, amor, y bienestar para toda la humanidad, se transformó por arte de magia en una Institución Eclesial policiva, que seguirÃa eternamente, en un mundo cada vez más podrido, injusto e inhumano. Y la venida inminente del Reino que se darÃa en el Siglo I, siguió demorándose durante dos mil años, y seguirá atrasándose “per secula seculorum” (por los siglos de los siglos).
Por último, de la versión Paulina del Cristianismo, emanaron todo tipo de troncos (catolicismo, ortodoxia y protestantismo) y centenares de ramas secundarias, cada una de ellas con la única religión verdadera y únicas herederas de la fe en el demonio henoteÃsta de los hebreos primitivos.
El análisis histórico lo muestra claramente: De un dios entre todo un panteón, a un monoteÃsmo con una divinidad caprichosa y sanguinaria, pasando por un dios en lucha con un antidios, para terminar en una deidad incompetente creadora de un mundo imperfecto contrapuesta a un Dios inefable que se comunicó con la humanidad por primera vez a través de Jesús, el concepto judeocristiano de Dios no es el de un padre amoroso de la humanidad que se haya revelado gradualmente a sus hijos según cierta “economÃa de la Salvación” enrevesada y tonta… Es sólo un mito supersticioso previo a la edad del bronce que se ha modificado y amoldado gradualmente al avance cultural de las sociedades que lo han idolatrado, justo como una especie biológica se adapta evolutivamente a los cambios ambientales.
La historia del desarrollo teológico judeocristiano es una muestra más de que ese concepto de dios es un mito que solo existe en las cabezas de quienes doblegan su razón ante fábulas prehistóricas.
Por Hernán Toro